¿Qué es la Unanimidad?

Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.

Buscar este blog

Entrada apasionada

Cómo la Heteronormatividad arruinó a BBC Sherlock

( x ) Acabo de desperdiciar una hora de mi vida viendo un nuevo tvshow llamado "Apple Tree Yard" acerca de gente heterosexual...

jueves, 10 de abril de 2014

LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 2

Capítulo 2:
"Voy a bailar a la nave del olvido"



Me frustró que creyera que no me atraían los hombres antisociales. Me atraían, pero no en estricto rigor: me sentía mejor conmigo mismo con hombres así, porque yo mismo no era abierto con mis pensamientos y sentimientos. En cuanto a las mujeres... un poco de misterio siempre ayudaba a atraerlas. Y no era verdad que me gustasen las mujeres de cabello negro. Había salido con muchas mujeres con otro color de...

Era el tercer bar que visitábamos, y Sherlock ya estaba borracho. Pero esta vez haríamos el recorrido entero, y este tomaría definitivamente más de dos horas. No íbamos a fallar como la primera vez.

-Mary eligió el nombre de Hamish, ¿Qué esperabas? -dijo arrastrando las palabras.

-No quería que sufriera lo mismo que Mycroft en el colegio.

-¿Lo que sufría Mycroft? -dijo Sherlock sin entender- Mycroft nunca sufrió en el colegio. Yo era el que se llevaba todas las...

-Lo sé, lo sé... -dije con expresión comprensiva- Mary me contó.

Sherlock sonrió ante eso. Entonces se echó a reír.

-Creo que teníamos más confianza con ella que con el otro, ¿no crees? Yo le conté muchas cosas de mí a ella, y ella te las transmitió a ti. ¿Por qué sucede eso? -preguntó Sherlock, frunciendo el ceño como si no pudiera verme a través de la diminuta mesa.

Me encogí de hombros fingiendo no darle importancia.

-Este es el momento adecuado, quizás. Cuéntame tus cosas. Tus asuntos, tus sueños, cómo te ves en diez años más... -dije.

-No tomas en serio la vida cuando estás ebrio, ¿no, John? -dijo.


Apenas podía mantener los ojos abiertos. Oh, no, no volveríamos al departamento tan pronto. Espera, no había considerado ese detalle antes: ¡Obviamente tendría que llevar a Sherlock a mi departamento, lo cual no era muy buena idea! La última vez habíamos terminado acostados en la escalera camino al departamento. Mi departamento actual estaba en un primer piso, ¿acaso terminaríamos acostados en mi cama? No era una buena, no era una buena idea para nnnnada...

-En diez años más me veo... Hm... -comenzó a contar con sus dedos- John, en diez años más Hamish aún no estará listo para graduarse, ¿de qué estás hablando?

-Yo no he mencionado nada sobre graduarse -dije. Me eché a reír. Era tan gracioso.

-Cuando Hamish se gradúe de... primaria, iremos los dos como sus padres, John. Va a ser... -Sherlock hipó.

-... extraordinario.

-Me ha llamado papá algunas veces. Aún no se entera de que su madre está... -Sherlock dio un suspiro.

Me quedé callado, viendo su rostro. Su rostro empezaba a quebrarse y quería ver el momento exacto en que tuviésemos que pararnos de ahí y caminar al siguiente bar.

Apoyó una mejilla en una mano, melancólico, y yo alargué la mano para darle torpes palmadas en un hombro. No era exactamente un buen consuelo, pero ¿Qué más podía hacer?

-No logré protegerlos -dijo.

Oh, el voto. Estaba recordando su voto.

-Está bien, Sherlock. Está bien. No había nada que pudieras hacer.

-Pero John...

Apoyó la frente en ambas manos. Se oía realmente miserable, como un niño que ha enterrado a su perro.

-No te hice feliz, John -dijo.

Fruncí el ceño.

-Tenía que hacerte feliz, mantener a Mary a salvo.

-Deberíamos... -dije, tratando de guardarme las lágrimas. Habían empezado a aparecer de nuevo- deberíamos hablar de otra cosa, ¿eh? Vinimos a pasarla bien.

-Lo sé. Lo siento, John. Siento... no hacerte feliz.

-Por supuesto que me haces feliz -¿Por qué Sherlock pensaría lo contrario? Era absurdo- . Tú y Hamish son mi todo ahora. ¿OK?

Sherlock asomó el rostro. Era tan infantil a veces. ¿Cómo podía pensar en...? Espera, ¿Sherlock había cuidado así de Mary por mí? Pensé que era por ella también. OK, OK, por supuesto que también fue por ella...

-Sherlock -le dijo- , ¿estabas enamorado de... Mary?

-No -dijo, tremendamente extrañado- . Sería extraño. No lo estaba. Nunca me ha atraído una mujer, John.

Le vi enjugarse las lágrimas. Le pasé una servilleta para que lo hiciera. Traté de no rozarle la cara. Estaba sensible en ese momento y creí no poder parar de tocarle la cara. Sherlock no era exactamente una belleza, pero... atractivo e interesante y... tan encantador, adorable y tan varonil a veces, y tan condenadamente brillante.

¿Nunca le ha atraído una mujer? Entonces... ¿Qué había mencionado Sherlock sobre la dirección a la que se dirigía? Había dicho que hasta ahora creía estar en una sola dirección, hasta ahora.

Adoraba que no fuera tan determinante con su sexualidad. Adoraba eso.

-Entonces, ¿crees que te gustan los chicos?

-¿Chicos? No. Hombres quizá. Pero tú has sido el único. Y ahora que lo pienso, creo que Molly se dio cuenta. Ya no... hace intento alguno por... por... ya sabes.

Eso me quedó dando vueltas en la cabeza. Debería importarme una tonelada, importarme en el sentido de que era algo serio, pero lo único que fui capaz de sentir fue miles de mariposas en mi estómago que amenazaron con escapar por mi boca y mi trasero. Estaba tan feliz. Tan feliz de pronto. Casi tan feliz como cuando vi por primera vez a mi Hamish. Mi adorado Hamish.

-¿Te gusto? -le pregunté.

-Claro. Eres perfecto. Mírate -dijo Sherlock, pasmado por mi ignorancia.

-Creí haberte oído decir... ¡hip!... que era un estúpido.

-Y aún lo pienso. Eres un estúpido, John. Si no lo fueras, te habrías dado cuenta. Pero lo eres. Y no te preocupes, la mayoría lo es.

Sonreí tontamente.

-Lo sé. Gracias por eso.

-De nada.

Nos sonreímos el uno al otro, casi coqueteando.

-Entonces, ¿desde cuándo que te gusto?

-Hm... no sé exactamente. Soy muy malo deduciendo sentimientos.

-Sí. Lo sé. Eres pésimo en las emociones, Sherlock, pero aún así... eres genial, ¿lo sabes?

-Lo sé. Me lo has dicho en todas las palabras posibles del idioma inglés.

-Pero no te acostumbres. No lo haré más. Tu ego ya está bastante inflado.

-No lo está. Hace meses que no tengo un nuevo caso.

Eso era extraño. Pensé que había seguido resolviendo casos a solas.

-Pero Sherlock, no debieras dejarte estar. Hay gente que necesita tu ayuda.

-Pero me piden estúpideces. Y tú necesitas más ayuda ahora.

-Yo estoy bien. No te preocupes por mí. Además me ayudarías más si captas algo de dinero resolviendo un caso.

-Mycroft sigue enviándome cheques.

-Oh. Vaya.

-No ha parado de hacerlo desde el funeral. Creo que piensa que soy un blando ahora.

-Me consolaste bastante bien allí, y él te vio. ¿Qué esperabas?

-¿Te consolé bien? Pero no paraste de llorar. Seguías llorando y llorando y no me hacía sentir bien, John...

-Lo siento. No volverá a suceder -le dije, dándole una palmada en la manga del abrigo- . Pero al menos lloré todo lo necesario esa vez. Ya sabes, es mejor sacarlo... sacarlo fuera de inmediato. A propósito, ¿Por qué iría Mycroft a mi departamento?

-Creo que él sabía que yo estaba allí.

-Ya veo -dije. Claro, era lo lógico.



Recordaba esa vez como si hubiera sido ayer. Sherlock nunca era muy de piel, y eso me frustraba de sobremanera, pero después del funeral volví a casa totalmente solo, llorando en el auto. Si el departamento hubiera estado en un segundo o tercer piso, de hecho no habría podido subir hasta arriba. Estaba desecho, y Hamish, colgado de mi espalda en el portabebés, se comportaba como un recién nacido: estaba durmiendo profundamente, y cuando entré a la sala de estar quedé solo a cargo de él. Los siguientes días no los habría sobrevivido de no haber sido por Sherlock. Él no tardó en llegar a mi hogar, donde me encontró tirado junto a la cama matrimonial, mientras Hamish dormía en la cuna.

-John, John... -le oí decir.

No vi su rostro en ningún momento entre que entró a nuestro cuarto, el mío y de Mary y de Hamish, y cuando se fue finalmente, siguiendo a Mycroft. Sin embargo, entre la llegada de Sherlock y su ida pasó medio día al menos. Medio día en que fui incapaz de moverme, en que fui incapaz de salir de entre sus brazos. Creí que perder a Sherlock, fraudulentamente, me había preparado para cualquier otro golpe en la vida, pero uno no aprende a superar la muerte. Uno nunca lo hace.

-Estás helado. John...

Sentí a Sherlock tocarme la frente y luego todo el rostro. Luego se alejó de nuevo y abrió el armario donde Mary dejaba las mantas para invierno. Vino y me sentó sobre la cama y me cubrió los hombros con esa manta, con la respiración agitada. ¿Había llegado hasta allí corriendo? Eso me conmovió, pero fue la tristeza por perder a Mary y por verme solo con un recién nacido, por ser un padre inexperto, lo que me hizo seguir derramando lágrimas. Y el derramar lágrimas alertó a Sherlock, quien luego de poner la manta sobre mí, me abrazó con sus largos brazos por la espalda y apoyó su mejilla contra la mía. El nudo en mi garganta no hizo más que endurecerse un poco más, mientras Sherlock hacía todo lo posible por apagar mi sufrimiento.

Sólo al día siguiente comprendí lo hermoso de lo que Sherlock había hecho, manteniéndome abrazado por medio día, totalmente inmovil y rígido, y sóli levantándose cada tanto para atender a Hamish. En esas pocas horas Sherlock demostró ser un buen amigo, y un padre apto. Incluso le oí llamar a su propio padre para preguntarle qué hacer con Hamish, y el tono amable de Sherlock, que sólo aparecía ante alguien que no intentara hacerse el experto como muchos en Scotland Yard hacían, apareció en esos pocos minutos de consulta, y comprendí porqué me había aceptado a mí, un hombre estúpido como él decía, un hombre sin conocimientos más allá de la medicina, como su amigo. Nunca lo había entendido, pero mis similitudes con el padre de Sherlock me lo advirtieron. Incluso nos vestíamos de manera similar.

-¿Estás mejor? -le oía decirme, allí sosteniéndome contra torso y hombros.

-Estoy mejor -le respondí.

Sentí su mano en mi frente otra vez. Fue reconfortante, pero tuvo el mismo efecto que tiene un abrazo, que ya me estaba prodigando, ante una persona sensible: mi expresión de quebró de nuevo.

-John... -me susurró.

-No debió irse -dije, con rabia contenida.

Sherlock apretó el abrazo, casi cortándome el aire. Lo dejé, y le sentí zamarrearme un poco.

-Lo sé, pero algunas cosas pasan por una razón.

-No, las cosas no pasan por una razón. Te perdí a ti una vez y no me sirvió de nada.

Le sentí dar un suspiro. Me dio vergüenza en todo momento, estar tan abierto a expresarme de esa forma tan de pronto. Pero fue más doloroso porque Sherlock calló después de eso, y sin embargo, siguió allí, embargado por la culpa con la que tras años le había vuelto a torturar. Me hizo sentir mal.

-Lo siento, no quise decir...

-Shh, John.  eres importante ahora.

Poco después llegó Mycroft y sólo lo supe por boca de Sherlock. Estaba durmiendo en el momento en que lo hizo. Pero supe por Sherlock que su hermano no había pronunciado palabra alguna. Espero no haya confundido las cosas. Cuando me dijo esas palabras, sobre que yo era importante, sostuve su mano por horas.



-Tienes aliento a cerveza. Es horrible... -le reclamé de vuelta al departamento.

No habíamos pasado de las dos horas y diez minutos. Éramos patéticos. Bajamos del taxi trastabillando, y Sherlock comenzó a tararear la canción de nuestro matrimonio.

-Mentira, no es horrible -dijo mientras subíamos las escaleras- . No es tan horrible como el de otros licores. No lo es.

-Eso es porque no has probado otros licores, Sherlock. Es en serio, ¿Cuándo probarás los otros?

-Me dan nauseas. Los probé en la Universidad. Me forzaron a tomarlos para encajar... Nunca encajé de todos modos.

-OK, eso no lo sabía.

-Es porque no se lo conté a Mary.

Nos echamos a reír al unisono.

Llegamos al departamento sanos y salvos. Joanna se había quedado dormida en la cama matrimonial, como le había recomendado que hiciera, ya que llegaríamos tarde, por lo que Sherlock fue y se recostó en el sillón grande de la sala de estar.

-No. No hagas eso, podríamos seguir...

-Estás loco -dijo, soñoliento- . Hamish está aquí...

-Es un bebé, aún no se da cuenta de las cosas.

Insistí, y le hice levantarse. Recuerdo lo liviano que pareció, a pesar de las apariencias.

-John, eres un ingenuo por creer que podrás continuar... -susurró, sentándose en el sillón, mientras yo me sentaba en otro. Había traído una botella de vino- , cuatro cervezas es mucho alcohol en la sangre. Si tomas un poco más tendrás resaca mañana...

Me topó la nariz con su índice, y se echó a reír. Yo sonreí en consecuencia, enternecido. ¿Por qué no podía ser así todo el tiempo?

-¿Quieres irte a dormir? -le pregunté.

-No. No, por supuesto que no. Ven aquí, te contaré un secreto sobre Hamish.

-¿Ya tiene secretos?

Sherlock rió por lo bajo, y yo accedí. Me senté a su lado. La botella de vino seguía tapada. De pronto parecía poco atractiva comparada con la presencia de Sherlock allí. Se había quitado el abrigo, pero seguía con la bufanda puesta. Consideré oportuno quitársela.

-Por supuesto que tiene secretos. Me dijo el otro día que... hip... que no le gustan los dibujos animados -contó, con los ojos más abiertos. Dejé la bufanda a un lado y le abotoné la camisa hasta arriba por si tenía frío- . Puse documentales de History Channel y le encantaron.

-Pero a ti no te agrada History Channel -dije, viendo confundido que se desabotonaba de nuevo la chaqueta de traje.

-Pero es una buena señal que le gusten. Es como Mary, es totalmente como Mary, John. Es un chico brillante.

-¿Por qué? ¿Por que si hubiera sido como yo sería un papasnatas?

Sherlock sonrió. Me tomó inesperadamente de las mejillas, apretándome. Reí por lo bajo.

-No. Habría sido... un don juan.

Me eché a reír. Muy fuerte. Creo que habría despertado a la pobre de Joanna si hubiera sido un poco más escandaloso.

-No, no, no -dijo Sherlock, corrigiéndose- . Habría sido un hombre considerado, confiable,... sí. Habría sido el más... dios, pusiste algo más en mi cerveza otra vez...

No pude evitar sentir más mariposas en el estómago. Sherlock apoyó la frente contra la mía, descansando su cabeza y sus ojos, los cuales cerró con el gesto de quien va a dormir. Dejé resbalar mi cabeza, a gusto, y sentí los labios de Sherlock contra mi frente, produciéndome un millar de sensaciones...

-Habría sido tan maravilloso como Mary, pero... -susurró contra mi frente. Era tan agradable, estar cerca suyo. Y era tan idiota a veces- habría tenido eso que tienes tú que es... ahm...

-¿Qué?

-Ahm, es algo que siempre tienes, siempe crees que estás por debajo de los demás, excepto cuando anuncias que eres el Capitán John Watson de los fusileros de...

-No sé a qué te refieres.

-Ya lo sé. Ya sé qué es, John. Es... humildad.

-Hm... eso no me agrada -dije, alejándome de él. Sherlock cabeceó hacia adelante un momento, antes de enderezarse de nuevo.

-A mí me agrada. Estoy elogiándote y no lo entiendes.

-Ya me elogiaste en el matrimonio, Sherlock.

-Pues no es suficiente, porque siempre... siempre te estás empequeñeciendo ante los demás y debes... debes dejar de hacer eso, porque eres... excepcional. Eres mejor que los dos hermanos Holmes juntos.

-Eso no lo creo.

-¿Por qué? ¿Por qué te cuesta tanto creer que eres...?

-Porque... en primer ligar, Mycroft es la Reina y tu la Guardia Real, Sherlock. ¿Quién puede superar eso?

-Tú lo superas. Tú superas a todos.

Volvió a cogerme de las mejillas, y fue entonces que lo hizo. Emitiendo un dulce sonido similar al de un gato ronroneando, me besó en los labios como si tal cosa, y yo cerré los ojos como si tal cosa también. Fue un beso apretado y blando, pero superficial. Y fue maravilloso. Y sus manos me acariciaron la cara después de eso, como si fuera lo más hermoso que pisaba la tierra. ¿Por qué Sherlock me consideraba de esa manera? No era tan maravilloso. Habría atado a Mary a la vida sino. Pero ahí estaba, idealizándome a pesar de creer que soy un estúpido. Y soy un estúpido. Y un cobarde por no atraverme a consumar lo que quiero.

Y lo quiero a él.




< Capítulo 1

.

2 comentarios:

  1. Oh Dios, esta historia es hermosa!!!!!!!! Muero por leer más. Gracias por escribir algo tan bello que me hace feliz

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. de nada, tú gracias por comentar, no recibo muchos comentarios en mi blog y el tuyo es de oro. GRACIAS!!!

      Eliminar