¿Qué es la Unanimidad?

Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.

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Entrada apasionada

Cómo la Heteronormatividad arruinó a BBC Sherlock

( x ) Acabo de desperdiciar una hora de mi vida viendo un nuevo tvshow llamado "Apple Tree Yard" acerca de gente heterosexual...

jueves, 12 de junio de 2014

Reseña de "Bajo la misma estrella"


Mi Tweet despué de ver esta película. Una de las tardes más intensas... en años. No recordaba haber tenido emociones tan intensas desde que vi "Harry Potter y la Piedra Filosofal". Lloré como nunca he llorado con una película y amé hacerlo. Fue casi liberador.

Como dice Peter Von Houten, "El dolor demanda ser sentido"... o más bien como dice John Green xDD
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La química entre los actores... perfecta. Ayudó quizá el que hayan actuado en otra película juntos además de en esta ("Divergente"). Amé que no estuviera inundada de música. No hay nada peor que música innecesaria en una película, y en esta el balance fue perfecto. Y bueno, además de la química, no puedo dejar de mencionar el que hayan elegido tan bien a los actores. Fueron perfectos como Augustus y Hazel, y los amo, los amo, los amo por haber hecho un trabajo tan maravilloso... y amé que el cine estuviera lleno, que todos suspiráramos al mismo tiempo, riéramos al mismo tiempo, lloráramos al mismo tiempo. Si hay algo lindo en ver películas, es verlas con alguien más.... Alguien que por supuesto no te esté comentando la peli entre medio señalando las fallas, como algunas personas hacen -- . -- Odio eso. Por eso voy sola al cine. Pero por eso también me gusta una sala llena, porque no hay nada como el sentimiento sincronizado colectivo. No te hace sentir alguien tan único, raro y solo en el mundo.

Y bueno... con el "Faking It" y esta película, creo que he cubierto mi cuota de lágrimas para este año. Les digo en serio, nunca había llorado tanto con una película. Las emociones se parecen un poco a las que sentí con "Harry Potter y la Piedra Filosofal", con la primera escena nunca en pantalla grande. Ya saben, con Dumbledore saliendo de entre las sombras con el desiluminador... Pero las emociones se parecen en intensidad a las del día en que terminé la última página de "Las Reliquias de la Muerte". Con Harry Potter me sentí vacía luego de terminar la saga. Con "Bajo la Misma Estrella" (título en español), me sentí llena de sentimiento, sentimientos de tristeza, pero una buena tristeza, como si estuviera feliz de emocionarme a ese nivel. Y es que hace años que no me siento algo así, y extrañaba la sensación.

Y bueno, les dejo la sinopsis. No quise ponerla al principio porque sentí que no correspondía:

La adaptación de la novela de John Green, 'The Fault in our stars' es una mezcla de humor y tragedia en la que se entrelazan el amor y los sueños de la adolescencia.

Hazel y Gus son dos adolescentes cuyas vidas distan mucho de ser normales. Ambos enfermos de cáncer, la vida les ha dado un duro camino por recorrer pero que ellos intentar tomarse de la mejor forma que conocen: con ingenio y energía positiva. Tras conocerse en un grupo de apoyo, y bajo circunstancias que hubieran asustado a cualquiera, ellos deciden echarle valor y no lamentarse por el destino que les ha tocado vivir. Con la intención de no dejarse ninguna experiencia por vivir, deciden cumplir entre los dos el mayor deseo de Hazel, conocer a su escritor favorito. En un tierno y cómico viaje, cruzarán medio mundo en la que será la aventura de su vida para llegar hasta Amsterdam antes de que se les acabe el tiempo. El extraño y peculiar escritor les ayudará en su intento de responder las preguntas que darán paz a su alma y sentido a su vida. Liberadora y dolorosa, esta historia sobre las personas y sus sueños abrirá la mente de dos jóvenes cuyo optimismo y sentido del humor no conoce límites.


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miércoles, 11 de junio de 2014

Cansada de ser mujer


A veces se vuelve realmente frustrante ser mujer. La ropa de mujer es incómoda, si uso pelo corto asumen que soy lesbiana, si no uso maquillaje asumen que soy lesbiana, si salgo de noche del trabajo y no encuentro locomoción los hombres que anden por ahí asumirán que quiero que me pase algo, si hablo de sexo pensarán que querré hacerlo con el primero que se presente y si no lo hago voy a ser una calientapelotas, si salgo con que soy bi van a pensar que soy promiscua, si no hablo de sexo van a pensar que soy frígida...

No puedo ir en una caravana llena de hombres porque me puede pasar algo... (Ver Foto de arriba, ¿Ven alguna mujer?)

No puedo salir a mochilear sola porque me puede pasar algo... es decir, a un hombre también, pero en la mayor parte de las veces que a ellos les pase algo, sólo los van a robar, si me entienden, a nosotros nunca nos van a no robar solamente. Siempre nos va a pasar algo más. Siempre vamos a estar indefensas, y hasta el más flacucho de los hombres va a tener siempre las de ganar contra mí.

Sí, chicos, eso significa ser mujer, y sé que la mayoría de los hombres, por lo que he visto en los
comentarios de entradas de blog y wordpress, youtube, etc etc acerca de las violaciones, nunca va a tomarme en serio. Van a creer qu estoy exagerando, que debo cuidarme y no andar sola, que será mi culpa si me pasa algo, etc, etc. Sé que siempre van a salir con eso porque es más cómodo para ustedes. Porque nos ven como monstruos por no darles la pasada altiro, por no querer tener sexo con ustedes cuando son amables. Siempre nos van a ver mal, porque cuando nos compran algo, siempre esperan una recompensa después, y si no respondemos siempre con un "Sí" cuando quieren sexo, se enojan. Pero si una mujer anda con un hombre sólo por el dinero, es una puta vendida.

Y siempre nos van a ver como brujas porque siempre preferirán que una sea virgen para no sentir que están tocando usado. Siempre nos van a ver cómo fáciles si hablamos de sexo abiertamente, y nos verán como frígidas amargadas si evitamos hablar de ello.

(x)

(x)

Porque siempre vamos a ser putas para ustedes, porque siempre vamos a ser malas o vamos a estar haciendo algo mal si no mostramos más piel. Porque vamos a ser siempre putas por mostrar piel. Porque nos van a culpar a nosotros si queremos ir a mochilear solas y nos pasa algo.... Siempre vamos a quedar mal para ustedes, siempre vamos a estar equivocadas, incluso cuando una hace el esfuerzo de comprenderlos a ustedes.

Yo ya asumí que nunca van a entender las indirectas, que no son tan intuitivos como nosotras, y eso no los hace más tontos ni nada. Simplemente no tienen esa característica. Y yo lo entiendo más que nadie porque yo misma soy muy directa cuando hablo, y eso que hablo poco, pero la gente siempre piensa que estoy tratando de dar a entender algo más por ser mujer. Que no soy sincera por ser mujer, que no me gusta el futbol por ser mujer, que si me gustan Los Vengadores es de mona nomás. Que el que me guste Marvel es de mona nomás. Que si voy al cine sola a ver una peli de acción es porque quiero hacer de sabionda después en frente de un hombre, o porque al grano soy lesbiana. Ya asumí todas esas cosas, pero no por eso tengo que aceptarlas, ¿me entienden?

¿Por qué tengo que aceptar que nunca podré mochilear o ir a algún lugar sola por puñetero deseo porque siempre me va a poder pasar algo porque soy mujer? ¿Por qué tengo que aceptar que me vean como un objeto por tener bubies grandes? ¿Por qué tengo que aceptar que me toquen en el metro por ser mujer? ¿Tengo yo la culpa? ¿Tengo que aceptar que siempre me echen la culpa? ¿Tengo que aceptar que un hombre me ande preguntando si estoy en mis días sólo porque ando de malas? ¿Tengo que hacer eso? ¿No tengo derecho a andar de malas a veces? ¿No tengo derecho a tener un mal día? ¿Tengo derecho a no querer disponer mi tiempo al de alguien más porque soy mujer? ¿No tengo derecho a no querer cuidar niños por ser mujer? ¿No tengo derecho a estar concentrada escribiendo por una puñetera hora porque soy mujer? ¿No tengo derecho a no saber cocinar porque soy mujer? ¿No tengo derecho a usar ropa ancha y cómoda por ser mujer? ¿No tengo derecho a no querer usar tacos porque soy mujer? ¿Qué derechos tengo? ¿A usar ropa seductora? ¿A que me molesten en la calle por eso? ¿A que me culpen por un acoso sexual por vestir ropa de mujer? ¿Y que luego me anden criticando porque prefiera usar polerones anchos y cómodos?? ¿No ven la doble cara aquí? ¿NO LA VEN?





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FAKING IT: El final de Temporada más doloroso...

Pongan esta canción mientras leen esta entrada...


Estoy tan harta del mundo, y adoro este dolor que estoy sintiendo, porque hace tiempo que un tvshow no me calaba tan fondo en los huesos, en el alma.... FAKING IT ha hecho historia en mis venas esta noche...


Hoy fue el final de temporada de Faking It y como era de esperarse no decepcionó. Con el paso de los capítulos ya se venía prediciendo gran sufrimiento en el horizonte, como con Supernatural en las primeras temporadas. Sufrimiento en todas partes, sólo que en este caso, al menos analizando lo que siento ahora mismo en este minuto en este segundo, esto me llega en un nivel mucho más personal que Supernatural.

No he estado enamorada nunca de una mejor amiga, no soy lesbiana, quizá demisexual a lo mucho, y la lógica de la gran mayoría de la gente debiera ser el no empatizar con todo esto. Pero lo cierto es que para sufrir por un personaje en un tvshow, en una película, etc, hay que empatizar a un nivel mínimo aunque sea. Ni siquiera porque seas como ellos o porque te haya pasado lo mismo. Esa es empatía de segunda. Me refiero a que te pones en sus zapatos, y que te das cuenta de que si estuvieras en su situación, odiarías estar en esa situación porque es jodidamente complicada y dolorosa...

Lo que habíamos visto en los anteriores capítulos era el desenvolvimiento de lo que ha sido la relación amorosa fake de Amy y Karma. Amy y Karma, como ya sabemos, son mejores amigas desde la infancia. Se conocen como la palma de la mano... emocionalmente, y siempre han estado allí la una para la otra, incluso cuando ello signifique hacer sacrificios personales. Pero cuando Amy y Karma se besan en frente de todo el colegio para convencer a todos de que son pareja y así volverse populares, Amy, quien decidió en primer lugar besarla para hacerle el favor de hacerla popular -porque era Karma quien lo deseaba en primer lugar- se da cuenta de que ha sentido algo más que un "nada" en su estomaguito al momento de besar a su mejor amiga. Ha sentido algo más.

Ahí es cuando todo se pone complicado.

Amy se pasa capítulos preguntándose si lo que siente significa que es lesbiana, e incluso intenta coquetear
con otras chicas en un bar para lesbianas, al que Shane, un amigo gay, la lleva. Pero no funciona. Esto es enamoramiento, y no es algo que un clavo pueda sacar (ya saben, un clavo saca a otro clavo...). Entonces Amy se reconoce a sí misma que está enamorada de Karma, no habiendo definido siquiera si es lesbiana o no. De hecho, a lo largo de los escasos 8 capítulos que duró la primera temporada, nunca se define si Amy reconoció o no a sí misma si era lesbiana o no. Es decir, por lo que yo sé podría ser muchas otras cosas. Pero el caso es ese, Amy reconoce mayormente que está enamorada de Karma, no dejando cabida para ningún otro cuestionamiento. Y empieza a aceptarlo, y empieza incluso a gustarle la idea. No gustarle gustarle, pero... ya me entienden.


Por mientras, Karma se ha dedicado a seducir a Liam. Visto en el segundo capítulo que Liam sólo anda tras ella porque es su sueño el conquistar a una chica lesbiana -fetiche masculino, supongo- , se propone enamorarlo. Y lo logra. Pero Liam está conflictuado, y en la segunda mitad de la temporada lo vemos explicando que no quiere romper a la pareja más cute de toda la secundaria, Karma y Amy, quienes se han convertido en una especie de ídolos en un inusual instituto que adora la diversidad. Un paraíso, la verdad. Entonces a Karma se le ocure la gran idea que desembocó todo lo que finalmente pasó en este último capítulo de la serie de MTV, canal que ha estado sacando brillantes ideas al aire últimamente. Me preguntó porqué será.... La cosa es que Karma le propone a Liam Booker tener un trío. Un threesome. Entre ella, Liam y Amy. Gran idea. Un desastre, por supuesto.

En el momento del trío, cuando Liam besa a Amy, por consejo de unos amigos que le dijeron que besara a la chica que menos le atrajera primero, para no hacerla sentir aislada, Karma se pone mal. Antes por supuesto, toda la cosa había sido iniciada por Amy, quien se desviste en frente de todos con la idea de quebrar la tensión que se había extendido por la habitación, mostrando un juego de lencería que nos voló la mente a todo el fandom, lesbianas y heterosexuales y en mi caso, demisexuales, por igual... Entonces Amy y Karma se besan, y Karma dice "Whoa". Yes, exacto, caballeros y caballeras, whoa. Sintió algo con el beso. SINTIÓ ALGO.


Pero entonces sucede que Liam besa a Amy y ahí todo se va al carajo. CARAJO! Karma se va de la pieza tras decir "I can't do this"...

Ahí el fandom estuvo en desesperación por una semana.

Al siguiente capítulo, Karma decide que terminarán, obviamente. Quien sabe que estaba sintiendo en ese momento. Y al mismo tiempo, todos sabemos qué estaba sintiendo en ese mismo momento. No es muy difícil de deducir. La cosa es que toda la secundaria se entera, y la administradora del Tumblr del instituto se entera y les propone hacer una entrevista para explicar las razones. Pero no es suficiente, y toda la escuela decide que el culpable es Liam, al enterarse de que hubo un trío. Dios, como son de copuchas todos. Cómo puede filtrarse algo así, yo quedé plop O.O

Entonces Amy se enoja cuando Karma además explica que terminaron su relación porque Amy era adicta al sexo. "Deberíamos cortar... ¡Pero de verdad!" le dice a Karma. Allí Karma se da cuenta del lío que ha armado, y aparece en la televisora del colegio, no sé qué es en realidad, señal del colegio, whatever, para explicar que no es culpa de Liam, y que quiere a Amy de regreso. Esa escena fue conmovedora, con Karma casi en las lágrimas. Amy porsupuesto ve todo en directo, oportunamente, y va hacia Karma para abrazarla, y todo el instituto ve esto.

El instituto entero piensa que han vuelto, pero naturalmente las cosas no son color de rosa. Al final del capítullo vemos a Karma diciéndole a Amy que van a cortar la relación en secreto, la relación falsa por supuesto, y que van a seguir fingiendo frente al colegio por un rato, ya que ella quiere seguir con Liam. Amy queda por el suelo un poco, pero lo disimula. Porque todo era fake en primer lugar, ¿no? Nadie debería estar enojado.

No obstante, todos sabemos ya que eso no es precisamente cierto.

Y aquí se nos viene el último capítulo, el capi 8, que nos dejó a todos destrozados.

El capítulo inicia con una especie de tributo a la famosa escena de "Ghost" donde Demi Moore y Patrick Swayze juegan con la greda. Ya sabes, "esa" escena, una de las románticas y calientes de la historia del cine. Si algo logró esa escena fue juntar equilibradamente esas cosas, que sólo cuando van juntas pueden provocarme algo: Sexo y Amor.


El tema central del capítulo, contextualmente, fue la boda de la mamá de Amy, quien se estaba casando con el papá de Lauren. Karma naturalmente está invitada y todos van a boda. Pero Liam está desesperado, y con la excusa de acompañar a Shane a hablar con Pablo, un pinche fallido que Shane se encontró en el capítulo del trío, y con el cual no pude empezar porque Shane es supuestamente no de salir con alguien a largo plazo y Pablo sí, Liam se aparece en la boda vestido de mozo. Shane también hace el numerito.

Entonces ocurre un gran acontecimiento. La madre de Amy, quien no es muy amiga de ver a su hija y a Karma haciéndose demostraciones de cariño, desaprueba el que en un momento... AMY Y KARMA SE HUBIESEN PUESTO A BAILAR EN MEDIO DE LA PISTA LA QUE ES LA CANCIÓN DE ELLAS!! Yeaaah! esta escena sí que fue genial, y la guinda de la torta es que Karma, estando junto a Liam al ver que se ha aparecido en la fiesta de la boda, dice de repente al escuchar la canción "Esta es nuestra canción!". Ingenuo de Liam, piensa que se refiere a la canción de los ellos dos (o
eso entendí, mi inglés a veces falla, la vi en directo), pero entonces Karma va hacia Amy y empiezan a bailar, una desde un lado de la pista y otra desde el otro lado, con coreografía y todo. Esto da resultado a un baile dinámico y sensual.

Lo más gracioso es que luego Liam viene y dice "Pensé que habían terminado" a Karma. Porque Karma le ha dicho que ella y Amy están fingiendo ser pareja frente al instituto, pero no fingiendo como de verdad están haciendo, sino fingiendo que aún están juntas, por supuesto. Bleh. Y Liam, cuando las ve bailar le dice que pareció, por como bailaron, que aún estaban juntas.

Whoa.

Big whoa.

Eso nos dice algo, ¿no?

Bueno, entonces llega el momento de los discursos, primero hecho por Lauren ejemplarmente por supuesto. La chica tiene materia de presidenta. Y luego Amy.

Nuestra Amy no es buena en estas cosas, y aunque había escrito el discurso en papel, dice a todos que dirá lo que le salga del corazón. Karma, que había estado jugueteando bajo una mesa con Liam, sale de allí y Amy mira directo hacia ella a través de la concurrencia, ella estando en una plataforma... y suelta el discurso más lindo nunca.

El discurso dijo en grandes rasgos que su madre tenía la suerte de haberse casado con su mejor amigo, y que ella quisiera tener la misma suerte, es decir, la de estar con su mejor amigo por el resto de su vida. Karma, escuchando esto, se da cuenta, y se lo dice en la pieza de la casa.

Amy intenta negarlo primero, y lo que debió ser un tvshow ligero de 20 minutos de repente se convierte en algo más. Sé que a través de los capítulos, de hecho desde el primer capítulo, el tvshow dio la señal de que no iba a ser ligero para nada, que iba a ser profundo y doloroso. Y complicado. Pero esta escena para mí lo oficializó. No fue ya más una serie MTV ligera de 20 minutos. Nope, después de esta escena fue todo dolor. Dolor en mi piel, dolor en mi pelo, dolor en mis pies, dolor en todas partes. Después de esta escena, después de ver a Amy intentando negarlo, intentando negar lo obvio, lo que Karma por fin vio en Amy mientras hacía el discurso, todo se convirtió en un gran mar de lágrimas.

Amy finalmente reconoce lo que siente, y Karma... bueno, Karma es una adolescente como Amy, y le dice que está confundida, que no importa, y yo aunque estuve a punto de enojarme con ella, no lo hice. Nadie quiere que una amistad de años se arruine con una confesión. Nadie quiere eso, y por eso no puedo odiar a Karma, porque se veía en su piel que estaba negándose todavía y que quería conservar a su mejor amiga, a su amiga de infancia. Pero Karma siente algo por Amy y eso lo dice el hecho de que le oculte cuando Liam la llama y esas cosas, y que le niegue que Liam se apareció en la boda. Amy pudo verlo de lejos al terminar el discurso.

Y bueno, Amy incluso le dice el gran I love you, y poco después de eso se va del cuarto, tras decirle Karma que aquello no puede ser. Todo se quiebra a pedazos, y Amy se va a beber. Lauren, que había estado en el baño del cuarto, las ha escuchado, y pan pan vino vino va a ver a Amy para empatizar con ella.


Por mientras, Shane, quien se entera más o menos de todo, decide decirle a Liam cómo son las cosas en realidad, ya que se ha dado cuenta de que todo se ha caído a pedazos para Amy. Liam por supuesto se enoja, y cuando él y Amy se encuentran a la distancia, cuando todos se han ido ya del festejo, pasa lo que podría llamarse un despecho.

En una toma rápida de 3 segundos a lo más, "Faking it" termina su final de temporada con Liam y Amy lanzándose sobre un lecho en ropa interior.

Y allí todo el fandom explota, y la tristeza se hace casi una amiga...



BENDITO TVSHOW, ES BRILLANTE! Doloroso pero brillante. Y de este modo termina la primera temporada de este tvshow de MTV, que fue renovado hace dos días para una segunda temporada. ¿Por qué quién querría dejar las cosas como quedaron ahora mismo? ¡¡Nadie!!




Todo es dolor y desesperación....





Las Imágenes no me pertenencen. Fuentes: (x), (x), (x), (x), (x), (x)
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sábado, 7 de junio de 2014

Just watched "The Normal Heart"...

I just watched "The Normal Heart" and I'm broken. And I'm moved. And I'm happy becuase of being how I am. I'm demisexual, not even a clue if I like girls or not (I'm a woman), but having a clue of liking boys, that's for sure, but with the knowledge that even when I'm not gay, I support them and I feel their problems and fights like if they were my own. I'm so happy of being myself, and it's the first time I feel like this and it's so amazing...

Also, Mark Ruffalo, Matt Bomer and Jim Parsons were so amazing in this movie, for fuck's sake... Jim, you're my hero and I lovev your performance and your voice and your character...

martes, 3 de junio de 2014

Maléfica, una reseña


Esplendorosa, perfecta, conmovedora, mágica.... todo eso de "Maléfica", y creo que lloré en algunos momentos.

Me pasó algo parecido cuando vi la última versión de Blancanieves, pero sucede que Angelina Jolie puede hacer todo muchos más intenso, emocional y sutil a la vez. No necesita de mucho para conmoverte, es elegante, es como una gata, y es la perfectza Maléfica. Recuerda a la del clásico de Disney, que de tan clásico ya no sé si tenga después de lo que vi hoy día, pero Angelina Jolie la hace mil veces mejor.

O srea, vean esta cara tan maléfica y hermosa y maliciosa y.... KYAAAA! Perfecta

Y Aurora es definitivamente mucho más adorable, y hermosa en la manera juvenil que corresponde al cuento de Perrault. Después de todo tenía 16 años, y no sé si la edad de nuestras princesas y personajes de cuentos de hadas clásicos sea a raíz de que a esa edad todo parece más intenso, o porque sus creadores eran unos pedófilos empedernidos. Prefiero la segunda opción. XDD

Y la música... Pues, ya saben, James Newton Howard no tiene defecto en componer especialmente para un cuento de hadas, que en esta ocasión fue mucho más oscuro y al mismo tiempo conmovedor que un cuento de hadas cualquiera. Oscuro y dulce, como una película de Tim Burton. Una película casi perfecta, con diálogos no tan llenos de una fiolosofía tan rica en complejidad, pero justo con las performances de las actrices, que más que nada se trataton de acción reacción en vez del diálogo que todos pensamos es tan necesario en una película considerada de calidad. A veces está demás. Es como lo que ocurre con "Sherlock", de la BBC. Los diálogos son brillantes pero los silencios lo son aún más, y ver a Maléfica provista de una personalidad tan tridimensional, verla viajar desde el amor al odio, y desde el odio al amor es una aventura inolvidable.

(x)
Y la canción de los créditos.... La misma que aparecía en trailer, la del clásico de Disney cantada por el Príncipe si mal no recuerdo, versionada de un modo más tétrico por Lana del Rey.

Y por supuesto, lo mejor de la película, digo que es de nuevo Angelina Jolie. Nunca nos falla.

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LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 6



Capítulo 6:
"Ocúltame la verdad"



John

Si eso no funcionaba, no sé qué funcionaría. Estaba acudiendo a mis últimos recurdos para retenerlo. Sherlock había estado por horas así, haciéndome creer casi a la perfección que se quedaría, y haciéndome dudar luego como si fuese una especie de juego. Nunca había necesitado tanto alguien y sentía que estaban jugando conmigo.
Y había explotado. No lloraba desde hace años. Por un momento me ahogué un poco, a causa de la falta de costumbre, y las lágrimas fueron como ácido en mis párpados y mejillas. Y Sherlock fue incapaz de reaccionar. Se quedó paralizado, aunque su mano que aún cogía la mía se apretó cortándome la circulación.
Iba a dejarme solo de nuevo.
-OK -dije, rendido.
Tragué, tratando de cortar la corriente de humillación, y tras apartar la vista de Sherlock, me solté de su agarre y procedí a abrir la puerta de la casa. Mientras buscaba la llave, sentí la emoción agolparse, negativa contra mis párpados, amenazando con volver a desatarse. Sentía tanta vergüenza.
-John... -me dijo.
Abrí la puerta, no pudiendo extender más el momento, y crucé el umbral dejando la puerta abierta tras de mí. No sé cuanto tiempo me quedé allí parado, esperando a que diera alguna señal, otra más, de que seguía allí, pero el silencio se volvió demasiado profundo e impenetrable. Y lo supe.



Sherlock

Esperé junto a la vereda dos horas. Apenas las vi pasar, mientras me entumía con las manos enterradas en mis bolsillos. Estaba nervioso y asustado, y pasé muchos minutos imaginando que él aparecía de la nada con una pistola apuntando a mi frente. Sí, Moriarty podía ser perfectamente de esos, o cualquier que él enviara a mancharse las manos. Pero él me quería vivo, esta vez entraba en la condición. Lo que me aproblemaba era qué cosas me exigiría hacer a cambio de no dañar a nadie.
Mycroft siempre tuvo razón. Nunca hay que atarse. No obstante, la idea de no querer a John me era insoportable. ¿Qué sentiría en su lugar? ¿Nada? Nunca había necesitado una motivación para resolver crimenes, pero ahora John era el motor. ¿Qué habría sido de mí si él nunca hubiera entrado a mi vida? Probablemente seguiría en lo mismo, ni feliz ni infeliz, pero en un departamento vacío, sin nadie que me acompañase a la hora del desayuno, sin nadie que estuviera insistiéndome que comiese a las horas y cada día, sin nadie que corrigiera mi poco sentido común para con los otros con una expresión de comprensión en el rostro. Sí, habría seguido miserable, sólo que nunca supe en ese entonces que era miserable. Era de hecho feliz, y aún así...
Reí amargamente a la noche. Recordé a John diciendo que dormiremos juntos. Me era tan urgente ahora mismo. Pensando en ello un suspiro se escapó de mis labios, mientras la noche se veía negra y las calles vacías. La garganta se me anudó, y carraspeé incómodo por la sensación.
Dios, tenía tantos deseos de volver. Los deseos me torturaban. Y entonces pensaba en ese “Te amo” inconcluso de parte suya y yo sólo... ¿En verdad era eso lo que iba a decir? ¿John me...? Parecía tan increíble. Que alguien me... quisiera así. Si tan sólo le hubiera respondido directamente. Se lo habría dicho cortando del todo la cercanía física, con su frente cálida contra la mía.
Dios, esas sensaciones. Nunca más las experimentaría excepto cuando rememorara cada minuto compartido con él ese anochecer. Y no era suficiente. Era irracional, estúpido, cursi y repetido, pero... necesitaba tocarle.
A continuación todo se fue a negro de repente. Alguien me golpeó en la nuca de repente, y no supe nada por las diez siguientes horas.


John

-Arriba.
Levanté a Hamish de la cuna, y cambié sus pañales. Tenía los ojos hinchados de sueño luego de una noche en vela, y las cortinas de la sala delantera, que daba vista a la calle, aún estaban abiertas. Era un día gris y un tanto apagado, pero estoy seguro de que me habría parecido brillante y glamoroso si hubiera despertado junto a Sherlock.
Sherlock...
Había tenido un sueño. Uno en que despertaba así mismo, volteado hacia el lado izquierdo. Había una ventana en el cuarto, blanca, muy blanca, pero no enceguecedora, y Sherlock dormía en su abrigo junto a mí. Despertamos al mismo tiempo. Fue un instante maravilloso, un instante que fue instante, y que por tanto se esfumó literalmente en un parpadeo. Lo siguiente que veía era a Mary disparándole a Sherlock en la sala donde le había encontrado. No recordaba haber asustado así desde que vi a Sherlock saltar del techo del hospital, para luego sentir la nuña palpitación de su corazón en su muñeca, que le cogí la mano tratando de encontrar un sólo hálito de vida. Mi mundo se fue abajo y recuerdo haber estado en shock por horas, tanto que recordándolo ahora, me preguntaba cómo no había estado enojado con él por mucho más tiempo.
Porque nunca podría odiarle. El alivio de ver que no estaba muerto, el alivio de saber que podría verle cuando quisiese de nuevo, oír su voz relajante cada vez que hacía sus deducciones, o verle simplemente sentado con las manos juntas delante de su boca, pensando... todo eso le ganó a mi furia.
-Allí estás... -le dije a Hamish, sonriéndole enternecido a sus pequeños y rasgados ojos. Tenía ojos pequeños y cejas un tanto pobladas para un bebé.
Boté su popo en la basura del baño y me devolví para cargarlo en brazos un rato.
Miré hacia el ventanal, con la silueta imaginaria de Sherlock en mi cabeza. Su bufanda estaba alrededor de su cuello, pero estaba casi todo igual desde la última vez que lo viera. Me miraba con seriedad y me ofrecía sutilmente su mano, como si me invitara a resolver un caso. No obstante, nunca tuvo que hacer absolutamente nada para que yo le siguiera, y aún, mucho más, puesto que ofrecer su mano era un gesto tan sutil que no podía con ningún otro gesto compararse.
Y la soledad me aplastó una vez más, como cada mañana. Claro, tarde o temprano la sentiría aniquilándome las venas, pero lo cierto es que después de un mes de su ausencia, creí que en algo mejoraría.
Dejé a Hamish en la sala cuna, y fui al hospital, donde mis nuevos e inesperados amigos me acompañaban.
Había pasado el año nuevo en la fiesta de unos colegas del trabajo, quienes ahora me seguían como si tuviera dulces para ellos en mi bolsillo. No era desagradable, pero últimamente sólo necesitaba de la soledad. Cualquier otra cosa que no se le pareciera me incomodaba.
-¿Un partido de bolos? Yo y Mike queremos aprender -me dijo un colega.
Mike. Recordé a Janine y su seudónimo para el maldito de Mycroft. Había rechazado sus invitaciones a pasar noches de viernes con ella y sus amigos muchas veces. Janine sentía, aparentemente, una especie de compromiso conmigo, lo cual era absolutamente bizarro dado el hecho de mis celos hacia ella. Después de todo había estado con él.

Sherlock

Aún no estaba con nadie en la cama, pero me encontraba en un asentamiento terrorista sin suficiente agua, sin suficiente comida y sin... John. Era como si estuviera viviendo las experiencias al revés.
Me estaba muriendo de aburrimiento. Y estaba cansadísimo. Las revisiones periódicas a mi cerebro me estaban matando. Lo único que tenía era hacer ejercicio, moverse de ese horrible sedentarismo físico y mental. Pero los hombres de Moriarty chequeaban inclusive mi dieta. No querían que comiera demasiadas carnes blancas. Querían mantenerme debilitado, y Moriarty no podía estar más feliz.
Nunca lo creí tan sociable. Tenía una organización bastante grande.
-¡No, Sherlock! ¡Pon tu mente en blanco! ¡Necesito saber qué es lo que te está volviendo un retrasado!
Estaba en resonancia magnética. Estábamos en zona desértica, con poca agua, poca comida dulce, y Mortiarty tenía acceso a un edificio hospitalaria abandonado en las afueras de la ciudad. Había pertenecido a los norteamericanos, cuando quisieron apartarse de los iraníes mientras les invadían. Sentía nauseas de estar allí, y no, no podía poner mi mente en blanco.
Pensaba en muchas cosas a la vez, como una pelea contra la calma que Moriarty me estaba imponiendo. Pero sólo pensaba en cosas negativas... Magnussen chasqueando el rostro de John... John preguntándome “¿Sherlock?”, pidiendo una solución para que ese maníaco parara. Y sí, se había metido con el peor blanco posible. Sabía perfectamente cual era mi punto débil...
“Sólo quiero que sea todo perfecto. Contigo, conmigo...
-No tienes la memoria de Charles Augustus Magnussen, Sherlock, pero creo que podemos desarrollar el dispositivo.
Di un suspiro. ¿Por qué me interrumpía? Por fin había surgido un bune recuerdo involuntariamente.
-¿Qué dispositivo? -pregunté, mientras sentía la maquina en la cabeza. Me estaban cortando el cabello. Vi los rizos negros caer al suelo y sobre mis brazos. Se sentían como cuchillas sobre mis muslos desnudos.
-El dispositivo, ya sabes. Tú te enfrentaste a él. Le viste. Tenía hombres allí.
-¿Tú tenías hombres infiltrados en Appledore?
-Claro. Oh, Sherlock -dijo Mortiarty, inclinándose hacia mí, delante de la silla donde yo estaba sentado- , no porque no uses infiltrados, yo no lo hago.
Me resistía a mencionar la cadena de vagabundos. Les pagaba con el dinero que Mycroft me daba.
-¿Cuál es el pensamiento que aparecerá más a menudo en tu cabeza, Sherlock? -preguntó el maniaco. Arrastró una silla y se sentó frente a mí.
-¿Quieres saber cómo funciona mi cabeza? Creí que eras más brillante que yo.
Moriarty rió.
-Tengo la sospecha, pero siento que es porque estás priorizando otras cosas. Batiste el record de casos sin resolver el año anterior, Sherlock. Con la boda y todo eso. Pero ya averiguaremos si te has atrofiado. Creo que desde que me fui dejaste de tener estímulos fuertes. Ya saben, casos de verdad, de esos por los que arriesgarías el pellejo. De lo que sí estoy seguro es de que comprobaré cuan diferente funcionan nuestros cerebros. Tú haces deducciones involuntarias, Sherlock. Eso es inteligencia, Sherlock. La usas por instinto. No la usas porque la llames. Está siempre allí. Aunque para asuntos emocionales no eres nada bueno.
-No es tan cierto. Puedo adivinar fácilmente las emociones. La gente es altamente predescible.
-No las tuyas. Será “John Watson”, ¿no? Vaya, hice bien en amenazarte con dañarlo en la ocasión anterior.
-¿De qué hablas?
Moriarty puso los ojos en blanco y se levantó de la silla.
-¡¿Es que no me estás siguiente?! Acabo de decirlo hace unos segundos. Dios, eres como un bebé, Sherlock. ¡El pensamiento que más a menudo aparecerá en tu cabeza será “John Watson”!

-¡Hamish! -mascullé despertando del sueño.
Por supuesto que no sería John. John siempre depositaba su felicidad en la felicidad de otros. Nunca era personal, por lo que mi punto débil siempre residiría en algo que iba más allá de John, en aquello de lo cual pende su felicidd. Si tan sólo hubiera estado el tiempo suficiente junto a él para hacerlo personal.
Me sobé la cara. Por primera vez había tenido la imagen de una ocasión sexual con él en mi cabeza, y era perturbadora. Me provocaba tantas cosas.
Al final había sido mi imaginación la que había avanzado por mí. El calido y calmo lugar donde John y yo habíamos estado esa noche, compartiendo miradas y adn, empezaba a desmenuzarse en escenas que se dirigían hacia otro lugar traicionándome hasta en mis sueños. ¿Así funcionaba la mente de todos los hombres? Ahora me explicaba la urgencia de todos por tener sexo en la primera cita versus el romanticismo de las mujeres. Bueno, no todos ellos ni todas ellas. “Hemos tenido un montón de sexo” había dicho Molly. Espero esté feliz compartiendo su cama con otro chico, uno mejor que el anterior. Se lo merecía.
Estaba en la letrina, de cara al pasillo sin puerta de acceso de aquellas ruinas. Cada mañana sentía que me achicharraba, y cada noche era como volver al frío. Pero las noches eran las mejores. Era entonces que mi imaginación volaba.


-No es un dispositivo -le corregí a Moriarty- . Sólo es buena memoria.
-Quien hace las deducciones aquí es el señor Moriarty -dijo el hombre junto a este.
Estaba con un turbante, y se sentía extraño. Mi pelo estaba demasiado corto y aún así sudaba a mares. Las ruinas habían quedado atrás hace unas horas, y ahora nos encontrábamos junto a una roca en medio del desierto. Podía ver la ciudad más allá, casi como un espejismo, borrosa y danzante. Estaba realmente lejos, y aunque tuviera la oportunidad de escapar de esos hombres, probablemente no la alcanzaría.
Hacia la derecha, aproximándose en un horizonte borroso, siete hombres en camellos avanzaban hacia el Este, probablemente desde Israel pasando por el sur del Mar Muerto. Llevaban turbantes y lucían encorvados sobre sus sillas, probablemente por el sol. Aparte de ellos y nosotros, no había más señal de ser humanos por allí.
-No. Déjalo. Es una buena teoría -dijo Moriarty, defendiéndome como un secuestrador que quiere congraciarse con su secuestrado- . Hay que considerar todas las posibilidades. Aunque Mary era la de las mejores ideas, según el señor Magnussen. Dime, Sherlock, ¿era buena desencriptadora?
-Si preguntas eso en específico, lo sabrás mejor que yo. Pasaste dos meses con ella.
-Sí, pero no hablaba demasiado. Fingió muchas cosas. Fingió imbecilidad, de hecho, y nunca llegaba a ella tan fácilmente. Así era Mary Morstan. Sí, Morstan. Ni siquiera tu John pudo llegar a su eje cerebral. Allí estaba toda la información, Sherlock, tanta información perdida... A menos -dijo, alzando el dedo, con una mirada de loco en sus ojos- a menos que la memoria de C.A.M fuera un dispositivo. Déjame creer que lo es, Sherlock. ¿Me harías ese favor?
-Nunca te haría favor alguno.
Él rió.
-Disparen -ordenó.
Yo estaba de manos atadas. Literalmente. Jim se paseó por delante mío, sin quitarme la mirada de encima. Sus hombres, cuyas caras no podía ver, apuntaron.
Los siete hombres en camellos cayeron más allá. Miré a Moriarty sin entender.
-Han caído los dueños de España. Hemos hecho un bien común, ¿no?
Me miró desafiante.
-No me trajiste a este punto por pura suerte. Quieres acusarme de asesinato.
-Siete asesinatos de hecho. Dejaremos el fusil aquí y todo -dijo Moriarty, señalando el fusil de uno de sus hombres. Todos los usados eran exactamente iguales.
Estos hombres comenzaron a empacar. Debían irse pronto. Uno de ellos pasó por delante mío. Su rostro estaba cubierto hasta sus ojos, y me hizo bajar la cabeza al suelo de un manotazo. No querían ser vistos. Miré mis amarras,
-¿Estás seguro de que era sólo buena memoria? -preguntó Jim.
-Muy seguro.
Pareció pensarlo. Los francotiradores se alejaron, allí bajo el sol quemante.
-No confío en ti. No has pensado claramente en todo este tiempo, Sherlock. Estimar a alguien no es una ventaja, ¿no lo ves? Imagínalo: si matase a John sólo quedaría Irene Adler. Pero ella no te importa de esa manera.
-Era una persona interesante.
Jim Moriarty se encogió de hombros, flexible como un niñato.
-Y John Watson... Irene Adler -dijo, extendiendo sus palmas delante, midiendo.
Por supuesto que para él ganaba Irene, y en el rincón lógico de mi cabeza, cada vez más perezoso, Irene también lo era. Interesante.
-¿Vas a siquiera resolver casos después de esto? ¿O estás tan enamorado que dependes de la absurda e incipiente ayuda de John Hamish Watson para funcionar? Estamos hablando del dispositvo maestro de Charles Augustus Magnussen y tú estás pensando en... aquel hombre común.
-No. Estoy pensando en ti y en la bufanda que me debes -susurré.
Jim sonrió lentamente. Sus ojos negros y fríos parecieron refulgir de rabia.
-Estás atado de manos y aún así estás tan confiado. Crees que te valoro lo suficiente para no matarte. Es verdad que te veo como mi alma gemela, Sherlock, pero...
-No soy tu...
-Calla -Jim me tapó la boca- … pero nunca podría verte de esa manera. No eres siquiera atractivo.
-¿Y a quien le escanearías el cerebro si muero? ¿A uno de tus colegas? ¿A ti mismo? No -susurré con placer- . Ninguno de ustedes es lo bastante rápido para desafiar a esa maquina. Mi cerebro nunca se quedó en blanco, Jim. Estabas revisando otra cosa, ¿no es así?
-Por supuesto, y tienes un espacio en blanco en tu cerebro, Sherlock. En tus recuerdos. Un espacio muy pequeño llamado... William.
Le miré con atención. No pude asegurar si mentía. Tal vez sólo era una treta. Y aún así...

John

Miré el número del celular de Sherlock en mis contactos. Había un apellido “Holmes” registrado en las últimas llamadas, pero por más que revisaba, Mycroft seguía siendo quien llamaba todos los días. ¿Qué bicho le había picado?
-Me queda una hora. ¿Cuál era la prisa por salir... a cenar? Es extraño -dije.
-¿Por qué? Cenabas todos los días con Sherlock, ¿no es así? Y nunca se sintió extraño.
-Es diferente. Me agradaba su compañía.
-Hm -balbuceó el hermano de Sherlock.
-¿De qué hablaban mayormente?
-De los casos. A veces yo estaba trabajando y no podía acompañarlo, así que... me ponía al tanto.
-Y él lo resolvía durante la cena.
Miré hacia arriba. Estábamos en un restaurante muy caro. Las lámparas parecían joyas. Naturalmente nunca había venido allí.
Supongo que sí. Sherlock resolvió muchos casos durante la cena.
-Usted es una persona altamente ordinaria, señor Watson... -dijo Mycroft.
-¿Gracias?
-Pero extraordinaria para la mente de mi hermano. ¿Cuáles eran las palabras clave para estimular el intelecto de mi hermano? Siempre me provocó curiosidad.
-Ahm... No creo que fuera un estimulante, simplemente... le hacía las preguntas correctas.
-Agudeza. Eso es agudeza. Eso es lo que Sherlock está extrañando.
Le miré con los ojos como platos.
-¿”Está”? Ahm... ¿Te has contactado con él? ¿Está bien?
-Lo está -Le miré con ansiedad- , pero me temo que no puede entrar a Inglaterra. En el extranjero fue acusado de asesinato múltiple. Me contó su versión: al parecer, luego de forzarlo a resolver el misterio de C.A.M., Moriarty lo dejó solo en medio del desierto. Ya no le era util. Una vez más, mi hermano demostró su inconveniente ansia por parecer brillante delante de otros. Pero me temo que no ha dado con la respuesta correcta. Está acusado de asesinato, y al no poder entrar al país, está por completo desprotegido. Moriarty tarde o temprano se dará cuenta de que Sherlock se ha equivocado, y le matará en consecuencia.
Negué levemente con la cabeza. ¿Acusado de asesinato múltiple? ¿Moriarty le había dejado en medio del desierto? ¿Sherlock se había equivocado en sus deducciones?
-Dios mío... -dije en un suspiro, sintiendo mi corazón violentamente acelerarse.
-Necesito que Sherlock lo resuelva. Ya.
-¿Que resuelva el caso?
-Por supuesto.
-Pero estaría ayudando a un asesino.
-Parcialmente. Pero estaría salvándose a sí mismo. No te preocupes, John. Soy la puerta hacia la monarquía, pero soy una tumba.
-¿Esperas que me crea eso? -mascullé.
Dejé la servilleta de tela violentamente sobre la mesa, y miré hacia otro lado. Un hombre en otra mesa estaba leyendo un periódico de crónicas. La de ese día trataba sobre un resumen de las teorías y conspiraciones tras la nueva desaparición de Sherlock Holmes, y su relación con la reaparición de Moriarty meses atrás.
Estaba por todos lados ahora. Su cara. Mi cara no aparecía afortunadamente, pero Sherlock estaba en cada rincón, como un depredador, llenando mi cabeza ya de por sí perturbada tras su desaparición.
Ni siquiera había escuchado sus pasos al irse esa noche. Simplemente había desaparecido del pórtico, con el sigilo de un tigre. Por momentos pensé que había tenido una cita con un fantasma, pero las mariposas en mi estómago por las noches no podían tener origen en un invento, un idílico y maravilloso invento de mi imaginación. No. Había sido demasiado perfecto para ser una mentira. Demasiado parecido a Sherlock, no las burdas imitaciones que a veces mis sueños inventaban. Este había sido Sherlock, incluso cuando bailamos casi imperceptiblemente junto a la parada de buses. Él, en cada fibra...
-Por favor, John.
-No confío en ti, Mycroft. De hecho, no confío en ninguno de los hermanos Holmes. Son unos profesionales de la mentira y mi vida estaría mucho mejor si ninguno de los dos hubiera aparecido.
Mycroft alzó el mentón con una sonrisa socarrona.
-¿En verdad lo estaría? Quizá estaría a salvo, Doctor Watson, pero en ninguna medida sería feliz. Imagine una vida sin Sherlock y dígame cual es la paleta de colores con que su mente la pintaría. ¿Van Gogh en sus inicios o en su madurez?
Sería una paleta tremendamente fría. No oscura, sino fría, de azules pálidos, tirados a los grises, no el azul de las monarquías. Un azul desteñido y frío, como el Londres de noviembre. Insoportable al salir del calor del metro. Y a pesar de que había vivido allí por tanto tiempo, recién había sido con la aparición de Sherlock cuando había comenzado a ver los colores de la ciudad, como si Sherlock hubiese traído una paleta completamente diferente a mi vida. Oscura en algunas ocasiones, pero siempre colorida.
-Dígame la verdad, Doctor Watson, ¿Qué tanto necesita a mi hermano? Hay muchos hombres brillantes caminando por Londres, muchos de ellos anónimos, muchos demasiado tímidos, humildes o condescendientes con todos para ser todo lo inteligentes que pueden ser. Porque debemos decirlo: si a Sherlock le importase “el que dirán”, nunca habría comenzado a trabajar con Scotland Yard. Habría permanecido en el anonimito, consumido eternamente por sus fracasos sociales en la Universidad. ¿Le contó alguna vez de sus experiencias en la Universidad, Doctor Watson? Fueron las que construyeron su desconfianza por la gente.
-Nunca me contó nada sobre la Universidad. Lo único que llegué a conocer de su vida antes de ser detective consultor fue Sebastian Wilkes.
-Pero Sherlock sí que resolvió casos en la Universidad. No con Scotland Yard, pero ganó su fama desde allí. ¿Le importaría decirme si el nombre “Victor Trevor” le hace eco?
Fruncí el ceño. ¿Victor Trevor?
-No. ¿Por qué tendría que recordarlo?
-Fue un buen amigo de Sherlock. Mi hermano resolvió la verdad oculta tras la muerte de su padre. La amistad se quebró a partir de entonces.
-No veo la lógica en ello.
-No sé los detalles, pero Sebastian Wilkes me dijo a grandes rasgos que había sido por problemas de envidia -Me ahorré protestar ante el contacto mantenido entre Mycroft y ese imbecil- . Sherlock siempre ha podido ver a a través de la gente, y muchos no lo soportan. Usted es extrañamente paciente en ello, Doctor Watson. Por eso valoro tanto su cercanía para con mi hermano. Confío en que siempre tendrá su apoyo y que de hecho me ayude en lo siguiente que le pediré. Por otro lado, espero que cualquier sentimiento superior al de la amistad que sienta hacia Sherlock quede en ello, un afecto no consumado. ¿Está de acuerdo conmigo? Una relación menos platónica puede arruinar amistades de años.
Aquello me dejó paralizado. ¿Mycroft sabría lo que había pasado esa noche? Con él podía ocurrir cualquier cosa. Mycroft tenía ojos en toda Inglaterra.
-¿Por qué estás diciendo esto? -le pregunté, cauteloso.
-Yo también deduzco, Doctor Watson. Yo enseñé a Sherlock las bases de lo que su trabajo es actualmente, de lo cual me arrepiento, ciertamente. Su pequeño talento le ha valido muchas acusaciones. Entre ellas un asesinato, como ya sabemos. Sólo que esta vez es cierto y a raíz de él ha quedado expulsado de Scotland Yard formalmente.

-Creí que Sherlock estaba ayudando a Greg...

-Lo ayuda por debajo. Ya no participa directamente con la policía en campo. El Inspector Lestrade se limita a pasarle las pruebas reunidas, tales como fotos y apuntes, los cuales no siempre son las pruebas que Sherlock necesita. La gente no sabe observar, Doctor Watson.

Escuchar aquello sobre Scotland Yard me entristeció. Sherlock me había dado a entender por meses que acompañaba a Greg en sus casos. ¿Dónde había estado todo ese tiempo fuera, si lo único a lo que había tenido acceso había sido a fotografías y notas? ¿Acaso se sentía avergonzado por haber sido delegado a una participación tan indirecta, luego de años entrando él mismo a las escenas del crimen como civil, muchas veces sin protección? No quería ni imaginar las burlas de la Agente Donovan sobre esto. Ya la encararía un día...

-En cuanto a los sentimientos de mi hermano hacia usted... prefiero dejarlos en el limbo. Dudo que siquiera Sherlock los entienda.

Tragué. Mycroft parecía ir en serio en ello. Me pregunté qué tan lejos iría por impedir que algo sucediera entre nosotros dos. Por otro lado, Mycroft parecía tener una idea equivocada de cómo funcionaban Sherlock y sus sentimientos. Sherlock no era ignorante acerca de cómo se sentía, simplemente hacía ojos ciegos ante la gente y sus afecciones. Como él decía, prefería evitar las cursilerías, y estaba sumamente en sintonía con su sentir, pero Sherlock sí que entendía lo que sentía por otros. Tan sólo no lo demostraba todo el tiempo, excepto en el hecho de que nunca les fallaba.

Le había visto preocupado por cada detalle del matrimonio, y a pesar de que me había dicho que por entonces ya sospechaba sobre lo que sentía... por mí -dios, él sólo pensar en ello me hacía sentir arrogante. Cómo podía gustarle a Sherlock...- había puesto todo su esfuerzo porque todo saliese bien.

-Si, no creo que Sherlock tenga idea -dije, mirando a Mycroft desafiante- . Dudo que tenga idea de cómo lo malentiende su hermano mayor. Sinceramente, Mycroft, si no hubieras demostrado un par de veces que realmente te importa Sherlock, dudaría totalmente de tu afecto por él. No pareces conocerlo nada en lo absoluto.

-Sólo estoy cuidando que no salga herido otra vez. La mente de Sherlock es más brillante que la de nosotros en todos los sentidos. Su mente se ha encargado incluso de borrar eventos que no le agradan. Si un día resulta que ustedes no pueden seguir siendo amigos porque han ido más allá y han tenido una pelea de... enamorados -dijo esto con tal desdén que me provocó un espasmo facial- , la vida de Sherlock resultará en un decaimiento, y muy probablemente sus capacidades deductivas comiencen a caer como kamikazes. O en un escenario contrario, tal vez se concentre tanto en su trabajo que vuelva a... las drogas. El trabajo le supone mucho esfuerzo por concentrarse, y Sherlock no siempre logró concentrarse antes de que su maravillosa presencia, Doctor Watson, apareciera en el escenario. Recurrió a las drogas muchas veces en orden de acabar con sus ansiedades y su falta de... enfoque.

-No veo que yo haya intervenido mucho en que se concentrara.

-Usted sirvió como distracción para Sherlock. Además de ser un estimulante para la resolución de casos, usted ha servido como una maravillosa distracción para alguien que antes de compartir piso, solía concentrarse en los casos las veinticuatro horas del día. Eso lo volvió loco muchas veces, hundiéndolo en sus adicciones. Ahora bien, ya que le he advertido, quiero que tenga esto presente cuando vaya a verlo a Jordania.

-¿Jordania? ¿Sherlock está en Jordania? -dije, incrédulo.

Eso me tomó por sorpresa. Imaginé un destino más cercano.

-No... no puedo dejar Londres e ir a Jordania. Hamish...

-Ya tengo todo bajo control sobre Hamish.

-No pretenderás que lo saque del país, tiene siete meses. No puedo hacerlo -dije con el dolor de mi alma.

Mycroft me miró elocuentemente. ¿Por qué no decía su solución y ya?

-La agente Donovan puede hacerse cargo.

-¿Qué? No soy amigo de...

-No importa. Anderson la ayudará. Él tiene más experiencia con niños. Muchos hermanos menores -explicó- . Harry Watson también debiera estar disponible, según me dijo, así que no puedes quejarte de que no tendrás ayuda.

-¿Cuál fue la excusa que le diste?

-A Harry no debí extorsionarla. A los demás... siempre ayuda tener el favor del gobierno británico. Les di ciertos beneficios. Temporales, por supuesto.

Dí un suspiro, indignado.

-Ve con Sherlock, resuelvan el caso, prueben que es inocente e Inglaterra volverá a recibirlo con los brazos abiertos como solía hacer. Es la única manera, y sólo tú puedes permitir que esto tenga éxito.

-Sherlock podría resolverlo solo.

-¿En verdad lo crees? Además, y más importante, ¿lo dejarás solo en esto? Crei que la lealtad era importante para usted,Capitán Watson. Si va, estoy seguro de que Sherlock se lo agradecerá.

-¿Y tú? ¿Cómo me lo agradecerás? ¿Me quitarás los impuestos como supongo hiciste con la Agente Donovan?

Mycroft miró sus manos, nervioso.

-No. No haré nada. No creí que aceptara nada de mí, Doctor Watson, por lo que no preparé nada para usted. Sé cuando alguien aún tiene resentimientos, y usted todavía los tiene por mí.

-Por supuesto. Y no estás haciendo esfuerzos por borrarlos. ¿Qué haces aquí mandando a alguien más a por Sherlock? ¿No irías tú perfectamente?

-No es conveniente. El gobierno vería la inocencia probada de mi hermano como un arreglo personal. No sería confiable. Por otra parte, usted y Sherlock son héroes populares. Si vuelven a la acción dando informes a través de su blog, lograrán que la gente se levante a su favor. Aún les quedan fans, Doctor Watson.

Di un bufido. Me sobé la cara, complicado. No podía dejar a Hamish con extraños. Bueno, Harry no era una extraña, pero no era la persona más idónea para cuidar bebés. Anderson parecía el único confiable por lo que me había explicado Mycroft, pero... de nuevo... era Anderson.

Y Sherlock. Pensé en Sherlock, encarcelado en el resto del mundo. Inglaterra le significaba la libertad. Londres. Sherlock era un hombre de costumbres, de rutinas. Necesitaba constancia... en la acción. Quedar en blanco, no pensar no era una posibilidad sana para él. Sherlock necesitaba la constancia de la deducción, y solo, en algún rincón de Jordania, no debía estar alardeando de salud mental.

-Otro detalle: el Inspector Lestrade irá con usted. No quiero quejas.

lunes, 2 de junio de 2014

LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 5

Capítulo 5:
"Pero te adoro en silemcio"

Sherlock

Dando una inspiración, rodeé el torso de John y le abracé con todas mis fuerzas. Finalmente respondía al abrazo que me había dado junto a su esposa vestida blanco, en aquella mesa y ese salón lleno de flores y felicidad. Esa vez había estado tan tenso que no pude responder. Sólo pude pensar en las tarjetas que tenía en la mano, en la necesidad de hacer el discurso bien, de hacer bien las cosas para que él viera que me importaba. Para que me perdonara por mentirle.
Por eso le apreté contra mí, y quise hacerlo hasta que él diera alguna señal de querer ser soltado. Pero John no hizo movimiento alguno por un minuto entero, y cuando me separé voluntariamente de él fue casi lógico coger sus mejillas de nuevo y besarlo de nuevo.
Fue superficial de nuevo, apenas un gesto de adelantar mis labios y toparlos con los suyos. Mucho más me habría desarmado, y... nunca había experimentado la pasión física en mi vida. ¿Qué tal si en cuanto la viviera no podía verle final? Pero John se encargó de desbaratar cualquier plan que tuviera de abandonar Baker Street a la brevedad. Mantuve los ojos cerrados y aparté las manos de sus mejillas para largarme, pero él se adelantó y me besó de vuelta. Di un suspiro en cuanto se separó.
Le busqué de nuevo, en la penumbra del pasillo, como si estuviéramos lejos a pesar de estar al borde de otro abrazo, y separé mis labios cuando le sentí separar los suyos. Sentí la calidez y sentí su lengua rozar la mía. Mis pulmones reclamaron desesperados por aire y di una larga inspiración, antes de ladear instintivamente mi cabeza y recibir otro beso de John, más húmedo y más dulce. Nunca pensé que se sentiría tan bien. Nunca había sentido agrado al besar a nadie, a nadie jamás, y aunque había sentido la necesidad de besar a John muchas veces, fue una total sorpresa.
Lo cogí de las mejillas, a la vez que él cogía las mías y continuamos, olvidados, como si el tiempo se hubiera detenido. Respiré como un loco, cogiendo los labios de John para mí, y siendo más y más insistinte a cada beso, que parecía ir escalando dejando la barrera de la superficialidad cada vez más atrás. Le acaricié las mejillas, dando un suspiro cuando por casualidad nos separábamos, y le tomé el lóbulo de la oreja derecha y entrepuse los dedos entre su cabello, sintiéndolo suave, imposiblemente suave. Y él recorrió mi mandíbula con sus dedos, delineándola, y me tocó el cabello, y pestañeó cada tanto contra mis mejillas. Sentía el roce de sus pestañas bajo mis ojos, a veces junto a mi nariz, y oí el sonido húmedo de nuestros labios al separarse. Y le abracé más cerca de mí, y él me abrazó más cerca suyo, y le oí suspirar cuando simplemente rozamos nuestros labios, sintiéndolos entibiados. Dios, era tan agradable. Podría... podría besarlo por horas y no hacer absolutamente nada más. No dar un paso más.
Y ya no podría irme. No así. Oh, no, ¿Qué había hecho? ¿Cómo podría irme ahora de allí? Me era imposible siquiera apartar las manos de él, y John tampoco parecía querer soltarme todavía. Me besó de nuevo, y yo, con los párpados apretadísimos, traté de alejarme un poco para que no se tornara tan imposiblemente íntimo de nuevo. Pero lo hizo, se tornó tan íntimo, y tan calmado... Déjame ir, John. Se suponía que... no te vería nunca más, John...
Sentí una lágrima resbalar por mi mejilla, y sentí a John dudar un momento. Mi expresión se descompuso, pero le besé igual.
-Sher...
Di un suspiro contra sus labios, y pasé mi mano por su frente, despejándosela tiernamente. John abrió sus ojos, pero yo cerré los míos, mientras retenía dolorosamente otro suspiro en mi garganta. Finalmente salió de mí cuando John recorrió mi brazo con su mano. Apoyé la frente contra la suya, y le rocé con ella, queriendo sentirle.
-Debo irme -dije, con la voz temblorosa. Ni siquiera había decidido que esas palabras saliesen de mi boca. No quería, no quería, no quería... La lógica me estaba gritando tantas cosas, pero no podía. Tenía que encontrar una forma, o me hundiría por siempre en la prisión de las emociones. Las había mantenido apartadas de mí por tanto tiempo, había intentado por tanto tiempo convertirme en un auténtico sociópata, pero lo único que había logrado había sido aprisionar esas emociones en vez de hacerlas desaparecer.
-Ya no importa, Sherlock -susurró John. Negué con la cabeza, quería que se callara. Calla antes de que sea demasiado tarde- . Podemos seguir viéndonos. Tan sólo... no me protejas más...
Me dio otro beso, dulce y sutil. Sentí mi garganta... dolía tanto...
-Prefiero saber la verdad -dijo John.
-Debo irme... Es la condición... -dije, tratando de apartarme.
-No -dijo, cogiéndome de las solapas del abrigo con fuerza- . No me importa la condición.
Me abrazó. Lo hizo con renovada fuerza. Negué con la cabeza de nuevo. Detente, John...
-Es la condición... -dije, bajando la cabeza y sintiendo el roce de su pelo contra mi mejilla. ¿Así era el amor? Tan ilógico que un sólo roce podía hacerme quedarme y arruinar todo? No, no iba a caer en eso, no si podía poner a John en peligro. Tenía que pensar racionalmente.
-No. No te dejaré ir -dijo con seguridad, pero en voz baja- . Vas a quedarte aquí y cuidaremos a Hamish.
Su voz nunca sonaría cursi en lo absoluto. No diría palabras bellas. Nunca. Pero me gustaba eso de él. No disfrazaba nada con bellas palabras. No le hacía falta. Sus acciones lo decían todo.
-Sherlock...
Sí. Porqué no decía sí y ya. Era lo que deseaba. Debería hacer por una vez lo que deseo, pero me es tan difícil. Me requerían en otro lugar.
John rompió el abrazo para ver mi cara. Le miré a los ojos con temor. Me suplicaban. John me estaba suplicando...
-Por favor... Sherlock. No más.
Me tomaba una mano entre las suyas. Temblaba.
-John... -susurré.
-Por mí.
Por él. Sí. Por supuesto que podía hacerlo por él.
Asentí. John sonrió radiante. Pero seguía estando en peligro, y mi cuerpo se tensó en la conciencia de ello. Por supuesto que no podía quedarme.
En el momento en que dije que sí, supe que me había equivocado. Me quedaría una sola noche. Sí. Así no tendría... no tendría que despedirme.

John

Estaba temblando, la ansia me tenía de esa manera, como también un alivio abrasador. Había estado tantos años en estado de espera. Esperando y esperando, y ansiando, ansiándole a él... Y en unos segundos Sherlock había cambiado eso. ¿Cómo diliaba uno con sentimientos tan poderosos? No podía, y temía morir de alegría.
Moriría de alegría. Oh, sí lo haría.
Caminamos por la calle camino a mi departamento en silencio. Era un silencio compartido, el mismo silencio de siempre que compartíamos cuando milagrosamente no teníamos prisa ante nada. El silencio acordado que debería sentirse igual ahora, pero que nunca más podría sentirse igual. Ni siquiera el caminar con las manos en los bolsillos se sentiría igual. Quería tomarle la mano. Quería caminar por la calle y tomarle la mano y nunca más soltarlo. Estaba tan feliz. Años queriéndole sin decir nada, y ahora... de repente todo estaba demasiado bien para ser verdad.
Excepto por Mary. Sabía que en algún momento volvería a recordarla. Lo haría en el momento en que viera a Hamish, pero es que los sentimientos eran tan recientes. Estaba todavía palpitando dentro de mí.
-Ahm... Amanda debía quedarse con Hamish hasta las ocho -le dije en la puerta de la casa.
Él asintió. Todavía parecía tenso. ¿Y si estaba dudando? Tamborileé con mis dedos en mis muslos, nervioso.
-Pero puedo pedirle que se quede un poco más y... podemos salir a algún lado.
Sonreía demasiado, era conciente de que un poco más y podría estar saltando. Y Sherlock... Bueno, era Sherlock. Solía no demostrar mucho.
El sol ya se había escondido. Miré hacia el Oeste, pensando en algún bar, o quizá un restaurante donde cenar y tomar un buen vino. Dios, qué rápido iba. Pero al fin y al cabo era lo que hacíamos siempre, sólo que... hoy quería que fuera un lugar especial. Más íntimo.
-Está bien -accedió Sherlock.
-OK. Subiré a avisarle. Tú... ven conmigo...
-Esperaré aquí -dijo.
Le miré dubitativo. Sherlock se mantuvo impertérrito, aunque me miraba con cierto brillo en los ojos que sólo le había visto unas pocas veces.
-OK, espera aquí -dije.
Miré a la vereda. Pasaba mucha gente a pesar del frío, pero mis labios seguían tibios.
Y seguí allí, mirándole inseguro. ¿Y si cuando volvía no estaba allí? No... no lo soportaría.
-John, te esperaré aquí.
Di un paso atrás, dubitativo. Estaba un escalón sobre el pequeño pórtico. Las puertas y ventanas eran bastante privadas y no podría vigilarlo desde adentro.
-OK -susurré.
Unas adolescentes pasaron ralentizando el paso. Ya toda la prensa sabía donde vivía yo, así que todos sabían quieres éramos. Me sentí algo cohibido.
-Confiaré en ti -le dije.
Sherlock asintió. Sus ojos parecieron aclararse, como si se abrieran un poco más, ablandando incluso más su expresión. Me miró con seguridad, y entonces dio un paso hacia mí y me besó nuevamente. Cerré los ojos, sintiéndome soñar, y contuve la respiración. Unos grititos agudos se oyeron desde la izquierda. Sherlock me soltó, cohibido.
-OK. Vuelvo de inmediato -le dije, con una sonrisa que de seguro pareció tonta. Pero ni siquiera me dio vergüenza. Besarlo en público equivalía a alardear.
Abrí la puerta calmado, pero en cuanto estuve adentro comencé a correr piso arriba.
-Amanda -Me la encontré en la sala de estar viendo televisión. Hamish ya debía estar dormido- . Hola. ¿Puedes quedarte hasta las... hm... doce?
-Claro -dijo con una sonrisa forzada. No le agradaba la idea exactamente.
-Te pago el doble, Amanda. Sólo por hoy.
-Sí, señor Watson.
-Gracias.
Sonreí de contento y corrí hacia la habitación de Hamish. Me despedí rápidamente de él y fui de vuelta al piso de abajo.
Sherlock no estaba frente al edificio. Se me cayó el alma a los pies. Miré alrededor asustado.
-No...
Me abracé a mí mismo, sintiendo un frío atroz de repente, y miré desesperado en todas direcciones.
-Sherlock.
-¡John! -llamó desde un lado.
Había salido de un negocio de confites de al lado. Di un suspiro aliviado.
-¿Qué estás haciendo allí? Vamos -me dijo.
-Creí que te habías esfumado.
Caminamos con las manos en nuestros bolsillos en dirección hacia un restaurante cercano. Pero en vez de eso, Sherlock siguió caminando, y yo le seguí preguntándome cual era el destino.
Me llevó hacia una terraza envidriada. Estaba en un parque y daba a una laguna congelada, pero el lugar era frío.
-No quiero que... sigas evitando el tema de Mary -dijo Sherlock, entonces.
No íbamos a tener un momento de felicidad. Por supuesto que no.
-Quiero que las cosas queden claras.
Le miré al rostro. No se debatía nada, tenía planeado todo ya. Planeada largarse.
-¿Para qué? -pregunté con firmeza- ¿Para que puedas irte sin culpas? Porque aún vas a irte -dije, dolido. Caminé de cara al vidrio de la terraza- . Siempre ibas a irte.
-No, para que tú no sientas culpas. Por favor, John. Han pasado sólo siete meses y tú...
-¿Ya quiero estar con alguien más? No es lo mismo, Sherlock -dije tratando de ser más amable. Me volteé a mirarlo- . Hace cinco que quiero estar contigo así. No es lo mismo que... No es como fue con Mary. Ella me ocultó muchas cosas, y la odié, pero a ti... nunca podría odiarte.
-No te crees ni a ti mismo. No cinco años. Te traicioné al segundo año de conocerte. Me golpeaste por mentirte.
-Pero así es. Así y todo nunca te odie. No es tan duro de creer. Sólo inténtalo.
Sherlock dudó, inmensamente incrédulo. Nunca había sido conciente de lo que provocaba en mí. No sé porqué me fue decepcionante.
-Si vas a irte -dije, con dolor al decir cada palabra- al menos dame estas horas antes de volver a casa.
La expresión de Sherlock se ablandó. Esperé, ilusionado. Sólo unas horas, Sherlock. Para mí.
-Ya son tuyas -dijo.
Sonreí. Se me humedecieron los ojos. Estaba muy sensible esa noche, espero se pase.
-Tan sólo no te pongas cursi -añadió.
-No es lo mío.
Nos miramos por un momento.
-Y vamos a un lugar más brillante.

Fuimos a un restaurante cercano. Creí que eso nunca pasaría, y Sherlock incluso pidió algo de comida.
-¿Vas a fingir comértelo o comerás de verdad? -le preguntó cuando servían nuestro platos. Eran enormes.
Se limitó a sonreírme.
-OK -dije, algo cohibido. Me había sonreído antes, pero esta vez era diferente.
Y no. No comió absolutamente nada. Sólo bebió un vaso del vino que pedimos, y apagó diez veces las velas de en medio de la mesa sólo por diversión.
-No hagas eso... Vas a terminar con los dedos quemados. Déjame ver...
-Oh, eso es tan típico -dijo Sherlock- . Como esto... “Hm... tienes comida en el dedo”.
Me tomó la mano a través de la mesa. Tenía wasabi, y cuando fue y lamió mi dedo, me quedé en blanco. Lo que debió ser algo provocativo me llenó de escalofríos.
-Ahm... ¿Qué es esto? -preguntó, horrorizado.
-Es... wasabi. Lo siento.
-Cuál es la lógica de comer algo tan desagradable... -Sherlock cerró los ojos con fuerza, mientras las otras parejas de otras mesas lo miraban escandalizados. No era un restaurante cualquiera.
-¿Lo ves? ¿Si supieras un poco más de cultura general...?
-La cultura general es inutil.
-... no pasarías por estos problemas. Toma algo de agua.
Sherlock se tomó toda el agua, pero su ojo izquierdo siguió cerrado, como si el ardor hubiera llegado hasta sus párpados.
-Dios... Es muy desagradable.
-No vas a provocarme lamiendo mi dedo -le dije.
Entonces se echó a reír. Al menos el vino ya había hecho algo de efecto. La situación en sí era bastante cursi, típica a rabiar, y Sherlock no estaría comportándose así si no tuviera licor en el cuerpo. O quizá sí lo haría.
-¿Qué más quieres comer? -preguntó Sherlock.
-Quiero que tú comas algo. Mira, nos dejaron los menús -le dije, preocupado por su salud digestiva. Hasta ahora me preocupaba.
Sherlock esperó. La forma fija en que me miraba me tenía con los pelos de punta. Me daba miedo responderle y encontrarme con sus ojos ablandados por completo por los sentimientos. Le había visto esa clase de ojos en el casamiento, cuando nos dijo a mí y a Mary que seríamos padres. La forma en que su sonrisa se desvaneció de su rostro, aunque no de sus ojos, me lleno de calidez. Nunca me sentí tan querido, y sólo ahora entendía que sus palabras del discurso no habían sido de amistad en lo absoluto.
-De hecho, me gustaría... un postre, quizá -dije, sin levantar la vista.
-Con la edad uno va perdiendo la percepción de lo dulce en las cosas. Supongo que lo natural es que pidas algo en extremo dulce.
-¿Supiste esa información por que era necesaria para un caso? -le pregunté, tratando de burlarme de él.
-No. Fue para un trabajo de la universidad. Nunca me han gustado mucho las cosas dulces y quería averiguar porqué.
-Hm -sonreí.
-Habías comido papilla de cereales. Muy dulce, cuando llegaste a Baker Street -me dijo.
-¿Hm?
Noté que me miraba los labios. El nivel de sonrojamiento al que llegué fue sobrenatural. Sherlock no hizo más que fruncir el ceño. Supliqué que ahora en adelante no hiciera ese análisis cada vez que nos besáramos. Si es que lo hacíamos por un largo tiempo.
Si se iba mañana, mi vida... sin duda... volvería al vacío que había sentido antes siquiera de tener una terapista. Hamish me hacía feliz, pero...
-¿Qué ocurre? -me preguntó.
Me había puesto serio ante ese terrible pensamiento.
-Vas a irte.
-Deja de pensar en ello.
-Por favor, no te vayas -susurré. Tragué, nervioso. Las palabras se juntaban como borbotones en mi cabeza. Cosas cursis que normalmente no diría. Entonces lo dije:- . Te a...
-¿Qué postre quiere, señor? -preguntó el mozo, quien llegó y me vio con el menú abierto en la página de postres.
-¿Eh? -pregunté.
Vi la expresión de Sherlock. Estaba en blanco. Noté su respiración acelerándose sutilmente.
-Sí, ahm... -Carraspeé. Revisé el menú de nuevo- Una tarta de manzana.
-De inmediato, señor.
Esta vez se llevó los menús. Yo volví a mi comida, tenso ante lo que... el mozo había interrumpido. Tal vez era mejor así.
-John... -susurró Sherlock- John...
Una pareja se acercó a nuestra mesa.
-Disculpen. ¿Ustedes son el Doctor Watson y el señor Holmes? -preguntó la mujer.
-Juraría que son ustedes. Leo su blog todo el tiempo -dijo el hombre.
Eran un matrimonio distinguido. Me sentí un poco ridículo en mi chaleco con figuras geométricas.
-¿Querrían unirse a nuestra celebración? Sería una bendición que ustedes participaran. Un honor, de hecho.
-Ahm, sería fabuloso -dije sin dudarlo.
Sherlock me siguió donde ellos, aún un poco cabizbajo. Estaba en shock, al parecer. Le tomé la muñeca, poco valiente todavía para tomarle de lleno la mano.
-John, ¿Qué ibas a decir? -me preguntó por lo bajo.
-Te lo diré luego -le dije.
-¿Por qué?
-Hay muchas distracciones.
Eran un grupo grande de personas. Tal vez había sido un error unirnos a ellos, pero no había querido ser rudo. Quería estar solo con Sherlock. Aprovechar cada minuto.
-Creo que sé lo que es -me dijo, con el rostro dirigido hacia mí. Yo miraba a los demás, sonriendo y respondiendo a sus saludos- . Quiero que sepas que... me siento igual.
Me volteé a mirarlo. Sentí las mariposas en mi estómago, si no era muy infantil decirlo. Tragó con dureza y volví a mirar al frente.
-¿Y ustedes? ¿Cuando volverán a resolver casos juntos? Son los tesoros de Inglaterra -dijo uno de los presentes.
-No lo sé. Quién sabe. Tenemos muchas ocupaciones -me excusé. Sentí la mano de Sherlock en mi espalda, pasando el pulgar por mi nuca.
-¿Qué dice usted, señor Holmes?
-Los crimenes no se acaban, por lo que mi trabajo tampoco. Aunque... es infinitamente más enroquecedor cuando el, aquí presente, Doctor Watson me ayuda.
Noté a las mujeres sonreír. Antes de casarme con Mary los rumores estaban bastante calientes, pero luego se habían apagado un poco. Ahora Sherlock acariciaba mi espalda y no quería su mano en ninguna otra parte. No me sorprendería que los rumores reiniciaran.
-Ahora, los dejamos si nos disculpan -les dije.
Sherlock sonrió, satisfecho. Ninguno de los dos era de estar alrededor de mucha gente, y parecía que nunca cambiaríamos.
-Eran agradables, pero... -dije, con el café helado en la mano. Había pedido un vaso de plástico.
-Sonreían demasiado.
-Hm.
Nos paramos junto a la entrada, dentro aún. Era un restaurante elegante en verdad, y los clientes de las mesas cercanas a la ventana iban en vestimentas distinguidas, y por muy neutrales que fuéramos con nuestros abrigos, no encajábamos allí dentro. Además, a Sherlock se le asomaba la camisa desabotanada en la parte superior, dejando ver su cuello al frío del invierno.
-¿Dónde está tu bufanda? -le pregunté.
-Alguien la tomó prestada.
Quería evitar el tema. Bajé la vista a mi café helado. Sherlock se acercó un poco más a mí, con un dejo de misterio fingido que me hizo sonreír.
-¿Qué?
-Creo que ha pasado suficiente tiempo -susurró.
Fruncí el ceño.
-¿A qué te refieres?
Sherlock miró a los clientes de las mesas más cercanas y luego a mi rostro de nuevo. Oh, a eso se refería. ¿Le molestaría que nos vieran aquí? Lo dudaba.
-¿No te importa que haya comido algo en extremo dulce?
-No me hagas contestar eso -dijo, neutral como siempre.
Me miró fijamente, avisándome, y se inclinó hacia mí mientras yo trataba de sostener el vaso sin que la crema se cayese. Lo bajé un poco a la altura de mi estómago, y los labios de Sherlock se apretaron contra los míos. Aún no podía acostumbrarme.
OK, no quedaba tanto café helado. Suponía que podía dejarlo en alguna mesa.
Cuando se separó de mí, fui rápidamente a dejarlo en una mesa cercana. Un hombre nos estaba mirando desde una mesa.
-No te lo has terminado -me dijo Sherlock.
-No importa. Vamos.
Lo tomé de la muñeca, mientras algunas miradas nos seguían. No me importaban, pero tampoco quería que alguien me viera besándole.
Fuimos hasta una parada de buses, a esas horas bastante vacías, allí cerca del parque, y Sherlock, aparentemente aficionado a tan universal actividad, volvió a cogerme de la nuca y a besarme cuando yo aún no tenía tiempo para cerrar los ojos.
-Hm... Sherlock, ¿y si esperamos a llegar a casa?
Él negó con la cabeza, y puso ambas manos en mis mejillas, algunas dedos bajo mi oreja. Me costó un poco más dejame llevar, producto de la poca privacidad. Sin embargo, fue más suave que la primera vez y Sherlock me apoyó contra uno de los pilares de la parada de autobus, la cual seguía vacía, y demostró lo rápido que aprendía. Cerré los ojos por completo, y di suspiros irregulares, mientras mis manos subían hasta el torso de Sherlock, poco dueñas de sí mismas. No podía concentrarme en moverme yo mismo. Estaba gastando demasiado energía en un beso tan calmo.
Y me daba miedo cuan calmo. Cada segundo sentía que era una despedida.
Un bus se detuvo junto a la parada. Sherlock rompió lentamente el beso, pero mantuvo su frente apoyada contra la mía. Verle con los ojos cerrados, aún dado al momento, me hizo pensar en el Sherlock inexperto. ¿Había descubierto algo nuevo hoy? ¿Algo totalmente nuevo a pesar de haber besado a otras personas antes? Parecía tan dado, incluso más que yo.
Bajaron personas del bus, y me dio un poco de vergüenza al principio. Gritaron algunas cosas, pero cerré los ojos tal como Sherlock estaba haciendo, y cuando la luz del bus se hubo ido y sólo quedó la de la farola ubicada a veinte metros, noté que habíamos empezado a movernos como en un baile. Sherlock se estaba meciendo conmigo, sin despegar los pies del suelo. Aunque en cierto modo teníamos los pies muy alto.
Era una noche de ensueño, y no quería que nunca acabara.

Sherlock

Era tan curioso. Aún no podía encontrar el punto de acuerdo entre mi mente y mis emociones. Seguía resbalándome contínuamente hacia el mundo de las sensaciones. Por más que besase a John Watson, no encontraría un punto medio, un punto que hiciera la separación menos dolorosa. Seguiría ansiando algo tan mundano como lo que estábamos haciendo ahora mismo, junto a una parada de bus en la noche.
Y si lo hacía más intenso, me hundiría en el lado de las emociones para siempre. Aunque por muy suave que fuera, seguía habiendo lapsos en que me olvidaba de todo.
-Creo que ya no tengo frío -susurró John.
-Yo tampoco.
Tenía que... tenía que ponerme de acuerdo con mi corazón. Era ahora o nunca. Así me iría sin el corazón destrozado.
¿Y si estaba haciendo todo mal? ¿Y si el punto de la lujuria era el punto correcto? No quería llegar allí todavía. Era agradable y cálido donde estábamos. Tan medido y calmo. Seguro. Como tres parches de nicotina en mi brazo. Pero ¿Y si probaba mi punto? ¿y si me dejaba resbalar hacia allí? Pero no había una medida de tiempo en que pudiera incluirse el “muy pronto”. Me iría al final de esa noche. Tenía que. No habría un momento posterior para avanzar. Esa noche debía ser un resumen, por mucho que quisiera ralentizar el conocimiento de cada una de las reacciones que estaba experimentando, como si quisiera abusar del beneficio de la espera. Nunca había vivido nada como eso. Nunca había estado tan conciente de mi cuerpo en vez de mi mente.
-¿Estamos bailando? -preguntó John.
Había empezado a mecerlo conmigo, aunque levemente, junto a la acera. ¿Y si sólo... probaba?
Entonces pensé en John. Si iba demasiado rápido para no largarme con el corazón destrozado, me estaría olvidando de tomarlo en consideración. Si era verdad que me quería, él sí quedaría destrozado. No quería que la separación fuera peor para uno o para uno. No quería sacrificarlo a él por querer quedar bien yo. Al fin y al cabo era yo quien había empezado con ese dulce infierno.
-¿Sabes que bailar en medio de la calle podría considerarse cursi? -preguntó John, con la risa contenida.
Sentí un calor irresistible en el corazón cuando le oí reír.
-No -le dije- . No lo es hoy al menos.
Abrí los ojos finalmente. Había estado anestesiado. Le miré en la penumbra, su rostro radiante. Sus labios sonrosados y sus ojos... nunca me habían mirado tan fijo y sin huella de sarcasmo, incredulidad o admiración. Era una mirada transparente, a través de la cual dejaba todo claro. ¿Por qué había tenido que ser siempre tan transparente con todo? No había huella de deshonestidad en él, no como yo. Y ahora se desvestía emocionalmente frente a mis ojos, deshecho de toda defensa contra mi interminable sarcasmo.
-Sherlock -me dijo, frunciendo el ceño- , ¿Estás seguro de que todo esto es real?
-No podemos asegurarlo, pero todas las señales dicen que sí -dije, haciéndome el enigmático. John sonrió, atento- . Esta parte de Londres está normalmente vacía a estas horas, tiene casas de clase alta, pero llegan habitantes de la parte sur a estas horas, más ruidosos y expresivos que el inglés común...
-Fueron los que nos gritaron.
-No obstante,  no fueron groseros. Otro detalle es que el café ha dilatado tus pupilas, de la forma que normalmente lo hace cuando... -Lo siguiente me dio escalofríos- cuando ven algo que les gusta. Tus pupilas nunca se dilataban por el café -me di cuenta.
-Te veía recién levantado en la mañana, y tomaba café a la misma hora -explicó John- . Siempre tienes los párpados hinchados por la mañana, pero... te benefician. Se me dilataban las pupilas por esa causa.
Sonreí, y casi reí por su observación. No me gustaba yo mismo por la mañana, tendía a encorvarme por el uso de la bata, luego de toda la noche durmiendo desnudo, pero a John le gustaba como lucía.
Siempre había cuidado que John no lo supiera, hasta que en nuestro segundo año juntos, me levanté para hablar con él por la laptop. La pereza me había impedido ponerme el pijama y la bata, y la rebeldía finalmente me había llevado a Buckingham vistiendo nada más que una sábana.
Habíamos juntado tantos recuerdos. No recordaba asuntos triviales de cultura general, pero recordaba muchas mañanas rutinarias despertando en Baker Street con el sonido de la ducha. John siempre fue un madrugador, haciendo todas las compras de la casa y trabajando sagradamente todos los días. Era el tradicional, atado a rituales sociales, pero era el único que me había hecho sentir bien por lo que hacía como detective. Él único que siempre había creído ciegamente en mí. Pero llegó el momento en que rompí con eso, y John dejó de confiar en mi capacidad de decir la verdad por costumbre. Siempre había sido sincero, antes de conocer a John lo era sin razón alguna. Simplemente decía la verdad. No tenía a nadie a quien proteger de ella. Pero John apareció, me apegué a él  y comencé a temer por la vida de alguien... finalmente. Había perdido a RedBeard, había perdido a un hermano, por lo que la perspectiva de perderle a él me fue insoportable.
Pero ahora las cosas eran distintas. Moriarty había prometido no tocarlo y podía creer en él en esto, pero dejaría de ver a John para que así fuera su cometido cumplido, y el dolor, aunque sin duda podía ser menor que el de verlo muerto, era igualmente excesivo.
-Caminemos a casa -le dije.
John asintió.
Hizo el ademán de meter sus manos en sus bolsillos, mientras una pareja iba saliendo del restaurante que antes habíamos dejado. Había un estacionamiento en frente. Tomé la mano de John a tiempo, y él, nervioso, miró a la pareja que se subía al auto. Teníamos las manos desnudas, algo frías, pero entrelacé los dedos con los de John mientras sentía su mirada en la cara. Este solo gesto me produjo tal fascinación, por las reacciones corporales de las que fui víctima, y de las que no dejaba de ser víctima. ¿Cuánto duraría ese nivel de sensibilidad? ¿Y cuándo me aburriría de estos rituales amorosos, que paso a paso estábamos cumpliendo? Ir a un parque, ir a cenar, besarse en la noche, cogerse de las manos... Era el colmo del romanticismo, ese romanticismo que tan falso me parecía, tan repetitivo, cursi y fingido. Lo único que nos salvaba era el no tener esa absurda necesidad de decirnos poesía en voz alta. Los hombres eran buenos con las palabras románticas, esa seducción vanal y armada, basada en la estrategia interesada que siempre he despreciado. Pero John no había cumplido con este paso. Me había conquistado con actos. Actos nada más, con su confianza, su seguridad, su afecto, y esa ingenuidad que entre caso a caso se había manifestado a raíz de su mundana ignorancia, de la cual si bien presenté muchas quejas, muchas veces me hizo enternecer. John era conciente de su ignorancia en ciertos asuntos, su incapacidad para observar y deducir, pero nunca fingía saber las cosas. Si no sabía, preguntaba y despejaba sus dudas. ¿Por qué no todos lo hacían?
-Pareces ensimismado -comentó cuando llegamos a la calle donde él vivía. No nos habíamos alejado mucho.
Miré mi reloj. Eran las once y cuarenta. Me quedaban veinte minutos. Moví los dedos atrás de la mano de John, retorciéndolos para rozarlo, ante lo cual él por un momento creyó que quería soltarse, hasta que volví a afirmar el agarre. Me detuve y volteé a mirarlo, y le vi con la vista fija en nuestras manos. Era un gesto tan infantil, dos niños tomados de la mano, sin malicia, sin lujuria. El cómo estábamos era perfecto. Tan... perfecto.
-Tardé tanto en aprender todo esto -dije en un susurro- . O sólo no quise aprender. No lo necesitaba. Siempre evité el querer. Y a veces desearía que hubiese seguido de esa manera. Te he causado sólo problemas.
-No -dijo, con un tono que sugería que era absurdo- . No sigas con eso. Tú también me has salvado, Sherlock, y... entraremos a esa casa -indicó su hogar con la mano libre, donde Hamish le esperaba- y seremos padres para Hamish. Será maravilloso.
-¿Pasaremos la Navidad juntos? -pregunté, tratando de mostrarme entusiasmado.
-Sí -dijo casi riendo. John tenía los ojos brillosos. Le vi tragar: me veía irme. No tenía duda alguna, pero estaba allí fingiendo creer que me quedaría- . Compraremos pavo, muérdago artificial...
-Muérdago artificial... -repetí riendo. Qué cursilería.
-... y lo pondremos en cada rincón de la casa.
-¿En todos?
-En todos. No importa -John me miraba con tanta intensidad. Quería convencerse. Se estaba dejando llevar- . Y comerás conmigo. Tendremos una cena apropiada y comerás pavo conmigo, y tocarás una canción en violín y... y quizá invitemos a todos, a Molly, a Lestrade, al novio de Molly si tiene uno para entonces... -reí por lo bajo- , o... si quieres no invitamos a nadie. Pasamos la Navidad solos.
-Eso suena mejor -dije, sinceramente. No más rituales sociales.
-Y dormirás conmigo. Y dormirás conmigo y... Hamish... -su voz se quebró- Sólo quiero que sea todo perfecto. Contigo, conmigo. Me estás dando unas pocas horas y siento que no es suficiente -Su rostro se quebró totalmente, y las lágrimas rodaron por sus mejillas. John se las enjugó rápidamente y respiró profundamente, evitándolas- . ¿Vas a hacerlo, Sherlock?
-¿Dormiremos juntos?
-Cuando tú quieras, y si prefieres nunca, está bien. No me importa. Pero... -Eso me dejó helado. Qué estaba diciendo, y porqué su llanto aumentaba a pesar de su intento de autocontrol- pero quédate.




<-- Capítulo 4