Holaaa!! Encontré hace días un fanfic basado en "Cloud Atlas". Este Oneshot (fanfic de un capítulo) es una traducción de "Beneath the Corsican Stars" basado en la película "Cloud Atlas", del usuario de Fanfiction.net, Illusion's Dagger. El link del fanfic original es este:
https://www.fanfiction.net/s/9926817/1/Beneath-the-Corsican-Stars
Si no has visto la película o leído el libro, mejor ponte ese pijama y saca las papas fritas y ponte a verla o leer la novela, porque es una obra maestra.
Y porque este Oneshot contiene spoilers.
Mi querido Robert,
Hoy es el aniversario número treinta y siete de tu muerte. Ni un sólo día ha pasado sin que esos ojos verde mar me acechen a cada momento, tanto en el sueño como en la vigilia.
Debo admitir, la escritura de esta carta no me hizo sentido al principio. No te escribo desde hace años, y hacerlo pareció no tener un fin ya que que tú no podrías leerlas. Me escribiste constantemente ese año, no obstante, tus palabras acortaban la distancia entre nosotros. Tal vez nuestra conexión es lo suficientemente profunda aún para engañar la distancia entre el cielo y esta solitaria tierra. Habría reído ante una idea de esa naturaleza, pero ahora es el único fragmento de esperanza que me queda.
Encontré otro fragmento de esa esperanza hoy cuando tuve un encuentro sorpresivo en el ascensor. Una mujer, periodista, tenía tu marca de nacimiento. El cometa, justo debajo de su clavícula. Me recordó tanto al tuyo que por un momento pensé que ella podría ser tú. No tú, obviamente, pero quizá tu alma. Por un breve momento, recordé las Estrellas del Corso, nuestro primer beso. Siempre fuiste mi estrella fugaz entre las estrellas fijas del firmamento. Le conté sobre esta coincidencia, le conté que eras alguien que me importaba mucho. Yo, por supuesto, no le dije que fuiste lo único que siempre importó para mí, que fuiste el amor de mi vida.
Tal vez te agrade saber que fuiste mi primer y último amor. Puedo imaginarte arrugando la nariz ante la idea, riéndote de mi corazón ingenuo, pero no hubo nadie más. Siempre fuiste tú, por la eternidad. Podrás reírte, pero todavía uso tu anillo. Tal como mi chaleco, necesitaba algo tuyo que me hiciera compañía.
A veces cierro los ojos, recuerdo el momento en que mi corazón saltó ante el sonido de ese disparo. Subí las escaleras en una carrera, rezando a quien fuera que no hubieras sido tú. Cuando te vi allí... Olvídalo. Este corazón no puede siquiera escribirlo.
Escribo esta carta final para ti, porque temo que nuestro reencuentro bajo las estrellas ocurrirá pronto. Mi trabajo me llevó a un punto muerto. Para salvar a cientos, para redimir mi alma ante mi inhabilidad para salvarte, he comprometido mi vida. No tengo dudas de que esta noche será mi última, y por eso te estoy escribiendo esta última carta. Esta es, de nuevo, una esperanza de que leas estas palabras, un mero destello de ilusión.
Siendo sincero, no tengo miedo de morir esta noche. He pasado los últimos treinta y siete años esperando por ello, de hecho. La verdad de las cosas es, mi querido Robert, que morí en el momento en que tú lo hiciste.
Tuyo eternamente,
Sixsmith
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viernes, 16 de diciembre de 2016
miércoles, 21 de octubre de 2015
LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 16
Capítulo 16:
"Perdido como un disparo en la oscuridad"
| (x) |
Dormí
con Hamish al lado hasta que dieron las doce del día. Tenía que
trabajar, había tomado demasiados días de permiso, pero me quedé
pegado en la cama al notar que Victor estaba sentado en el sillón
que en la madrugada había ocupado para dormir. Leía el periódico y
tenía cara de haber seguido de largo, aunque parecía lúcido.
Sherlock, por su parte, no estaba por ningún lado, aunque sí estaba
la maleta.
-¿Dónde
está Sherlock?
-Fue
a Scotland Yard.
-¿Qué?
-dije, pasmado.
Me
levanté. Hamish empezó a llorar.
-No
es seguro.
-Fue
camuflado. Con barba blanca y gafas. Estaba irreconocible, no te
preocupes.
Miré
la maleta.
-¿A
qué fue?
-A
ayudar a Lestrade a presentar las pruebas. Si lo hacía con sus
propias palabras, el Inspector no sería tomado en serio.
-¿Fue
a dictarle qué decir?
-Básicamente.
Alzó
la mirada hacia mí, finalmente.
-Estuvieron
bastante ruidosos los dos -dijo.
Lo
instantáneo de mi sonrojamiento fue sobrenatural. Me encontré con
la cara caliente hasta las orejas, y me volteé hacia Hamish. ¿Se
había escuchado hasta la sala de estar? No era posible. Con Mary
casi habíamos tenido sexo una vez mientras Sherlock estaba en casa.
Recuerdo
que esa vez me fui imposible continuar.
Hamish
se había hecho en los pañales. Lo llevé al baño inmediatamente.
Nunca me sentí tan aliviado de ver sus pañales llenos.
-Pudieron
dar algún atisbo -dijo, siguiéndome al baño- . Vaya, qué se
pudrió...
-Más
respeto, es mi hijo.
Victor
se echó a reír, y se puso delante mío, junto a la mesa de muda del
baño. Se cruzó a brazos, mirándome de pies a cabeza.
-Tenía
sospechas, pero sinceramente no creí que estuvieran tan avanzados.
No
estamos tan avanzados,
dije para mí. Pero entonces evaluaba de nuevo lo ocurrido hace seis
horas y me daba cuenta de que era más extraordinario de lo que la
definición decía. Con una mujer jamás habría hecho aquello, nos
habríamos saltado cualquier tipo de tanteo o jugueteo, pero con
Sherlock prefería ir lento. Temía asustarlo.
-Pero
entiendo porqué le gustas. Me recuerdas muchísimo a su padre.
-Ni
lo digas -le pedí- . Es... pavoroso.
-¿Por
qué? El complejo de Edipo según Freud es un instinto. O en el caso
de Sherlock, el complejo de Electra.
Pestañeé
rápidamente, mientras limpiaba a Hamish. Mi nariz había quedado
inmune al olor.
Entonces
recordé algo que dijo Sherlock una vez. Estaba enterrado en lo
profundo de mi cabeza y sospechaba porqué.
-La
belleza es una construcción basada en impresiones de la niñez,
influencias y modelos a seguir.
Recordé
a Sherlock en la casa de sus padres en Navidad, la confianza que
demostraba con su padre y el hastío hacia la atención excesiva de
su madre. Y el modo extraño en que siempre me pareció que el señor
Holmes me estudiaba cada vez que nos topábamos. Sólo ahora lo
entendía. Él se había dado cuenta primero que yo de lo mucho que
nos parecíamos, y no sólo físicamente.
Sherlock,
qué rayos. No
pude evitar esbozar una sonrisa de ternura.
-Eres
un buen tipo -dijo Victor de la nada.
Le
miré a los ojos, poco dispuesto a creer que pensara tal cosa. Era un
tipo arrogante. Bueno pero arrogante y a ratos poco confiable. Pero
había sinceridad en los ojos de Victor. No había otra cosa que eso.
Y una cierta melancolía que no supe interpretar.
-Tan
sólo... sé constante. Sherlock es difícil -añadió.
-No
tan difícil como todos piensan -susurré.
Hamish
dio un rezongón. Le abroché el pañal.
-Tal
vez es más fácil para ti, y quisiera descubrir tu método para
llegar tan al fondo de él.
Fruncí
el ceño. Parecía realmente triste.
-¿Tú
y Sherlock...? -comencé a decir.
-Sólo
bromeaba. Prefiero mantenerme a distancia. Quién sabe qué puede
pasarme si no -dijo, cambiando su expresión completamente.
Salió
del baño, mientras yo evaluaba su cambio casi bipolar de humor.
-Voy
por cigarrillos -dijo- . ¿Quieres algo de la tienda?
-¿Sabes
donde queda?
-¡Claro!
¡Sé tu residencia y alrededores desde hace meses! -exclamó desde
la sala de estar.
-¡Fingiré
que no escuché eso!
Di
un suspiro, perturbado por aquello. Sin embargo, me quedé con el
pensamiento de que muy probablemente Victor se sentía solo. Veía a
Sherlock tener un apoyo en su vida, si podía considerarme eso, y eso
para él significaba estar solo en su modo de vida. No le veía
teniendo mucha gente donde apoyarse.
Cuando
escuché la puerta cerrarse, levanté a Hamish de la mesa de mudas y
regresé al cuarto. Volví a recordar la ausencia de Sherlock, y
empezaron a temblarme las manos de la preocupación. ¡Cómo podía
ser tan descuidado! Busqué el celular en mi velador y marqué
número.
Paré
en seco. Corté la llamada: la maleta de Sherlock estaba junto al
sillón del cuarto, donde la había visto al despertar hace unos
minutos. Si Victor la había estado vigilando a propósito, se había
olvidado completamente de ella.
La
cogí y la abrí sobre la cama al lado de Hamish, quien encontró la
manera de rodar hacia un lado y empezar a gatear sobre la cama. Lo
cogí y lo puse en el corral, para evitar que llegase a caer. Volví
al maletín, tenso.
Estaba
la carpeta que había revisado en Madaba, y por la cual había
llegado a deducir que Mary y Haneen eran parientes. Pero no había
revisado más de los documentos que había allí, a causa de mi
urgencia por resolver aquello de un santiamén. Por ello, saqué esos
documentos ya revisados a un lado y miré los otros. Había una razón
por la que Sherlock los guardaba tan celosamente, y por la que dejaba
a Victor a cargo de ellos, e iba a averiguarlo.
Me
senté en el sillón del cuarto a mirarlos. Eran un fajo medianamente
ancho de hojas. En las primeras vi el nombre de Mary en la parte
superior.
Era
sobre sus antecedentes penales oficiales, los que estaban bajo su
verdadero nombre. Eran los primeros hasta sus dieciocho años, que si
bien no eran los de una adolescente ideal, no era tan graves como los
de una criminal internacional. Entré a preguntarme cuando había
comenzado su carrera delictiva.
“Sólo
tengo amigos. Sólo amigos”
dijo una vez con un tono de frustración y gozo mezclados. ¿Quién
podría decir eso y sentir frustración? Yo... podía contar mis
amigos con los dedos de una mano. Y sólo había pasado mi Noche de
Despedida de Soltero con uno
de ellos.
¿Quién
saldría de fiesta con Sherlock, si me ponía a pensarlo? Nadie.
¡Había medido mis vasos de cervezas, por el amor de dios! Quién
hace eso.
Y
así y todo habíamos terminado en el suelo. Nunca le echaría
alcohol demás a su vaso. Nunca
más.
Sobre todo porque en el fondo de mí había esperado que algo exitoso
saliera de todo ese alcohol en el cuerpo de Sherlock, y eso me
convertía en un psicópata.
Había
esperado verlo ablandarse conmigo, olvidar la lógica y dejarse
llevar por el cariño que demostraba tenerme. Y es que muy en el
fondo siempre esperé ver algún atisbo de capacidad para tener
relaciones en Sherlock, y que ese atisbo me diera algo de esperanza.
Pero recuerdo haber llegado a un punto en que simplemente la perdí.
Fue ese día en que le vi con Janine, haciéndose cariños y
mirándose de esa manera tan entrañable... para luego verlo
proponerle matrimonio por conveniencia para resolver un caso. Y de
hecho, después de oírle decir que no habría matrimonio, con ese
tono de quien piensa que es lo obvio, pensé que Sherlock
genuinamente no tenía corazón. Me pregunté por minutos que había
significado ese discurso en mi matrimonio. ¿Había sido auténtico o
sólo un ensayo de palabras entrelazadas entre sí especialmente para
conmover al público, como quien macera la receta perfecta para sacar
lágrimas de las masas?
Por
suerte había confirmado lo contrario, cuando tras la muerte de Mary
se quedó conmigo por medio día, esperando a que dejara de llorar.
Sherlock no lo demostraba siempre, a veces actuaba descorazonado,
pero... tenía personas que le importaban.
Volví
a la hoja, estupefacto al ver cómo el pensamiento negativo de los
antecedentes de Mary se había desviado suavemente a Sherlock, al
recuerdo de que me quería. Sherlock me sacaba de quicio a veces,
pero siempre constituiría aquel lado brillante de mi corriente vida.
O
no tan corriente.
La
mayoría de los delitos de Mary antes de los dieciocho eran robos a
tiendas. Robos muy infantiles, juguetes, a veces incluso comida.
Podía comprenderlos. Pero los antecedentes de la Mary mayor de edad
que conservaba su nombre de nacimiento eran diametralmente menos
livianos. Cuando alcanzó los treinta había cometido tres asesinatos
por encargo, asesinatos de hombres cuyos nombres solía conocer como
todo ciudadano del planeta. Tras eso se hizo una reputación y
comenzaron a encargarle más trabajos de ese tipo. Asesinatos de
hombres conocidos, pero de menor importancia. Hombres que por sí
mismos habían cometido graves delitos por los cuales perjudicaron
miles de personas asalariadas. Los muertos fueron hombres no
asalariados que vivían de acciones de empresas, y que hacían
donaciones descontados de los suelos de personas inocentes para
escaquear los impuestos. ¿Cómo podía odiarla por asesinatos así?
Si pensaba en los asesinatos por sí solos, entonces lucían graves y
completamente inescrupulosos, pero cuando pensaba en los hombres, en
los nombres, se suavizaban significamente. Y mi moral más
superficial me lo decía, que lo que Mary había hecho era horroroso,
que la cantidad era horrorosa, que las recompensas eran indecorosas.
Pero muy en el fondo mi mente me decía otra cosa, y me hacía sentir
mal. Quizá Sherlock sí me había arruinado. Él encontraría esos
asesinatos completamente justificables si lo evaluaba. Él mismo
había asesinado a un hombre desalmado como de los que Mary se había
deshecho, por lo que no tenía derecho a decir que no le molestaban.
En
los siguientes documentos los antecedentes de su primera y original
identidad se perdían, y pasaban a ser los de una, dos, tres, cuatro
personas diferentes con el mismo rostro. ¿Cómo es que nunca la
habían descubierto?
Miré
a Hamish, en el corral. Fui a buscarlo, con la garganta anudada, y
lo senté en mis piernas, para seguir leyendo.
Si
aquellos asesinatos eran horrorosos, aunque secos y sin decoración
alguna, sistemáticos y limpios como los de la asesina perfecta, los
dos siguientes me dejaron de una pieza.
-Mediante
pruebas de sangre se encontraron las identidades de los padres
biológicos de Atara Galit Rimbaud Achaz
-leí. Un nombre bastante musical- . A.G.R.A.
-susurré-
. Rinath
Hatzlaja Roffet, Madre, Tipo de sangre: AB, Nacimiento: 25 de julio
de 1953, Muerte: 12 de octubre de 2004; Samuel Kauffman, Padre, Tipo
de Sangre: A, Nacimiento: 4 de abril de 1950, Muerte: 12 de octubre
de 2004.
Alcé
la mirada hacia el frente, con las hojas temblando en mis manos. Pasé
a la siguiente, pero a medio camino me detuve, al notar una
inscripción en la parte inferior derecha de la hoja. Dejé las demás
a un lado y miré la letra, incrédulo. Era la letra de Sherlock, la
reconocía de su firma. ¿Era posible que nunca le hubiera visto
escribir a mano? El caso es que la inscripción decía “Urgente”.
¿”Urgente?”
Sin
detenerme mucho más en ello comencé a leer otro documento. Era una
hoja con los resultados de una corta y poco intensa investigación de
asesinatos contra las dos personas cuyos antecedentes había leído
anteriormente. En esta se explicaba que se había llegado a la
conclusión de que habían cometido suicidio juntos, esto por la
muerte temprana de una hija que ambos tuvieron cuando la señorita
Roffet tenía veinte años y el señor Kauffman veintitrés. Según
los reportes la niña fue encontrada muerta en su cuna, y al estar
juntos ambos progenitores a la hora de morir, se deduce su suicidio.
En la parte inferior salía la misma inscripción, pero además era
acompañada de un ticket de aprobado. ¿Qué significaba?
El
siguiente reporte, no obstante, hacía dudar de los datos anteriores,
pues según la investigación de Atara Galit Rimbaud Achaz, la
muchacha que pasara dieciocho años de su vida encerrada en un
orfanato con condiciones insalubres e insuficientes de vida, los
había investigado desde el momento de ver cumplida su mayoría de
edad, es decir, desde el momento en que se fue del orfanato e hizo su
propia vida. Atara había sin duda sido una niña brillante, y viendo
las condiciones en que vivió por dieciocho años, no vio camino más
obvio que el de deshacerse de aquellos que la habían abandonado,
Rinath Roffet y Samuel Kauffman. Pero estos no habían vivido juntos
durante los veinticinco años que la muchacha tardó en encontrarlos,
pues según sus antecedentes bio-bibliográficos, ambos habían
contraído matrimonio y tenido vidas apartes. Rinath había
permanecido en Jordania, el país que la vio nacer, y se había
casado con un judío hasídico como mandaba su comunidad, y tenido
una hija llamada Haneen Vanrell, quien nació con un desorden bipolar
que le impidió tener una educación normal hasídica. En ese punto
comencé a preguntarme en qué momento Haneen y Mary se habían
encontrado. Por su parte, el padre de Mary, o Atara, se caso con una
mujer de la misma nacionalidad que él, inglesa, y permaneció en el
país sin salir de él hasta su muerte. Hizo un sólo viaje en su
viaje, y este definió el destino de una niña inocente. Le odié en
verdad.
Misma
inscripción.
Mary
los había matado, no había explicación más razonable. No
obstante, los antecedentes que lo aseguraban sin duda estarían en
aquel Pendrive que yo mismo había lanzado al fuego de esa chimenea,
en casa de los Holmes, por lo que nunca lo sabría a ciencia cierta.
Quizá así eran mejor las cosas, aunque mi lógica me gritara que
ella y nadie más que ella se había deshecho de los dos.
Luego
de los antecedentes de los padres venían más antecedentes de Mary,
Mary Morstan, no criminales, sino académicos. Había completado su
carrera de enfermería en los años que ella me había dicho. Había
explicado que no había podido hacerlo antes porque no tenía los
medios. La educación de su orfanato había sido muy incompleta y le
faltaba la base para las pruebas de ingreso. Yo lo creí, y confiaba
en que era en parte verdad. Si bien se había dedicado a trabajar
como asesina, esto empujado por su odio sempiterno hacia quienes la
habían abandonado, podía confiar en que no había podido estudiar a
falta de bases. Aunque si se hubiese abocado a eso completamente, sin
duda habría sacado la carrera antes de los treinta y cinco años.
Sí, así era. No podía ser tan ingenuo.
Este
reporte no tenía inscripción de ningún tipo.
Di
un suspiro de cansancio, y apoyé los labios en la cabecita de mi
hijo. ¿Quería seguir leyendo? Claro que sí, pero estaba tan
cansado de enterarme de cosas que Sherlock debió decirme por sí
mismo. ¿Por qué me ocultaba estas cosas?
Pasé
a la otra hoja, y en ese momento comprendí porqué. Era una hoja de
antecedentes impresa por la misma Mary. Era una lista de asesinos
especializados, y uno de ellos, según los registros, de nacionalidad
inglesa, había entrado al país el 8 de noviembre de 2013, para irse
el 28 de diciembre, el día en que Sherlock se habría ido del país
si no hubiera sido por la aparición de Moriarty en las televisoras
de toda Inglaterra. Según los registros le había sido pagado su
trabajo el 4 de enero por Mary Watson, si bien en la hoja de pago el
presunto francotirador aparecía como un Terapeuta. Mary había
cambiado el trabajo del hombre a terapeuta con tal de borrar su
acción como francotirador. No pude encontrar más explicación que
la de que Mary había mantenido a Sherlock en la mira hasta que vio
como oficial su salida del país, su alejamiento de John Watson, yo.
Y
lo había planeado hasta el último detalle, pues las siguientes
hojas mostraban antecedentes de un hombre llamado Amir Galeb, un
criminal francotirador con el mismo rostro del terapeuta de Mary, y
que había viajado el 8 de noviembre a Inglaterra. En caso de ser
descubierto, la identidad falsa de este hombre sería acusada, para
luego él desaparecer de la faz de la tierra.
Entonces
vi, luego de estos antecedentes, los de Janine Vanrell, la única
persona en esa historia que había conservado su nombre. Janine venía
de Janina, un nombre israelita, por supuesto. Moriarty había
cometido el error de mantener demasiada cercanía con sus parientes
judíos, pudiéndose hacer conexiones entre ellos muy fácilmente. En
sus antecedentes aparecían datos tales como los básicos, de
nacimiento, padres, estudios, trabajo. Actualmente Janine tenía
treinta y dos años, una edad muy alejada de la de su mejor amiga
Mary... Watson. ¿Por qué nunca me pregunté por la edad o cómo se
habían conocido? No lo sabía. Supongo que la razón era simple: yo
era yo, y nunca me fijaba en los pequeños detalles. Conservé la
esperanza de que Sherlock hubiera consultado este detalle.
Luego
venía una hoja con sus antecedentes criminales, y aunque debí
darlos por hecho por la conexión turbulenta que actuaba en aquella
familia no sólo por sangre, me sorprendí bastante. Janine siempre
me pareció una joven sumamente simple y encantadora, de aquellas que
no se hace problema por nada, abierta de mente y dispuesta a
satisfacer todos sus deseos sanamente. Por eso había gustado de
Sherlock, un hombre tan difícil. Aunque debía considerar que
Sherlock había actuado un poco delante de ella, no sonreía de esa
manera con nadie, y si bien era un acto, resultaba creíble. Pero
seguía siendo un acto.
Siempre
me he preguntado cómo se las arregla para ser tan verosímil.
Por
supuesto, había una inscripción al final, y estaba subrayada, y
junto a ella venía la clarificación que había perseguido desde que
viera la palabra “Urgente” por primera vez:
“Borrar
antecedentes criminales,
conexión
con Atara y conexión política con familia Rimbaud,
mantener
conexión sólo
con los ACHAZ. VI.
-¿VI?
Muy importante*.
“Consultar
Myc.
Borrar
antecedentes de currículum trabajo con CAM.”
Sherlock
colocaba la etiqueta “Urgente” para aquellos casos en que debía
borrar o cambiar cierta información del sistema, lo cual me parecía
sinceramente un exceso de soberbia. No obstante, al parecer lo había
logrado, basándome en uno de los ticket puesto junto a uno de los
muchos “Urgentes” que había escritos en esa carpeta. Había
logrado borrar una hoja de antecedentes, y estaba conservando
aquellos que aún no y los que sí para recordarse a sí mismo.
¿Sherlock estaba teniendo problemas de memoria o simplemente no le
interesaba lo suficiente borrar esos antecedentes como para grabarlos
en su cabeza? Sherlock sólo recordaba lo que le importaba, lo que
servía para un caso o aquello que lo fascinaba. Pero entonces tenía
esas inscripciones de “Urgente” y no tenía ninguna lógica que
no recordara todos aquellos datos.
Lo
más extraño era que hubiese dado tanta urgencia a alguien como
Janine. No le había visto especialmente entusiasmado con ella, pero
entonces, qué podía saber yo de Sherlock en su relación con otras
personas. Aún no era capaz de llegar al fondo de ello, el método
que él usaba, qué tipo de personas eran aquellas que tenían el
privilegio de tenerle en sus manos emocionalmente. Yo era sólo una
persona, no podía basar el patrón de comportamiento de Sherlock
sólo en mí mismo.
-John,
fuiste más decidido de lo que creí -dijo la voz de Victor.
Los
papeles resbalaron de mis manos de la pura impresión.
-Oh,
lo siento -susurró él, viendo los papeles en el suelo.
Me
ayudó a recogerlos. Sentí mi cara helada, y recordé darle
expresión cuando Victor alzó la mirada hacia mí preocupado.
-No
te preocupes. No le diré a Sherlock. Dejé la maleta aquí a
propósito. Debiste notarlo.
-No.
Pensé que... simplemente la habías olvidado.
Victor
frunció el ceño.
-Pues...
entonces supongo que te he sobreestimado. No me pasa eso a menudo.
Nos
levantamos con los papeles en nuestras manos. Estaba tan acostumbrado
a los insultos inintencionados de Sherlock que aquello fue casi cuna
caricia.
-¿Qué
ocurre? Pareces en shock? -dijo Victor.
¿En
shock? ¿Qué le daba esa idea? Miré los papeles, y noté que mi
mano izquierda temblaba un poco.
Oh.
Mary había matado a sus padres. Era por eso. Debiera juzgarla, pero
no lo hacía. Y sin embargo juzgaba a Sherlock por no juzgarla. Había
visto la relación de Sherlock y Mary crecer a pasos agigantados, la
confianza entre ellos surgiendo cómo espuma imposible de reventar,
hasta quue Mary se fue. Y sin duda ella la había cubierto para
mentir sobre su supuesta muerte.
Sherlock
la había cubierto. ¿Por qué sólo ahora comprendía la gravedad de
ello?
Y
Mary había matado a sus padres, y Sherlock lo sabía, y ayudó a
alguien como ella a engañarle. Me engañaron los dos.
Los
dos. ¿Tan poca fidelidad soy capaz de inspirar en los otros?
-¿Hola?
¿John? Realmente pareces en shock.
-Estoy
bien -Carraspeé- Ehm, ¿También eres de los que deduce a la gente?
-Sí,
pero debo decir que no lo hago tan bien como Sherlock. Ten, te traje
unas mentas -me dijo, sacando un paquetito de su bolsillo- . Noté
que las masticas mucho.
Técnicamente
no las masticaba, dejaba que se deshicieran en mi boca, pero... qué
mas da. Las recibí y las puse junto a las que ya tenía en mi
bolsillo.
-¿Por
qué tomas tantas?
-Digamos
que... como más que Sherlock.
-Cualquiera
come más que él. “El cuerpo sólo es transporte” -rezó, casi
como un mantra.
-¿También
te ha comentado eso? -dije, sin el entusiasmo que mi cara estaba
expresando.
-Sí.
Y es absurdo. El cuerpo es nuestro templo. Si no lo cuidamos, la
cabeza también se desbarata.
Puse
los papeles en la carpeta. Me había faltado revisar los últimos
tres. Vi a Victor ojearlos antes de pasármelos. Vi la foto de
Sherlock tamaño carnet impresa junto al texto, pero me resistí a
darle una ojeada más larga.
-Lo
siento por el secretismo de Sherlock -me dijo, cuando fuimos a la
sala de estar. Tenía el estómago anudado, pero tenía que comer
algo.
-Yo
lo siento también -dije.
Victor
se sirvió un jugo. Lo dejé, sin darle muchas vueltas, mientras
preparaba la leche de Hamish.
-Espero
que esto no dañe tu relación con Sherlock, o me arrepentiré de
haber dejado la maleta a propósito.
-Te
agradezco que lo hicieras -dije, aunque no estaba muy seguro de ello.
Victor
paró en seco. Algo que había dicho lo había alertado.
-¿Qué
leiste en esos documentos? ¿Qué alcanzaste a leer?
-Sobre
mi esposa, básicamente -dije, sin miedo- . Parece que tú lo has
leído todo ya. ¿Sherlock te los dio?
-No
tuvo tiempo para eso. Salimos de Jordania muy rápido.
-Supongo.
¿Entonces cómo sabes todo?
-¿Qué
te da la idea de que sé todo? Sólo soy un... contrabandista de
identidades -dijo con una sonrisa. Le enorgullecía. Pero la sonrisa
escondía mucho más que su orgullo: su intento de no dar importancia
al asunto.
-Pero
sabes sobre Mary -dije, frunciendo el ceño.
-No.
Sólo que fue tu esposa y murió al dar a luz.
Alcé
las cejas. Al dar a luz. Sí, claro.
Intenté
no darle importancia, y me encogí de hombros. Fui a darle la leche a
Hamish. Vi la maleta arrinconada junto al sillón de la pieza, y me
resistí a revisarla, tenso. Hamish comenzó a tomar de su leche y yo
miré hacia la ventana, con mi párpado izquierdo temblando.
Un
horrible sentimiento estaba poco a poco creciendo en mi interior,
amenazando con estallar.
¿Qué me has hecho,
Sherlock?
*VI: Very Important.
Sherlock
-Creo
que podemos presentar estas pruebas tal como están ahora -dijo
Lestrade, mientras yo miraba por la ventana de la oficina hacia la
calle. Sólo había una luz de escritorio encendida en el piso, para
preservar mi identidad a través del vidrio- . Considero más
conveniente que aparezcas después
de resuelto el caso en la Corte, no durante. Lo siento, pero no
tenemos más opciones.
-Si
presento y explico las pruebas, quizá el proceso sea más rápido.
No puedo esconderme por siempre, John necesita apoyo con Hamish.
-Y
aquel Victor Trevor necesita una escolta.
Le
miré de reojo, y sonreí por un lado de la boca. Lestrade se estaba
volviendo más y más agudo.
-Pues
yo no seré la suya -dije cortante.
Me
acerqué más al vidrio, y entonces noté que mi celular empezaba
vibrar en mi bolsillo. Lo revisé y vi el número de Victor
brillando. Corté la llamada.
-Te
puedo garantizar una semana. No más. A menos que tu hermano
encuentre una forma de acelerar el proceso.
-No,
ya ha hecho bastante garantizando mi libertad. Debiera estar tras las
rejas según la ley.
Lestrade
rió por lo bajo.
-Detecto
agradecimiento. Sherlock y Mycroft Holmes... -dijo como si lo
recitara- se odian pero su fidelidad el uno para con el otro...
-La
razón es que no quiero estar en deuda con Mycroft, si estás
insinuando que me siento agradecido.
Oí
que suspiraba exasperado.
-Scott
no estaría muy feliz de verlos así -dijo.
Cerré
los ojos. A veces me arrepentía de haberle contado tantas cosas
acerca de mí mismo al inicio de nuestra asociación, pero entonces
pensaba: Lestrade tenía acceso a cualquier caso periodístico y
criminal existente en Inglaterra, y encontrar los registros
policiales de la desapareción de Scott hace casi treinta años no
habría sido un desafío para él. Tenía el material a su
disposición, a diferencia de mí. Por supuesto, yo tenía otros
métodos.
-¿John
sabe sobre Scott? -preguntó.
-Sí.
Le ofrecí contarle todo lo que quisiera saber. Tenía que encontrar
alguna manera de que confiara en mí para mantenerlo lejos del
peligro. Pero como sucede en la vida, el resultado fue al revés.
John nunca va a mantenerse lejos del peligro. El peligro lo llama.
Quisiera que fuera... más mundano a veces.
Vi
el reflejo del rostro de Lestrade en el vidrio, dispuesto por la
mesita de luz, que no alcanzaba con su luz mi cara. Le vi negar con
la cabeza.
-No
estarían asociados si así fuera. Los dos son personas difíciles y
por eso se encontraron.
Bajé
la cabeza, un tanto apenado por ello. Me preguntaba a veces si el que
era el mayor de sus pesares, el engaño de su esposa, habría
ocurrido de todas maneras si yo no hubiera estado en escena. La vida
de John estaba totalmente condicionada, en sus aciertos y
desaciertos, en base a su personalidad, que si bien al principio
encontré mundana, era casi tan difícil como la mía. John no era
una persona sociable, no era fácil conseguir su aprobación o
agrado, era sumamente juicioso y eso hacía a veces la gente
confundiera su seriedad con mal talante. Pero a algunas mujeres le
agradaban los tipos así. Y a mí me gustaban los soldados.
-Debo
volver a casa antes de que John se vaya al trabajo.
-¿No
va a pedir más días?
-No.
Espero no haya llamado a la niñera -dije, dirigiéndome a la puerta.
-Te
llevo.
-Voy
suficientemente de incógnito -dije, sacudiendo mi saco color beige y
mi pelo corto. Empezaba a crecer más sobre la frente, y sentir las
puntas acariciar mi frente era un alivio.
-Supongo
que sí. Ten estos -dijo Lestrade, pasándome las gafas.
Miré
el cielo oscuro de principios de la tarde, a través de las ventanas.
El sol no delataba su presencia por ninguna parte. Empezaba a
extrañar el calor de Madaba.
-OK
-dije, a regañadientes.
No
lograban reconocerme en la calle, pero el espacio para estar con mis
propios pensamientos comenzó a encasillarme en la tensión que me
significaba desde hace meses mentirle a John tan descaradamente.
Esperaba Victor haya vigilado bien esa maleta o estaría acabado.
Al
llegar a casa, no obstante, no encontré a John o a Victor. Pero
Hamish estaba en su andador en la sala de estar, mientras alguien
hacía comida en la cocina.
-Anderson
-dije, al verlo de espaldas.
Me
quité el saco, apesadumbrado, y Anderson se volteó a mirar,
chupándose los dedos.
-¿Qué
haces aquí?
-John
llamó. Él y un tipo tenían que ir a algún lugar. ¿Un amigo de
ustedes?
-Podría
decirse -dije, mirando a Hamish. Fui en busca de la maleta de
inmediato. La encontré junto al sillón, en el mismo lugar donde la
había dejado. No obstante, estaba levemente chueca respecto de la
anterior,. El alma se me cayó a los pies.
Llamé
a Victor mientras la abría y sacaba la carpeta.
“-¿Sherlock?
-¿Dónde
están?
“-Yo
estoy paseando por ahí. John no me confió a Hamish, y tú no
llegabas.
-John
no iba a ir a trabajar hasta en diez minutos más. No revisó la
carpeta, ¿verdad?
Victor
dio un suspiro.
“-Quiere
que vuelvas a Baker Street.
Fruncí
el ceño. La había ojeado, y cuando miré la carpeta, vi que el
orden de los documentos había cambiado. Sentí un vacío en el
pecho.
-¿Qué
más dijo? -dije, tratando de que mi voz no temblara.
“-Lo
siento, Sherlock. Quizá debieras darle tiempo. Es pequeño pero
cuando se enoja es...Aunque estuvo bastante controlado dado que su
hijo estaba presente. Yo habría reaccionado mucho peor.
Me
apoyé contra la pared. Lo había leído todo. Sentí un leve mareo.
-Debiste
vigilar la maleta mejor.
“-Tú
debiste llevarla contigo.
-No
podía, no tengo respaldos y debo mantenerla en un lugar seguro.
“-Pues
no balanceaste bien las prioridades.
-¿A
qué te refieres? -dije, tocando el cuero de la maleta.
Le
esperaría hasta que volviese para hablar con él. Sí, ese era un
buen plan.
“-Claramente
John es... el primero en tu lista de prioridades.
-También
la seguridad de esos documentos.
“-No
tienes que mentirme, Sherlock. Puedes confiar en mí.
Apoyé
la frente en la palma de la mano.
“-Yo
te recomiendo que vayas a Baker Street y... dejes las cosas
enfriarse.
-No
puedo volver allí. Me arrestarán.
“-Puedo
hacerme pasar por un nuevo inquilino, si quieres. Yo iré allí, te
llamaré para que tu casera me crea y me quedo en tu piso.
-OK
-dije.
Miré
el sillón y noté mi corazón reaccionar automáticamente. Di un
suspiro involuntario, recordando las manos de John por todo mi pelo.
Sus dedos... No pude evitar cerrar los ojos, deleitándome en la
fantasia realizada de aquello. Ni siquiera había tenido fantasías
con él antes de eso. Siempre me inspiró miedo el que pudieran
distraerme de lo que realmente debía hacer: deducir y resolver
casos. Pero ahora ni siquiera esto parecía tan interesante cómo
besar profundamente a John con su cuerpo fuertemente apegado contra
el mío.
“-John
quería ver esa carpeta, Sherlock -dijo.
Abrí
los ojos. Mi corazón estaba galopando, añoranza y miedo mezclados.
-Lo
resolveremos cuando vuelva a Baker Street.
“-No
pienses en quedarte a esperarlo.
-Es
precisamente lo que voy a hacer -dije.
“-Sherlock...
Corté
y dejé el celular en el suelo antes de sumirme en el desastre en que
se había convertido ese día, tan repentinamente. Era increíble lo
mucho que había cambiado mi perspectiva entre las seis de la mañana
y ahora. Estaba metido en líos con John y parecía que, por el
contenido que sabía guardaba esa carpeta, esta vez no se resolvería.
Había pisado demasiado hondo y sospeché que así sería desde el
momento en que presté ayuda a Mary por sobre mi lealtad hacia John.
Pero estaba ciego por las circunstancias.
“-Se
quedará contigo -me había dicho Mary para convencerme- . Cuídalo
por mí. Sé que lo harás mejor que yo.”
Había
sido arrogante. Tan arrogante.
Despaché
a Anderson minutos después. Estaba entusiasmado cocinando y dejé
que terminara, entre tarareos que me colmaron la paciencia. Me quedé
solo con Hamish, y comencé a pensar en qué lugar dejarlo
resguardado en el momento en que John y yo comenzácemos a discutir.
-¿Anderson?
-preguntó su voz, al entrar a casa.
Me
levanté del sillón, en mi camisa morada, y le vi mirar primero
hacia la cocina.
-¿Sherlock
ha llamado? ¿Anderson?
-John
-dije.
Hamish
dio un gemido de ilusión al ver a su padre. Yo estaba parado junto a
su andador, en la esperanza de ver la presencia de Hamish como un
suavizante.
-¿Victor
no te llamó? -dijo, tras tragar con fuerza. Su expresión se
endureció poco a poco- ¿No te advirtió de nada?
Vi
ceder su duro semblante cada tanto, como si le estuviera costando
mucho trabajo mantenerlo.
Eso
no quitó que dejara en claro que iría directamente al grano.
-Lo
hizo, pero no seguí sus recomendaciones. Consideré... ahm... -Mis
palabras se atropellaron unas a otras- ahm, quedarme aquí y
esperarte. Debemos hablar.
Las
aletas de su nariz se expandieron. Dios, estaba tan enojado, pero
esta vez... esta vez no pude reírme en su cara por ello. Me mantuve
serio, mientras mis dedos se retorcían en mi espalda.
-¿Te
dio recomendaciones?
-Me
aconsejó ir a Baker Street.
Alzó
las cejas.
-Tiene
más sentido común que tú por lo que veo.
Se
acercó al andador. Yo fijé la mirada en su pelo, un tanto
resistente a mantener una expresión seria. Tenía el cuerpo
sumamente sensible desde la mañana, como un gato, e incluso el
viento que lanzó John hacia mí, al acercarse a una distancia tan
limitada, me hizo estremecer. ¿Le pasaba así a todos o yo era sólo
el más patético sobre la tierra?
-Prefería
resolverlo ahora. Hacerte entender... John...
Fue
a dejar a Hamish al cuarto sin ponerme atención. Apreté los dedos,
sin atreverme a seguirlo, y cuando volvió, vi su rostro más
crispado de furia.
-¿Hacerme
entender qué? ¿Que confraternizaste con... Mary para...? ¿Para
qué? Ni siquiera entiendo para qué.
-Ella
necesitaba resolver las cosas. Dejar el camino libre para que tú y
Hamish pudieran vivir una vida normal, sin persecuciones.
-¿Persecuciones
de quien? -Cerré los ojos por un momento. Siempre haces las
preguntas correctas, John. Siempre las correctas- Para entonces no
sabíamos de la conexión entre Moriarty y Magnussen -añadió.
-Lo
sé, pero tu seguridad dependía de la fuerza que pudiera tener
Moriarty a la hora de volver. Mary deseaba compensar lo que...
-¡¿Qué,
Sherlock?! ¡No había nada que compensar! Todo estaba resuelto. Mary
y yo no íbamos a seguir juntos después del nacimiento de Hamish.
Fruncí
el ceño, consternado. ¿No iban a seguir...?
-Mary
no tenía porqué compensar nada -siguió- . Íbamos a darle un punto
final.
-Ella...
-dije, dejando mi estupor de lado... sin mucho éxito- ella quería
compensar el que me hubiese disparado. Ella creía que tú seguías
teniéndole rencor por ello.
-Pues
estaba equivocada. Me había dejado claro que nunca pretendió
matarte -Respiró agitado. Entonces desvió la vista a otra parte,
con mirada queda- . Aunque...
Estaba
dudando.
-Aunque
sí estuviste muerto.
Tragó,
y su expresión pareció quebrarse por un momento.
-Pero
no morí. Eso es lo importante.
John
dio un suspiro, indignado por mis palabras..
-¿No
ves tu rencor? -le dije, acercándome a él- Era tu rencor lo que la
hizo decidir, John. Y no te estoy criticando por...
-¿Cuándo
ibas a decirme que Mary había matado a sus padres?
Tragué.
Había temido que llegara a ese tema.
-Debieras
estar en su lugar para saber si...
-No.
Eran sus padres. Tú no matarías a tus padres.
-A
veces sinceramente siento deseos de hacerlo.
-No
es lo mismo. Adoras a tu padre, Sherlock.
No
pude evitar una mirada de extrañeza. No creía que fuera a ese
nivel.
-No
es un asunto aislado, Sherlock, y los engaños se están acumulando
uno tras otro. Te aliaste con ella para mentirme. Te aliaste con ella
para engañarme, y sabes lo mucho que odio que me mientan.
-La
primera vez que te engañé gravemente terminaste perdonándome.
Cerró
los ojos. Esta vez había ido demasiado lejos, pues vi una sonrisa
brincar de sus labios, amarga.
-¿Por
eso lo has seguido haciendo? -dijo, negando con la cabeza- Dios...
¿Por eso pensaste que te perdonaría de nuevo'
-No.
Es porque sientes algo por mí, por muy mínimo que sea -dije. Me
sentí estremecer de miedo al decir esas palabras. Era pretencioso de
mi parte, pero...- . Y sí, también es en parte porque me perdonaste
una vez por algo tan grave como lo que hice tres años atrás y yo...
me confié. Siempre me he confiado. Te vi llorar en mi tumba, John.
¿Qué pretendes que deduzca de eso?
-Que
me importas -dijo, afirmando con la cabeza- . Y porque me importas es
que estoy... horrorizado... aterrorizado
de que sigas mintiéndome, dejándome al margen,
sobreprotegiéndome... No necesito eso, Sherlock...
Su
voz flaqueó. Miró al piso, a sus zapatos, y noté el
quebrantamiento en mí mismo. No era la voz suavemente enojada de
siempre. John estaba claramente harto, y lo peor era que le daba toda
la razón.
Y
le importaba. “Me importas...”
-Era
la madre de Hamish -dijo, alzando una perturbadora mirada aguada
hacia mí. Tan aguada que la sentí como alfileres en mi pecho- . Era
la madre de Hamish y tenía derecho a saber lo que estaba pasando con
ella. Tenía derecho a saber con qué clase de persona me había
casado. Sé que renuncié a saber la verdad por mí mismo, pero si
tú... si tú
sabías lo que sabías, entonces debiste... -Su voz se quebró. Yo me
mantuve rígido donde estaba, aterrorizado. No llores, John, no
llores. No me hagas decirlo todo. Es mejor para ti que no sepas- No
debiste mentirme sobre su muerte. No debiste ofrecerte a participar
en aquella... morbosidad...
-Lo
sé. Lo siento. No debí hacerlo -dije atropelladamente- Por f...
No
pude terminar la frase. Iba a decirle que por favor me perdonara,
pero... fui incapaz. La voz iba a quebrarse en mi garganta y tenía
miedo de mostrarme debil frente a él. No era la imagen que él tenía
de mí. No quería decepcionarlo.
-Por
favor... -dijo, sin mirarme- vete a Baker Street. No puedo verte.
Sherlock.
-Perdóname...
-Por
favor -dijo, mirándome a los ojos con la pena y la decepción
reflejadas en ellos- . Quiero mantenerme frío con esto. Quiero
pensar que no es tan malo.
-No
te estoy pidiendo que lo suavices.
-No
lo estoy haciendo por ti. No pido que te vayas por ti. Es por mí.
Necesito enfriar mi cabeza, y evitar que te caigas en pedazos frente
a mí, ¿entiendes?
Tragué.
No quería decepcionarse más de lo que estaba.
-Puedes
despedirte de Hamish -dijo, yendo en dirección al cuarto.
Pasó
junto a mí, y yo me mantuve rígido, mientras mi cerebro me pedía
que alargase la mano hacia él. Miré a Hamish en el andador, pero
por el rabillo del ojo mantuve mi atención en la silueta de John,
con mi pecho subiendo y bajando en muda desesperación.
Estaba
tan convencido de que lo resolvería ahora. Qué ingenuo. No me
gustaba quedar en la incertidumbre, o peor, quedar en la creencia de
que no había solución. Necesitaba oírle decir que había
esperanza.
Levanté
a Hamish del andador y lo abracé contra mi pecho, con su cabecita
contra mis labios. Él rió, ignorante de lo que había pasado, y más
allá oí la puerta cerrarse con el casual sonido de un hombre calmo.
No hubo portazos. Nada. Sólo calma, y ese silencio horroroso, como
también mi repentina incapacidad para expresarme. Quedé en blanco,
mi rostro quedó en blanco, pero el nudo en mi garganta se apretó
dolorosamente.
Devolví
a Hamish al andador y me volví hacia la pieza de John. La maleta
seguía allí. Probablemente sólo le faltaría leer mis propios
documentos, los últimos. Qué caso tenía ir y recuperarlos. El daño
ya estaba hecho.
Cogí
mi saco color arena y salí de la casa con las gafas puestas.
Creí
saber qué me ocurrió: estaba en estado de shock. Lo experimenté
cuando deduje el plan de Moriarty de hacerne matar por mí mismo,
para así completar su historia. Recuerdo haber estado tan calmo.
Pero la calma tarde o temprano es reemplazada por la tormenta, que
sucedió cuando se disparó a sí mismo, cuando me volví hacia la
calle desde el techo. No obstante, las revoluciones volvieron a bajar
levemente cuando vi a John en la calle. Las lágrimas se hicieron
presentes esa vez, pero verle allí, caminando, vivo, sano, me hizo
darme cuenta de que no era tan malo completar aquel engaño si con
ello lograba que él siguiera de esa manera.
Llegué
a Baker Street en un ánimo de calma. Había llamado a Victor ya, y
le encontré en lo alto de la escalera, con la puerta de entrada a la
sala de estar tras su espalda. Estaba serio, y tuve la sospecha de
que sabía lo que venía. Pero pasé de largo junto a él, y sólo
cuando entramos por la puerta, me volteé y le di un puñetazo que lo
botó al piso.
-Oh...
ouch... Uou, tu puño sigue duro -dijo con la mano en la boca. Le
había roto algo.
Se
levantó tambaleante del piso, y alzó las cejas, con la expresión
de sorpresa que sigue a mi primer golpe. Habíamos practicado lucha
juntos en la Universidad, aunque no era tan habilidoso como John para
desarmar a alguien. John tenía la ventaja de saber dónde golpear.
John,
John, John...
Le
cogí del cuello de la camisa de algodón y lo estampé contra la
pared entre el bastidor de la cocina y la puerta de salida. Victor
dio otro gemido, y yo le volví a zamarrear contra la pared, mientras
él me miraba el rostro, con expresión de estupor.
.
sábado, 26 de septiembre de 2015
LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 14
Capítulo 14:
"Pedazos de piel que la luz del sol aún no toca"
Victor
Sherlock
A
la mañana siguiente le encontré levantado antes que yo. Estaba
sentado sobre la colcha mirando hacia los ventanales cerrados,
pensativo.
-Sí
he escuchado tu nombre -decía- . Por eso te he dejado entrar.
-Por
la foto -dijo una voz conocida y gastada con un raro acento búlgaro.
-No.
Las fotos pueden alterarse.
Alguien
más estaba en el cuarto. Me enderecé, y miré hacia donde John
dirigía su vista: Victor Trevor yacía sentado sobre la pequeña
mesa junto al ventanal, en posición india.
Había
sido rápido.
Vestía
una túnica con líneas moradas, azules y amarillas, y su pelo estaba
suelto y negro hasta los hombros. Sus sandalias tenían el grosor del
papel y el olor a vagabundo me llegaba hasta las narices, pero
parecía más vivo que nunca, con una piel sana, sin rastros del
vicio que a ambos atrapara durante la Universidad, ese vicio que nos
permitía pensar y que nos unió como mugre y uña en unos años en
que la motivación por los estudios no llegaba, a pesar de nuestras
notas y reseñas suficientes. Éramos autómatas sin una meta en la
vida, sin nadie en quien depositar nuestra devoción. Tarde durante
nuestra amistad me di cuenta de que había depositado parte de esa
devoción que pensaba no sentía por nadie en él. Victor me
desagradaba, ya que le veía como un reflejo de mí mismo. Victor era
el Dorian Gray del cuadro, acabado. Ahora renacía como el joven
Dorian Gray, sin dinero pero limpio e inocente.
Bueno,
no sé si inocente.
-¿Cuánto
tiempo estuviste en Bulgaria? -le pregunté, sin dirigirle una mirada
amigable.
Él
sonrió sutilmente, y pareció ser la primera vez que me dirigía la
mirada tras haber llegado a ese sitio con mi versión dormida.
Unas
arrugas se formaron a cada lado de su boca, revelando el desgaste
provocado en su piel por el desierto, a pesar de estar sólo unos
pocos meses en... Turquía. El tejido de la túnica era turco, robado
de las ferias para turistas que iban a visitar Santa Sofía. El
tejido era rico y detallado, con cualidades algo opacadas por la
mugre, pero sabía que con el estado en que estaba, no podría
haberse permitido una túnica de esa naturaleza.
Me
levanté de la cama y caminé sintiéndome pesado hacia el baño.
-Séis
años. Desde entonces comenzó a hacer eco tu nombre, ¿sabes?
Especialmente cuando pasó lo de tu suicidio -le oí decir.
Me
sequé la cara con la toalla pequeña. En el baño había aroma a
shampoo. John se había lavado el pelo dos días seguidos.
-¿En
qué momento lo llamaste? -preguntó John- Pudiste decirme, lo dejé
entrar por la foto de curso que me mostró.
-No
pensé que le permitirían subir hasta el cuarto -dije, asomándome.
El
cabello de John estaba desordenado pero corto. Miré a Victor,
delgado, alto, ocupando un espacio tan reducido sobre el mueble.
Seguía siendo atlético y flexible, y si se aseara un poco de seguro
seguiría siendo matacorazones. Siempre le desprecié por ello. No
tenía respeto alguno por las mujeres. Y entonces tenía a John,
quien era caballeroso y galante con ellas... buscando que estas
fueran igual con él. Por eso siempre había conseguido mujeres
ingeniosas al hablar, aunque el nivel intelectual de ellas fuera tan
bajo como el de John.
Victor
siempre buscó a personas que fueran menos inteligentes que él,
aunque supongo que yo poseía el mismo vicio. El cínico siempre
buscó a mujeres a las que manipular, mujeres superficiales, que
buscaran un hombre más guapo que amable. Y Victor era el prototipo
de este. Ahora entraba yo a preguntarme porqué yo había sentido un
mínimo de devoción por alguien así. Era una suerte que John
hubiese subido mis estándares. Ahora todos me parecían demasiado
inconcientes para siquiera considerarlos un aporte para la sociedad.
John era un hombre pequeño y difícil, no muy bueno perdonando, pero
su lealtad era inquebrantable.
-Aquí
está el retrato por si quieres quedártelo -dijo Victor, bajándose
de la mesa. Comprobé molesto que seguía siendo ligeramente más
alto que yo.
En
el retrato aparecía la generación de primer año de Licenciatura en
Química. Ambos aparecíamos allí, aunque en ese entonces aún no
éramos amigos. Había sido una Universidad de prestigio, aunque
estatal. Mi madre la había elegido por prestigio y mi padre por ser
estatal, aunque era siempre mi madre quien decidía primero. A veces
sentí lástima por mi padre por ello, siempre agachando la cabeza.
-Estás
igual -dijo Victor, mirándome con atención. Alzó la mano hacia mi
mejilla, y yo le rehuí- , aunque... te has aplicado -dijo, mirándome
de pies a cabeza- . Ya no eres el flacucho de antes. A Lancaster le
gustarías ahora.
-Nunca
me gustó Lancaster. Estaba más preocupada de conseguir buenas notas
que de tener relaciones.
John
alzó la vista hacia mí. Victor rió por lo bajo. Las ojeras bajo
sus ojos se notaron un poco más. No había dormido en horas.
-Verás,
Sherlock se propuso perder la virginidad con una chica de un curso
superior -le explicó a John- . La pobre estaba más sola que una
hoja. Intimidaba a los hombres con su inteligencia, pero tenía una
cara adorable. No de mi gusto la verdad, demasiado voluptuosa y
caderona. Pero a Sherlock le gusta la gente más baja de estatura y
ancha que él.
John
bajó la mirada a su abdomen. Traía la bata puesta aún, y estuve
seguro de que se chequeó la panza.
-Pero
a Sherlock nunca le gustó de esa manera, y nunca fue lo bastante
perseverante para conseguirla. ¿Sabes dónde está Lancaster ahora?
-Es
directora de un Laboratorio en Estocolmo -dije, molesto- . Lo sé
porque salió en el periódico cuando el Laboratorio fue acusado de
fomentar el uso de transgénicos...
-Les
quitaron los cargos. Ahora podemos alardear de la posesión de
transgénicos.
-Por
supuesto -dijo Sherlock.
-Elegiste
el trabajo correcto, Sherlock. Serías un criminal legal sino.
Eso
me sorprendió. Desde cuando el sentido de la ética de Victor era
tan alta.
-OK,
estoy a tu servicio. ¿Qué quieres que haga? -preguntó, finalmente.
Se
sentó a los pies de la cama de John. Él se levantó, incómodo y
sacó una muda de ropa del equipaje armado.
-¿Traes
algo con qué vestirte? No puedes entrar a Londres así -le dije a
Victor.
-Estoy
bien con esto.
-No.
Tienes motas en el cabello. Te asearás y te lo cortarás. Nadie
confía en un hombre en túnica sin ropa interior...
John
se volteó a mirar a Victor escandalizado.
-OK.
¿Tienes algo que me quepa? -dijo, rendido.
-Tengo
un traje...
-No
un traje... -dijo Victor, horrorizado.
Victor
al final accedió a ponerse el traje, el cual reveló su delgadez.
Era pura fibra ahora. Pero no accedió a cortarse el cabello, y se lo
escondió en un jockie. Se arregló un poco el afeitado y pronto
estuvimos listos para irnos. Pegó la foto de mi nueva identidad
robada en un carnet y un pasaporte nuevos, preparados por él mismo
en carrera durante la noche. Victor Trevor era un criminal
internacional, buscado por años, pero tendía a cambiar su
apariencia demasiado. Había sabido de sus movimientos hace dos años
gracias a mi red de vagabundos en Londres. Era famoso entre los
inmigrantes ilegales de toda Gran Bretaña. Era un vagabundo con
currículum ejemplar de estudiante destacado, pero se había lanzado
al negocio del tráfico de identidades. Tomaba identidades de
personas muertas y no reclamadas y las vendía a inmigrantes para
entrar libremente a Londres. Negocio redondo.
Sin
duda sería descubierto tarde o temprano.
Contactamos
a Lestrade en el vestíbulo del hotel. El hombre había estado
encerrado en su cuarto desde ayer, tras enterarse de Haneen y su
identidad. Había enviado las pruebas de mi inocencia a Scotland Yard
durante la noche.
-¿Y
quién es este tipo? -preguntó, cuando Victor apareció desde el
cuarto ya arreglado, gafas de sol incluídas. El pantalón le quedaba
un poco ancho.
-Un
colega.
-Amigo
-corrigió él. Estrechó la mano de Lestrade- . Lo ayudaré a entrar
al país -le susurró.
-¿Qué?
Es un crimi...
-Y
desapareceré en cuanto pisemos tierra inglesa.
Lestrade
lo miró con recelo.
-No
puedo creerlo. Estamos haciendo tratos con un... tipo como este.
Victor
bajó sus gafas y lo miró fijamente.
-Estoy
evitando que Sherlock vaya a una celda. Estoy seguro de que apoya esa
moción.
Lestrade
asintió de mala gana.
-A
cambio deseo inmunidad hasta que vuelva a largarme de ese infierno.
-Ya
no te gusta Londres.
-Adoro
Londres, pero quedarme es una tortura, como quedarse en Hogsmeade
llena de dementores.
John
miró a Victor pasmado. Mary había leído los libros, por supuesto.
-Será
mejor que te sientes lejos de nosotros -me dijo Victor cuando subimos
al avión, minutos más tarde.
-Pero
John...
-Él
está viajando con su pasaporte original, así que... no discutas. Se
sienta con tu amigo Greg Lestrade.
-¿Cómo
supiste mi nombre?
-Sé
quien es el Inspector de New Scotland Yard, señor Lestrade. No crea
que no estoy al tanto.
Miré
a John dubitativo, él hizo lo mismo. Como si nos pusiéramos de
acuerdo, nos separamos para sentarnos en nuestros puestos.
-Aprovecharé
de contarle algunas anécdotas -me dijo Victor antes de seguirlo.
-No
las exageres -le dije, en tono de amenaza.
-No
te preocupes. Te dejaré bien parado.
John
-Apuesto
a que no te ha contado absolutamente nada sobre la Universidad -me
dijo Victor Trevor cuando estuvimos sentados. Sherlock me miraba cada
tanto desde su puesto, en la corrida de la izquierda de las tres que
había en el avión, y yo le respondía con cierta añoranza en el
pecho. Esperé no ser muy obvio.
-No
me ha contado mucho. Supe de Sebastian Wilkes porque trabajamos con
él.
-Oh,
no, a él lo conoció en la Facultad de Medicina. La señora Holmes
quería que estudiara Medicina al principio, ya que le pareció que
le daría un mejor porvenir. No le pareció que una Licenciatura en
Química fuese a servirle.
-¿Cuánto
tiempo estuvo en Medicina? -pregunté, pasmado.
¿Sherlock
podría haber sido un doctor? Eso fue chocante. No tenía la actitud
necesaria para ello. Ya lo imaginaba dando los diagnósticos a los
pacientes y parientes. Los haría llorar a todos, prediciéndoles
cánceres, problemas cardiacos y hemorroides y quizá qué otras
enfermedades.
-Dos
años. Entró de inmediato el muy bastardo -dijo Victor con una
sonrisa- . Tiene un cerebro privilegiado. Y su corazón... bueno,
siempre fue más vulnerable que el de nosotros. Ya sabes que si no
experimentas con las relaciones humanas, tu corazón se vuelve tan
débil que a cualquier golpe se resquebraja, ¿no?
Dio
un suspiro, con una mirada triste fija en el vacío.
-¿Por
qué creías que tenía un corazón más vulnerable?
-Bueno...
Demasiados puntos débiles, como siempre digo.
Fruncí
el ceño. Puntos débiles.
Siempre
me estaba preguntando cómo Magnussen había reunido tanta
información sobre la gente. ¿Eran datos que iba pescando aquí y
allá, hasta construir un gran nube de datos que pronto se procesaba
en un mapa lleno de sentido sobre una persona, que le permitía saber
dónde presionar exactamente para arruinarla? Sí, así era como
siempre imaginaba que era, y es que el tema de la hipertimesia me
parecía totalmente probable. Había gente con Asperger que poseía
una gran memoria visual. Tal vez para Magnussen sólo fue necesaria
la memoria auditiva, que traducía luego a visual, como había visto
cuando nos llevó a su supuesta bóveda de información concreta. Le
vimos sentarse en esa silla de diseñador y comenzar a simular que
pasaba las páginas de un libro. Toda la información que escuchaba
o... leía o veía la traducía a eso, y la guardaba en archivos en
su cabeza. Probablemente al momento de ser asesinado, aquel tipo
estaba loco. Por eso se había vuelto un criminal, porque la
hipertimesia lo había desequilibrado. Era imposible recordarlo todo
sin volverse gradualmente loco.
Tal
vez Magnussen había sabido de los puntos débiles de Sherlock por
medio de otro criminal: Victor Trevor. No obstante, aunque era
arrogante, no parecía una mala persona, y había acudido en ayuda de
Sherlock sin pensarlo dos veces. Prefería pensar que era alguien
bueno, o tal vez sólo era mi deseo por ver a alguien siendo fiel a
Sherlock. O a mí. De pronto estábamos solos en el mundo, tras ser
traicionados cruelmente.
Y
hablando de criminales... Una vez más Sherlock demostraba su
habilidad para toparse sólo con los de su tipo. Y todos tenían algo
en común: su gran inteligencia.
Y
entonces estaba yo, un punto de diferencia en un mar de puntos
iguales. ¿Por qué se involucraría con alguien como yo?
-El
primero de todos fue Scott. Sabes de Scott, por supuesto -dijo
Victor.
-Supe
hace poco.
-Me
contó toda la historia. Cómo se perdió, cuánto tiempo buscaron...
No encontraron su cuerpo, pero lo dieron por muerto y siempre creí
que había sido una conclusión muy apresurada. Quién sabe, puede
estar vivo en alguna parte. Los hermanos Holmes tienen rasgos
distintivos, tal vez si miramos mejor, lo encontremos.
Me
volteé a mirarlo. Victor hizo lo mismo, y entonces frunció el ceño.
-Oh,
no, yo tuve padre y madre. No me perdí -dijo.
-OK
-dije- . Pensé que era lo que estabas insinuando.
-Lo
deduje. Aunque me habría gustado ser hermano de Sherlock. Es un tipo
fascinante.
Se
quedó en silencio por un momento, parecía ensimismarse muy
fácilmente, al igual que Sherlock, y entendí porqué siempre se
habían llevado bien.
-Tú,
por tu parte, has logrado mantenerte a su lado sin mucho esfuerzo.
¿Cómo lo has hecho?
-Con
mucho esfuerzo. Con Sherlock es difícil de lidiar, especialmente
ahora -reconocí.
Pero
nunca podría separarme de él, pensé para mí mismo. Pensé
decírselo, pero me lo guardé, pues pensé en que quizá deduciría
demasiadas cosas a partir de eso.
-¿Por
qué ahora?
-No
ha confiado en mí todo lo que debiera. Siempre... está apartando a
aquellos que... se preocupan por él.
-Tal
vez no quiere que salgas herido. Pero tú sabías eso -dijo,
sonriendo con arrogancia.
-Sí.
-Sherlock
se ata muchísimo... con una persona a la vez. Ese es el problema. Y
está constantemente temiendo que estas personas se vayan. O mascotas
en el caso de RedBeard. Tuve que cavar muy profundo en nuestra
relación para que me hablase de RedBeard, si me entiendes.
-A
mí nunca me contó. Me enteré por otros medios. Al principio
pensé... “Sólo una mascota, todos tuvimos mascotas de pequeños,
incluso alguien como él”, pero... luego pensé en qué medida pudo
haber influenciado su manera de ser el haber perdido a su perro.
Todos maduramos en cierto modo.
-Sí.
Empezamos a entender que todos se irán en algún momento. Pero
Sherlock nunca supo que se había muerto cuando dejó de verlo. Su
madre le dijo que se había ido a otro lugar, y el único que fue
capaz de responderle con la verdad fue el señor Watson. Los padres
siempre hacen eso. Las madres prefieren... evitarles el sufrimiento a
sus hijos. No sé qué es mejor. ¿Tú no le has mentido jamás?
-Estoy
seguro de haberlo hecho, pero no sabría enumerar las ocasiones.
-No
suenas como alguien que le mentiría a Sherlock. Leí tu blog: él te
fascina.
Miré
al frente, sintiendo mi cara caliente.
-Y
él no te ha dado la pasada, ¿no?
Eso
me frustró. No me confiaba lo suficiente para decirle descaradamente
que sí lo había hecho, pero deseaba hacerlo de todos modos.
-Imaginar
a Sherlock en una relación es sinceramente bizarro -prosiguió
Victor- . Imaginarlo siendo todo... cariñoso y sonriente y... Raro.
No, me da escalofríos de sólo pensarlo -una azafata se acercó
portando un vino- . Gracias -Carraspeó.
-¿Cómo
era Sherlock en la Universidad? Igual de... ¿“sociable”?
Victor
me miró de reojo.
-Era
peor -susurró- . El primer día de Química le vi deducir a toda la
clase durante el almuerzo luego de que un compañero se mofara de él
por no haber estado en los primeros diez seleccionados. Había un
sistema de jerarquización muy fuerte entre los hombres del grado.
Competían muchísimo, y por eso Sherlock tendía a amistarse más
con mujeres, hasta que comprendió que sólo le querían de mascota.
Sherlock era guapo, tremendamente pulcro y muy... higiénico -dijo
esto con cierta diversión- . A las chicas les gustan los hombres con
buen aroma, con elegancia, con... inteligencia. Nerds. El problema es
que no quieren acostarse con ellos. Pero Sherlock les pareció un
buen sujeto de pruebas para... practicar besos. Además Sherlock
nunca se les lanzaba y eso las hizo llegar a la conclusión de que...
era del otro bando. No era un peligro para ellas. Y Sherlock aceptó
muy bien, y ahora una de nuestras compañeras es escritora y se
especializa en la química del amor. Tiene incluso una página web,
“la Química de los Besos”. Bastante estúpido aunque acertivo:
gana un montón de dinero.
La
página web se me hizo familiar. La había visto en mi historial de
Internet. Siempre revisaba mi historial de Internet para saber si
Sherlock había estado intruseando, y a Sherlock no le interesaba no
pasar por advertido, por lo que nunca borraba los historiales de
visita en mi laptop.
-Luego
de acabar su amistad con todas esas chicas, al cansarse de ser usado
para tan “vanal actividad”, como la llama él, se quedó solo por
casi un año de Universidad, y yo no mostré interés por él hasta
una fiesta del Departamento de Ciencias que se hizo en la casa de un
compañero adinerado. Sherlock fue sólo con la intención de
rechazar los sentimientos de una chica de Física que le había
dejado una carta de amor en su casillero. Supo quien era por la letra
y el perfume, por lo que básicamente fue una humillación pública.
A Sherlock lo aburría Channel.
Recordé
Clair
de Lune.
Clair de Lune en la mesa junto a mi sillón de Baker Street. Nunca
entendí cómo había reconocido el perfume. Sherlock había dicho
que no había sido por Mary, sino por alguien más. ¿Quién?
-Nunca
se disculpó con ella. Y así y todo decía que yo
era cruel con las mujeres.
-Dijiste
que había sido por usar Channel.
-Sólo
fue un modo de decirlo. Dudo que Sherlock tenga preferencia por un
cierto perfume, a menos que sea de tipo cítrico. No le gustan los
aromas frutales.
-¿Por
qué?
-Porque
los aromas frutales le recuerdan a los elementos en descomposición.
En Química analizamos muchos elementos en descomposición, y estoy
seguro de que en su trabajo como detective se dedica a analizarlos
muy a menudo.
-Creo
que sí, ya que básicamente las pruebas que se dejan en las escenas
de crímenes han estado allí por horas o días.
-Exactamente.
Me
pregunté cómo habíamos llegado a ese tema, pero cuando intenté
dilucidarlo, no pude entenderlo. Quizá sólo era por afán de ese
sujeto de demostrar su nivel de conocimiento acerca de Sherlock.
Miré
hacia su puesto. Sherlock miraba al techo con la mirada fija. Muy
fija, mientras Lestrade leía el periódico jordano. O miraba las
fotos. Los demás pasajeros estaban dormidos o leyendo, por lo que no
había mucho ruido. Sin duda alcanzaba a escucharnos. Quise sacarle
una sonrisa.
-No
obstante, parece fascinarle hayar pruebas de ese tipo. Cuando tiene
excusa, suele ir al hospital a analizar las muestras, y se muestra
especialmente entusiasta cuando no puede encontrar su procedencia en
la escena misma del crimen.
-¿Entusiasmo?
En las clases de Laboratorio 1 y 2 no podía ver en Sherlock más que
una repetitiva frustración por la tarea que estaba realizando.
-Parece
frustrado, pero lo que en realidad está sintiendo es algo muy
opuesto. O quizá esa frustración es parte del sentimiento. Es lo
que ocurre con las tareas que nos proponemos en nuestro campo de
experticia. Nos provocan frustración, estrés, pero un estrés...
-...
orgásmico -susurró Victor.
Algunos
pasajeros sentados cerca se voltearon a mirarlo. Había susurrado,
pero todos escuchaban. Reí por lo bajo, fascinado con esto, puesto
que anteriormente casi todos habían parecido especialmente
desinteresados. Con esto me refiero a que estaban dormidos. Tal vez
Victor en verdad captaba la atención. Si lo miraba bien, bajo toda
esa capa de descuido corporal, que escondía una salud fortalecida
por la vida en el exterior, se escondía un Don Juan de los
auténticos. Victor sólo debía chasquear los dedos para conseguir a
una mujer.
Me
pregunté si su campo de interés sólo habrían sido las mujeres.
Miré a Sherlock, y vi que sonreía. Sonreí para mí mismo, con
sensación de triunfo.
-Conoces
bien a Sherlock -dijo Victor- . Pensé que nadie me superaría.
Aunque su hermano Mycroft según sé tiene todo un listado archivado
de sus necesidades y manías.
-Eso
no significa conocer a una persona en lo absoluto -dije.
-Por
supuesto que no. Sólo conoces a una persona cuando la has aceptado
del todo. Y de hecho, cuando adoras
sus particularidades, por muy bizarras que sean.
Usaba
la palabra “bizarro” muy a menudo.
Supongo
que había aceptado las particularidades de Sherlock. En nuestro
primer día juntos él me había deducido sin dudarlo. Quizá por
costumbre, por hobbie, porque era un pasatiempo en verdad para él,
uno de los que hay pocos en el mundo. La otra opción era que sólo
había sido como prueba.
Es
como lo que yo hago siempre cuando hago amigos. Amigos hombres.
Prefería guardarme mis particularidades con las mujeres,
principalmente porque no quería darles una mala impresión si estaba
la meta de tener sexo de por medio. Cuando tenía la intención de
tener una amistad con otro hombre, siempre ponía de telón mi propia
sexualidad, porque sabía que tarde o temprano sería puesta en duda
si no la aclaraba de antemano. Mike Stamford siempre supo
perfectamente de mi bisexualidad, y así y todo, se mantuvo como mi
amigo. O quizá fue porque le dificultaba tener amigos, como a mí.
Pero
entonces estaba Sherlock, quien sólo lo dedujo, como supe
recientemente. Pero claro está, estaba el hecho de que no lo había
dejado en claro en palabras yo mismo. La razón estaba entre las
obvias: nunca vi a Sherlock como a una persona a la que le
interesaran esos temas.
-Eso
ocurre contigo. Eres sinceramente transparente en tu blog.
-A
veces creo que no debí comenzarlo nunca.
-¿Bromeas?
Sherlock habría vuelto al hábito. Él no estaría contigo si no
fueras un libro de tal grosor, John Watson. Ese es tu nombre, ¿no?
-Sí
-dije entre dientes.
-Sólo
bromeaba, sé perfectamente cómo te llamas. John H. Watson.
-¿No
sabes mi segundo nombre?
-No.
¿Cómo podría averiguarlo?
-Hay
formas.
Me
volteé a mirarlo. El hecho de que fuera más alto incluso que
Sherlock ya no me molestaba. Siempre me las arreglaba para tener a
las personas de igual a igual. Y con Victor Trevor no había fallado.
-¿A
qué refieres a que soy un libro grueso?
-A
que a Sherlock aún le falta mucho por llegar a deducirte por
completo. Nunca podrá llegar a deducirte del todo, gracias a su
falta de sentido común. Siempre falla en ese punto, y en la
estereotipación de las personas. Él, por ejemplo, siempre creyó en
mi superficialidad, pero soy en verdad alguien mucho más profundo de
lo que parezco.
Sonreí
elocuentemente.
-Oh,
tú tampoco lo crees.
-Sí
lo creo, de hecho. Te convertiste al Hinduísmo y al Islamismo, por
amor de dios.
Victor
rió por lo bajo. Sherlock, desde su apartado puesto, se volteó a
mirarnos, con el enojo calcado en su cara.
-Y
yo cometí un error contigo: no eres tan estúpido como pareces -me
dijo Victor- ¡Vas a caerme bien!
-Otra
pregunta -dije, con renovada seriedad.
-Dime
todas las dudas que tengas.
-No
vas a traicionarnos, ¿verdad?
La
sonrisa de Victor cedió a mi seriedad lentamente. Un halo de tensión
se extendió sobre nosotros.
-¿No
crees que es demasiado pronto para deducir si los traicionaré o no?
Sherlock por supuesto, da por hecho que cualquiera de sus amigos
podría llegar a traicionarle, pero tú no me conoces, John Watson.
-¿Entonces
qué sugieres?
-”Dime
y escucharé. Muéstrame y entenderé”. Debieras practicar un poco
más esas palabras.
En
su puesto, Sherlock puso los ojos en blanco. Se levantó, y se acercó
a nosotros en el momento en que menos lo deseaba. Victor Trevor
prácticamente me había ofrecido a contar toda su vida con tal de
demostrar que era de confianza. O es que había entendido mal la
frase. Sería de su invención, me pregunté.
-OK,
basta de hacerte el inteligente. Cambiamos de puestos -dijo Sherlock.
-Pero
estaba a punto de contarle a John lo que catapultaría mi carrera
como amigo fiel -dijo Victor- . Déjame hablar, ¿quieres?
Sherlock
lo fulminó con la mirada.
-Párate.
Si quieres le cuento yo mismo.
-¿Cómo
podrías? No tienes idea.
-Hice
mis propias averiguaciones años después.
Victor
se puso blanco como la cera. Tragó.
-Por
eso te llamé -dijo Sherlock, agachándose en el pasillo- . Porque sé
que eres de confianza. No te creas que soy tan ingenuo. Sé que lo
único de lo que careces es discreción, y por eso... Magnussen supo
tantas cosas por medio tuyo.
-¿Qué?
-dije, pasmado. ¿Cómo podría ser de confianza con tamaño
currículum?
-No
le dije nada -se defendió Victor.
-Pero
le llegaron los rumores. RedBeard, John, todos.
-Debió
escucharlos de pasada.
-Por
supuesto que los escuchó de pasada, pero su memoria a largo plazo es
más poderosa que la nuestra.
Fruncí
el ceño. ¿Eso quería decir que al momento de decir “RedBeard”
a Sherlock, Magnussen no lo tenía en mente hasta ese instante? Si
tenía buena memoria a largo plazo, eso significaba que memorizaba
cosas que escuchaba de manera involuntaria, y luego estas salían a
flote al segundo en que eran finalmente de utilidad. ¿Cómo era
posible para una mente comportarse de esa manera?
-Entonces
siento haber abierto la boca -dijo Victor, sin mirarle.
-Debe
ir a sentarse en su lugar, señor -dijo una azafata que se acercó.
-Lo
siento. Victor -le dijo Sherlock.
Este
accedió a levantarse.
-Te
conseguiste un amigo de lo más interesante, Holmes -dijo Victor,
sonriendo.
-No
me lo recrimines ahora. Tú fuiste quien no explicó sus razones.
Victor
se alejó con una sonrisa en la cara. Ya en su puesto, se quitó el
sombrero que ocultaba su cabello largo y mal cuidado, como una manera
de rebeldía, y Lestrade se volteó a mirarlo escandalizado. Sherlock
dio un suspiro.
-Hay
maneras y maneras de levantar sospechas en la gente, y Victor está
practicando la más recurrente.
-¿En
verdad crees que lo de C.A.M sea hipertimesia? No parece encajar en
esta.
-¿Por
qué no encaja? -preguntó Sherlock, con más fastidio que
curiosidad. Bueno, en realidad nunca tomaba en serio mis deducciones,
y en esos momentos Victor seguía ocupando su cabeza. Sentí un
pinchazo de celos que hace tiempo no sentía.
-Porque
actuaba calmado y... ¿saludable?
-¿En
verdad? -dijo con sarcasmo- Las personas con hipertimesia pueden
recordar eventos específicos, donde sucedieron, cuando, con quien...
Pueden recordar los aromas, los sabores, todo... Pero no
necesariamente actúan como locos. No si llevan años de práctica
sufriendo la condición. Qué útil sería tenerla.
Lo
último lo susurró, como si fuese más para sí.
-No
creo que pudiera ser fascinante en lo absoluto, y tú no pareces
necesitarla.
Sherlock
se volteó a verme. Una sonrisa pareció brincar de sus ojos. Lo
había tomado como un elogio, yo sólo lo había apuntado como un
hecho.
-Pero
creo que yo recuerdo de modo diferente. Magnussen parecía haber
atado toda la información que sabía a un lugar específico.
-¿No
es así en tu caso también? En tu... “Palacio Mental”.
-No.
Es más como un lugar que cambia según las necesidades, como... una
Sala de los Menesteres.
Abrí
la boca, totalmente asombrado por aquella referencia, puesto que Mary
solía leer esos libros. Otro rasgo que habían compartido. Pero
Sherlock continuó demasiado pronto para apuntar esto.
-No
es un lugar fijo, y es así cómo debería funcionar según los
requerimientos de la mente humana. Los recuerdos están atados a
imágenes sueltas, a veces casi abstractas, no a... bodegas llenas de
libros y arhivos -dijo con cierto desprecio por el hombre muerto- .
Pero así es cómo Magnussen se había obligado a usar su mente,
aunque... -Recordó algo específico, y se volteó a mirarme. Me tomó
de la muñeca, apoyada sobre el posabrazos, y la emoción por estar
en la línea de pensamiento de un Sherlock que está deduciendo quedó
mezclada por la emoción del contacto- ¿Recuerdas la primera vez que
visitó Baker Street, tras atraerle mediante mi abuso de drogas? Y es
que sólo vino por esa razón, por pensar que estaba vulnerable. ¿Lo
rercuerdas, John?
-S-sí.
Lo recuerdo. Uno de sus... sirvientes me quitó un pedazo de fierro
que había...
-Sé
porqué recuerdas eso. Pero, ¿recuerdas que dije algo sobre lo que
hizo Magnussen a lo largo de nuestra conversación?
-Creo
que... sí.
-Pensé
que había usado un dispositivo. Me había leído, él mismo lo dijo:
“Estoy leyendo”, y dijo “RedBeard” de la nada. En ese momento
su Palacio Mental estaba funcionando de otra forma, porque miraba
hacia el frente. En cambio, cuando fuimos a esa habitación blanca en
Appledore, él sólo se sentó e hizo mímicas de quien lee un libro.
-Como
si estuviese en una biblioteca. Por eso dices que su palacio mental
allí era como una bodega llena de libros. Pero si no había
visualizado una bodega llena de libros, ¿Qué visualizó cuando supo
de RedBeard? O más, cuando recordó a RedBeard, porque de alguna
manera ese detalle se quedó estancado en su memoria tiempo atrás...
-Estás
aprendiendo -dijo Sherlock, sonriendo- . No sé cómo lo visualizó.
Tal vez como... un archivo digital, como mi memorización del mapa
Londres.
Reí
por lo bajo.
-¿En
verdad memorizaste todo Londres?
-Sí.
Por experiencia práctica, no porque un día me senté a memorizar el
mapa, precisamente.
-No
eres tan inteligente como pareces, entonces.
Se
volteó a mirarme interrogativo, y ofendido como pude comprobar.
-¿A
qué te refieres? -dijo, apartando su mano de mi muñeca.
-Nada
malo -dije, cogiendo su muñeca esta vez, y rozando su dorso
“deliberadamente” con el dedo pulgaer. La vista de Sherlock bajó
fugazmente a su mano- . Sólo digo que aprendes... memorizas
igual que muchos de nosotros.
-¿Cómo?
-Mediante
la experiencia práctica. O al relacionar dos conocimientos. ¿Nunca
has leído sobre pedagogía?
-No.
¿Por qué lo has hecho tú?
-Bueno,
tengo un hijo.
Sherlock
alzó las cejas, viéndole lógica.
-Te
quedarás en mi casa, a propósito -le dije, dándole una palmada a
su muñeca. Otra vez, una excusa para mantener el contacto- . No hay
posibilidad de que te quedes en Baker Street.
-Pensaba
quedarme donde Mycroft. No quería... importunarte. Además Victor
necesita un lugar donde...
-¿Victor?
-dije, pasmado. Claro. No había considerado eso- Pero, ¿él no
tiene montones de dinero? Es traficante de identidades.
-No
lo sé. No parece que esté usando ese dinero. Se ha vuelto alguien
bastante espiritual, no debe de cobrar mucho por los pasaportes y
tarjetas de identidad.
-Supongo
-dijo John- . ¿Espiritual? ¿Es en serio?
-Sí.
Míralo.
-No
es muy... silencioso.
-Ser
espiritual no tiene nada que ver con ser silencioso.
-OK
-dije, cediendo.
Nos
quedamos en silencio por unos momentos. No tenía deseos de dormir en
lo absoluto, por lo que dije:
-¿Y
de qué depende el cómo luzca su Palacio Mental?
-De
aquello a lo que lo relaciono. Cuando he tenido que... trasladarme
por Londres cuando no he conocido las calles y distancias, he tenido
que consultar mi iPhone, y... Bueno, los mapas de recorrido son
aquellos que he consultado en este previamente. En otras ocasiones mi
palacio mental ha lucido como... los tribunales de justicia de... -En
ese punto se detuvo, y tragó. Casi pude verle sonrojarse.
-¿Tribunales
de dónde?
-Una
vez visualicé los tribunales de justicia al... resolver un caso.
Usar los chats no parecía ayudar mucho, así que visualicé mi
conversación con las mujeres que se habían citado con el Hombre
Efímero en un tribunal. Todas estaban sentadas en órden y de ese
modo pude... descartarlas más fácilmente.
-Cómo
un “Adivina Quien”.
-¿Quién?
-Es
un juego, Sherl... -Me callé. Nadie debía saber quien era, o la
farsa se rompería.
-No
lo conozco.
-Te
gustaría. Te compraré uno. A propósito, ¿Por qué te da vergüenza
ese evento en particular?
-Ahm...
Sherlock
miró hacia Victor. ¿Se estaría arrepintiendo de cambiar de
puestos?
-Creo
que fue la primera vez que... fui conciente de la facilidad con la
que accedías a mis Palacios Mentales. Normalmente estos sólo... se
desvanecían cuando tú... cuando cualquier
persona
entraba en ellos.
-Lo
recuerdo. Me echaste muchas veces del 221B sólo porque necesitabas
entrar en tu Palacio Mental.
-Pero
esa vez entraste en la habitación y aunque me di cuenta de tu
presencia, el tribunal siguió allí, erigido en mi imaginación.
Sólo tiempo después consideré esta particularidad.
No
puedo describir cuanto gusto me dio escuchar eso. Si lo hubiera
pensado por mí mismo, probablemente no le habría dado tanta
importancia, pero Sherlock lo veía como un hecho extraordinario,
fuera de serie. Como si hubiese quebrado una de sus máximas leyes,
si bien no parecía molesto acerca de eso.
-No
resolviste ese misterio de inmediato, ¿no? No supiste quien era
-dije, como un modo de hacerle considerar alguna desventaja.
-Pero
me hiciste ver que era un hombre. A veces sólo... me salto lo obvio.
Es un gran problema a veces. Se refirieron al Hombre Efímero, como
un “él”, e incluso yo
me referí a él como un hombre. El Hombre
Efímero, y aún así no consideré ese detalle.
-¿Ayudó
en algo? Tal vez... inmiscuirme en tus Palacios Mentales no sea una
ventaja.
-No
lo es, pero no es una desventaja tampoco. Sólo es. Sigue funcionando
al mismo ritmo.
-Entonces
no es malo.
-No
-dijo Sherlock, frunciendo el ceño. La idea de que lo fuera le
parecía extraña.
-¿Hace
cuánto que desarrollaste los Palacios Mentales?
-Supe
de la idea en las clases de Filosofía. Lo crearon los griegos, o al
menos se dieron cuenta ellos. Pero todos tenemos Palacios Mentales de
una u otra manera, sólo que no todos le sacan el máximo provecho.
-Hm.
Yo
era una de esas personas, sin duda.
-Victor
supo de Scott. ¿Cuando se perdió intentaste buscarle?
Sherlock
miró alrededor. Los pasajeros que estaban despiertos estaban viendo
películas.
-Sí
-dijo, mirando al frente- . Pero no sabía cómo. No sabía nada de
muchas cosas en ese entonces.
-Sólo
eras un niño -dije, sin despegar la vista de él.
Sherlock
me miró a los ojos.
-Pero
estaba con él el momento antes de...
-Sólo
eras un niño.
Él
asintió. Tragó, y miró su mano de nuevo.
-Lo
era.
-Y
Mycroft...
-Mycroft
estuvo demasiado preocupado de lo innecesario en todo ese asunto.
-De
ti, ¿no?
La
mano de Sherlock se empuñó.
-Debió
entrever donde estaba -susurró- . Usaba bastante bien su cabeza para
ese entonces. Sabía hacer deducciones. Lo sé porque siempre
descubría cuando había hecho alguna travesura. Nunca podía
esconderme.
-Tal
vez se preocupaba por ti.
-Tienes
hermana, John. Sabes perfectamente que nunca es por nobles razones.
-Me
gusta romantizar las cosas.
-Hm.
-No
fue tu culpa.
Sherlock
dio un suspiro.
-No
lo fue. Sé que es menos frustrante que lo sea, al menos para ti,
porque tu cabeza funciona de esa manera...
-Si
es culpa de alguien más, siempre tengo en mente que está fuera de
mi alcance el solucionarlo. Cuando es mi culpa, entonces ya no hay
vuelta atrás, porque si no pude solucionarlo en el momento, si no
pude prevenirlo en el momento, entonces no hay nada que hacer.
Fruncí
el ceño. Sus ojos fueron realmente tristes al decir eso.
-¿Entonces
por qué le sigues dando vueltas?
-Porque
Moriarty dijo saber dónde se encontraba. Dijo que no estaba muerto.
Miré
su mano, y la mía sobre la manga de la camisa. Le recordé ayer,
llorando contra mi regazo. Tomé su mano con fuerza para evitar
cualquier caída, y Sherlock se mantuvo firme. Bajó su mirada a mi
mano en torno a la suya, y movió sus dedos para entrelazarlos con
los míos. Sentí un escalofrío exquisito, y a pesar de sentirme
algo cohibido, no quité la mirada de él.
-¿Crees
en verdad lo que ha dicho? Tal vez sólo lo insinuó para hacerte
perder el control. Ya ha mentido antes.
-Acerca
de su identidad.
-Lo
sé, pero cuenta como tal.
Sherlock
dio un suspiro.
-Quiero
creer que está vivo, John.
-Está
haciéndote sufrir.
-No.
Estoy tratando de encontrar algún modo de comprobar si está vivo.
Algún contacto, un método.
Me
estaba apretando la mano. Aflojé mis dedos para avisarle.
-Disculpa.
Sacudí
la cabeza para mostrar que no me importaba. Le sonreí.
-Te
ayudaré.
-Victor
me ayudará, tú cuida a Hamish.
Alcé
las cejas, incrédulo.
-No
puedo creer que aún pienses que te haré caso -dije, sin dejar de
sonreír levemente.
Sherlock
sonrió. Aquel gesto se trasladó a mis labios como un reflejo, y
miré por la ventana del avión. Sentí cómo me acariciaba la
palma de la mano con el pulgar. Luego cogió mi mano y la alzó para
rozarla con sus labios. Seguí mirando por la ventana, a gusto, y nos
recordé a ambos corriendo por todo Londres con nuestras manos
juntas. Recordé a Sherlock hablándome desde tan cerca, ignorando
por completo mi tendencia a mantener distancia. Le había permitido
una y otra vez violar mi espacio personal, hasta que se hizo usual y
natural entre nosotros, captando las miradas de otros. Siempre había
notado cómo la gente, entre ellos Lestrade y la Agente Donovan, nos
miraban extrañados ante la cercanía corporal que compartíamos, sin
nunca... llegar a tocarnos. ¿Acaso la ansia por tener contacto se
había visto expresada a través de esa cercanía, demasiado extrema
incluso para dos amigos?
Luego
de esto, Sherlock se durmió y yo me mantuve despierto un poco más,
bajo la mirada preocupada de Victor. Cuando se acercó una azafata,
opté por quebrar el contacto con Sherlock, y Victor y yo cambiamos
puestos. No podíamos levantar sospechas.
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¿Qué es la Unanimidad?
Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.
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Entrada apasionada
Chile ya no es un país
Nunca pensé que entraría a este blog de nuevo. Después de la decepción que dejó Sherlock en mi vida , con esa última temporada, están pasan...
