martes, 13 de octubre de 2015

"Pan" y MK Ultra

"El proyecto MK Ultra —a veces también conocido como programa de control mental de la CIA— fue el nombre en clave dado a un programa secreto e ilegal diseñado y ejecutado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) para la experimentación en seres humanos. Estos ensayos en humanos estaban destinados a identificar y desarrollar nuevas sustancias y procedimientos para utilizarlos en interrogatorios y torturas, con el fin de debilitar al individuo y forzarlo a confesar a partir de técnicas de control mental."

Hoy fui a ver "Pan", la película no canon sobre Peter Pan de Joe Wright (No canon como no perteneciente a la historia oficial), y desde el primer momento sentí una suerte de Deja Vu.

Cuando vi "Sucker Punch" no tenía idea sobre el Proyecto sádico de MK Ultra desarrollado por la CIA.
Leí una reseña en inglés en que el autor relacionó la película, su lenguaje, su narración como una metáfora de el MK Ultra. Si recuerdan, "Sucker Punch" es esa película sobre cuatro chicas que en una suerte de video juego se internaban en mundos de fantasía donde tenían que luchar contra las fuerzas del mal, vestidas todas sexys, para lograr escapar del establecimiento-cárcel donde se dedicaban a bailarles a hombres ricachones y -probablemente- tener sexo con ellos por dinero. Al final de la película sólo una logra escapar. Una a una todas mueren, y en la última escena de la película nos damos cuenta de que todo lo que hemos visto ha sido una recreación de la protagonista, Baby Doll, mientras le es hecha una lobotomía en el centro psiquiátrico en el que ha sido encerrada después de supuestamente matar a su hermana pequeña en un arranque de locura provocado por la muerte de su madre.

"SUCKER PUNCH"
En el MK Ultra muchos individuos desarrollaban despersonalización para separarse y aguantar los horrores a los que eran sometidos. Esto es lo que sucede con Baby Doll, y si se lleva la metáfora a "Pan", puede que sea una metáfora involuntaria de lo mismo.

Otra cosa es que los niños huérfanos, que en la película viven en un orfanato durante la Segunda Guerra Mundial, son secuestrados, son sacados de sus camas para ser llevados a otra parte, al País de Nunca Jamás. Yes que en esta versión de la historia, estos sucesos son los anteriores a la historia de la obra de James Barrie, es la historia de cómo llegó Peter Pan al País de Nunca Jamás, así que podemos ver que las cosas no eran como de cuentos de hadas al principio. Había otro pirata, no Hook, sino Barbanegra, que se dedicaba a secuestrar niños del mundo real para esclavizarlos en las minas de pixum, polvo de hadas, de Nunca Jamás.

Esta puede ser una referencia a la despersonalización, pero hay una frase del diálogo en específico que se repitió muchas veces y que decía "Cierra los ojos, piensa en algo lindo". Cuando Barbanegra estaba a punto de botar a peter por el tablón del barco hacia un abismo, Barbanegra le dice estas palabras, y hacia el final de la película, los papeles se invierten y es Peter quien se las dice. Cerrar los ojos y pensar en algo lindo mientras te matan es eso básicamente, despersonalizarse, salirse de la realidad, aguantar el mundo real trasladándote a la propia imaginación.

Otra cosa que se me quedó en la memoria fue lo del "Mal vuelo". Cuando Peter es aventado por Barbanegra hacia el abismo desde el tablón y vuela por primera vez, luego cae y se da contra el piso. Ahí es cuando es despertado en la cama del cuarto de Barbanegra, y este le comenta, si más no recuerda, que tuvo un mal vuelo. Esto puede traducirse como mal viaje también si se hace una lectura más allá de lo aparente, y "mal viaje" es una referencia a una mala experiencia con LSD. En el MK Ultra, en muchas de las pruebas que hicieron al principio para desarrollar técnicas de interrogación y tortura, se usó LSD para condicionar a los sujetos. Un hombre que fue sometido a esto, Frank Olson, se dice tomó la droga sin saberlo -los dirigentes del proyecto querían hacer evaluaciones con sujetos involuntarios, ya que el objetivo era que fuera una manipulación sin que ellos supieran que estaban siendo controlados- , tuvo un "mal viaje" y empezó a experimentar paranoia y ataques nerviosos, esto probablemente porque no sabía la causa de lo que experimentó con la droga, al no saber que la había tomado. Poco después se suicidó.


Lo otro son las canciones conocidas que fueron cantadas por los piratas. Esta puede ser una lectura más lejana de la relación que pudiera haber con MK Ultra, pero en MK Ultra se utilizan instrumentos, música, objetos, catalizadores del estado amnésico al que entran las víctimas del MK Ultra para que hagan cosas manipulados por el comportamiento que en ellos fue programado por los agentes, sin que ellos recuerden luego que lo han hecho. En este caso las canciones como "Smells like Teen Spirit" que fue cantada en coro por la multitud de piratas y mineros, pueden servir como catalizadores para que realicen las tareas para las que los piratas los destinan al secuestrarlos.

Otra cosa es el ambiente de cuento de hadas. A muchas víctimas del MK Ultra se les programaba con cosas relacionadas con Disney. Algunos han llegado a decir, teoristas del MK Ultra, que Disney y el proyecto MK Ultra son la misma cosa. Personajes como Miley Cyrus se dice están bajo la manipulación de la CIA para manipular al mismo tiempo a las masas. Y es que nos tienen dopados a todos con sus medios de entretenimiento, mientras nos roban hasta la piel. El entretenimiento en el que Disney está metido es una especie de versión de la realidad que nos meten hasta por las orejas desde chicos para que nos olvidemos de analizar nuestra propia realidad, para que nos olvidemos de pensar, de cuestionar. Nos tienen a todos dopados, y cuando Peter Pan, si bien la obra de teatro es mucho más antigua que el MK Ultra, se interna en Nunca Jamás para no volver a salir de allí, se rinde a los poderes fácticos internándose en esta realidad de mentira mientras por fuera la verdadera realidad es mucho peor.


Fuentes imágenes: x, x, x, x

.

lunes, 5 de octubre de 2015

LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 15

Capítulo 15:
"En cuerpo y alma me he entregado a ti"
(x)


Sherlock

-No pensé que me tenías este cariño -dijo la voz de Victor.
Pestañeé rápido, extrañado por oírlo tan de cerca. El avión aún vibraba, pero el sonido indicaba que había comenzado a descender. Me incorporé de aquel hombro, esperando hallar a John, pero me encontré con el rostro de Victor a diez centímetros del mío.
-¿Qué rayos...?
Rió por lo bajo.
Miré hacia el otro puesto y vi a John allí, dormitando, al igual que Lestrade. Tenía la boca abierta. Me levanté del puesto, molesto y me restregué la cara.
-Iré al baño.
-No vas solo.
El avión aterrizó en el aeropuerto de Londres. De inmediato me acerqué a John, avergonzado de verme durmiendo en el hombro de ese canalla. ¿Cómo no lo había notado? Victor tenía el hombro huesudo.
El frío que nos aquejó al salir al aire de la calle, luego de pasar por el aeropuerto, fue como una bofetada en la cara. Me tapé con la bufanda hasta la nariz, sumido en la desesperación de tan terrible clima, y dejé que John me tomara de la muñeca para coger el primer taxi.
-Sherlock, mantén el personaje -me dijo Lestrade, mirando nuestras manos- . ¿Por qué no se adelantan tú y el señor Trevor? Si te ven con John sabrán que eres tú de inmediato.
John me soltó, y me dirigí a Victor. Pero Victor no estaba por ninguna parte.
-¿Qué rayos...? -dijo Lestrade.
-¿No le viste marcharse? -le pregunté a John.
-No. Estaba ocupado buscando un taxi disponible.
Di un bajo gruñido, mirando alrededor.
-John, debes volver solo -dijo el Inspector- . Ya se encontrarán, no sean testarudos.
-OK -dijo John, con los ojos entrecerrados por la ventisca fría- . Ahm, allí hay un taxi, ¿se van ustedes primero?
-Sí. Lo llevaré a tu casa.
-No soy un niño, no me “llevarás” -dije, sin poder ocultar mi mal humor. Victor había dicho que se quedaría unos días- . Hagámoslo rápido. Y tú, John -le dije- , llama a Mycroft. No puedes volver solo.
-Estaré perfectamente por mí mismo -dijo él, sonriendo- . Y cambia esa cara: estamos en Londres.
-¿Qué se supone que significa eso? -le pregunté, mientras Lestrade me arrastraba al taxi.
-En unos días podrás caminar libremente por la ciudad. Te lo aseguro -me dijo Lestrade, empujándome a la parte de atrás- . Necesitamos poner el equipaje en la maletera -le dijo al chofer.
Lestrade cerró la puerta. Miré a John por el vidrio, pero mi mirada se desvió a otra parte, buscando a Victor. Por fin conseguí verlo tras un pilar, y el alivio me arrebató la respiración por un momento, no supe porqué.

Llegué a casa acelerado. Cuidé que Lestrade se quedase en el taxi, y él no puso resistencia. Habíamos hablado durante todo el camino sobre la estrategia que tomaríamos para probar mi inocecia. No obstante, todavía tenía la acusación de asesinato a Magnussen, por lo que no quedaría del todo impune. Tendría que seguir con el plan de encontrar a Moriarty de nuevo. Era mi penitencia a cambio de mi libertad, y las autoridades no serían blandas en ello.
Toqué el timbre, y tras la puerta apareció Victor. Había vuelto a colocarse la túnica, y me sonrió sinceramente por primera vez desde que apareciera después de años.
-¿No te largabas en cuanto llegaras al aeropuerto? -le pregunté, sin poder evitar sonreír un poco.
-Era el plan, pero no podía dejar al doctor John Watson venir solo a casa. James Moriarty tiene ojos en todos lados.
Me dejó entrar y cogió mi equipaje.
-¿La carpeta está aquí?
-Sí.
-Si quieres la voy a dejar a Baker Street.
-No. John sospechará -susurré- . Yo mismo la llevaré cuando vuelva allí.
Victor asintió. Entonces sonrió y dejó la maleta de vuelta en el piso para mi extrañeza. Lo siguiente que supe es que me abrazaba estrechamente. Era la primera vez que estábamos por completo solos, y Victor, deshecho de la actitud arrogante que adoptaba en frente de John, a causa de no sabía qué, mostraba lo que había estado esperando hacer desde que nos viéramos.
-Estás más feo que antes -me dijo, cuando me soltó.
Me permití sonreír un poco, y Victor me dio una palmada en la mejilla, hasta dejarla posada en mi nuca. Yo mantuve mi distancia, un tanto apabullado, pero Victor la acortó dándome un beso en la boca. Los recuerdos vinieron a mi memoria instantáneamente, los de él prometiéndome que me besaría si llegaba a mostrar algún nivel de apego por otra persona, ya que por años me recriminó mi falta de sensibilidad para con las relaciones humanas. Había sido como un desafío, y yo le contesté que en ese caso jamás conseguiría un beso de mí, acusándolo de querer desviarme de mi camino de racionalidad y lógica. “Nadie jamás logrará desviarme de ello.”
-Eres un estúpido -le dije.
-¿No lo son todos? -dijo, pasando una mano por mi espalda y guiándome hacia la sala de estar- John Watson acaba de referirse a ti como “idiota”.
-Lo hizo el día que nos conocimos. Bueno, el segundo día. Por supuesto que lo hizo hoy.
-¿Y no le golpeaste por hacerlo?
-No. Lo invité a cenar -dije, frunciendo el ceño como si la idea me pareciera absurda- . Tiempo después le golpeé. Él respondió con creces.
-Es pequeño pero peligroso, ¿no?
-O tal vez ustedes son demasiado altos -dijo John, sentado junto a la cuna de Hamish, allí en la sala de estar. Se estaba cocinando algo en la cocina, podía sentir el aroma del espagueti.
-No sabía que eras padrino de alguien -me dijo Victor, con tono de burla- . Estás rompiendo tus promesas con creces.
Chasqueé la lengua sin darle importancia, y Victor rió por lo bajo. Me acerqué lentamente a la cuna de Hamish y lo tomé en brazos, dirigiendo mi mirada a la maleta. Victor la había dejado entre la ventana y el sillón de la sala de estar. Entonces me di cuenta de que John seguía mis gestos con la mirada. Alcé la vista hacia él, tratando de ser casual y sólo fuimos yo y él por unos segundos, como solía suceder incluso antes de que supiéramos que nos correspondíamos en nuestros sentimientos.
Dios, estaba hecho un cursi. Y me gustaba. Me gustaba tener a Victor allí sorprendido ante mi nueva vida. Era como alardear de ello. Quería alardear de ello.
-Está dormido. ¿Donovan lo dejó de esta manera?
-Sí. Aún está aquí. Está duchándose.
-¿Qué? -dije, pasmado.
Ante ella sí que quería alardear, pero... me tensé entero, como si hubiera una pantera acechando en casa, y John lo notó.
-No tienes que topártela si así lo deseas.
-¿A quién no quieres toparte, freak? -dijo la voz de la agente Donovan.
Victor se volteó a mirarla, extrañado. Vi cómo sus ojos iban de la cabeza a los pies de esa mujer: no pude creerlo, le gustaba.
-Sostén bien a ese niño, no queremos a un bebé con la nuca rota -dijo, acercándose a mí.
Me puse de frente a ella, desafiante.
-Puedo sostenerlo bien, gracias.
-No me lo creo. Tienes mal ubicado el brazo derecho.
-Oh -dijo John- . Sí, Sherlock, alza más el codo derecho para que la cabecita de Hamish...
Dejé a Hamish de vuelta en la cuna, enrabiado. Pasé al lado de la agente y cuando pasé junto a Victor le mascullé por lo bajo:
-Vete en este instante.
-Oh, no, quiero conocer a esta preciosura -dijo en voz alta.
-¡Vete! ¡Es de la policía, maldita sea! -le grité, sin disimular.
John dio un suspiro. Pude oírle decir “Sherl...” en un susurro.
-¿Quién es este? ¿Otro sicópata? -dijo Donovan, estudiando a Victor.
-Puedo ser lo quieras que sea -dijo él, coqueto.
Fui a la cocina, poco dispuesto a presenciar otra de sus conquistas.
-Lo siento, cariño, pero no me atraen las túnicas turcas. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
-Victor Trevor.
-Ese nombre me hace eco.
Revisé el espagueti. Estaba listo para ser filtrado. John llegó junto a mí, mientras Victor y Donovan hablaban en la sala, y sacó el filtro para hacerlo él mismo.
-Apaga la salsa, creo que está lista. ¿No quieres darte una ducha antes de comer?
-Eso planeaba, pero no quiero ausentarme con Donovan en esta casa.
-Es inofensiva -dijo John, riendo- . No le des tantas vueltas.
-Meterá a Victor en la cárcel. Me quería a en la cárcel cuando disparé a Magnussen, John.
-Tonterías. No te quería en la cárcel. Ella está perfectamente conciente de que Inglaterra te necesita. ¿Cómo podría quererte en la cárcel sino?
Revolví la salsa tras apagar el fuego.
-OK, entonces porqué preguntó quien era Victor.
-Déjalo, de seguro sabe cómo escapar de la ley. No le habría dado su nombre sino.
Di un suspiro, aproblemado.
-Al menos su estadía aquí con Anderson le sirvió de algo -dije- . Con suerte se ablandará.
-¿De qué le sirvió? ¿Por qué dices eso?
-Creo que van a comprometerse. Espero Anderson no me invite.
-No sabe que estás en Londres. Sólo lo sabe la Agente Donovan. Y estoy seguro de que ella no dirá nada.
-¿De verdad? -dije, incrédulo.
-Sí.
-Tú pídeselo, por las dudas -le dije, mientras John repartía el espagueti en tres platos. Me acerqué con la sartén llena de salsa.
Nos quedamos en silencio mientras yo ponía la salsa. John se quedó a mi lado. Después de tratar de olvidarme de todo aquello, lentamente esa sensación de calidez volvió a mi pecho.
-Esto es agradable -dijo John en voz baja- . Podríamos turnarnos para cocinar. Tú tienes que aprender de todos modos.
-Ya sé hacer algunos platos.
John me miró sorprendido.
-Mi padre y yo nos quedábamos solos algunas veces en casa, mientras mi madre y Mycroft iban a seminarios de ciencias -expliqué- . Mi padre sabe cocinar sólo tres platos, así que me vi obligado a aprender un poco. Luego, en la Universidad, me la pasaba mucho tiempo solo, no tenía compañeros de cuarto que me soportaran, y la habilidad para hacer experimentos me volvió un buen cocinero. Soy bueno siguiendo recetas.
-No eres de los que experimentan.
-No me interesaba.
Nos volvimos a mirar, y la sensación de calidez se intensificó. John se veía realmente guapo, y sus ojos cansados parecían darle un nuevo atractivo. Tendríamos que acostumbrarnos a este horario de nuevo, pero antes de que John volviera a la rutina de un horario de padre primerizo, quería disfrutar de sus desvelos. Quizá resolver algún caso desde casa juntos.
Me incliné hacia él, y a pesar de su promesa de no reiniciar lo que fuera que habíamos iniciado en Madaba, dejó que lo besara. Cerré los ojos de inmediato, y di una inspiración antes de quebrar levemente el contacto. Alcé las manos hacia él, tras dejar la sartén en el mueble, y lo tomé firmemente de las mejillas, con la ansia empujándome. De nuevo la irracionalidad se apoderaba de mí, y estaba empezando a aceptarla. Le besé de nuevo, esta vez con más firmeza y sentí las manos de John en mis codos, apretando. Pensé que quería que me detuviera, por lo que me forcé a alejarme, pero en vez de eso, John me tomó de la nuca y acarició mis labios con los suyos. Entendí, y mi respiración se calmó lentamente hasta ser pausada y medida. John estaba siendo cuidadoso, especialmente habiendo gente en casa, por lo que dejé que me dirigiera.
Dejé que uniera su boca con la mía, y tal como en Madaba, en el mar, me dejé llevar lentamente, y un beso llevó a otro, nuestras lenguas se rozaron y nuestros labios se cogieron entre ellos, a veces superficialmente y otras veces más profunda y cálidamente. Y mis párpados comenzaron a apretarse, porque a ratos sentía cómo si me estuviera frenando a mi mismo. John me acariciaba el rostro, la oreja y el cabello con el cariño de un amante experimentado, y yo sólo recorría su cuello con mis manos torpes. ¿Alguna vez le igualaría, alguna vez podría darle lo que él me daba? La manera en que me besaba era tan dulce, y yo sólo le seguía, no pudiendo concentrarme a veces, aunque... ¿No consistía en eso todo aquello? ¿Dejarse llevar? ¿Era posible que un beso pudiera desconectarme por completo de mi razonamiento? Aún no podía comprenderlo, por mucho que interviniese la química en todo aquello. Aún no lo entendía y quizá nunca lo haría. O quizá no había que entenderlo.
John me acarició el cuello, bajo la línea de mi mandíbula y quebró el contacto con mis labios. Mantuve los ojos cerrados. Noté que respiraba agitado, y que su otra mano me tomaba la camisa con fuerza. Sentí mi respiración igualarse a la suya, y un calor bajo mi estómago comenzó a alertarme. Y me di cuenta de que apretaba la camisa de John también.
Aflojé el agarre, pasmado, y la conciencia de las voces que venían de la sala de estar volvió a mí. Miré a John a los ojos, y vi que ambos nos habíamos dado cuenta del cambio en nuestras reacciones. Sabía que nunca sería igual, no si repetíamos aquello tantas veces. Tarde o temprano querríamos ir más allá.
-Iré a decirle a la Agente Donovan -dijo, apartando las manos de mí.
Asentí. Me alejé, y le vi salir de la cocina mientras me sostenía del mueble, puesto que mis manos temblaban.
-Hey, ahm... -le oí decir a Donovan- Quisiera pedirte un favor. Sobre Victor. Lestrade ya sabe sobre él, pero cree que ya no tiene contacto con nosotros.
-Ya veo. ¿Que quieres que haga? -preguntó ella, con tono de fastidio.
-Que no alertes a las autoridades. Por favor.
-¿Quieres que no alerte a la policía de que están viviendo con un criminal?
-Exacto. Ayudó a Sherlock a entrar al país. En unos días ya no le necesitaremos...
-Yo pienso quedarme aquí por unos días -dijo Victor- . Sherlock es una maravilla que hay que estudiar ahora mismo.
-OK, pero...
-Lo haré -dijo la Agente Donovan- . No diré nada, pero promete que en unos días será considerado inocente, o el delito de este tipo será peor y ya no podré callarme, ¿OK?
-OK. Por supuesto -dijo John. Carraspeó ruidosamente- . Gracias de nuevo por cuidar de Hamish.
-De nada. Es un bebé tranquilo. Es un poco preocupante, si me preguntas.
-Hm.
Poco después los oí despedirse, y Victor vino a la cocina guiado por el olor del espagueti.
-Esa agente le tiene respeto a John.
-Sí -dije, saliendo de allí- . Tomaré una ducha.
-Luego es mi turno. Comeré de este plato hasta hartarme.
No pudimos estar a solas por el resto del día, por lo que opté por ir a darme una siesta. Mis ojos no podían más. John se quedó cuidando de Hamish, pero tal como supe poco después, fue Victor quien se encargó de él por el resto del día.

John durmió en el sillón del cuarto por la noche, y yo me quedé en su cama de casados. Victor me tapó con otra frazada y para cuando dieron las seis de la mañana, tenía los párpados hinchados hasta lo imposible. Me desperté entre bostezos exagerados y con aliento a salsa de tomates. Me levanté pestañeando con rapidez y me fui a lavar el rostro, preocupado por John, ahí durmiendo en un sillón tan incómodo. Me lavé los dientes, y mientras lo hacía, oí el sonido de una risa de bebé desde la sala de estar.
Me asomé, extrañado, y vi que Victor veía la televisión con Hamish en el regazo. Volví al cuarto, y no encontré a John en el sillón. Las mantas estaban desordenadas y oí ruido en el baño. Cuando salió traía la bata puesta, al igual que yo. Me miró fijamente, y esa fue señal suficiente.
Mis manos empezaron a temblar y caminé a zancadas hacia él.
Le cogí la boca desesperado, y el calor bajo mi estómago ya no fue tan suave como tempranamente. Una nueva sensación se apoderó de mí y acaricié insistente el rostro y cuello de John, y su pelo suave y cortó que se escapaba entre mis dedos. Profundicé el beso y pronto me encontré siendo empujado hacia el sillón. Mi respiración se aceleró y me senté sobre los almohadones y mantas, sin entender las intenciones de John.
Entonces se sentó sobre mis regazo con las piernas abiertas y el calor en mi entrepierna quedó en evidencia. Apreté los párpados, asustado, y John me rodeó el cuello con el brazo, mientras entreabría los labios contra los míos. Introdujo su lengua en mi boca y la sentí en contacto con la mía. Di un pequeño gemido, y le rodeé el torso, mientras él se apegaba estrechamente a mí. Oí su respiración deleitado, y apenas fui alertado cuando pasó sus labios por mi mandíbula. Di un suspiro, totalmente perdido y sus labios se dirigieron a mi cuello, bajo mi oreja. Aquello me voló la mente, y le apreté contra mí, sintiendo su torso cálido contra el mío, y su mano acariciando mi mejilla. Era tan agradable, tan condenadamente agradable, y tan íntimo, me sentía en una burbuja, y mi mente había dejado de funcionar como siempre. Era mi cuerpo el que actuaba mayormente, y sin embargo, John seguía presente. No sus labios o sus caricias, sino él, y sentí miedo. Tanto miedo.
Entonces comenzó a hacer algo que no esperaba, y que me hizo dar un quejido de inmediato. Comenzó a moverse sobre mí, sus caderas contra las mías, y el bulto en su entrepierna chocó contra el mío una vez, dos veces y más. Sentí el calor en ese sector, creciendo, y los estremecimientos se sintieron venir, como llamaradas de fuego que se apoderaban de mi bajo abdomen y se extendían a cada rincón de mi cuerpo, primero en brazadas cortas, luego más largas, hasta alcanzar los dedos de mis manos y pies. Se apoderaron de mi cuerpo, recorriéndome de punta a punta como si quisieran atravesarme. Y me atravesaban.
John empujó más fuerte contra mi entrepierna, y su boca se hundió en la mía cuando gemí más elocuentemente contra la suya. Me sentía tan duro, y él estaba tan duro, estábamos iguales, y no podían captar nada más. Mis ojos se entreabrían y cerraban, poco capaces de mantenerse abiertos para mirarle. Estaba ido, y él empujaba hacia mí insistente. Y en un momento se quedó allí presionando por dos segundos, haciéndome conciente de aquel latido ajeno. Increíble. Y fue más increíble el notar que nuestros latidos se sincronizaban, para luego separarse de nuevo, cuando mis propios latidos empezaron a ir más rápidos que los de él. Yo iba a llegar al final antes, allí sólo mediante roces por encima de la ropa. Y era maravilloso, y lleno de lujuria, e íntimo y nuevo. Y sentí que habíamos avanzado tan rápido, y sin embargo deseaba que siguiésemos avanzando.
-Sherl... -le oí susurrarme al oído. Fue un sonido amortiguado, lejano, que hizo eco, uniéndose con uno de los estremecimientos que me atacaron. Fue como si su susurro hubiese provocado esa reacción en cadena. Y también sus dedos en mi pelo, o en mi nuca.
John comenzó a empujar su cadera contra la mía más lentamente, pero mis latidos siguieron en ascensión, y empecé a desesperarme. Me sentía tan... lleno. Necesitaba aliviarme.
Me sentí derramar rápidamente. Apreté los párpados, y pasé los brazos por las caderas de John, apretándole contra mí. Di un suspiro tras otro, haciendo lo posible para acallarme, pero John empujó nuevamente contra mí, luchando contra la presión de mis manos, que sin embargo no se atrevían a descender hacia otras partes de él. Aún era tímido.
John besó mi mejilla cuando aquel estremecimiento tan potente se hubo ido. Me sentí acalorado, y los labios de John se apretaron contra mi ojo derecho, mientras yo recuperaba el aliento, en una especie de refugio limitado por el orgasmo, que había parecido empequeñecer el mundo de mis percepciones hasta sólo alcanzar la respiración de John y la mía. Fue tan extraño y maravilloso y quise que siempre fuese así.
John había llegado al final también. Sintiendo la frente perlada en sudor, le cogí los labios y él se dejó. Mordí su labio inferior involuntariamente y abrí la boca abarcando más de él, suavemente. Le oí dar un pequeño quejido.
Pronto el letargo comenzó a atacarme y hundí el rostro en su pecho.
Qué maravilloso se sintió, tan unido a él. Tan mío, mío...


John

Era tan dulce cuando le besaba. Tan vulnerable y tan fuerte. Sherlock había sido el hombre que había deseado por años. Me gustaba cómo se sentía más allá de sus ropas. La fuerza con la que me apretaba contra él, la firmeza. Me gustaba sentir cada músculo y cada fibra, y me volvía ansioso pensar en cómo se sentiría tenerlo piel contra piel. Me volvía loco, y no podía creer que él me quisiera.
Y era tan inusualmente guapo. Me atraía y me quemaba mirarlo. Sabía cómo lucir bien, y lo hacía para los demás, como un pavo real. Y en privado era sencillo y práctico, cubierto en sus batas y sus pijamas como si estuviera solo. E incluso así me encantaba. Me encantaba el modo en que sus pijamas se marcaban en su torso, en la curva de sus brazos con sus hombros, sus manos blancas y delicadas en el desayuno, las líneas de sus venas, sus muñecas gruesas y blancas y sus brazos fuertes. Me gustaba el cómo su pecho se asomaba en el cuello en V de su camisa de dormir, dejando escapar un poco de él a la vista. Me gustaba su cuello esbelto y su mandíbula marcada y, dios, me había pasado horas mirándolo, preguntándome si podría encontrar una excusa para rozarle. Y ayer le había besado, y él había gemido en respuesta. Y no podía creer que me quisiera.
Él era perfecto para mí y no soportartaba la felicidad de sentirle tocarme. Era una felicidad incontenible.
Si tan sólo... me dijera toda la verdad.


<--Capítulo 14


"Libertar la Oscuridad": Capítulo 33

No supo cuanto estuvo ahí metido. Podía notar el aire enrarecido, el olor a lavanda que había puesto en las ropas que colgaban en ese armario, y que ahora empezaba a hartarlo. Debió elegir un aroma más natural, quizá canela o...
¿Cómo podía Switz haberle hecho eso? Había hecho caso omiso de sus súplicas y ahora estaba encerrado en ese lugar estrecho sin provisiones de sangre. Se preguntaba si la joven al menos tendría la ocurrencia de darle algo de sangre después de que pasaran algunos días.
Sin embargo, la idea de desangrarse allí, o más resecarse de sangre, le fue atractiva. Prefería eso que enfrentar a Perry de nuevo. Después de salvarlos a ambos de ese ataud, de esa explosión que los dejó hecho pedazos, después de ver a Perry de nuevo, aunque no se moviera, no respirara y luciera más pálido que nunca, comprendió que su plan nunca había sido volver a hablar con él nuevamente. Su único plan había sido el de devolver a Marion su vista y largarse, y ahora que estaba dentro de ese armario, el plan no iba tan en viento en popa. Había grandes probabilidades de que aquello terminara en tragedia, con Perry agarrando y desgarrando su cuello, o gritándole de nuevo, u odiándolo con esos ojos que, días antes de que cometiera aquella felonía contra Marion, le había mirado con devoción. No quería que su último recuerdo de Perry fuera del odio en sus ojos. Quería dejar espacio para lo que le había hecho sentir esa noche a solas, cuando por fin le hizo desviar su atención de Marion y del hecho de que Persefone le estaba poseyendo todas las noches, alejándola de él.
No supo cuánto tiempo exactamente pasó, pero cuando oyó la cama crujir en el lado izquierdo del armario, que no dejaba tiempo para el silencio absoluto a pesar del grosor de su manera, se encogió entero, sabiendo lo que significaba.
-¿Marion? -le oyó preguntar.
Las teorías debían ser ciertas. Todos los vampiros que eran enterrados con otro de su especie desarrollaban gran dependencia. Tal vez en cuando Perry y Switz se vieran a los ojos de nuevo, se darían cuenta de que algo había cambiado, o se había afianzado. Se desearían y ya nadie podría interponerse entre los dos.
Dejó de respirar, deseando que no se diera cuenta de su presencia dentro del armario. Oyó sus pasos sobre el suelo polvoriento, y el frufru de su camisa contra su piel. Irradiaba calidez, podía sentirlo a través de la puerta, y el aroma que desprendía volvió a despertar su olfato. Elliott se encontró respirando ese aroma, integrándolo dentro de su sistema, deleitándose con esa esencia que después de décadas no había cambiado.
Entonces oyó la cerradura moverse. Elliott dejó de respirar y volvió a encogerse, poco dispuesto a que le viera. Con suerte le mataría para aliviar su aflicción. Sólo esperaba que Perry supiera cómo matara a uno de sus congéneres. No era tan simple.
-Elliott -le oyó susurrar.
El chico se sintió estremecer. Permaneció encogido, con el rostro escondido entre los brazos, esperando a por sus recriminaciones, que eran justas por lo demás.
-Elliott, ¿Qué haces allí adentro?
Siguió quieto, esperando. Sin embargo, su voz fue amable, y eso casi lo tentó a despejar su rostro.
-Elliott...
Oyó la madera del armario crujir un poco, cuando la rodillas de Perry se apoyó allí y posó las manos en sus brazos, cerca de sus manos desnudas. Finalmente sus dedos rozaron sus muñecas, provocando el primer contacto que aflojó la decisión firme de Elliott de no dejarse ver.
Perry le guió, haciéndolo alzar la cabeza y pudo sentir sus dedos en la línea de su mandíbula, convirtiendo un gesto inocente en uno electrizante. Elliott dio un corto suspiro, sintiendo ese contacto exquisito despertando cada vello de su cuerpo como si estuviera vivo.
-Sal de aquí. No... no te haré nada, ¿de acuerdo? -le susurró, despejando su frente de mechones perdidos.
-No me resistiré si decides... matarme -dijo Elliott, con la voz temblorosa. Se sentía empequeñecido, aplastado por ese deseo de tocarle y esa culpa frente a sus crímenes. No podía soportar esa situación, quería desaparecer- . Te lo debo, yo hice...
-Sé lo que hiciste -dijo Perry.
Elliott se tensó.
-Lo sé, y te odiaba por eso, pero en el momento en que... vi tu vida en peligro, me di cuenta de que... esto me superaba.
Debió hacer un gesto, porque sintió el viento removerse entre ellos. Elliott supo que Perry no se había dado cuenta de que su ceguera. Tal vez sólo pensaba que estaba evitando su mirada, y eso le partió el alma. Le rompió, ya que en verdad deseaba haberle.
-¿Qué ocurre?
Elliott tanteó delante suyo, dando con el mentón de Perry, su nariz, sus cejas, su frente amplia... Todo estaba tal como había lucido cuando podía ver con sus ojos, y Elliott dio un sollozo, ante la consternación del vampiro.
-Elliott...
No podía verlo, y eso hizo de su necesidad de sentirlo un deseo más potente. Elliott se vio arrastrado en su dirección, en un cuerpo dominado por sus sentires, y le lanzó a abrazarlo, casi botándolo al piso.
Sintió cada curva, y el recorrido de la sangre ajena por sus venas, limpiando y ensuciando al mismo tiempo. Refugió su rostro en su hombro, conciente de cada movimiento, cada flexión, cada latido artificial, sin darse cuenta de que Perry le correspondía. Tardó en darse cuenta de su falta de control.
Se alejó tan abruptamente como se le acercó, y dio un suspiro largo, tratando de sacar de su sistema el aroma de aquel hombre. Tenía que sacarlo de su cabeza, o largarse sería más duro.
-Lo siento, es que... no puedo ver nada... y tú... Debes buscar a Marion, ella debe estar explorando el pueblo. ¿Es de noche, verdad? El aire no es sofocante a estas horas...
-Creo que sí, aunque las ventanas estan cerradas. ¿Qué le ha pasado a tus ojos, Elliott?
-Han pasado muchos años y el sol ha hecho su trabajo, simplemente. Debes ir a buscarla -Y así podré irme. Por favor sal de mi presencia. Ya- . Marion debe haber tapiado las ventanas.
Fue hacia estas, caminando derecho hacia ellas, lo que le valió un golpe en la rodilla.
-Yo te ayudaré -dijo Perry, aproximándose.
-No. No, llevo años de práctica, estoy bien,... Perry...
Palpó las ventanas, mientras Perry muy probablemente le observaba en su torpeza. Se sintió sonrojar, malgastando la energía que le quedaba. Sacó el pestillo de las tapas de madera y las abrió, dejando la luz de las estrellas entrar. Sin embargo, lo que él sintió fue el aire renovarse, quitando el aroma de la lavanda de su nariz. Puso los trozos de madera en la parte inferior, para que no volviesen a cerrarse y se quedó parado de espaldas a la ventana, con algo de ansiedad abrumándolo.
-¿Dónde estamos? -preguntó Perry.
-Al sur de Francia.
-Eso no es muy preciso -dijo el vampiro, sentándose en la cama.
Sintió el crujir de esta, y como si Perry hubiera presionado un punto sensible, sintió algo empezar a macerarse cálidamente en su interior. La ansiedad acumulada durante años había despertar ahora, y no era apropiado.
-Luces muy sano, a pesar de la ceguera -dijo Perry- . ¿No te has aburrido por tanto tiempo solo?
-No he estado solo. Hay aldeanos. Y me encargo de la limpieza de la Iglesia, por lo que a veces hablo con el sacerdote y con...
¿A quién engañaba? La incomodidad que sentía ahora mismo se debía en gran medida a la falta de conversación. Y su voz tartamudeaba un poco, dificultando su fluidez. Sin embargo, recordaba a la perfección cómo besar los labios de Perry.
-He estado bien. No es aburrido aquí.
-Me alegra.
Oyó la cama crujir otra vez, y le sintió pasar a su izquierda. Abrió la puerta de la cabaña y se asomó afuera. Elliott le siguió, dejándose empujar, y se detuvo a un paso de él, detrás suyo.
-Se ve algo solitario. Creo que iré en busca de Marion. Podría pasarle algo.
Elliott asintió. Le oyó alejarse y sus pasos luego se apagaron por completo. La oscuridad fue un poco más intensa dentro de sus ojos, y regresó adentro para cargar sus pocas posesiones.

Elliott no tardó en hacer lo que había prometido. Perry no dio más de cinco pasos antes de detenerse para ver qué hacía Elliott, y su apuro por desaparecer fue tangible.
-Mierda... -me oyó mascullar mientras echaba a tientas ropa en una maleta de mano. Luego sacó algo de la mesita de luz, su billetera, la de Perry, y que a pesar del tiempo pasado, seguía en su posesión. Sacó la foto de él, dejando la de Garrett donde mismo, y a pesar de que no podía ver, la echó en el bolsillo de su camisa, mientras su expresión se descomponía.
-Perry... -balbuceó.
Fue un llanto mudo, un tanto perturbador, que dificultó su movimiento mientras Perry se le aproximaba para no hacerlo esperar mucho más.
El agarre fue simple. Perry se sentía demasiado calmo y seguro, después de haber despertado a cuarenta años de siesta conciente. Había sentido el mundo cambiar a su alrededor, había oído las voces de cientos de visitantes llegar a la Iglesia de Sainte-Madeleine, pisando la tierra bajo la cual él descansaba con su esposa. Y había oído a Elliott tararear mientras les cuidaba a él y a Marion, inconciente de que él estaba luchando por hacer responder sus párpados para despertar y verle de nuevo. Pero su cuerpo había despertado cuando había decidido despertar, sin responder a los deseos de la conciencia que aún vivía dentro de este.
-Me gusta oírte tararear -le susurró, oliendo su aroma en su oreja.
Tenía el cabello tan suave como recordaba, y sus manos tan confiadas. Elliott reaccionó al instante en que le tocó, posando las manos sobre las suyas, que le abrazaban del torso, sin resistirse.
Y lo más perturbador fue que se mantuvo en silencio, sólo respondiendo con suspiros, y con la caricia de su dorso en su mejilla derecha. Perry se mantuvo quieto por mucho tiempo, sin desatar nada del desenfreno que Elliott buscaba desatar en él, o el cuidado del que había con Garrett mientras dormía. Algunos prefieren que les traten con suavidad. No te apures cuando le tengas. Sé cariñoso como pocas veces fuiste conmigo. Siento no haber sido cariñoso contigo, Garrett. No te disculpes. Me gustaba tu estilo.
Lo besó detrás de la oreja, y le vio tragar y cerrar la boca brevemente. Le vio encoger los hombros, empezando a perderse en tan sutiles toques. Perry pasó su mano extendida por su torso, sobre su camisa, y se deleitó con el leve estremecimiento que esto le provocó. Sediento, agachó un poco más la cabeza y lo besó en el cuello, haciéndole suspirar. Dejándose llevar por un impulso, le apretó contra sí con los brazos, y ante ese impulso suyo, Elliott se soltó y se volteó para encararlo y robar el beso que había estado reservando en sus labios. Aún en la oscuridad a la que estaba condenado, Elliott supo encontrarle. Se dejó guiar, y pronto se vio siendo sentado en la cama, y besado pausadamente mientras recorría su cuello y su cabello, cogiendo mechones en la nuca con suavidad y pasando sus dedos por sus orejas.
Empezando a sentirse más ansioso, empujó a Elliott hacia sí, y levantó su camisa, sacándola del interior de su pantalón. Elliott dio un suspiro ahogado, y Perry fue a por su tetillas derecha, besando y lamiendo, mientras rozaba con su pelo con su pecho. Elliott se quitó la camisa del todo, respirando agitado, y se inclinó para desaprochar la camisa de Perry, recorriendo su torso con su dedo estirado, hasta dar con el borde su pantalón. Perry le sintió tocar el bulto dentro de la tela, luchando por ser liberado, y escondió el rostro bajo su cuello, un tanto avergonzado.
Sin embargo, Elliott comenzó a desvestirse de la cintura para abajo, sorprendiéndole un poco. Perry cerró los ojos, tratando de no sentirse más excitado, pero pronto el chico lo hizó alzar el mentón para besarle, mientras se sentaba sobre sus piernas, con las piernas desnudas abiertas sobre sus pantalones. Perry, con un gemido brotando entusiasta de su garganta, le sintió ir hasta el fondo en su boca. Le estaba provocando, podía verlo, pero también le tocaba. Le tocaba por todas partes, desesperado, y sólo la unión entre los dos podría convertir en aquella carrera de caricias en algo más satisfactorio. Pero tenía miedo de ir demasiado rápido, de malenteder las señales, de arruinarlo todo.
-¿Quieres...? Elliott...
-Hm. Sí.
Con un impulso, Perry le levantó y le apoyó de espaldas sobre la cama. Elliott le arrastró consigo rodeándolo del cuello con sus brazos, y como pudo, Perry se quitó lo demás que tapaba su desnudez. Elliott, en su ceguera, no vio el símbolo de la vergüenza por su ansiedad mal controlada, pero sí sintió cómo comenzó a humedecerlo, y Perry pudo verlo parpadear rápido, con sus pestañas doradas, casi femeninas, volando de arriba a abajo. Ansioso, Perry quitó sus brazos de sus hombros y en su lugar alzó sus piernas, y se adentró en él con un gemido, brindándole esa sensación que tanto había extrañado. Apretó la mano derecha de Elliott contra las sábanas, y vio su cuello estirado y su rostro poblado por un dolor agudo. Perry se quedó quieto, sintiéndose rodeado de su carne ahora cálida, y le acarició en el rostro y el cabello.
-Elliott... -le susurró cerca de la oreja.
-A-ahh...
Perry se movió levemente, saliendo levemente de su interior. Elliott dio un suspiro, y ante su expresión de disfrute, empujó, sintiendo el roce exquisito. Perry dio un gemido, y soltó las manos del chico para que le tocase. Le sintió tocar sus muslos, bajo sus piernas alzadas sobre sus hombros, en su espalda, hasta que le vio sostenerse de las sábanas para no ser empujado sobre estas, para no caer en el vacío. Pronto Elliott le empujó sobre las sábanas y dejó sobre la cama el recuerdo de esa noche a solas, en un cuarto más grande y glamoroso que ese, y le invitó a apoyarlo sobre el abdomen para acabar en su interior con su boca y su nariz en su cabello, oliendo y besando. Sintió a Elliott estremecerse ante el tacto de sus labios contra su nuca, respirando allí, inmiscuyendo sus dedos y sembrando besos sobre sus hombros. Y tal entrega le llamó a darle muchos más placeres que ese, haciéndolo apoyarse sobre su espalda de nuevo para llenarlo de besos bajo las sábanas blancas. Convirtió sus bocas y sus lenguas en una, como dos llamas de fuego nacidas separadas hasta que son mezcladas convirtiendo en una más fuerte y duradera. Besó los hombros de Elliott, sus codos, sus manos y bajó por su torso para enterrarse en su entrepierna. El joven tembló mientras Perry se apropiaba de su sangre y su ponzoña, estremeciéndose de manera intensa y peligrosa. Le dejó seco, pero luego Perry le dejó tomar algo de su sangre para satisfacerse.
Tener sexo entre vampiros era cosa peligrosa. Persefone había desarrollado los pasos ideales, resguardándolas de una carrera con un final estrepitoso. Marion nunca sufrió de desbordes dentro de su cama, y no los sufriría en el futuro, pero Persefone no le advirtió que no todos pasaban por la misma suerte. La pasión a veces era traicionera, especialmente para ellos.
Cuando Perry volvió a caer en un sueño profundo provoncado por su estado exangüe renovado, Elliott aún quería un poco más para beber. No tenía reservas extra. Se había alimentado de palomas, de feligreses extraviados, y los había secado, haciéndole adicto a dosis mucho más grandes, y la de Perry no era suficiente.
-Debemos ir a por más -le dijo, allí sentado sobre sus piernas.
Pero Perry ya había cerrado los ojos, y Elliott creyó por largos minutos que sólo dormía. Durmió sobre su cuerpo tranquilamente, pero pronto se hizo muy evidente que la diferencia en sus temperaturas no era cosa casual. El amor que sentía por Perry, la pasión satisfecha, le hicieron enderezarse sobre él, empezando a sentir molestia ante la frialdad de su piel, que sólo indicaba sed despierta para él.
-Perry, debes tomar algo -le dijo, tocando su pecho helado.
Le palmeó la mejilla izquierda, esperando a que diera alguna señal, pero su quietud permaneció intacta, y al tocar sus párpados, notó que estos nos se abrían ni siquiera ante el empuje que hizo sobre ellos con sus pulgares para que los abriera. Perry estaba sumido en un profundo sueño.
-Perry... -le susurró, inclinándose sobre él.
Lo besó en los labios, pero este no reaccionó.
-Marion -llamó a la joven- ¡Marion!
Afuera debía ser noche aún, pero la temperatura empezaba a subir en el aire. La joven volvería tarde o temprano.
-¡Marion! ¡MARION! ¡Ayuda! No, Perry... ¡Marion!
Se tocó la boca, notando los rastros de sangre, y fue a por la palangana de agua para limpiarse. Era sangre de segunda mano, pero hasta no le había hecho nada. Si tan sólo pudiera sacarla de su interior, quedar exangüe para estar con él de nuevo.


El valle era un paraíso, y sus túneles le daban el perfecto escondrijo para emergencias. Recorrió cada rincón en una carrera imposible, haciendo uso de esa agilidad de la que Elliott había hablado. Ella sí se daría a la vida que ser vampiro podía proveerle, dejando que Perry permaneciera en esa quietud que le agradaba. Volvería cada amanecer sana y salva a la cabaña y estaría con él por unas horas, antes de que él saliera a hacer su vida como vampiro de día. Sonaba como un buen plan.
Y Persefone. Ella volvería en cualquier momento. Le debía cuarenta años de noches inolvidables, cuarenta paseos por los alrededores, cuarenta caminatas, cuarenta carreras a la montaña más alta y cuarenta bailes al son del valz. Le debía todo eso y no la dejaría escapar de ella jamás.
Al llegar a casa no tuvo el privilegio de la ceguera anterior, no obstante, para poder saltarse el grabar esa imagen horrenda y hermosa a la vez de su cabeza. No había dado la bienvenida al mundo a Perry como había planeado, pero aún así ahí estaba, inmune al tiempo. Guapo y con expresión amable de nuevo. Supo que tendría que esperar unas décadas más, a por él y por Elliott.
Estabas abrazados sobre las sábanas desnudos. Nadie había perturbado esa escena en lo que había pasado de noche. Faltaba una hora para el amanecer, y no pudo evitar odiar al chico que yacía junto a él nuevamente. Pero la expresión de Perry era de felicidad, y no podría deshacerse de una imagen así si era tan cierto el placer del que había sido proveído esa noche. Olía a ponzoña y sangre por toda la habitación, y el deseo de matar a Elliott fue fuerte, como también el de agradecerle. Perry había estado un tiempo llorando a Garrett, mientras ella se alejaba de él con Persefone, incapaz de darle consuelo, pero ahora ese asunto estaba resuelto.
Fue una suerte que encontrase esa nota en el bolsillo de su traje, mientras guardaba todo con un nudo en su garganta.
-”Si algo pasa, no mates a Elliott. Él es mi vida ahora. Pero tú lo eres también, y no podrás tocarle sin arriesgarte a la maldición que recae sobre él desde hace miles de años” -leyó en el mensaje doblado en cuatro en su bolsillo. Alzó la mirada hacia Perry- . Sí, escuché eso mientras dormía y me cargabas en tu espalda. Pero no puedo evitar desear que hubiese un segundo Garrett.
Dobló la ropa y la guardó en los estantes y en el armario, con la idea de lavarles primero. Estuvo fuera de la cabaña pronto, tras vestirlos y acostarlos y cerrar con la llave de Elliott. Se dirigió a la Iglesia, que no había visitado aún. Una vez allí volvió a sacar el mensaje que le había dejado Perry, y admiró su letra de profesor. A la luz más clara de las antorchas de la Iglesia, notó una inscripción débil, y al darlo vuelta vio que había algo más escrito.
-”Persefone dijo que dependemos el uno del otro. Sólo lo sabré cuando te vea de nuevo. De nuevo, si algo me pasa, es probable que beber de tu sangre me salve.”
Marion alzó la vista hacia el sacerdote, único cristiano presente en la Iglesia. Pobre de él.

La pasión mata, pero los vampiros no mueren tan fácilmente. Marion le despertó en el interior de la Iglesia, consagrándolo a rechazar para siempre su fobia hacia las cruces. Y funcionó.
El rostro de Marion fue lo primero que vio, pero fueron sus ojos achocolatados los que lo trajeron del todo a la vida de nuevo. La joven había leído el mensaje que había dejado para ella en su bolsillo.
-Ese mensaje fue escrito hace cuarenta años.
-Fue un poco arriesgado dejarlo en tu bolsillo. El tiempo podría haberlo desecho -le susurró Marion, sosteniéndolo sobre su falda, ahí en el cuartito al que se llegaba por la escalera del piedra desde la nave principal. A su alrededor, cientos de pergaminos acumulados por años sólo les habían dejado un espacio muy reducido donde descansar, y Marion, mareada a causa de la pérdida rápida de sangre, dio la bienvenida a Perry al mundo, haciéndole sentir un renovado cariño materal que sólo había sentido por Maude, su prima. Se preguntó por cómo había sido su vida.
-Tomaré más precauciones la próxima vez.
Marion asintió con la cabeza.
-Elliott... -dijo el vampiro.
-Elliott está en la cabaña. Está bien, pero él no pudo esperar y...
Perry se levantó de improviso, y se sostuvo de los estantes con firmeza, haciendo que los pergaminos cayeran levantando polvo. Marion tragó, viéndolo tan abrumado por la aflicción.
-Maldición...
-¿Te encuentras bien? ¿No estás mareado?
-No -dijo, volteándose hacia ella- . Tendremos que enterrarlo como hicieron con nosotros.
-Lo siento, Perry.
Se sentó en una silla bajo la ventanilla en lo alto de la pared, y que dejaba entrar algo de luz del exterior. Sus rizos adornaban su frente, liberados, enmarcando los ojos amables y tristes que Marion tanto se había acostumbrado a ver en su rostro desde que Garrett se había ido. Era como si hubiese pasado de nuevo. Ni Garrett ni Elliott habían sabido esperar por él, mientras Marion seguía allí, imbatible.
-¿Cómo supiste que mi sangre te salvaría? -preguntó la joven, distrayéndolo.
Fue un alivio.
-Todo lo que decía Persefone y que sólo compartía conmigo, servía -dijo- . Entre todo lo que me dijo, hubo un detalle que me permitió saber que eres, junto con ella, la persona más resistente del mundo.
Le sonrió, ante la confusión de Marion.
-¿Por qué? -preguntó.
Sus ojos se veían tan vivos ahora que lucían como los de una humana. Cuidaría esos ojos con su vida. Por ello, se levantó de la silla, tratando de imponerse a sus tribulaciones, y besó su párpado izquierdo.
-Te lo explicaré en otra ocasión -le dijo.
-¿No prefieres ser precavido? Esta información podría salvarme -dijo la joven, mirándolo atenta.
-Sí, pero yo puedo salvarte -le susurró. La abrazó contra sí- . Te debo cuarenta años de sueño, Marion.
-Puedes pagarme esos cuarenta años en breve, si lo deseas. Tendré que entretenerte mucho hasta que Elliott despierte nuevamente.
Perry sonrió amargamente. Su optimismo era enriquecedor.
-Dime qué deseas que haga por ti y lo haré -le dijo, soltándola. Ella reaccionó a esto con la inmunidad de siempre, como si un abrazo fuese cosa común entre ellos. Y lo convertiría en algo común, de ahora en adelante, ya que necesitaría de sus cariños para apartarse de los pensamientos negativos.
-Primero, quiero jugar a las cartas -dijo Marion, sacando de su bolsillo una baraja francesa. Perry frunció el ceño- . Quedan seis horas de sol -indicó la ventanilla del cuartito- . Y segundo... quiero que nos establezcamos aquí, pero en una cabaña más decente.
-Casa, querrás decir -dijo Perry, poniendo las manos en las caderas.
-Sí. Si esperaremos a Elliott por cuarenta años, o veinte si nos atenemos a la regla de la edad, debemos hacerlo decentemente.
-De acuerdo -dijo Perry, sonriendo. Marion le dio un cariñoso coscorrón en el hombro.
Luego se sentaron en el suelo y sacaron la baraja española que Marion había encontrado entre los pergaminos. Y como si fuese humano otra vez, Perry sintió algo cálido en su pecho volviendo a florecer.
Quizá sí que había cambiado algo en esos cuarenta compartiendo ataud con Marion, y le parecía la experiencia más romántica posible. Sin embargo, la relación seguía siendo la misma: una de perfecta amistad con el amor de su vida.








¿Qué es la Unanimidad?

Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.

Buscar este blog

Entrada apasionada

Chile ya no es un país

Nunca pensé que entraría a este blog de nuevo. Después de la decepción que dejó Sherlock en mi vida , con esa última temporada, están pasan...