martes, 11 de agosto de 2015

"Libertar la Oscuridad": Capítulo 26

(Aaniki: para leer los capítulos anteriores, entra a este LINK)

Fue a sentarse en lo alto del techo de la casa. Desde allí Paris lucía lleno de luciérnagas eléctricas, pero tanta belleza no pudo desconcentrarlo de su propia vida.
Pasaba por aquellas crisis cada cien años. Siempre aparecía algún detonante, como una plaga que afectaba una ciudad cada cien años para mantener la población balanceada. Para mantenerlos asustados. Ese Dios que Jude quería tanto, aparentemente no podía permitirse el dejar a sus criaturas vivir en la felicidad y tranquilidad por mucho tiempo. Debía hacerlas reevaluar sus vidas, reevaluar sus errores, para que estos mismos errores cometidos los torturaran hasta la muerte, provocándoles la enfermedad que los matara.
Pero la diferencia era que él no moriría. Estaba destinado a sufrir de las regulares llegadas de esas crisis que acababan por dejarlo en estados intertes de indiferencia extrema, en los que ni siquiera le nacía la sed de sangre. Llevaba demasiado tiempo bebiendo se ese rocío humano para extrañarlo cuando no lo tenía. Sólo seguía bebiendo por inercia, como un alcohólico que toma cerveza aunque ya no le agrade.
Perry no sufriría de esas crisis horribles hasta mucho tiempo más. La ausencia de desmotivación por la vida estaba en él muy débil, convirtiéndole en una buena opción de Compañero. Por supuesto, ya había acordado con Jude no tomarlo de Compañero aunque la posibilidad se presentase. Y sin embargo, Perry le había ofrecido a Marion, desafiando sus propias suposiciones. Si le quería ceder a Marion, ¿Por qué, entonces no se ofrecía a él mismo, aunque la Institución del Compañerismo fuera un mito ya? Igual valía que fuera uno u otro, estarían los tres juntos de todos modos.
Jude salió de la casa a eso de las tres, salido de su aturdimiento de la anterior pelea. Elliott le vio caminar diez pasos hacia adelante, pisando la calle por la que de tanto en tanto pasaban carrozas, y le vio mirar en dirección a la casa. Al techo.
-¡Ven aquí, Elliott! -lo llamó con mirada culpable.
Pensó que le odiaría, pero Jude desafió como Perry sus expectativas, y eso lo asustó, advirtiéndole sobre Jude. Había vivido esa situación muchas veces, y Jude siempre se transformaba en un perro fiel después de eso. Sin embargo, en las peleas que habían tenido, nunca había intentado matarlo.
Bajó del techo por la escalera del lado, y miró a ambos lados de la calle, cuidando que no hubiese curiosos.
-¿Qué sucede?
-Te invitó una copa. Tenemos que arreglar lo que ha pasado antes de partir.
-¿O interferirá en tus planes? -le preguntó, manteniéndose lejos.
-Sí -dijo, mirando a otro lado, evidentemente avergonzado- . No volveré a atacarlo, lo prometo.
Dio un paso hacia él. Elliott dio uno hacia atrás, y la mirada de Jude se suavizó.
-No me tengas miedo.
Elliott tragó.
-Pero debes... debes tener en cuenta que nunca le acepté como Compañero. Sólo matas a aquellos que llegan a serlo, no aquellos que se ofrecen. Te saliste del guión esta vez y eso no está bien.
Jude tragó.
-Esta vez es diferente. Veo algo diferente: te interesa Perry Whitmore de alguna forma.
-No me interesa. Sólo creo que es una buena persona. Iré... contigo a Languedoc, ¿de acuerdo?
Jude sonrió triunfante.
-Sólo evita... intentar matarme en el futuro -dijo, entonces.
-Si está en peligro mi vida por causa tuya, por supuesto que podría matarte -dijo Elliott.
-Eso es justo -dijo Jude, alzando las cejas.
Se volteó hacia la puerta de entrada, y Elliott le siguió, con las manos temblando de miedo. Temía que esta vez todo fuera un teatro y no una disculpa de verdad. Jude podía ser peligroso de verdad.
-Este está fresco -dijo Jude, sacando una botella del armario de la sala de estar de Persefone. La vampireza no estaba por ningún lado- . Es una ironía, ¿no? El vino, mientras más viejo, es mejor. La sangre no.
-No es una ironía. El vino y la sangre no tienen nada que ver entre sí.
-Oh, yo creo que sí. Tienen mucho que ver -dijo Jude, pasándole su vaso.
-¿Cómo? -dijo Elliott. Se tomó el centímetro de contenido de una vez. Ya fuera de la botella, la sangre comenzaba a coagular inmediatamente.

Perry cerró la puerta de la habitación donde él y Marion dormirían con llave. Tras dejar Jude el salón, Perry había dejado el mobiliario como estaba, si bien un jarrón de una mesa de esquina se había quebrado con el impacto de la mesa contra una pared lateral. La vibración había sido suficiente para que la porcelana cayese tras un titubeo sobre la mesa.
Persefone no se asomó en ningún momento, pero había visto a Philip mirar desde lo alto de una de las escaleras del ala sur de la casa, cuando Perry salió del salón con el cabello desordenado. No hizo preguntas, pero Perry le consultó por Persefone.
-Ha salido de cacería.
Perry asintió, y fue directo al cuarto de Marion.
La joven ya dormía en su cama. Se había puesto un camisón que había encontrado bajo la almohada. Perry, tenso aún, se quitó los zapatos y se quitó los suspensores, y de ese modo se refugió bajo las sábanas, abrazando la cintura de su esposa. Esta dio un quejido en sueños, y se acomodó quedando un poco boca arriba. Perry respiró contra su cuello, sintiendo algo más de seguridad allí, y olió el perfume que le recordaba a Bristol, porque allí había sido donde primero lo había olido.
Deseó por un momento que nunca hubiesen ido de viaje a Londres, que nunca hubiesen ido tras Garrett, quien ahora yacía en la tumba por razones que no terminaba de comprender.


Dormir en una cama hizo la diferencia. Después de la copa que Jude le ofreció, se fue directo a la cama. La copa era sangre pura, sacada de un bebé hace dos días por Philip. Un bebé que estaba destinado a una muerte cruel, y la pureza de su composición le permitió tener una noche tranquila llena de satisfaciones. No hubo nada del torrente de emociones adultas que muchas veces sentía al tomar una copa entera de sangre, sino paz, la paz que sólo los niños tienen.
El libreto de Sueño de una Noche de Verano se encontraba en la mesa de luz de su cuarto cuando abrió los ojos. Le habían sido asignado el papel de Puck, y la versión contenida en esas páginas era la de una versión hecha a principios de ese siglo, con la cercanía entre Oberon y Puck más implícita, fiel a lo que Shakespeare hubiera querido. El beso de un Rey que arma caballero a un fiel vasallo estaba allí. Leyó la indicación en una página del Acto II, mientras estaba sobre el techo de la casa. Desde allí tenía la vista de las carrozas que pasaban frente a la casona, brindando de vida a la ciudad. Más allá, la esquelética construcción de una torre se erigía casi terminada. Desde la vereda no había podido verla, y ahora en la techumbre, si bien miró el paisaje frente a él, fue incapaz de apreciar su belleza. Quería romper ese libreto.
En la cena de ese día -Persefone gustaba de los rituales humanos, si bien no los necesitaban- , la dueña del caserón les habló de su intención de tener la obra lista para ser presentada ese Sábado, como le había mencionado a él. Elliott, quien se había pasado el tiempo en el techo, bebió su media copa demasiado rápido, con la intención de no decir palabra al respecto, pero estuvo todo el tiempo con la vista fija en Perry, quien lucía lisa y llanamente como si nada hubiese pasado antenoche. Y el libreto tampoco parecía perturbarle.
-Será presentada en un teatro clandestino. Asistirá la sociedad de vampiros más preciada de París, por lo que espero sean educados. Quiero que se comporten como unos caballeros. Y como una dama -añadió, mirando a Marion- . La ventaja que tenemos en esto es que esta sociedad es una bastante liberal. Estos vampiros no son amigos de las reglas que Jude ha implantado en la comunidad de Northampton, pero son civilizados, por lo que gustan de buenos ambientes. No les hacen falta las reglas para comportarse.
Jude la miró con una media sonrisa. Persefone pareció esperar a que dijese algo, pero el hombre permaneció callado.
-Confío en que puedan aprenderse el texto en una semana. Si algo poseemos los vampiros, es buena memoria, la cual los vuelve locos algunas veces, por lo que si practican se darán cuenta de que pueden hacerlo. ¿Estás de acuerdo, Elliott? Según Jude me dijo, nunca has participado de una obra teatral.
Elliott miró a Jude con cautela. Este tenía la fría mirada fija en Perry. Elliott sintió un escalofrío.
-Jude no ha ensayado conmigo, por lo que no se puede confiar en su testimonio sobre mí -dijo el joven, para llamar su atención. Sin embargo, Jude no quitó su mirada envenenada de Perry- . Sí he estado en una obra de teatro, en Novena Noche, hace... doscientos años en Venecia. No se permitían mujeres vampiro en las representaciones y fui seleccionado para interpretar a Olivia.
-¿Pertenecías a algún grupo de teatro?
-No. Era una comunidad de vampiros en Venecia. Vivíamos cuarenta de nosotros hacinados en una casa junto al canal. No era muy agradable. Me eligieron porque era el más joven del grupo. Podría haber sido Viola, pero no tenía experiencia en las tablas y no consideraron que pudiera llevar a cabo la tarea.
-Vas a ser un Puck maravilloso, te lo aseguro. Tienes una expresión de dramatismo sumamente atractiva.
-Pero Puck es un inmaduro -dijo Elliott- . Comete error tras error, y es un perro faldero que...
-Es un amigo fiel del Rey de las Hadas.
-Y mientras se entretiene haciéndose cargo de los affairs de otros deja a su esposa botada después de discutir con ella para andar de rosa en rosa con este Puck creando lazos amorosos entre otros que no tienen nada que ver con él. ¿Por qué le interesan los intereses amorosos de otros?
-Porque se compadece de ellos -dijo Perry.
-¿Quién será Bottom? -preguntó Marion a Persefone- Seré Titania. Esperaba que Bottom fuera...
-Será Jude. Creo que será el más indicado para usar las orejas de burro.
-Esto será muy divertido -dijo Jude- . No pensé que me incluirías en esto. ¿Estás falta de participantes?
-No, pero es una buena manera de encantar a los nuevos huéspedes con París. La sociedad parisina es mucho más divertida que la de Languedoc.
Jude la fulminó con la mirada, notando la indirecta. Elliott siguió inquieto en su asiento, sumido en las tribulaciones que aquello le estaba significando.
-Persefone -dijo Perry, entonces.
Elliott suplicó que interviniera.
-Ya sé que me dirás. No hay posibilidad -dijo la vampireza- . Las obras siempre se han hecho así en el teatro clandestino. ¿Cómo eran actuadas en las representaciones en que participaste en Bristol? ¿Son más conservadoras?
-Cualquier reino es más conservador que el francés -dijo Perry- , pero esperaba que no tuviera que hacerse de esta forma. No hay pista en la obra de que Oberon y Puck deban...
-Se sugiere gran intimidad entre ellos. Espero puedan ser capaces de hacerlo. Es sólo un segundo sin importancia que da cuenta del buen ánimo de Oberon al hacer travesuras por despecho a Titania. Los esposos eran dos traviesos, al fin y al cabo.
Perry tragó, visiblemente incómodo. Se terminó su copa de sangre y entonces Elliott le vio mirar hacia él, y él no pudo más que contestarle con una mirada defensiva. Probablemente le culpaba por no haber intervenido al respecto.
-Esta obra será un éxito, ya verán que sí -dijo Persefone, entusiasmada- . Ahora, la noche ha llegado. Marion practicará sus líneas conmigo mientras paseamos por París. Me han dicho que vale la pena ver la torre que están construyendo para la Exposición Internacional. Marion adivinará la altura en un santiamén.
Perry sonrió.
-Iré con ustedes.
-¿No tienes prácticas que hacer? -dijo Persefone.
Perry asintió, mirándola con atención.
-Cuida de ella -le dijo en tono de exigencia. Persefone ni se inmutó.
Tomó a Marion del brazo y se la llevó fuera del comedor. Elliott vio a Perry mirarlas con cierta inquietud.
-Vamos a ensayar esas líneas -le dijo a Elliott, visiblemente atribulado por ver a su esposa irse.
Jude se levantó de la silla, alertando a Perry.
-No quiero discutir, Jude. Sólo es una maldita obra.
-No hay problema. Ayer yo y Elliott arreglamos las cosas. Me seguirá hasta Languedoc.
Perry endureció la mirada. Elliott bajó la mirada, un poco avergonzado por haber dado el brazo a torcer, después de que Perry provocase la furia de Jude tratando de ahorrarle a él el permanecer con Jude por tiempo indefinido. Sólo había querido ayudarlo.
-Iré en busca de Philip -dijo Jude- . Claramente ya se han formado los duos en esta casa.
Jude se largó, dejando el cuarto en tensión.

Perry y Elliott fueron a la Biblioteca a ensayar. Allí había silencio, pero también una vitrola. Perry puso la música, ante la confusión de Elliott ante la calma interrumpida. Se suponía que eso requería de concentración.
-Ensayaremos los primeros dos actos -dijo Perry cortantemente. Dejó el libreto junto a la vitrola, con sus ojos vagando a su alrededor. Estaba enfadado.
-Es demasiado -dijo Elliott, aturdido y evaluando el grosor de aquel guión escrito a mano. Parecía estar a punto de hacerse pedazos a fuerza del uso- . Olivia no decía mucho. Puck dice párrafos de texto enteros.
-Ya escuchaste a Persefone -dijo Perry, sentándose en un sillón de frente a las estanterías llenas- . Los vampiros tenemos buena memoria.
Elliott vio su codo apoyado en el posabraso. El resto de él quedaba tapado por el musculoso respaldo del sillón. Al asomarse un poco, le vio la mano sosteniéndose su frente. Tenía que hacerlo olvidar Languedoc de alguna forma. No le gustaba que estuviese enojado con él.
-No le has dicho a Switz que ese hombre está muerto -dijo, al recordarlo- . Dijiste que ella lo conoció. ¿Eso es lo que te... aproblema?
Le oyó dar un suspiro apesadumbrado.
-”Hacia donde vagáis ahora, señor...”, dilo tú -comenzó a decir.
Elliott miró su libreto, pasmado. Recordaba esas líneas. Buscó desesperado la escena, pero en todo el primer acto no vio más que los nombres de Hermia, Lisandro, Demetrio y todos los demás inútiles. Sólo en el Acto II dio con el nombre de Oberon.
Volvió a mirar su brazo asomado. Perry no tenía ganas de hablar.
Cuando revisó el diálogo, vio que Puck era el primero en hablar. Caminó hacia el sillón para poder hablarle a Perry de frente, y pudo ver su expresión mezcla de frustración y tristeza, impenetrable como nunca. Leyó su diálogo:
-“¿Hacia donde vagáis ahora, señor espíritu?”
-”Sobre la colina, sobre el llano, entre la maleza, entré los matorrales...” -recitó él sin expresión, para luego parar en seco al verle delante del sillón- Vuelve atrás.
-¿Eh?
-Tras el sillón -dijo.
Comenzaba a sonar muy autoritario y Elliott tenía más edad que él. Pero decidió hablar con amabilidad al tener en cuenta su reciente pérdida.
-Pero durante la obra debemos mirarnos o no funcionará.
-¿Quién te dijo eso?
-Así acostumbrábamos hacer en Venecia. Siempre leíamos el texto todos juntos, mirándonos a la cara. Luego nos aprendíamos las líneas solos.
-¿Quieres un método para practicar esto?
-Sí. Sólo así podré... ser totalmente eficiente en lo que Persefone desea que hagamos.
Perry le miró fijamente, con un escepticismo casi insultante. Elliott frunció el ceño.
-Elliott -dijo- , tendré que besarte en la obra. ¿Estamos de acuerdo en que eso no pasará?
Eso lo tomó por sorpresa. Esperaba que no tocase ese tema de nuevo, ya que había quedado finiquitado. Quería todo menos hablar de ello, puesto que lo perturbaba.
-¿Qué? -preguntó, aturdido.
-No vine a París a actuar en un teatro. De hecho, nada podría interesarme menos. Así que no te pongas a evaluar cuál método de ensayo es mejor o no. Le daremos el gusto a Persefone para que así Marion y yo podamos quedarnos y le saque a Jude de encima de una vez, pero no iré tan lejos por ello. No voy a besarte.
Para sacarle a Marion a Jude de encima. Eso era lo que le preocupaba. Jude le había amenazado con quedarse con Marion. Él no estaba en discusión ya. Perry se había rendido de apartarlo de Jude.
-Yo no... -comenzó a decir- yo no iba a hacerlo de todos modos. Iba a pretenderlo.
-De acuerdo -dijo Perry.
Parecía harto de todo. Tenía ese rostro de quien no tiene interés en nada, y eso lo perturbó un poco. En el viaje hacia Londres se había comportado de un modo muy diferente.
Le vio apoyarse contra el respaldo del sillón. Elliott se ubicó donde estaba antes, detrás, donde no pudiera ver su rostro. Lo último que vio fueron sus ojos vacíos perdiéndose ensimismados a una velocidad extraña.

Elliott había estado silencioso en casa de Persefone. El poco interés de la vampireza por él lo había mantenido aparte de las grandes conversaciones que se habían sucedido desde la mañana hasta esa cena tardía, en una casa donde aparentemente nadie dormía muy a menudo, excepto ella y Perry. Ayer habían dormido durante la noche, confiados ante el hecho de que en esa casa había suficientes reservas de sangre para varios meses.
-De todos modos, debemos cazar sangre más fresca de vez en cuando. Ayer salí a buscar a algún suicida junto al río. Siempre los hay en los puentes, esperando a que una mano benigna los ayude a completar el paso final.
Estaban en el Pont d'léna, al noroeste de la Torre Eiffel que habían ido a conocer. A esas horas aún había trabajadores, apurados porque para mitades de Marzo estuviera listo. Marion podía oírlos, dando golpes a la estructura arriba, al medio y abajo. Gracias a estos sonidos, Marion adivinó la altura de aquella compleja estructura metálica. Estos estaban revisando los últimos detalles de la punta, pero ya de ese modo a Marion le pareció extraordinario.
-El falo definitivo -dijo Persefone, con la mano en la espalda de Marion, para guiarla- . Prefiero esto, nunca me gustaron los obeliscos.
Marion rió por lo bajo.
-Aquí tengo un modelo en papel -dijo Persefone, sacando una tarjeta larga de su bolsito de mano.
Marion, emocionada, sintió que le quitaba el guante de salida y guiaba su mano hasta la tarjeta. Silenciosa, sintió el contacto de una estructura recortada en papel grueso. La estructura tenía tres de sus caras, la delantera y las laterales, y se desplegaba cuando la carta se abría.
-Lo compré en una exposición muy exclusiva hace dos meses. Conseguí uno de estos modelos cuando la Torre aún no estaba terminaba. Se supone que se venderán durante la Exposición Universal a finales de Marzo, pero no pude aguantarme.
-Es una Torre Asombrosa.
-Por supuesto la estructura metálica es mucho más detallada que esto. Me gustaría que pudieras verla. Sólo puedo darte el consuelo de que yo nunca podré verla de día, al igual que tú. No la podré ver en su esplendor.
Marion movió la cabeza en dirección a ella, para escucharla mejor. Su perfume era suave, lo que escondía un cuidado constante. Finalmente logró que la mujer la cogiera de la mano para que siguieran caminando por el puente.
-En cuanto a la Exposición, creo que puedo llamar a algunos contactos para que nos dejen entrar de noche. Tengo algunos conocidos influyentes en París, pero ninguno tan encantador como el que tiene acceso directo al Moulin Rouge. ¿Quieres ir allí? Faltan horas para que cierren.
-¿Al Moulin Rouge? Pero... ese sitio es para hombres.
Perry le había prometido llevarla. No quería romper la promesa, si bien había sido él quien la había hecho.
-Es para nosotras, señorita Swerzvelder -dijo Persefone, colocándose delante de ella y tomándole ambas manos íntimamente. No le había devuelto el guante y el de ella rosaba su mano desnuda. Sintió un escalofrío. Perry podría besar esa mano al desnudo y no sentiría absolutamente nada- . Es para nosotras. Yo también tengo ojos, y usted tiene piel. Deje a su piel sentir, señorita Swerzvelder.
Marion asintió, y se dejó guiar hacia el Moulin Rouge, en un laberinto de calles que sus pies no alcanzaron a memorizar.

Abrió el estante envidriado con los licores con naturalidad. Una copa para la noche no le haría daño. Había estado años sirviéndose sólo una cada una semana, a veces más, pero allí había abundancia. No obstante, esta vez no era ese su cometido principal.
Después de abrir esa botella, introdujo los polvos para el sueño eterno. Cual cuento de Perrault, alguien más tendría que despertar a quien debía tomarlo de ese sueño, y ese alguien sería él. Dejó la botella en un estante más alto, para asegurarse de que nadie más lo tomara. Si alguien cometía el error de abrir esa botella y beberla, habría más bellos durmientes en la casa, abriendo la puerta para que los vampiros fueran descubiertos al mundo cuando la casa fuera requisada.

Persefone sabía lo que ocurría cuando tomaba su mano. Por eso la había llevado al Moulin Rouge. Luego de tantos siglos observando el comportamiento humano, aquella vampireza madura ya había sabido desentrañar los comportamientos, los verdaderos secretos tras las máscaras que todos usaban.
Sin embargo, tenía el presentimiento que el estar ciega había vuelto su rostro más transparente, en un intento inconciente por transmitir las emociones correctas a través de ese rostro cuyo reflejo ya no podía ver, sólo sentir.
Había olor a licor y perfume. El calor del lugar permitió la percepción de miles de cuerpos firmemente abotonados de algodón, y corsés apretados deformando torsos. Persefone la llevó de la mano a través de la multitud, y en el primer pasillo lleno de perfumes y el sonido leve de las lámparas de acéite, que Marion había aprendido a identificar, sintió el roce de decenas de manos en el camino, en el rostro, en el cuello cubierto con aquel traje de hombre joven, manos que quizá lo confundieron por el compañero de la señorita a la que acompañaba, a la vampireza cuyo rostro no conocía.
-Esta sección es para las dos. Creen que eres un chico -dijo la vampireza- . Prepárate para algunos manoseos.
-Se darán cuenta de lo que soy.
-No sea pesimista, señorita Swerzvelder.
Ese calor reflejaba el rojo del que estaba adornada cada salón. Tras pasar por el glorioso salón principal, donde un número especial de la bailarina más deseada del lugar era acompañada en el Cancan, Marion y Persefone fueron guiadas hacia las salas privadas, donde mujeres bailaban encima de conchas gigantes recubiertas de terciopelo, a pies descalzos y bustos desnudos. Marion fue sentada en una silla frente a una concha de terciopelo morado.
-Quiero que le des algo especial -dijo Persefone en francés a la bailarina que de seguro estaría frente a Marion- , no un baile. Lo traje directamente a la parte más privada para que lo satisfacieran.
Las mujeres de por sí no nos entra el placer por los ojos, sino... -dijo en inglés. Marion sintió las manos de Persefone en el cabello. Le había quitado el gorro, y ahora quitaba el rodete que mantenía su cabello tomado. Sintió escalofrío cuando sintió la mano de Persefone en la nuca, suave, sutil.
Tragó, sintiendo más calor de lo que la habitación le daba, y sintió un beso de la vampireza en la mejilla, y el latir de un corazón en frente suyo, un corazón vivo. Sintió sed.
-Espere un momento -dijo Persefone.
-Tengo se...
Sintió el roce de los mechones sueltos de la mujer en su frente, y pronto sintió el boquete de una botella en los labios. Vivió un largo trago de sangre.
-Eso es. No dejes que decepcione a Perry Whitmore. Prometí que te haría divertirte.
Marion frunció el ceño. No tuvo tiempo para preguntar al respecto. La sed se había ido y sintió su entrepierna transmitir rayos por todo el cuerpo, suaves todavía. La bailarina se había sentado sobre sus piernas en el momento en que Persefone se hubo ido.
-Con lentitud. Está sensible. Y por ningún motivo le quites la venda.
-Sí, señora.
La sintió rozar con las caderas hacia atrás y hacia adelante sobre sus piel. Tragó, sintiendo un escalofrío exquisito. Estaba más sensible de lo usual. Normalmente le costaba muchísimo llegar a ese nivel de sensibilidad, entre todo el torrente de cambios que habían operado en su vida a partir del momento en que se transformó en vampireza.
Sin embargo, ya no fue la bailarina, a la que trataba de imaginar en vano, la que estuvo en su cabeza. Agnes tomó posesión de su mente pobremente abastecida de lindas imágenes las útimas semanas. A Agnes sí la recordaba, tan perfectamente como recordaba su propia imagen en el espejo, desnuda y a punto de estar con Perry. Agnes se sentaba en sus piernas, dulce, y pasaba los brazos por sus hombros, haciendo un movimiento gentil con sus caderas. Y la miraba penetrante con esos ojos oscuros, abiertos, tan abiertos.
Agnes bajó las manos de los hombros hacia su torso, y el sonido de unas uñas puso uñas a la Agnes de su imaginación. Sin embargo, la imagen sin rostro de alguien más se interpuso. La bailarina, cuando se topó con el pecho de Marion.
La sintió apretar, y Marion dio un quejido, sintiendo una punzada de placer en la ingle hacia abajo.
-¿Qué es esto? -dijo, levantándose.
-Carmine -dijo un hombre- , retour au travail. ¡Carmine!
-Il est une femme, chef.
Marion se levantó. Se arregló la camisa, alterada, y esperó paciente a que Persefone viniera por ella.
-Es una falta de respeto -dijo el jefe- . Dale un beso de despedida.
-Elle est une femme.
-Mil disculpas, señorina -dijo el jefe, yendo y tomando la mano de Marion. Luego llamó a Carmine- . Esto no me lo pierdo. Un bisou, Carmine...
-Yo me voy -dijo Marion- . ¡Persefone!
Dio un paso hacia atrás, y fue a tientas en busca de la vampireza, mientras unas risas se extendían por el salón. Había más gente de la que había percibido.
-Oh, creo que hay parte del negocio que no he explotado -dijo el jefe.
-¡Cela est un péché!
Salió al salón principal en solitario, cambiándose la venda por los lentes oscuros. Persefone no apareció de la nada como había esperado que sucedería para salvarla. Estaba sola entre esa maraña de cuerpo excitados, y sólo el camuflaje de su traje de hombre la estaba protegiendo. Además de eso, caminaba a su suerte, ciega.
-¡Persefone! -llamó.
Alguien la chocó por el lado, estrellándola contra la pared.
-¡Crétin!
Se quedó apoyada contra esa pared, percibiendo las sombras pasar por delante de ella. No había nada que le indicara qué tan cerca estaba de la salida, salida que no lucía nada prometedora. No sabía dónde era más seguro, allí o afuera en las calles.
No obstante, era una vampireza. Había decenas de personas en ese lugar, quizá más de cien, pero ninguna con las habilidades que ella poseía ahora, o que Jude había demostrado. Muchos eran los cuerpos vivos que latían al ritmo normal de la vida, pero nada se comparaba a su agilidad y poder de sanación. Para ella un vaso de sangre había sido suficiente, en cambio para ellos lo era un banquete. Si así estaban las cosas, llegaría a salvo a casa. No iba a rendirse así como así.
Alzó la vista hacia arriba, notando un balcón lleno de gente sobre su cabeza. Pasó hasta que pudo notar el cambio en el sonido al entrar al salón principal, el primero después de haber pasado por el abarrotado vestíbulo lleno de algarabía. Allí el ambiente estaba más despejado que en las salas privadas. La multitud de hombres gritaban en ovación a la mujer que estaría en el escenario. Procuró pasar lejos del barullo, volteando la cabeza de vez en cuando al cuerpo que estaba en el centro de todo, en un espacio despejado de maleantes pervertidos.
-¡La parte de arriba! -gritaba un hombre en francés- ¡No, la otra!
Sintió otro empujón. Se alejó más rápido, empezando a sentir miedo de nuevo.
-¡Está muy tapada! ¡No la Venus de Botticelli, aquella posa inocentemente! ¡La de Tiziano!
Llegó hasta la entrada, de cuyas puertas se sostuvo, para echar una última “mirada” al espectáculo que se estaba llevando allí a cabo.
-¡Marion! -la llamó alguien.
La voz reconocible de Persefone le quitó la tensión. Se abrazó a ella, aliviada a más no poder. Persefone rió por lo bajo.
-Creí que a la bailarina le tomaría más tiempo.
-Se dio cuenta de que era una mujer y se asustó.
-Ven a ver a la bailarina principal. Alguien nos cederá un espacio más adelante para ver.
-Me han estado empujando desde que salí de los salones privados.
-Vamos. Consigámoste un beso de la musa.
Marion rió por lo bajo. Persefone la arrastró hacia un lugar adelante de toda la multitud. Hubieron muchos codazos e insultos, pero la altura y género de Persefone la ayudaron a que le dieran el paso. Todo lo que Marion detestaba de ser mujer, esta vampireza lo usaba a su beneficio. Sintió cierto respeto por ella.
Adelante, Persefone le rodeó la cintura más íntimamente de lo que hubiera supuesto. Los hombres crearon un círculo alrededor, cuidando no toparla ni por accidente, y de pronto se vieron menos malvados, hasta que uno gritó enojado a la bailarina de adelante.
-¡Estamos aburridos de puestas de escena! ¡Vinimos a ver algo de carne!
-¡Qué carnes! ¡Es delgaducha como una niña! ¡Nos han estafado!
Marion imaginó sus reacciones ante ella. No creía tener nada ante lo que ellos pudieran sentir deseo.
-¿Por qué no subes tu al escenaro, cariño? -preguntó un hombre a Persefone.
-Yo. Oh, no, me temo que los decepcionaré.
-No es lo que veo.
-El corsé puede hacer milagros.
-¿Y el muchachito de al lado es tu hijo?
-Dios, no -dijo Persefone- . Es mi amante.
Marion se volteó hacia ella, pasmado. Recibió un sorpresivo beso en los labios. Sintió su lengua danzar sobre su labio superior, tomándolo brevemente entre los suyos.
Vio estrellas.
La llevó de vuelta a la entrada por la que Marion había pretendido salir. Persefone salió rápido de allí con ella como quien se la llevaba el diablo. Algo en ese beso la había alertado, y con la culpabilidad de haber asustado a la chica en aquel salón privado, Marion dejó que la llevase de la mano por la calle, hasta que en una calle más solitaria, la empujó hacia un callejón y continuó lo que había dejado a medias.
Volvió a besarla en los labios, casi superficialmente, pero con pasión contenida. Fue como tomar y soltar de inmediato, dejando espacio para más. Persefone dio un suspiro tras otro, mientras posaba esos besos cortos sobre los suyos ofrecidos en la noche como un cachorro que espera una caricia. Con el mentón alzado, Marion se sintió perdida en esa suavidad, esa candidez que dejaba en el inframundo de su corazón sus más sucios deseos.
Extrañaba besar de esa forma.
-Eres una exquisitez, Marion Swerzvelder.
-¿No me faltan curvas y... el ingrediente exótico? -dijo más en tono de broma.
Persefone rió por lo bajo.
-En ese caso, yo tengo el ingrediente exótico. Era gitana, ¿recuerdas?
Cogió sus labios, y dentro del pequeño e irresistible beso, Persefone dio un suspiro.
-Hace tanto que no había besado a una mujer que había olvidado como se hacía apropiadamente.
Marion separó los labios más de la cuenta, abarcando más de los suyos para contradecir ese pensamiento.
-Hm...
Volvió a apoyar la cabeza en el muro, esbozando una sonrisa que esperó fuera traviesa.
-¿Quién te enseñó eso?
-La bailarina.
Persefone rió por lo bajo, dándole unas palmaditas en la mejilla izquierda.
-Ahora, a lo que nos llamó esta salida. Tengo el libreto conmigo.
-No me agrada actuar.
-Quien sabe, podrías ser un diamante en bruto.
La tomó del codo y la guió hacia casa, con el sonido del papel bailando entre sus dedos. Marion dio un suspiro, recuperándose de aquel intenso intercambio. Persefone apretó su brazo.
-Yo seré Oberon por ahora... -dijo, con cierta picardía- “En mala hora os encuentro a la luz de la luna, orgullosa Titania.”
-”¿Y bien, celoso Oberon? Duende, aléjate de aquí. He renegado de su lecho y su sociedad”. Ha renegado de su lecho. “Renegado”. ¿Lo había hecho antes quizá? Quizá Oberon sólo desea tener a Puck en su lecho.
-Lo vas captando.
-¿Por qué sería Shakespeare tan entrevesado en indicarlo? Quienes hicieron esta versión supieron decir donde estaba implícito el beso. Este subtexto es como una broma muy mala. No me gusta. Hace el amor más difícil.
-¿Crees que Oberon y Puck se aman?
-Creo que podrían, y si lo logran, serán más felices incluso que Titania y Bottom, cuyo amor fue falso. ¿Cómo podría un amor ser falso si hizo tan bien a ambos? ¿Y cómo pudo Bottom rendirse tan pronto a dejar a Titania atrás?
-Quizá extrañaba su origen verdadero. U Oberon puso algo en él que lo hizo momentáneamente el enamorado de Titania, junto con esas orejas.
-Yo no habría renunciado tan rápido. Titania luce como el sueño de todo hombre.
-Y toda mujer.
-Se lleva la vida como un hada perezosa, pero puedo adivinar su experticia en el lecho. Veamos... “Pues entonces debería ser yo tu señora. Pero yo sé cuándo te has deslizado fuera de la tierra de las hadas, y has pasado todo el día sentado en forma de Corino el pastor...”. Oberon es asiduo al mundo de los humanos. ¿Cómo podríamos resolver eso más que dejándolo vivr como ellos?
-Sigue siendo un hada.
-Y esta prosa... -Persefone rió por lo bajo- odio la prosa, me gusta lo realista, con garabatos y dichos típicos...
La calle era silenciosa a esa hora y Marion aprovechó para hacer lo que siempre había querido hacer, tras repetir las palabras de Titania dictadas por Persefone:
-¡Estas palabras no suenen naturales! -gritó al silencio.

-”Ahora ruge el león hambriento y aúlla el lobo a la luna; mientras ronca el cansado labrador, abrumado por su ruda tarea. Ahora arden los tizones abandonados mientras el búho con agudo chillido, hace que el infeliz...”
-Debes recitarlo de modo solemne. Estás dando introducción a una acción, y estás hablando de cómo la noche les da sosiego a las hadas gracias a la...
-... quietud. Son como vampiros, ¿no?
En un suspiro, Perry prosiguió su explicación:
-No es lenguaje monótono el que estás leyendo. No estás leyendo de hecho, o no debieras. Debes hablarlo, expresarlo, y no estás expresando nada.
-¿Cómo...?
-... te sentirías si estuvieras en la situación de Puck? Este es el final, ya todo está bien en la historia, todo está resuelto, y Titania está en la escena, reconciliada con su esposo.
Perry, quien no había parado de pasearse detrás del sillón mientras ensayaban, dijo:
-No tiene sentido. No veo ninguna química entre Titania y Pe... y Oberon. Son como... pizarrones en blanco.
-Es porque los sirvientes siempre pasan más tiempo con los reyes. Los asisten en todo -explicó Perry- . Pero este de aquí es especial. Puck hace lo que quiere, pero aún así es fiel a su señor. Es torpe, testarudo...
-¿Testarudo? Yo le veo sumiso.
-No. Si lo actúas de esa forma será aburrido.
-Pero se debe ser fiel al libreto.
-El libreto son líneas. Debes ponerte en el lugar del primer director. ¿Cómo querría él que la relación de Oberon y Puck fuera expresada? Están en un escenario, piensa, todos los personajes son hombres y cada vez que se encuentran dos personajes hombres, fieles el uno al otro, algo hace que su relación sea ambigua.
-No quiero ambigüedad. Por eso estoy feliz de que el beso quedase afuera.
-Por eso se besan. Le quita ambigüedad y al mismo tiempo resuelve el subtexto. Desde ese beso casual, no queda duda de las intenciones de Oberon para con Titania. Queda claro que el beso no significa nada más que un impulso.
-Has actuado este papel, lo sabías -dijo Elliott, deteniendo su larga caminata de león enjaulado- . Pensé que, dado que en Inglaterra hubo conservadurismo en la representación de la obra, no habrías visto la intención escondida.
-De hecho, la versión que hice con mi grupo de teatro es igual a esta. El beso está explícito en las líneas. De seguro la versión que tenemos aquí es la traducción de la inglesa. Las letras viajan rápido.
Elliott tragó, mirándolo pasmado. Perry esperó, con esperanza de que no le preguntara por el Oberon de ese tiempo.
-¿Cómo decías tú este parlamento?
-No es decir...
-¿Cómo actuabas este parlamento? Este párrafo -dijo colocándose frente a la silla. Indicó la página en la que estaban, ocupada casi en su totalidad por el parlamento de Puck- Recítalo.
Perry aceptó hacerlo.
Su parlamento estuvo lleno de sonrisas. Fue como ver a un niño recitando un poema que había conocido en su anterior vida. Las líneas fluyeron magníficas y naturales, pero solemnes y teatrales, y no obstante sutiles. Perry no exageraba y no sonaba para nada seco en su hablar. Y lucía más gentil de repente.
-Por supuesto, mi aspecto lucía más apropiado en ese tiempo -se excusó, pasándose la mano por la nuca- . Dirán que el aspecto no importa, pero a veces hay que hacer caso a lo superficial. Tú encajas con Puck casi perfectamente.
¿Casi perfectamente? Elliott se sintió ofendido.
-¿Qué es lo que falta? -preguntó.
-Los últimos en hablar son Oberon y Titania...
-No, quiero decir, ¿Qué me diferencia de Puck?
-El cabello dorado te da inocencia. Una inocencia que no es real -dijo Perry, mirándolo al rostro. Elliott sonrió, bajando la cabeza. Perry se levantó del sillón por fin.
-¿Y Oberon?
-Oh, conmigo estamos bien. Quizá un poco más de fuerza estética habría ayudado -dijo Perry.
Elliott le dio la razón. Su postura era demasiado estilizada para Oberon. Había una razón por la que los trajes le quedaban perfectos.
-Tal vez si pintamos sombras en... tu torso cuando te vistan... y colocamos pelo artificial...
-Hm, tengo la sensación de que Persefone ya tiene nuestros trajes listos. Son para este Sábado.
-Oh, es verdad.
-Quiero practicar mis escenas ahora. Creo que buscaré una forma nueva de... interpretarlo. Estoy sin quererlo imitando en mi cabeza el modo en que mi compañero de teatro lo interpretaba.
Se quedó en silencio de repente, pensativo. Fue a tomar su libreto de encima del mueble de biblioteca.
-Ahm... -dijo. Elliott se removió, inquieto. Su voz había temblado- Vamos afuera, necesito aire.
El vampiro asintió. Vio sus ojos un poco rojos de sangre y apartó la mirada, turbado.
-Ahm... si te parece, tengo una idea de donde podemos ir -dijo Elliott- . ¿Te gustan las techumbres?
-No, pero me gustarán.
Subieron al techo de la cosa, donde Elliott había estado por horas durante el día.
-Hay que tener cuidado con las tejas... -dijo Elliott.
-Rayos...
Perry resbaló, cayendo pesadamente sobre unos cuantos. Elliott se volteó a verlo, preocupado.
-Creo que sigo siendo humano en algunas cosas.
-Sólo te falta confianza. Los vampiros somos como gatos. Si pisamos bien, podemos pasar entre un montón de cilindros parados sin botar una solo.
Perry se quedó donde estaba, sin atreverse siquiera a levantarse. Elliott se devolvió y se sentó a un discreto metro de distancia que Perry no dejó de notar.
-¿Qué edad tenías cuando actuaste por primera vez? -le preguntó, con curiosidad.
-Diecisiete -dijo, escueto.
Se volteó a mirar a Elliott, y ante la atención que le daba el vampiro, se extendió en el tema.
-No lo he hecho desde entonces. Será nostálgico pisar un escenario otra vez. Había cierta magia en hacer lo que hacía en ese entonces. Todo era falso, pero nada en mi vida... era tan verdadero como eso. Ponerme en los zapatos de alguien más me hacía sentir como... si estuviera haciendo un bien por alguien.
Perry se volteó hacia él de nuevo, esperando alguna palabra de él. Sin embargo, Elliott quiso seguir escuchándolo.
-Oscar era el mejor de nuestro grupo -dijo- . Él interpretó a Oberon, a Antonio de El Mercader... Fui coprotagonista con él muchas veces. Estuvimos juntos por meses...
En ese punto se silenció a sí mismo, su rostro vuelto en blanco.
-Lo siento.
Elliott no cayó en la cuenta de inmediato.
-Ya no me incomoda -dijo rápido. No supo qué tan cierto era- . ¿Tuviste que besarle en esas representaciones?
Perry asintió con la cabeza. Sin embargo, una cierta melancolía se apoderó de su rostro de nuevo, y se recostó sobre las tejas olvidándose del reflejo humano de caer que se había apoderado de él al subir hasta allí. Se recostó con el cuidado de un gato y las tejas ni siquiera sonaron. Elliott se quedó inmovil, observándolo, y sintiendo su respiración más viva. Sólo cuando sintió el aroma de Perry inmiscuyéndose dentro suyo, supo que su respiración había respondido al deseo de sentir ese aroma en su interior. Era lo que pasaba con el aroma de las flores, la orilla húmeda del río o los pinos después de la lluvia. Su cuerpo respondía al deseo inconciente de hacer esos aromas suyos, dejando que entrar para formar parte de él.
Vio la tragedia suceder allí mismo, al darse cuenta de aquel sentimiento que le corroía. Desde cuándo, no lo sabía, pero sospechaba que el momento exacto tenía que ver con el repetino silencio de Elliott desde hace unos días, el silencio que se apoderaba de él cuando viajaba solo, sin Compañeros, y que él adquirió en una necesidad muda de contemplar la vida de Perry como un espectador.
Se recostó sobre las tejas él mismo, forzándose a dejar de mirarle. Perry permaneció ignorante a sus contemplaciones, y comenzó a recitar el parlamento que había prometido ensayar allí sobre las techumbres. Elliott deseó que parara, al escuchar cada palabra en la voz profunda y placentera de Perry acariciando en forma de ondas los vellos minúsculos y blancos de su cara. Cerró los ojos y sus sentidos se encendieron como almenaras, y mientras hablaba, sólo mientras hablaba, sintió la copa de sangre de la cena consumirse en el calor del placer más simple y humano. Perry era música para sus oídos.





jueves, 6 de agosto de 2015

"Libertar la Oscuridad": Capítulo 25

(Aaniki: para leer los capítulos anteriores, entra a este LINK)

Fueron en carruaje a Paris. Viajaron todo lo que quedaba de oscuridad. Los parajes se sucedieron entre ellos, pero Persefone no dejó de hablar por el resto de la noche, haciendo más y más preguntas a Jude, a quien admiraba en secreto por lo que veía. Perry, por su parte, supo escaquear su interrogación inicial, y se dedicó a observar cómo Elliott rogaba por la atención de ella, probablemente viéndola como posible compañera, ya que Marion ya tenía a alguien de quien serlo.
El carruaje era de asientos de gamuza, probablemente traída de las Américas, y estaba teñida de burdeo. El forrado de las puertas estaba pintado a mano, sin duda de exportación oriental, y las cortinas, por su parte, tenían el mismo color burdeo, pero su material era más sedoso y delgado que el de los asientos. Y el cochero... bueno, el cochero era algo curioso: no era un No Muerto, y sabía perfectamente los horarios de sus amos, ya que cuando dieron las cinco de la mañana según el reloj de Persefone, los caballos aceleraron la marcha. Para ese entonces ya habían entrado a París, y Perry comenzó a ver los faroles que iluminaban la ciudad, más brillantes que cualquiera que hubieran visto.
-Esas son farolas Yablochkov.
-Es asombroso -dijo Marion.
Perry apartó la mirada de la ventana, y buscó con la mirada una reacción parecida en Elliott, pero este no miraba las farolas de esas calles de guijarros, sino a él, lo cual lo dejó helado.
-Me gustan las catedrales. Son generosas con las ciudades en que son construídas. Les da a las vidas de la gente un motor para existir.
Nunca esperó oír un pensamiento de ese tipo de los labios de Elliott. Había esperado que fuese desdeñoso ante tales construcciones de piedra basadas en la superstición de millones.
-Pensé que no las aprobarías. ¿No crees que el dierno invertido en construcciones tan complicadas podrían aprovecharse en construir casas para la gente?
-Pero ellos no harían eso, ¿o sí? -dijo Elliott con una sonrisa resignada.
Elliott finalmente se volteó a mirar por la ventana, y Perry apretó la mano de Marion entre las suyas, imaginando que era la de este. Sentía que por fin Elliott estaba renunciando de su ahínco por ser desagradable, al menos con él.
Llegaron a la casa de Persefone y Philip cuando los faroles ya comenzaban a ser apagados. En ese punto Jude comenzó a tensarse, pero el cochero abrió las puertas rápidamente, mientras los caballos producían espuma por la boca. Marion se preguntó por la dieta de estos dada esa muestra de tan buena salud, y les vio el pelaje sudado pero brilloso.
Perry la arrastró dentro de la casa desesperado una vez que Persefone abrió las puertas dobles. Jude corrió tras ellos, mientras Elliott se quedaba acariciando al caballo, y una vez dentro se detuvieron a descansar, dada la sed que tenían luego de una noche entera de viaje.
-Les daré algo de vino. Parecen famélicos.
-¿También le llama de esa forma, señorita Persefone? -preguntó Jude.
-¿Algún problema?
Entraron a la sala de estar. Perry fue a la entrada a ver qué tanto hacía Elliott, y vio que los caballos se habían calmado bajo su cuidado. Ya no había rastro de cansancio en ellos.
-Ven. Persefone tiene de beber -lo llamó.
-Espera.
-La medida de una botella de litro -le dijo el cochero a Elliott, mirándole con gran agrado.
Era cerveza. El cochero les daba cerveza a los caballos.
-Es para hidratarlos, pero también para que suden -le explicaba al chico- . Bajan las temperaturas y no sudan los suficiente, y la ama les da demasiado de comer.
-Eso es genial. Les da cerveza a los caballos, Perry -le dijo a este.
-Sí, parece genial. Vamos, o no nos dejarán nada.
Adentro, Persefone les servía copas de sangre en una espectacular sala de estar por la que se accedía a través de unas escaleras. Esa parte de la casa, que se encontraba al fondo de todo, parecía haber sido construída con cimientos más hondos que a los que estaban acostumbrados, si bien no habían sido estos ocupados hasta la superficie misma, dejando un espacio de diferencia con el resto de la casa, la cual estaba diseñada con una simetría perfecta desde el amplio hall con escaleras que llevaban al segundo piso, hasta esa sala de estar, la cual era adornada por una complicada chimenea diseñada para atraer la vista de los visitantes, con paneles en bajorrelieve de estilo marcadamente ecléctivo, que hacían referencia a la arquitectura árabe del sur de España con miras hacia el barroco francés. Perry de pronto entendió la pregunta de Persefone, y se sintió a salvo de un posible interés de parte de ella.
-¿La mandó a construír usted?
-Sí. Fue terminada hace un año nada más. Antes de vivir aquí, vivíamos en Palermo, cerca de la catedral católica romana.
-Ahora entiendo el diseño interior de la casa. ¿A qué se debe el amor por la arquitecture árabe? Sé que puede ser un estereotipo, pero no están ustedes en guerra con los árabes?
-No son los árabes, con el Islam. Pero no puedo negar mi gusto por su arquitectura, es algo a lo que no me puedo resistir. ¿Cómo podría si viví por cincuenta años cerca de esa Catedral, pasando todas las noches frente a ella? Philip incluso mandó a poner más iluminaciones en los alrededores, para que yo pudiera disfrutarla por la noche.
Perry le sonrió a Philip, admirado. El hombre le hizo un brindis con la copa, mientras Persefone los clisaba con la mirada.
-¿Llevan como compañeros mucho tiempo? -preguntó Marion, viendo a Jude contemplar los paneles junto a la chimenea, en regular vigilandia de Elliott.
-Cuarenta años, pero tenemos mucha más edad que eso -dijo- . Philip es Escocés, yo no soy de ningún lugar, pero nos encontramos en  Berlín hace casi medio siglo. No obstante, decidimos establecernos aquí.
-¿No es de ningún lugar? -dijo.
-Estaba en una tribu de gitanos cuando fui raptada y convertida. Incluso estaba casada y con un hijo alcanzando la adultez. Pero separarme de todo eso fue casi un regalo. No soportaba a ese viejo bribón que tenía de marido.
Tomó el último sorbo de vino, inmune ante los efectos inmediatos. Perry no vio sus ojos brillar como le sucedía a Marion al inicio de todo aquello. Debía ser como agua para ella, y pudo comprender que no era sólo su seguridad la que se había llevado consigo los años de vida eterna.
-Ningún vampiro tiene más de mil ochocientos años, entonces -dijo Philip- . Temía  nunca conocer al primero.
Le hizo a Jude una inclinación de cabeza, y este respondió al honor haciendo lo mismo.
-Tienes todo el tiempo del mundo para eso -le dijo.
-No aquí en Francia -dijo Persefone, dejando la copa sobre la mesa- . Aquí no hay control, lo cual lo hace más emocionante, pero también más peligroso. La pasión puede matar, y aquí en Paris mata a vampiros por docenas. Si no sabes domarte a ti mismo, puedes matar a quien amas.
-Muchos de nuestros congéneres se funden en riñas cada noche, en algún rincón del país, pero especialmente en París -dijo Philip, mirando a Persefone de reojo- . El lugar más libre de vampiros es el sur.
-Nos dirigimos hacia el sur -dijo Jude. Perry frunció el ceño, habiendo pensado que lo mantendría en secreto- . ¿No quieres cambiar un poco el paisaje y acompañarnos?
Persefone miró a Perry, y este notó de nuevo ese interés sospechado cuando habló con ella por vez primera, en la Iglesia. Comprendió que no había sido una sospecha infundada.
-¿Usted irá también imagino, señor Jean-Pierre?
-Ese es el plan.
-Jude es su guía.
-No. Eloy es su guía -corrigió Jude.
-¿Eloy? -dijo Persefone, genuinamente confundida.
Se había olvidado de él al parecer. Elliott hizo un gesto con la mano desde el frente de la chimenea. Había estado allí todo el tiempo, a pesar de que el fuego podía enceguecerlo más.
Persefone se quedó sorprendida ante lo blanco de sus iris, tras verlo en la Iglesia sólo con las gafas puestas.
-Pero tú creaste al señor Whitmore -dijo Philip, indicando a Jude- . No entiendo el arreglo de ustedes.
-Si el creador está junto al vampiro convertido, lo lógico es que sea su guía, su compañero. ¿No es así con todos?
-No. Contigo no es así el caso, por lo que veo -dijo Jude.
-¿Entonces por qué ceder a Jean-Pierre Whitmore a un vampiro más joven?
-Eloy tiene casi mi edad. Te lo dije en la Iglesia. Y no es compañero de Perry, sólo es su guía.
-Sigue siendo más joven. No alcanzó a desarrollarse por completo, ni siquiera alcanzó a ser todo un hombre. El arreglo no es lógico.
-Eloy no ha tenido Compañero por muchos años, y pretendía cederle a Perry, pero Perry ya tiene a una Compañera.
-A quien aprovechó de convertir también por el bien de convencerme de quedarme con él -explicó Elliott- . Esto se hace en todas partes. Compañeros que roban Compañeros, Compañeros que manipulan para conseguir el favor de aquellos a los que han deseado a su lado, Compañeros que matan a los suyos para cambiar de aires... Sucede todos los días.
-Pero tú y ella no hablan. No los he visto intercambiar más que un “Lo siento” desde que los vi. Has terminado por elegir a Jean-Pierre Whitmore.
-Yo no le he elegido...
Marion se tensó junto a Perry.
-Prácticamente orbitas a su alrededor. ¿Cómo explicas eso?
Elliott tragó, nervioso, y Perry pudo sentir su flujo sanguíneo alterado. Tendría sed más pronto que ellos si no se calmaba. Persefone, después de todo, estaba viendo mal las cosas.
-No orbito a su alrededor, sólo... me entiendo mejor con él. ¿Tienes biblioteca? -preguntó de la nada.
Philip le llevó a la habitación por la que había preguntado. Elliott caminó con paso apurado, evidenciando su interés por escapar de allí. Jude, por su parte, no mostró más que hostilidad ante la mención de esto, y cuando Perry cruzó miradas con él, por un momento pensó que le prendería fuego.
-Podemos ver la casa. Se ve que hay mucho que ver -le dijo a Persefone.
-Por supuesto. Acompáñeme.
Marion se quedó donde estaba, a pesar de la palmadita de Perry en su hombro que indicó que le siguiera. Se limitó a volver la cabeza en su dirección y moverla de derecha a izquierda.
-Marion...
-Ve.
Eso lo confundió, y se habría quedado si no hubiera sido porque Persefone le llamó para que le siguiera el paso. La escena que dejó en la sala de estar fue fría, pero no pudo parecer otra cosa que extraña, a pesar de lo lúgubre que volvía Jude los lugares que pisaba.

En cuanto se hubieron ido, Jude sacó el mapa con el curso trazado por Elliott. Marion le oyó desplegarlo sobre el suelo embaldosado.
-¿Cómo luce la sala estar? -preguntó la joven, sentándose en una silla- Y no me mires con lástima.
-No estoy...
-Apuesto a que sí.
Jude dio un suspiro.
-La chimenea...
-Perry comentó algo sobre un diseño ecléctico. Ellos dos tienen tanto en común, aunque supongo que Persefone sabe estas cosas porque lleva mucho tiempo... caminando por la Tierra. Naturalmente ha aprendido cosas.
-Tú también eres culta en ciertas cosas. ¿Qué sabes que los demás no?
-Sé francés y alemán. Sé bordar, aunque nunca fui muy buena. Sé dibujar y pintar, pero... no soy particularmente creativa en ello. Sé de pintores, supongo... Mi favorito es Toulousse -Lautrec, y esperaba ver un original si venía a París de nuevo, pero...
Tragó, jugueteando con la tela de su pantalón. Jude comprendió que no le interesaba el diseño de la sala de estar, y que lo que le ocurría era un problema de mujeres, y no sabía lidiar con problemas de mujeres. El humor de estas era incomprensible, y si bien Marion Swerzvelder le agradaba, no se sentía capaz de darle ánimos por sí mismo.
Sin embargo, hizo lo que le había visto hacer a Él muchas veces en vida, y que lograba calmar a los necesitados de maneras mágicas, como un vampiro con habilidades para cambiar el humor. Fue donde Marion y le rodeó las manos con las suyas. Sin embargo, no le dijo nada.
-¿Cómo luce el suelo? -preguntó la joven.
-Tiene forma de laberinto.
-Como la Catedral de Amiens. Perry comentó que había un laberinto, y que Eloy se paró en el centro. Claro que ahora le llama Elliott.
-Sí, lo noté -dijo Jude, de malhumor. Le soltó las manos.
Miró el trazo de Elliott. Los tuneles lucían más fáciles de recorrer después del trazo hecho por el chico. Sin embargo, la entrada que había definido estaba al norte de París, y ellos estaban justo en el centro, en la mitad de la extensión del río que cruzaba la ciudad. Pero según el mapa había una entrada a los túneles en el Jardín de Tuileries, ubicado al noreste de la casa. De hecho, uno de los túneles pasaba directamente por debajo de ellos, y se unía con la ruta trazada por Elliott, que los llevaría sin demasiadas curvas hasta Languedoc, al pueblo de Rennes Le Chateau. Sin embargo, en un paso por Clemont-Ferrand había un paso que estaba inundado, según Jude sabía. A Elliott se le había escapado ese detalle.
-Rayos...
-¿Qué ocurre? -dijo Marion, quien había permanecido callada.
-Hay un paso cerrado.
Marion se levantó del sillón, y sin que Jude entendiera porqué, tocó el mapa por el borde, como si el que lo revisara sirviera de algo: no podía verlo.
-¿Con qué trazó Elliott las líneas?
-Carboncillo.
-¿Qué tipo de carboncillo?
-No lo sé. ¿Duro?
-¿Dónde está el paso cerrado? No creo que Elliott haya cometido un error en esto.
-No es imposible que se equivoque, ¿sabes?
-Le dijo a Perry que el trazado no tenía errores. Indícame el paso cerrado.
-¿Qué vas a hacer?
-Algo muy simple.
Jude colocó la mano de Marion en el sector del mapa, y la joven tanteó sobre el papel, trazando un paso que describía una curva hacia la derecha del camino desde el norte.
-Elliott debe conocer un camino alternativo. Lo trazó con el dedo.
-¿Cómo puede quedar rastro de la presión?
Marion le tomó la mano y le hizo presionarla en el lugar. Sin embargo, Jude no tuvo tiempo para tratar de vislumbrar por medio de su tacto el lugar indicado por Marion. Unos calores le vinieron al rostro cuando al inclinarse, la insinuación de busto en el torso de Marion se hizo presente.
Sintió buena parte de la sangre consumida gastarse en ese instante, mientras trataba de convencerse a sí mismo de que aquello no era posible. Después de todo, ¿De qué servía una mujer que tenía tan pocos atributos? Sin embargo, el amago de ellos estaban ahí, dejando espacio para la imaginación. ¿Por eso le parecía eso más atrayente que la obviedad de Persefone? Persefone era asombrosa.
Marion era una sombra pálida al lado de aquella mujer, y sin embargo, un hombre que gustaba de otros hombres como Jean-Pierre, había tocado a aquella criatura casi andrógina cuyo mayor atractivo era ese cabello inacabable.
Les recordó durmiendo abrazados cada día, la forma sumisa en que Marion se dejaba acunar por Perry, lo que no encajaba con el poder que decía merecer como mujer durante el día. Simplemente no tenía sentido si durante las horas de sueño tomaba el rol que la naturaleza le había dado: el de la quien es protegida, y no de la que protege.
Mientras pensaba en esto, imaginó a Elliott debatiéndole aquello en su idealización de las mujeres, para luego contradecirse por su idealización de Perry, un hombre.
¿Qué había llevado a Elliott a decir que se entendía mejor con él? Le conocía hace muy poco tiempo, ¿o es que secretos habían sido confidenciados durante esas tres semanas de soledad conjunta? Tal vez si le decía lo que Perry solía hacer con otros hombres, cambiaría de opinión.

Elliott leyó en la biblioteca todo el día. Podía oír el ruido de la ciudad por la ventana, pero permaneció dentro de la casa, conciente de que Perry estaba en algún lugar siendo seducido en vano por Persefone. Sin embargo, a eso de las tres de la tarde, cuando ya sentía la boca seca, la vampireza se presentó en el lugar con la expresión de quien ha sido la protagonista de una epopeya.
-¿Qué lees?
-”El Mercader de Venecia”.
-Oh, la colección de Shakespeare. Esa edición es de mil ochocientos setenta.
Elliott miró la fecha de publicación.
-Pero apuesto a que tú fuiste a ver una obra en vivo.
El joven vampiro la miró con cierta timidez. Era una mujer bellísima, y explotaba sus atributos sin tapujos.
-Una vez en Italia vi “Romeo y Julieta” en... italiano.
-El idioma original, podría decirse -dijo Persefone- . Pero no hay como verla en inglés. Las traducciones nunca son perfectas. Jean-Pierre me comentó sobre cómo nunca había tenido con qué comparar, ya que sólo había visto las obras de Shakespeare en inglés, desde fuera y desde dentro.
-¿Desde fuera y desde dentro?
-Es actor. Creo que nada más podría hacerlo más perfecto, eso y su fidelidad de hierro -dijo con un marcado todo de frustración- . Sin embargo, accedió a participar en la representación de teatro que tenemos fijada para el próximo sábado.
-¿En sábado?
-No soy judía practicante, querido -dijo la vampireza, caminando hacia las estanterías.
Parecía auténticamente decepcionada por el rechazo de Perry, ya que con “fidelidad” se había referido a esto. Persefone no había sospechado nada acerca de la verdad, y no pudo más que sentirse aliviado. No sabía nada sobre el nivel de tolerancia de esa mujer y no quería ver a Perry expuesta a tales prejuicios, no después de haberlo visto experimentar los suyos.
Había estado tan equivocado.
-¿Qué obra representarán?
-Perry dijo saberse los diálogos de Bassanio y todos los de Sueño de una Noche de Verano. No tiene edad para ser Bassanio de El Mercader de Venecia, por lo que queda sólo la opción de Sueño. Podría ser Teseo, Egeo u Oberon. Tú... -Indicó a Elliott, ante su sorpresa- podrías ser Puck. Eres lo suficientemente... menudo.
Elliott se miró a sí mismo, mientras Persefone le registraba.
-No sé actuar. Nunca he actuado.
-Todos pueden actuar, y tú tienes carisma.
El chico la vio hipócrita. Si era tan carismático, ¿por qué apenas lo había notado al momento de conocerlos a todos en la Catedral de Amiens? Pero sabía que no era su culpa, no con el nivel de interés que le había despertado por Perry. Era comprensible. Perry lucía abordable, amable... Él sólo era una sombra pálida y de ojos involuntariamente amenazantes que no gustaba de la conversación. Perry era luminoso.
-Vamos, acepta. No tengo a más opciones para Puck -insistió, sentándose coquetamente junto a su sillón, y apoyando las manos en el posabrazos. Elliott apartó su brazo, cohibido- . No haremos el Mercader, y sabes porqué. Es una ofensa para mi pueblo.
-El judío era una mala persona.
Persefone alzó las cejas, mirando su rostro con atención, con más atención de lo que hubiera esperado.
-¿Eso crees? -dijo con dulzura en la voz. Al igual que Perry, debía verlo como sólo un chiquillo- ¿Pero no crees que despojarlo de su religión fue un castigo exagerado? Fue en respuesta a las ofensas de Antonio. ¿Quién no reaccionaría ante eso?
-Nadie -respondió.
Persefone sonrió, mirando su rostro con atención.
-Siento no haberte notado antes. Estaba concentrada en otra cosa.
-No importa -dijo el chico.
-Dile a Jean-Pierre que me disculpé contigo.
-De acuerdo -dijo el joven, extrañado.
Persefone sonrió, satisfecha.
-Qué guapo eres -le dijo, apretando su mejilla.
Elliott sonrió nerviosamente, y tragó, apabullado por aquel contacto. Se sintió sorprendemente bien.
Finalmente la vampireza se levantó del suelo y, meneando su vestido tras ella, salió a trote de la biblioteca.


Persefone le había contado prácticamente toda su historia. Era una historia entrevesada llena de altos y bajos, que no obstante se había mantenido en altos desde el momento en que se convirtió en vampireza. Su vida como humana la había hecho amar la que ahora poseía, ya que por fin tenía todo lo que deseaba sin sentirse culpable por ello.
Tras ser casada a los quince años con un hombre veinte años mayor que ella, tuvo la cantidad no baja de ocho niños, de los cuales Persefone sólo había mencionado uno a ellos. Probablemente no quiso que la vieran como una mala mujer al haber abandonado a sus hijos. Pero no era posible que una mujer que se había transformado en vampira hubiese abandonado a sus hijos llanamente. La transformación conllevaba un período de sed constante que no obstante Marion y él no habían experimentado, y esa sed constante podría haber matado a los hijos de Persefone, de no ser porque ella se alejó de ellos. Tenían a toda la tribu para cuidarlos, de todos modos, dijo Persefone, con cierta nostalgia. Le confesó con ello que lo único que extrañaba de esa vida era la comunidad. Todos crecían juntos, se criaban juntos y por tanto había poca posibilidad de culpar a los padres de los errores, porque eran todos los adultos y todos los niños quienes formaban el carácter de un niño, no las dos personas que lo habían concebido. Había muchas más fuentes de aprendizaje detrás, la cual hacía de cada niño en la tribu un ser capaz y sin complejo de víctima, como le pasaba a muchos niños actuales. Perry había presenciado esto en sus propias clases en la Universidad, jóvenes que despotricaban contra sus padres, culpándolos de sus propias caídas, esto por ser mucho más fácil que el reconocer la buena parte de responsabilidad en esas caídas. Obviamente había casos en la responsabilidad de los padres sobre la personalidad de un niño era totalmente determinante.
Persefone había alcanzado a criar apropiadamente a sólo cinco de sus hijos, los demás quedaron a medio camino. Cuando renació como vampira apenas se acordó de ellos, y se largó a cazar lejos del lugar del campamento, gracias a la intervención del vampiro que la había mordido y transformado. Gracias a tal acción. Persefone no tenía rencor contra quien la había creado, cosa de la que no podía alardear Perry.
El vampiro que la hizo, no obstante, la dejó después de sólo cuarenta años de acuerdo conjunto. Para ese entonces ya era dueña de sí misma. Tomaba sangre cuando le era necesario, por lo que era medida a la hora de alimentarse.
-Aunque de vez en cuando, necesitas un poco más para performances que requieren más de uno mismo -le dijo, mirando por la ventana- . Por otro lado, Philip tiene una gran habilidad para hacerme feliz en todos los campos posibles, pero carezco de mayor apego que el fraternal por él. Me han dicho que es algo común y corriente entre los vampiros, la falta de pasión. La pierdes con los años, y ya no eres capaz de sentir cosquilleos ni necesidad extrema por otro de tu especie. Necesitas percibir mucho más que sangre ajena corriendo por sus venas. Necesitas vida.
-Entonces... hay vampiros que se han enamorado de humanos -dijo Perry.
Persefone sonrió. Sus mejillas redondas fueron elocuentes.
-Sólo fue una vez -confesó la mujer.
-Hablas de cosas que yo, con dos meses de vida como vampiro, ya empiezo a olvidar. Y que he experimentado. Estuve con un humano recientemente. Fue muy rápido, pero me hizo sentir cosas que siento olvidadas.
Persefone le miró pasmada.
-¿Y le mató?
Perry frunció el ceño. Una pregunta directa, casi maleducada.
-No. Por supuesto que no.
-Cuando  se está con alguien como vampiro, su cuerpo se desgasta. Y cuando termina tiene una sed que mataría a ejercitos, señor Whitmore.
Perry la escuchó atentamente.
-Incluso al estar con otro vampiro se cae en el riesgo de matar. Si acaba primero que quien le acompaña, querrá su sangre desesperadamente, aunque le quede sólo un poco, y luego buscará más. Por eso las parejas de vampiros no duran: siempre muerte uno primero.
Perry tragó, mirándola horrorizado. Pero con tantos años de vida de vampireza, Persefone debía decirlo con fundamentos.
-O no muere, queda como una planta, quieto pero vivo.
El vampiro asintió.
-No olvide eso, señor Whitmore. En cuanto a la atracción más carnal, no es frecuente el sentirla por otro vampiro. Como le dije, ha matado a los pocos que la han experimentado. ¿Hasta ahora, ha visto a una pareja de vampiros enamorados? Probablemente no, porque todos parecen muertos en su vivir diario, incluso los Jueces de la Ciudad Bajo Tierra. Fui una vez. Aquellos seres están llenos de sangre, casi pesados de tal cantidad que corre por sus venas, pero están más muertos que nosotros. Lucen más color en la piel pero tienen la mirada muerta. ¿Los recuerda? Ustedes estuvieron allí.
-Sí. Los recuerdo. Y no vi ninguna pareja de vampiros.
-Sólo usted y Marion Swerzvelder. Ella tiene los ojos más vivos que esos sujetos.
Pareció sonreírse mientras hablaba de ella. A Perry le sorprendió dado lo poco que pareció tomarla en serio cuando intercambió unas pocas palabras con ella en la Iglesia, en Amiens.
-¿Sus ojos se quemaron por contacto con el sol?
-Sí. Estaba amaneciendo. Ocurrió mientras yo aún yacía en el ataud esperando a por renacer.
-¿Fue puesto en un ataud?
-Sí. Jude dice que da cierta ventaja. ¿Ventaja en qué?, no lo sé.
Persefone en ese punto se calló por un largo rato.
-¿Y cuándo salió del ataud, Marion ya estaba como ahora, controlada?
-Sí. Fue la quemazón de sus ojos la que la despertó, la impresión por verse cegada.
Persefone asintió con la cabeza.
Estaban en un salón de estudio de la casa. Era innecesariamente amplio, como el resto de las habitaciones de la casa, pero cuando Persefone se levantó y se paseó por todo el lugar pareció dar utilidad a su ensimismamiento.
Aquel sitio estaba adornado de barroco. Había una gran pintura de trampantojo en lo alto del techo abovedado, e incluso a tan poca altitud, en comparación con las bovedas de las Iglesias barrocas, la ilusión se creaba desde allí sentado al medio de la sala, frente al escritorio principal que marcaba protagonismo frente a las mesas de los bordes, llenas de mapas, globos terráqueos, pinceles, atriles de escritorio, retratos ovales.
El suelo, al igual que el del salón, estaba dispuesto como un laverinto, esta vez en blanco y rojo cobrizo. Perry se perdió en las líneas que se dirigían hacia el centro del salón, tratando inconcientemente de averiguar el camino correcto. Pero la línea que estaba siguiendo quedo abruptamente interrumpida.
-Señor Whitmore, ¿es completamente fiel a Jude?
-No. Sólo le sigo porque no tengo otras opciones. No soy un cazador completamente capaz aún.
-No confía en él.
-No. Siento que guarda muchos secretos. Espero no le comunique de esto.
-Si se permitiera otras opciones ¿Se quedaría aquí en París?
Perry levantó la vista hacia ella. Su mirada era penetrante.
-Por supuesto. Yo y Marion nos quedaríamos.
-Marion querrá seguir a Jude. Son fieles el uno al otro.
Eso le pareció fuera de lugar dado su propia observación de ellos dos. Marion y Jude no eran fieles el uno al otro, y por ningún motivo preferiría seguirlo a él.
-No, ella y yo somos compañeros -dijo.
-Elliott dijo algo que es muy cierto, señor Whitmore. Los Compañeros se cambian e intercambian constantemente, por celos, por engaños, por... aburrimiento. Nuestra especie está en constante aburrimiento, y pasar toda la vida con la misma persona es tremendamente estresante. Necesitamos cambiar de Compañeros de vez en cuando, especialmente con lo poco que nos atamos a ellos.
-Hace dos meses que nos convertimos en vampiros. Aunque pudiéramos aburrirnos el uno del otro en el futuro, aún ha pasado muy poco tiempo desde que... de hecho nos conocimos. No ha pasado siquiera un año desde que Marion y yo nos comprometimos para luego casarnos. Además, cuando se es vampiro, se crea un lazo de dependencia. Jude lo describió como algo casi instintual.
-Esas son teorías suyas basadas en su obsesión por un vampiro al que convirtió tempranamente en su vida. ¿Quién podría soportar a un ser tan vacío por tantos años? Y ese grado de dependencia es biológicamente imposible: nuestra alimentación se basa en sangre prestada, y con el tiempo tu dependencia por ella hace que cada vez sientas menos excitación cuando la tomas. Luego es como agua en nuestros paladares y deja de ser una droga que nos levante a hacer locuras, a hacer cosas impulsivas, y parte de esa vaciedad de sentimiento se expresa en el poco apego a nuestros congéneres, apego que sólo puede ser despertado por seres humanos, seres vivos. ¿O cómo crees que es posible la supervivencia? Si no sintiéramos atracción hacia la vida que corre por las venas de los seres humanos, no nos alimentaríamos de ellos con tanta urgencia como lo hacemos ahora mismo. Es como el sexo. Cuando nos crearon, se nos puso un instrumento que nos permitía excitarnos para que la reproducción humana se acelerara. Está todo bien planeado, señor Whitmore, y el plan de quien nos creó como especie era el de que nos multiplicáramos.
-¿Y cómo explica el que algunos de nosotros creen Compañeros mediante la cesión de sangre propia hacia ellos? Debemos darle de nuestra propia sangre prestada para que se conviertan en vampiros, y eso es empujado por ese apego deseado, señorita Persefone.
Persefone se sentó en el escritorio, junto a la silla en que Perry estaba sentado.
-Esperanza -susurró- . Al morderlos, parte de la vida que tienen como humanos aún se sostiene de ellos, como una peste. Y nosotros percibimos esa peste en ellos, y pensamos: lo quiero para mí -Persefone tragó, y dio un suspiro de melancolía- . Pero luego la transformación acaba y ya no son lo que eran en vida. Ya no huelen igual, ya no se sienten igual y sus pieles se han endurecido y enfriado. Son como muertos vivientes, sin sentimiento más que el de beber sangre.
-Entonces es una ilusión -dijo Perry con sarcasmo.
-Una ilusión creada para que creemos más y más como ellos. Obviamente hay un fin en ello, fin que no quiero conocer.
-Jude quiere ir a Languedoc para saberlo.
-Será un viaje inutil. Cuando encuentre la verdad, apuesto mi vida a que no será agradable. La única utilidad de ese sitio son sus escondites. Puedes quedarte en sus catacumbas cientos de años sin nunca ser encontrado.
Perry bajó la mirada, entristecido. Luego recordó lo dicho por Persefone acerca de la obsesión de Jude por Elliott.
-¿Y qué hay de la obsesión de Jude por el vampiro que creó hace mucho, Eloy Dattoli?
-¿Eloy Dattoli...? Elliott...
Persefone frunció el ceño, haciendo la conexión.
-Él es el vampiro -masculló.
-Sí.
-Ese es sin duda es un caso excepcional -dijo Persefone- . Tal vez es sólo culpa.
Perry dio un suspiro, exasperado por su testarudez. No obstante, había cierta lógica en lo que había dicho.
-¿Querrá quedarse con Marion aquí, entonces? -preguntó Persefone.
-Sí -dijo Perry, levantándose de la silla.
Persefone sonrió, mirándolo de manera significativa.
-¿Qué?
-¿Qué hay de Elliott Dattoli? Lo llamó Elliott, antes.
Perry no supo entender a qué venía Elliott a la conversación de nuevo. El acuerdo reciente sólo se trataba de Marion y él, después de todo cualquier excusa para dejar a Jude avanzar dejándolos a ellos atrás le era bienvenida.
-Él puede seguir con Jude.
-Él estaba sentado con usted en la Iglesia -dijo la vampireza, confusa- . Y él en efecto parece orbitar a su alrededor. Soy observadora, señor Whitmore. Elliott tiene gran admiración por usted o, si la teoría de Jude le es aplicable, apego. Pero usted no le corresponde. ¿Por qué accedería entonces a cuidar de él por mandato de Jude?
-No fue un mandato. Sólo es un favor que a veces me pide. Estuvimos divididos por dos semanas y me acostumbré a vigilarle, ya que Jude teme que pueda irse de nuevo de su lado.
-¿Por qué terminó usted solo por dos semanas con Eloy Dattoli?
-Jude me pidió que cuidara de él, ya lo dije.
-Eso no tiene sentido. Acaba de decir que su acostumbramiento a cuidar de él nació después de estar dos semanas viajando solos.
-Al principio fue... obediencia, supongo. Marion también me animó a vigilarlo, fue por fidelidad a ella. Ella se preocupa por Elliott.
-Entonces... ¿Sólo desea quedarse usted y Marion aquí?
-Sí -dijo Perry.
Persefone asintió, y sonrió de nuevo.
-¿Lo ve? La teoría de ese supuesto apego entre vampiros no existe. Usted siente la más total indiferencia por Elliott. Y es una suerte. Las parejas de vampiros siempre llevan a la muerte.
-La pasión mata -dijo Perry.
Persefone rió por lo bajo.
-Aprende rápido.
-No quiere decir que lo tome del todo en serio.
-Tal vez lo tome en serio cuando le suceda. Mientras, me da gusto ver su indiferencia por Eloy Dattoli. Así nos evitamos tragedias.
Eso lo perturbó. No era posible después de semanas de cacería juntos, los cuatro, se refería. Sin embargo, genuinamente no sentía urgencia porque Elliott permaneciera con ellos, menos dado el hecho de que Jude le deseaba a su lado desde que lo había transformado. No iba a batallar contra eso, no con el temor que sentía hacia Jude. La experiencia de este y sus años de frustración hacia su vida como vampiro, hacia no saber la verdad, le habían dejado claro a Perry que no era alguien con quien querer enfrentarse.
-No siento tanta indiferencia como usted hacia él, señorita Persefone -le dijo, insolente- . Apenas le notó cuando nos vimos en la Iglesia.
-Pasa bastante desapercibido. Es como... una página en blanco -dijo agitando la cabeza.
Perry se paró derecho, mirándola con desagrado. Persefone sonrió.
-Me disculparé con él por mi falta de consideración -dijo.
Perry asintió, severo. Sin embargo, ese gesto no pudo echar a Persefone abajo. La mujer tenía más años de experiencia, como Jude, tratando con otros vampiros. Él no podría empequeñecerla.

Ciertamente esa indiferencia hacia Elliott se vio contrastada por su sensación de culpabilidad hacia este hecho.
Era profesor, siempre lidió con estudiantes, y siempre se preocupó por ellos. No individualmente, pero siempre trató de tomarse el tiempo para escuchar sus problemas, si bien nunca escuchó nada que requiriera de intervención inmediata.
Sin embargo, la otra noche, cuando se quedaron solos junto a la laguna, no se sintió todo lo indiferente que debiera sentirse. Lo que le había dicho a Elliott estuvo más allá de su comportamiento usual. Jamás le había dicho a nadie lo bien que pensaba de ellos aparte de a Marion. Ni siquiera a Garrett, en este caso por miedo a convertir su relación en algo más serio, aunque sintiese por él la más absoluta devoción. Y esa indiferencia de vampiro que debiera cada uno de ellos sentir tampoco se expresó cuando poco después Elliott esperó a por él tres días seguidos a que satisfaciera su necesidad de llorar a aquel hombre maravilloso.
No sabía qué tan estricta sería esa indiferencia, esa vaciedad, esa frialdad, y no quería comenzar a clasificar a nadie dentro o fuera de ella. No era como funcionaban los seres humanos, pero esos tres días, Elliott estuvo allí, mientrás él se secaba en vida.
Cuando volvió a la sala de estar del fondo, no encontró a Marion allí. Sólo estaba Jude, quien estaba sentado frente a una mesa. Cuando Perry puso un pie dentro de la habitación, pestañeó lentamente y se volteó a mirarlo, con la expresión de quien acaba de ver pasar su vida frente a sus ojos.
Entonces notó el cuenco de agua dentro del cual estaban sus pies. Había una toalla alrededor, que prevenía el derramamiento de gotas, y sus zapatos estaban a un lado, junto con unos mullidos calcetines.
-Es agua caliente -le dijo Perry, notando la temperatura.
-Está mezclada con el agua bendita que tú y Elliott encontraron entre las pertenencias de los cazadores -dijo, con una voz extraña- . No me dijiste lo que habían encontrado. Elliott lo hizo.
-Lo olvidé -dijo Perry, mirando a aquel hombre horrorizado.
Se estaba autoinfligiendo dolor. Miró sus pies más de cerca, y notó que estaban rojos y llenos de llagas que aparecían y desaparecían. Las palabras en su boca se escuchaban arrastradas y mal pronunciadas.
-Elliott encontró la cantimplora de agua bendita en tu saco -añadió- . A propósito, ¿Dónde estuviste con Persefone tan relajado de ropas?
Perry se miró. Llevaba una camisa, la corbata estirada y los suspensores. No vio qué tan relajado podía ser eso.
-Estábamos en la sala de estudio.
-Es una erudita. Bastante sorprendente para una mujer. Prefiero las mujeres como Marion, que saben coser, dibujar, pintar... pero en niveles mediocres.
-No intentes rebajarla...
-Ella misma me lo dijo. Siente que no es buena en muchas cosas. Está celosa de Persefone y su nivel de cultura.
-Nos quedaremos aquí. Yo y Marion.
Jude rió por lo bajo.
-La hubiera conocido antes para prever sus movimientos. Sabía que no debí dejarte ir con ella. Eres tan influenciable.
Perry dio un suspiro enrabiado, y se acercó a la mesa frente a la cual Jude estaba sentado. Se tomó el resto de su copa de sangre.
-Necesitamos de una compañía más saludable -masculló- . Tú sólo nos estás arrastrando en pos de tus propios intereses.
-¿Mis intereses? ¿Por qué los vampiros insisten en no querer saber la verdad? Se instalan cómodamente en el presente a causa de su conformidad ante su vida eterna. Creen que tienen todo el tiempo del mundo, cuando en realidad deben actuar ahora. Algo podría matarlos mañana.
-¿Qué?
-¿Un mal cálculo en las horas del día...?
-Oh, por favor, Jude. Estoy seguro de que nadie se ha pasado de la hora voluntariamente.
-Elliott se pasaba de la hora todo el tiempo -dijo Jude- . ¿Por qué crees que sus ojos están desteñidos?
-Sólo es desteñimiento. No perderá la vista. A él no lo puede dañar el sol.
-Ve todo más oscuro, Perry -dijo- . Con el tiempo no podrá ver nada. Pero será para bien, ya que cuando pase se hará totalmente dependiente de mí. Es lo que he deseado desde que le convertÍ. Es por su bien.
Perry se detuvo a mirar los ojos más oscuros de Jude, y su expresión seria, y aún así afectada por la melancolía. No decía aquello por decirlo, y en ese momento Perry sintió la indiferencia darse unas vacaciones.
No podía dejar a Elliott con un ser como ese.
-¿Le deseas? -le preguntó.
Jude alzó la vista lentamente hacia él.
-¿Qué?
-¿Deseas a Elliott? Porque claramente esto es un síndrome de posesividad. Eres posesivo con él, tanto que prefieres verle inválido a que esté lejos de ti. ¿Qué sientes por él?
-Nada. Sólo responsabilidad. Fui quien lo convirtió.
-No, aquí hay definitivamente algo más.
-¿A mí me acusas de posesivo, Perry? ¿Qué hay de la dependencia que sufres por Marion? Quieres que se quede aquí contigo cuando podría tener una vida de aventura conmigo. Ella no está hecha para quedarse entre cuatro paredes. Quiere aprender más cosas, especialmente con su bajo nivel de cultura, y eso no lo logrará mirando libros. Persefone misma debió aprender casi todo por sus viajes con su tribu y sus viajes posteriores como vampiro. Marion no se conformará con una vida como esta.
-No me cambies el tema. Elliott...
-No le deseo de esa manera, Perry. No. Qué asco. Está en los huesos por culpa de su dieta relajada, como podría desearle con ese aspecto tan escuálido.
Perry asintió, y caminó hacia la chimenea, perturbado por los dichos de Jude. Había algo realmente peligroso en él.
-¿De verdad te quedarás con Marion aquí?
-Sí. Y Elliott...
-Eloy está fuera de discusión y lo sabes.
Perry tragó. Tenía que hacérselo saber, a pesar de que ese renovado valor tenía mucho que agradecerle a la sangre que acababa de beber. El valor empujado por el apego despertado. Ahora lo entendió: sólo el beber sangre lo deshacía de esa indiferencia para con la vida y los que lo rodeaban. Se preguntó cuál de los dos estados sería más conveniente.
-Debes dejarlo quedarse. Él único que desea ir a Languedoc eres tú. Nadie está interesado en investigar nada.
-¿Ni quisiera el origen de nuestra existencia?
-No. No quiero saber nada. La vida ya es bastante miserable dado lo que sé.
-La muerte de aquel amante tuyo fue lo que te empujó a pensar de esta manera. Estoy seguro de que antes de ver su tumba pensabas de otro modo.
-En efecto pensaba de otro modo. Me iba a dejar llevar por la corriente, pero ahora no es eso lo que quiero. No tengo fuerzas para ir tras de ti. No me importas lo suficiente.
-Pero te importa Eloy lo suficiente para querer que se quede aquí. Serán una linda familia, tú Marion, Eloy, Persefone y el otro tipo de cara aburrida.
Jude le miró con desprecio.
-No vas a quedártelo -dijo, alzando el dedo.
-Haré lo que Eloy decida -masculló Perry.
Jude se levantó de la silla y lanzó la mesa lejos de él, haciéndola chocar contra la pared del otro extremo. Perry dio un saltito, escuchando el impacto, el cual fue tan rápido que apenas pudo voltear a ver cómo chocaba.
Jude sacó los pies de la fuente de porcelana y con los pies mojados, dio un paso hacia él, impertérrito a las ronchas de sus pies. Estas se curaron en pocos segundos.
-Eloy me seguirá a mí. Ya me lo ha comunicado.
-Si es necesario le convenceré de quedarse.
-¿Cómo?
-Elliott confía en mí, a diferencia de lo que sucede contigo. Me ha hablado sobre él, se ha comunicado contigo...
-Le diré que te gustan los hombres y no querrá más tu fidelidad, Perry.
-Ya lo sabe.
Jude gruñó, furioso, y toda elegancia y discreción quedó olvidada. Tomó a Perry del cuello de la camisa y lo empujó hacia el techo, haciéndolo chocar fuertemente contra él. Perry sintió su cabeza dar vueltas, y cayó sobre su boca contra el piso. Sintió su nariz quebrarse en el impacto, y sus huesos vibrar. Un dolor inconcebible se extendió por todo su esqueleto y, aturdido, se quedó quieto en el suelo, sin saber exactamente qué acababa de pasar.
Entonces, sin darle tiempo, Jude volvió a agarrarlo del cuello de la camisa y lo empujó de espaldas hacia la chimenea, deteniéndose a sólo centímetros del fuego. Perry sintió el calor abrazarle peligrosamente la nuca.
-No te lo quedarás. No te lo quedarás, Perry. He esperado para tenerlo de Compañero muchos años, para tenerlo cerca. Es mi responsabilidad, yo lo transformé en lo que es ahora, yo debo hacerme cargo. No pecaré de nuevo, no seré egoísta de nuevo. Le ayudaré y seré absuelto.
-No es tu responsabi...
-¡No lo apartarás de mí! He deseado esto demasiado años para que tú vengas y lo arruines. Para que tú vengas y lo seduzcas con tus buenos modales. Eloy se quedará conmigo aunque no quiera, ¿me has oído? Me quedaré con él y con Marion. Me los llevaré porque así debe ser.
-No tendrás a Marion. Ella no le pertenece a nadie.
-¡Es tu esposa! Por ahora te pertenece a ti, pero no lo hará más. No sacrificarás sus pasiones por la vida aburrida que deseas aquí.
Alguien empujó a Jude por detrás, tomándolos a él y a Perry por sorpresa. Perry sintió su cabello quemarse en la nuca, pero alguien le empujó hacia un lado, salvándolo de la extinción. Se estrelló contra una mesa de esquina por la fuerza con la que fue empujado, golpeándose en la cabeza. Sin embargo, aquello no se detuvo en esto, y cuando miró hacia la chimenea, vio a alguien taparle la vista de Jude al interponerse entre ellos.
-Jude... -susurró Elliott, inclinado con las rodillas en suave suspensión, con el cuerpo en dirección al hombre que había pretendido destruir a Perry segundos antes.
-Esto es entre él y yo, Eloy -masculló Jude.
-Elliott, vete -le dijo Perry. Se enderezó un poco, pero lo único que consiguió fue que Elliott alargase el brazo y le presionará la cabeza hacia abajo.
-No le mires -susurró- . Podría manipularte.
-Yo no soy el maestro de la manipulación aquí, Elliott.
-A ti te hace falta mirarlos para convencerlos.
-No ha funcionado con el señor Whitmore hasta ahora, ¿verdad, Perry? Por eso tuve que recurrir a una pelea tradicional entre vampiros.
-No es una pelea justa. Él no sabe pelear. No tiene la fuerza suficiente aún. ¿O sólo querías provocarle?
-Un poco de eso. Sí. Es un poco acaparador y no me gustan los vampiros de su tipo.
Perry vio los pies de Jude relajarse en su sitio. Elliott siguió en posición de pelea.
-Quiere quedarse aquí en París. Persefone lo convenció de ello y quiere incluirte en el empaque. ¿No es eso conmovedor?
Los pies de Elliott parecieron relajarse, sus pantorillas en una diagonal menos pronunciada.
-Quiere una familia bien constituída. Tú harás de hijo. Recuerdo haberte oído decir cuánto odiarías eso.
-Lo odiaría, en efecto. ¿Quien te dijo que me quedaré aquí, Jude? Si vuelves a perderme de vista, no será con Perry Whitmore o Marion Swerzvelder con quienes me quede. Sabes bien que viajo solo, a menos que consiga una Compañera.
-Marion será tu Compañera -dijo Perry, por impulso- . Si te quedas solo, él te encontrará. Marion será tu Compañera.
Elliott se volteó a mirarlo, pasmado.
-No. No la convencerás de eso, Perry -dijo Jude- . Marion es un alma libre, acabas de decírmelo. No le pertenece a nadie, ni siquiera a ti.
-Elliott... -le siguió llamando Perry.
-Calla -le dijo él, mirando hacia Jude de nuevo.
Comprendió que tendría que intervenir. Algo mantenía a Elliott en ese miedo por Jude. Algo lo frenaba.
-Elliott -Jude se hincó en el suelo, suplicante- . Por favor. Si he esperado por tanto para tenerte de Compañero, es porque te valoro. Nadie de tus congéneres lo hace, todos... te odian. Yo soy el único fiel a ti, que te conoce de verdad, que sabe de tu bondad, que reconoce cuando algo es de valor cuando lo ve. Y tú eres de valor. No te vayas con un vampiro al que apenas conoces, un vampiro que podría... que podría aprovecharse de ti... ¿Has considerado eso, Elliott?
-Te dije que no me quedaré con nadie. Me iré solo. Tuve suficiente de esto.
Elliott se alejó de Perry, dejándolo vulnerable frente a Jude. Él se levantó del suelo, vigilando a Jude con atención. Veía en sus ojos como la frustración se acumulaba dentro de ellos. Entonces dio un paso repentino hacia él. Fue suficiente para alertar a Elliott, quien se ubicó frente a este, impidiendo que siguiese avanzando.
-¿Lo ves? Persefone tenía razón, orbitas a su alrededor... como... como un cachorro. ¡Caíste ante alguien, por fin! Te tardaste en elegir a otro Compañero, cuatro siglos desde el último: Joy. Y esta vez es Perry Whitmore, un símbolo de lo que más odias, Elliott. ¡Lo que más odias y te disgusta! ¡Un hombre!
-¡Detente, Jude! -masculló Elliott- No me conseguirás matando a todo aquel a quien quiera de Compañero.
Perry miró a Elliott en la nuca, pasmado. No estaba negando que le habría elegido a él. Una elección imposible, como dijo a continuación.
-Además Perry ya tiene a alguien. Es inútil lo que haces al querer matarlo, porque nunca será mi Compañero, Jude. Puedes tener seguridad de eso. ¡Así que detente!
-Mentiste antes. Dijiste que no le habías elegido. ¡Le estabas protegiendo!
-No es un mal hombre.
Jude negó con la cabeza, mirándolo horrorizado.
-Caíste por él, Elliott. Eras mi responsabilidad.
Elliott lo tomó del cuello de la manta de lana de cordero.
-¿Entiendes por qué siempre terminas perdiéndome de vista? -le susurró. Perry vio la mitad del rostro de Jude, sus ojos fijos en el muchacho como si fueran algo precioso para él- Es esto lo que me disgusta. ¡Eres posesivo, Jude!
-Debo recibir perdón. Así cuando me maten iré al lugar correcto.
-Todo eso es un mito -dijo Elliott- . ¡Es un gran mito, Jude!
-Él dijo que no lo era. Lo describió, y sé que no me recibirán allí si no enmiendo mis errores. Él lo dijo.
-Eso está en el pasado. Olvida lo que él dijo.
-¡No puedo olvidar lo que él me dijo! -masculló el vampiro, cogiendo sorpresivamente a Elliott del cuello. Lo alzó en el aire, ahogándolo.
-¡Jude! -gritó Perry, viendo asustado lo que estaba ocurriendo.
Saltó sobre ellos y le rodeó a Jude el cuello con los brazos. Puso el brazo bajo su mentón, y la mano libre en lo alto de su cabeza, en la posición perfecta para torcérsela. En ese momento Jude soltó a Elliott, y esté cayó al suelo con un sonido como de huesos chocando.
Las manos de Jude estaban marcadas en morado en su cuello. Perry presionó su mentón aún más.
-Hazlo -dijo Elliott, desde el suelo- . Mátalo.
Perry dudó. Miró los ojos decididos de Elliott, fríos. La capa de consideración que había visto en él al saber que él le quería con él y Marion se había borrado, mostrándolo real ante sus ojos. Aquello sólo había sido una amenaza hacia Jude, pero cuando Elliott dijo aquello de pronto la posibilidad estuvo ahí.
No pasó mucho tiempo antes de que le soltase.
-¡¿Qué has hecho?! -dijo Elliott, pasmado- ¡Mátalo!
Jude se dejó caer en el suelo de rodillas, con la mano en el cuello, aterrorizado. Alzó la mirada hacia Elliott, quien aterrado corrió fuera de la sala, empujando a Perry en el camino.
-¿Por qué no lo has hecho? -preguntó Jude, volteando la cabeza hacia él, de rodillas.
Perry negó con la cabeza. Sin embargo, sabía perfectamente: Elliott lo había convencido  durante las cacerías de cuánto odiaba matar. No le gustaba mancharse las manos, pero si otros lo hacían en lugar de él, bienvenidos todos.
Elliott era un hipócrita.


martes, 4 de agosto de 2015

"La Aldea", una review tardía

Cuando vi esta película, tenía 14 años. La vi con mi mamá en una tele chiquitita, una de esas de los ochentas a las que les fallan los canales cuando uno menos lo espera.

Supe mucho después que la película tuvo malas críticas. Cuando me di cuenta, creí que había entrado a otra dimensión o algo, porque lo único que recuerdo después de haber visto esta película, con una persona que además se duerme con las películas -mi mamá- fue que había visto una obra de arte. Obviamente en ese tiempo, con 14 años, no pensé en "obra de arte", pero sí pensé que había sido buena, que me había dejado en shock, que era una película sorprendente, ese 0,0000001% de películas que no son predescibles y que se te quedan en la retina por harto tiempo.

¿Porqué mencionó a mi mamá? Como dije, ella se duerme con todas las películas. Las películas que le gustan suelen ser muy "out of mainstream", muy fuera de lo popular, y aunque casi todas coinciden en eso, cuando pasa que le gusta una película es de todos modos muy inesperado. Mencionaré además que mi mamá no tiene educación universitaria, es una persona que vive la vida simplemente, muy considerada con la gente, muy servicial, maniática de la limpieza y el orden, a menudo fuente de mis mayores rabias por su manera de ser medio militarezca. Es hija de su generación, de la generación que creció asustada con la Dictadura militar chilena.

Las películas que le han gustado, bueno, recuerdo poquísimas, se duerme con casi todas. Pero le gustó "Secreto en la Montaña" cuando fue a verla al teatro municipal de mi ciudad gratis, sin siquiera ser del todo abierta de mente. Le gustó "Lilo & Stitch" (esa es mainstream, pero hay que decirlo, no está dentro de los clásicos de Disney, aunque a mí me gustó mucho), y le gustó "Amélie" cuando la vio también. Esas son las pocas películas con las que no se ha dormido.

Ahora, con esta película, "La Aldea", no se durmió tampoco. Recuerdo que la arrendamos porque queríamos ver cine de terror. Arrendamos esta y una incluso menos mainstream, "Cenizas de Angela". Esa es otra que le gustó.

Esta película es considerada una película para cinéfilos, de esa gente que critica todo y lo que no critica significa que es muy bueno. Eso he leído al menos. Pero yo cuando la vi tenía 14 años, veía lo que era popular, era fan de Harry Potter, no había visto muchas películas para entonces y mis favoritas eran de Disney. No era una luminaria. Ahora con 24 años he visto probablemente 8 veces más películas que entonces. Soy una cinéfila, tengo que decirlo, y me gustan muchas menos películas que entonces. Soy más crítica, pero con esta película nunca he sido crítica. Todas las pelis que veo les encuentro alguna falla, y la gente me trata de pseudointelectual por esto, pero esta película, La Aldea, me gustó a los 14 y todavía me gusta a los 24.

Una de las cosas que más me gustan es el trasfondo narrativo, el hecho de que se apartaran en esta comunidad a raíz de la violencia existente en el mundo. Eso me llegó mucho, porque ya sabía que habían cosas malas en el mundo en ese entonces. Sabía que había crueldad, pero creo que ese hecho me llega más ahora que entonces.

Otra cosa que me gusta mucho de la película es Ivy y Lucius. He leído críticas que dicen que "la pasión ha sido drenada del diálogo de esta película", o algo así era. Se la ve como una película pasiva, aburrida, que no cumple con las expectativas. O sea, la gente entró a ver la película esperando ver sangre, cabezas cortadas, violencia, horror del bueno, ¿me entienden?, pero salieron del teatro habiendo visto algo totalmente diferente. Sin embargo, hasta hoy no me entra en la cabeza porqué el ser sorprendidos no fue suficiente para quedar felices con lo que vieron. El no ser predescible para mí le da suficientes créditos a una película. Todas la que salen estos días son predescibles, todas son lo que sus trailers anuncian, o no lo son pero de un mal modo. Ya saben, como cuando muestra una película como una consistente en explosión tras otra, lo cual me carga si no tienen nada más sustancial en ellas. "Capitán América: El Soldado de Invierno", es una de esas películas donde los efectos especiales, las explosiones, se justifican. De esas películas donde los efectos son tan buenos que pasan desapercibidos. Es de esas pocas pelis de acción que me han gustado la verdad, junto con "Los Vengadores", la 1. La 2 no.

El amor entre Ivy y Lucius me pareció perfecto, la verdad, especialmente basándose en esa frase que siempre se me quedó en el disco duro, "A veces no hacemos cosas que queremos hacer porque no queremos que otros sepan que queremos hacerlas". Ese es literalmente mi mantra, y la fundación, para mí, de cualquier buena historia. Que otros piensen que el romance es fome en esta película, me parece absurdo, porque la escena en el porche es una de las más poderosamente sutiles que he visto, como un fuego artificial en medio de la quietud. Y el personaje de Lucius me encanta, además. Siento gran identificación con él, y creo que parte de eso hace que me guste, pero la dinámica entre él y Ivy es lo más interesante definitivamente, esa lejanía, el hecho de que él no haga cosas, como sostenerla cuando se va a caer (Ivy es ciega), porque no quiere que otros sepan que la quiere, que si la toca es porque lo desea, incluso si es para impedir que se caiga. Obviamente este tema es un paralelo para lo que sucede entre el padre de Ivy y la madre de Lucius, o lo que no pasa.


Sé que puede sonar tonto, pero este romance lo siento en mi corazón y mi cerebro mucho más que el romance facilista de Bella Swan y Edward Cullen, y eso que "Crepúsculo" cuando lo leí me gustó. El romance de Bella y Edward está fundado sobre la tensión sexual, sobre el hecho de no hacerlo aunque se quiera, y si no se han dado cuenta, entonces no sé que historia leyeron/vieron en el cine.

Pero el romance de Ivy y Lucius me parece fascinante, aunque no haya grandes besos, escenas de sexo, confesiones de amor a gritos... A veces lo sutil es más poderoso que el romance obvio y explosivo -Jane Austen sabía esto muy bien- , y a los 14 años me di cuenta de eso sin mucho esfuerzo. Por algo me gustan las series coreanas.

Otro fuerte de esta película es la música. Es hermosa y no se traga la película. Te remonta a los tiempos en que estos aldeanos debieran vivir a juzgar por sus ropas y costumbres y modos de vivir en general. Te saca de la actualidad, que es la verdadera época en que los personajes están, y le da a los momentos adecuadas la justa dosis de terror que esta película, a modo de engaño, te da para convencerte por la mayor parte de su narración que lo que estás viendo es una película de terror.

Lo otro que me gusta es ese preciso engaño. El que me sorprendan, el que me engañen y luego me revelen la verdad de sus circunstancias, el que me dejen preguntándome por lo que acabo de ver incluso después de que los créditos empiecen. Pero aparentemente a la gran mayoría no le gusta que lo engañen, le gusta ver en el cine precisamente lo que esperaban ver. Tienen esa venda en los ojos, ese egocentrismo que los hace querer ser dueños de la historia que están viendo. Porque es egocentrismo. Es verdad que somos espectadores de las películas, que cuando las vemos nosotros nos convertimos en dueños de ellas, de cierta manera, pero no pueden esperar que el narrador haga precisamente lo que el público espera, que la película entre en esta especie de burbuja de un sólo género en que ningún género pueda entrar.

Otra cosa maravillosa son los actores. Esta es la primera peli que vi de Adrien Brody. La primera que vi de Bryce Dallas Howard (Ivy Walker) y la mejor en la que la he visto hasta ahora. Luego la vi en "La dama del agua", de Shyamalan también (el director, por estos días con carencia de ideas brillantes para el cine, tristemente), "Terminator 4", "50/50" y finalmente "Jurassic World". También es una de las primeras en las que vi a Joaquin Phoenix. Obviamente lo había visto antes de esta en "Gladiador", como el emperador Commodus, donde se hizo odiar maravillosamente bien. y luego lo vi en "Señales" el 2002 (La Aldea es del 2004). Lucius es mi personaje favorito y él lo actuó maravillosamente.

Lo que me gusta además de esta película son los símbolos. La historia lidia con el alejamiento de la civilización a causa de las malas acciones humanas. Los personajes viven en un sitio de inocencia, donde se vive de manera atrasada pero con inocencia. Los símbolos para dar esto a entender son los colores. El color malo es el rojo, y el color bueno es el amarillo. Pero los más viejos de la aldea, los que empezaron esta comunidad a raíz de los horrores que vivieron en sus vidas, no usan el color amarillo porque ellos no son inocentes. Ellos saben, vivieron cosas horribles por lo tanto no son inocentes. No es la carencia de pecados lo que hace a alguien inocente, sino el desconocimiento respecto de esos horrores que los hicieron apartarse de la civilización. Ivy pierde su inocencia al vivir el horror de lo que ocurre con Lucius, y Noah, el chico retrasado que apuñala a Lucius después de anunciarse la boda de Lucius con Ivy (Noah estaba enamorado de Ivy). pierde su inocencia al cometer tan crimen, siendo que él era prácticament un símbolo de esa carencia de maldad en la aldea, al tener un retraso mental.

Y Ivy es en sí misma un símbolo de la ceguera que sufre la aldea al no saber la real mentira detrás de sus circunstancias. Y creo, no sé si será deducir mucho, que el que tenga el pelo rojo refuerza aún más este símbolo.

Otra cosa muy lograda es la sencillez de esta película. No exagera en nada, es sencilla, el manejo de la ambientación histórica no es recargada y el manejo sencillo de cámaras le da elegancia a la película, como también la Dirección de Fotografía.






Por último, mi escena favorita, o una de mis escenas favoritas, es la del porche, cuando Lucius de alguna manera le confiesa que la quiere y ambos acuerdan casarse. Otra de mis escenas favoritas es una de las últimas, por supuesto, cuando Ivy cruza el muro y se encuentra con la civilización, sin enterarse en ningún momento de que de hecho afuera está el mundo moderno. Es la ventaja de ser ciega, en este caso, la ventaja que les da a los más viejos la posibilidad de seguir con esta comunidad.

Otra escena adorable es cuando se esconden e n el sótano ante la venida de un Innombrable (los supuestos monstruos). Ivy espera a por Lucius, sabiendo que está afuera todavía, y a último momento él llega, le toma la mano y la lleva dentro de la casa. Se esconden en el sótano y Lucius sigue agarrando la mano de Ivy. Esa escena y la del porche son las más románticas que he visto nunca.









Disculpen por poner todo el diálogo. Ajaja.




¿Qué es la Unanimidad?

Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.

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