martes, 1 de septiembre de 2015

LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 12

Capítulo 12:
"Quien fue, quien es y quien vendrá"

John

La resolución del caso ya no tenía importancia para Sherlock de pronto. Comenzó a deambular por el bar restaurante mientras yo y Greg almorzábamos, hablando con el tabernero, con la moza, haciendo preguntas que no alcanzaba a escuchar y nuevamente dejándome solo. Porque veía cuan afuera de todo el caso quería que me mantuviera. Sherlock se había habituado nuevamente a resolver casos solos, y no parecía que las deducciones en su mente tuvieran fruto gracias a mi “estimulante compañía”. Había dejado de ser necesario.
A media tarde logré escapar de allí a nuestro cuarto. Las camas habían sido hechas, y me recosté sobre el lado de la cama de Sherlock, a pesar del calor. Pensé en Mary, en los secretos que Sherlock me había ocultado de ella, en los que había sabido, en los que sin duda aún seguían guardados, y en su insistencia por no decirme ciertas cosas.
Ahora, otra cosa me atribulaba el igual medida: ¿Por qué no podía destilar la afección de la noche anterior, de la tarde anterior en el agua? Si conseguir ese tacto de parte suya por unas horas equivalía a verlo totalmente frío por la mañana, no deseaba nada de parte suya. No era mi estilo regresar a la frialdad y razonamiento analítico constante de Sherlock, para luego recalentar por la tarde, en un ritual que se repitiera una y otra vez hasta el infinito. Lo quería enternecedor a todo momento. Enternecedor, apasionado e inteligente. ¿Era eso posible?
Me moví sobre la cama, pensando en estas cosas, y finalmente me senté sobre la cubrecama, y cerré los ojos. Había buscado conseguir ese momento de soledad todo el día, para deleitarme en el recuerdo de los besos de Sherlock en mi cuello estirado. Sherlock ya no podía alardear de no saber cómo dar placer a alguien: ya lo sabía.
Entonces oí el crujido. Fue junto debajo de mí, en el colchón. Un crujido como de papel arrugándose. Volví a moverme, y tras chequear la puerta de la pieza, salté de la cama y me agaché para revisar. Encontré el borde de una carpeta de inmediato, pero esta no me cortó: estaba recubierta por un grueso papel transparente.
Era como mi informe de salud, pero eran datos sobre Mary. Mary Morstan... o quien hubiera sido. Ya no estaba seguro de nada. Quien sabe cual era su nombre, pero quizá si leía un poco, ignorando el espasmo y el horror, sabría el nombre.
-Oh, dios... -dije, suspirando.
Me levanté de la cama y fui hacia el balcón.
Primero encontré una serie de fotografías atadas con clips por los cuatro vértices. Le quité los clips y las miré una por una. Eran fotos de Mary de joven, y en todas ellas aparecía sumamente bella, aunque muy pulcra para mi gusto. Prefería la Mary de la que me había enamorado, aquella sin... un pasado sucio, pero entonces veía esas fotografía con su falsa -indudablemente- pose de inocencia, y no sabía qué pensar. Tal vez los psicópatas sí que eran mi tipo. Porque Sherlock debía de tener parte de psicópata para cambiar tanto de la noche a la mañana. ¡Por dios, me había hecho dormir contando en voz alta!
Miré sus ojeras. Mary tenía esas ojeras que hacían parecer que tenía los ojos más grandes de lo normal, pero que la dotaban de una expresión constante de amabilidad, que la transformaba en un ángel frente a todos. Como Haneen, sólo que...
sólo que ambas habían resultado ser otra cosa.
Ambas. Oh, dios. Mary... y Mary le había disparado a Sherlock. Mary tenía el cabello originalmente castaño, como Haneen, y unas inusualemtne prominentes mejillas, como Haneen.
Mary y Haneen.
Dónde estaba Haneen.

Sherlock

Dejé el mensaje en mi blog. Nadie lo revisaba, pero era conciente de la sucia manía de James Moriarty por revisarlo constantemente. La mayoróa de las fuentes de visita al blog eran incapaces de ser rastreadas en su IP. Por supuesto que Moriarty lograría ocultar su IP.

Las fuentes del conocimiento de CAM sobre mí son tuyas.

Luego de eso visité a Haneen de vuelta en el bar. Siempre estaba allí, a pesar de clamar ser una guía turística, y siempre estaba planeando los recorridos en su computador.
-¿Haciendo planificaciones adelantadas? -le dije, apareciendo detrás suyo.
Haneen dio un saltito. Demasiado tarde para ser real. Primer signo de sospecha.
-Hola, Sherlock -dijo, dirigiéndome esa sonrisa que parecía iluminar todo el lugar, y que parecía alcanzar sus ojos tan fácilmente. Me incliné a besarla en una mejilla, ante lo cual ella se hizo un poco hacia atrás, apabullada.
Sus ojeras naturales ayudaban anque su sonrisa fuera más evidente, esos párpados inferiores prominentes que ensalzaban la amabilidad de sus ojos. ¿Sería todo una actuación?
-Sí, preferí adelantarlas ya que estoy desocupada ahora mismo -dijo- . Bueno, cuando digo desocupada...
Dirigió una mirada al bebé. No había duda de que era suyo, ningún bebé reaccionaría así ante alguien que no es un madre. Tenían una conexión, y Adnan miraba a Haneen solamente.
-Quería estar un año con Adnan. Luego nunca sabes cuánto tiempo podrás verlo.
-¿Contratarás a una asistente? -le pregunté, sentándome frente a ella.
-Ese es el plan. Sólo espero que Giselle no suba los precios.
-¿Giselle? -dije, mirando a la moza.
-Sí. Quiere dejar este trabajo. Mi trabajo como guía turística me alcanza para pagarle lo mismo que gana aquí.
-Pero cuidar a un niño toma más de tu atención.
-Tienes experiencia cuidando a niños.
-No toda la que quisiera.
Me sonrió, y apoyó los codos en los bordes de la mesa, mirándome fijamente. Siempre me sentí algo cohibido ante su mirada. Parecía vislumbrar mis más profundos secretos.
-¿Cómo se llama el bebé de John?
-Wilhelm -mentí.
Ella frunció fugazmente el ceño. Segunda señal. ¿Moriarty le habría dicho el nombre del bebé?
-No parece un nombre que John elegiría.
-Le has puesto mucha atención. A John.
-Espero no estés celoso.
-No. Para nada.
Miré hacia Giselle. No había mucho público a esa hora, por lo que estaba en la barra hablando con Saladin. El hombre se la comía con la mirada. Sentía disgusto por él.
-Me agrada. John -dijo Haneen, mirando la pantalla de su computadora- . Y hay mucho material sobre él en Internet. Muchas fotos. La gente los ama a ustedes dos. Pero sucede algo curioso. Está esté club, “The Empty Hearse”, donde se publicaron teorías sobre su suicidio, y una chica publicó una un poco bizarra sobre ti y Moriarty.
-Oh, esa. Una fantasía de adolescente, supongo.
-No parecen molestarte aquellas en que te emparejan a ti con John.
-Bueno, a John no lo desprecio de esa manera. De hecho, no podría estar más lejos de despreciarlo.
-Desprecias a Moriarty. No lo odias -dijo, escrutándome con la mirada.
-Creo que está perdido. James Moriarty. Es un niño perdido, asustado, que necesita una guía. Un niño que ha estado aburrido desde que nació de la vida que le tocó vivir. Un niño que necesita distracciones. Me identificó con éñ en muchos niveles, por lo que no podría odiarlo. Aunque odio que exista.
-Pero no habría quien te distrajera -dijo Haneen, alzando las cejas.
-Sí. Pero prefiero lidiar con eso que con... haberle mentido por dos años a mi mejor amigo.
Haneen asintió.
-Sufrió mucho. John.
-No sólo él. Y lo peor de todo es que hubo consecuencias -susurré, inclinándome hacia ella, sentado en la silla. Los ojos de Haneen dejaron de ser escrutadores y se volvieron vulnerables- . Quiero decir, adoro a Mary Watson. Me agradaba, pero su pasado la seguía persiguiendo.
-Pero ella te disparó -dijo, consternada- . Estuviste muerto, Sherlock.
Eso me provocó sorpresa. ¿Se estaría... delatando a sí misma?
-Eso... no fue publicado en ninguna parte.
-Lestrade me lo dijo -dijo, apoyando la espalda en la silla. Su expresión había dejado de ser amigable- ¿Qué te hizo volver?
-¿Qué quieres decir?
-Debes haber encontrado un motivo para luchar tan duramente contra la muerte. Admirable, la verdad -dijo, sonriendo de nuevo- . No todos nos aferramos a la vida de esa manera.
-No es a la vida a la que me aferro.
-John Watson. Pero eso ya muchos lo saben.
Por supuesto. O no te lo diría.
-¿Qué fue lo que Moriarty quería de ti? Nunca me lo contaste.
Dudé.
-Si no quieres contármelo... -dijo, encogiéndose de hombros.
Eso me sorprendió. La vi mirar hacia otro lado, vulnerable. ¿Sería posible que quería conseguir alguna manera de desconectarse de Moriarty? ¿Salir de esa organización o lo que fuera y ser libre?
Recordé a los hombres en el desierto, los que dispararon a los siete empresarios españoles. Uno de ellos era más pequeño y menudo que los otros, y aunque no podía ver sus caras, pude deducir que había al menos una mujer en el grupo. Moriarty no era sexista.
-Moriarty quería desentrañar el misterio sobre los conocimientos que poseía Magnussen.
-¿Magnussen?
-Otro criminal internacional. Tenía información sobre todo tipo de gente, secretos con los que podría chantajearlos, al igual que... -Irene.
Al igual que Irene Adler. Irene estaba aliada con Moriarty. Irene estaba aliada con Moriarty.
-¿Qué? -preguntó Haneen, inclinándose hacia adelante.
Irene no estaba sola. Por supuesto que no. La llamada. Esa llamada a Moriarty. Dios, había sido ella.
-Maldición... -mascullé, levantándome de la silla.
-¿Qué... qué ocurre?
Porqué la salvé, porqué la salvé...
Saqué mi celular del bolsillo y busqué el número de John. Era el primero en la lista. Estuve a punto de apretar el botón de llamada cuando vi el rostro atento de Haneen en mí.
Comencé a escribir un mensaje rápido.

No salgas del hotel.

-¿Es algo grave? ¿Necesitas ayuda?
-No. Es muy peligroso -dije.
Di un suspiro, alterado.
-Debo irme. Nos vemos luego.
-¡Sherlock, espera...!

John

Claro que no iba a quedarme en el hotel. Sherlock quería dejarme fuera para mantenerme a salvo de nuevo. No iba a arriesgarse solo de nuevo. Si él salta yo salto. Vaya, qué cursi estaba hecho.
Conduje hacia el bar restaurante del señor Saladin luego de correr desde el cuarto de hotel en el que había estado encerrado. Había dejado la carpeta de vuelta donde estaba, tras ver aturdido las fotos y el certificado de nacimiento de Mary una y otra vez. Las cosas estaban más claras ahora, y mi corazón latía desesperado. ¿Cuántas malas impresiones tendría que vivir en esa vida antes de ser capaz de vivir tranquilo? Aunque suponía que con Sherlock como compañero eso sería imposible. Si es que estaba dispuesto a seguir con ello. No me sentía muy dispuesto a veces, no con el nivel de desconfianza que tenía hacia él. Es decir, confiaba en su criterio, pero no confiaba en su consideración para conmigo. Sherlock no parecía tenerme mucho en cuenta para nada, y sólo por la absurda creencia de que yo siempre saldría herido. Nunca había sido herido... si descontábamos lo de ese cinco de noviembre.
Entré al bar como un vendaval. Había un poco más de clientes esta vez. Noté inmediatamente a Haneen, quien apresurada estaba empacando su laptop en su mochila, y a su hijo en el kanguro.
-Haneen, ¿Dónde está Sherlock?
-Oh, creo que fue al hotel -dijo, confundida- . Iba a verte.
-¿Cómo lo sabes?
-Sólo lo sé -dijo, sonriendo.
Fue hacia la entrada del bar. Vi en el reflejo en el vidrio que había dejado de sonreír, y sentí un escalofrío de pies a cabeza.
-¿Qué te dice el nombre CAM?
-¿CAM? Ahm, ¿La Caja de Ahorros del Mediterráneo? -dijo, volteándose a verme, sin dejar de caminar por la vereda.
Di un suspiro.
-¿Te llevo la mochila? -le preguntó.
-No. Estoy bien. Un bebé te hace tener hombros fuertes.
La seguí por la calle.
-¿Y el nombre de Magnussen?
-Oh, nada más hace unos minutos Sherlock me lo mencionó. Un criminal de los grandes, ¿no? ¿Por qué?
Se escuchaba menos amable que de costumbre. La voz de Haneen era siempre tan dulce y femenina, que cualquier variación era sospecha. Era el problema de ser toda sonrisa todo el tiempo. Quién sabría cómo era en realidad.
-Por nada.
-¿Quieres ir a uno de mis tours? Tengo uno que empieza a las seis de la tarde. Ya sabes, para ver un poco las estrellas. A los turistas les gusta eso.
-¿No es un poco peligroso?
-Oh, para nada. Si son capaces de internarse en cavernas son capaces de andar de noche por Madaba. Son bastante intrépidos. Bueno, a la edad de ochenta años cualquier lo es.
-Es extraño. Nos pasamos la vida trabajando para poder hacer viajes y cumplir sueños en la tercera edad. Entonces llegamos a esa edad...
-... y tenemos que pagar un montón de medicamentos. Sí. Lo he presenciado.
-¿Cómo?
-Tuve un padre muy mayor. Se casó con mi madre cuando él tenía cuarenta y mi madre diecisiete años.
-Vaya. Ella era muy... joven.
-Sí. Yo me resistí por mucho tiempo y ya ves cómo me fue. Aunque creo que Sherlock me admira un poco por ello. Es reconfortante en cierto modo.
Asentí con la cabeza. Estaba tenso. Tenía el cuerpo tenso por completo. Sentía que de un momento a otro sacaría una pistola y me dispararía en medio de la calle, o me engañaría llevándome a lo alto de un segundo piso.
-¿Y? ¿Vienes? -dijo.
-Ahm... tengo que hablar con Sherlock primero.
Saqué mi celular. Cuando intenté enviarle un mensaje, me salió otro que indicaba que no le quedaba dinero.
-¿Me prestas tu celular?
-Claro.
Eso me sorprendió. ¿Una aliada de Moriarty me prestaría su celular? No lo creía.
Envié un mensaje rápido. Esperé a que apareciera el signo de envío confirmado y se lo regresé a Haneen.
-¿Nos adelantamos? ¿Sherlock podrá llegar después?
-¿Estás muy apresurada?
-Claro. Son las cinco y media. ¿No viste la hora, despistado? -dijo, mirándome con afecto.
Eso me cohibió un poco. Chequeé mi celular.
-Creo que tengo la hora mal -dije.
-Suele suceder con los celulares modernos. Demasiadas interferencias en Madaba.
-¿Por qué?
-Prácticamente toda la ciudad tiene WiFi, y el Huso Horario no tiene demasiada lógica.
-Sherlock cree lo mismo. Pero siento que es una manera de resumirlo, o sería engorroso para algunos países estar cambiando de hora.
-Sí, pero nosotros compartimos horario con Finlandia. Cuán equivocado esta eso -dijo, riendo- . Es absurdo. No somos muy parecidos a ellos, ¿no?
-Todos nos parecemos en algo. Finlandia, ¿eh? El apellido Magnussen se usa allí.
-Sí. Digo que no nos parecemos porque he estado allí.
-También se usa en...
-Noruega, Dinamarca... -dijo ella.
-Tienes gran conocimiento de esto.
-Claro. Son guía turística. Suerte que decidí quedarme aquí, no soporto el frío. Sólo he ido una vez a esa parte del continente.
Sólo una.
-Entonces no has viajado tanto.
-He viajado más que otras personas, sí -dijo, con fingida arrogancia.
Era encantadora. ¿Cómo podría ser... una criminal?
Tomamos un bus cerca de allí. Haneen parecía inmune ante tanto peso, por lo que su fuerza era intimidante. Sentí más necesario que nunca ayudarla con eso.
-¿Estás segura de que no necesitas ayuda?
Ella dio un suspiro, rendida.
Me pasó el bolso con la laptop. Estaba seguro de que el bebé pesaba más que la laptop.
-Eres amable.
-Gracias.
Nos sentamos al inicio de la micro. Era extraño ir en un bus. Yo y Sherlock siempre tomábamos taxis. Sólo ahora me daba cuenta. ¿Por qué siempre habíamos tomado taxis?
Nos bajamos en una zona un tanto vacía de Madaba. Dejamos la ciudad atrás y pronto nos internamos el terreno más desértico, y el bus ya no fue más allá. Fuimos los últimos pasajeros, y la tensión que sintiera al inicio del recorrido se había disparado a niveles increíbles.
-¿Estás segura de que es aquí? -le pregunté.
Adnaan le sonreía a su madre, pero su madre miraba por la ventana del bus. El sol iluminaba centelleante aún.
-Siempre queriendo ser educados -susurró.
-¿Qué?
Dios, no.
Haneen se volteó a mirarlo. Su voz era grave ahora, y su rostro hermoso aún, denotaba imparcialidad. No pude deducir nada de su expresión. Era como Sherlock cuando estaba sumido en una deducción especialmente serena, para luego intensificarse y detenerse en una sierte de orgasmo.
Lamenté no haberme quedado en el hotel. Lamenté no ser más considerado ante su preocupación por mí. ¿Era también egoísta por ignorar sus peticiones u... órdenes? O de hecho, ¿Yo era el único egoísta allí?
Recordé a Sherlock la noche anterior, cuando me creyó dormido y introdujo su mano en mi abdomen. La tenía fría como el hielo y había querido entibiarla, pero no dejó de mover su pulgar. Era algo tan platónico, y sentía que con el sexo lo arruinaríamos, y no obstante, sus besos eran a veces tan intensos. ¿Podría negarme a mis deseos de tenerle para mí por una noche?
Al día siguiente me había chequeado el abdomen frente al espejo, un tanto vanidoso de repente. Debía adelgazar un poco.
Y ahora estaba allí, en manos de una secuestradora.
-¿Trabajas con Moriarty, no es cierto? -le susurré.
Aún estábamos en ese bus. El conductor estaba quieto en su puesto. Estaba contratado, por supuesto. Agradecí que ninguno de los pasajeros hubiese optado por llegar hasta allí.
Ella rió por lo bajo ante mi pregunta. Fue increíble que a pesar de la frialdad de antes, de pronto su rostro se iluminara. Así era cómo las mujeres malvadas lograban las cosas: mediante su encanto. Pero entonces si miraba a Haneen en su generalidad no era el prototipo de mujer atractiva, y que Sherlock la miraba con afecto cada vez que se la topaba. Si se había ganado a Sherlock, sin duda era más peligrosa de lo que aparentaba.
-Podría decirse que trabajo para Moriarty -dijo, sonriend. Su voz volvía a ser agradable y femenina. Aparté la mirada de ella, aturdido. En verdad tenía habilidad- . Pero no lo hago. Mi relación con él es totalmente diferente.
Miré a Adnaan.
-Adnaan es...
-No. Dios, no -dijo, horrorizada. Sus ojos se abrieron como platos, y este gesto me recordó pertubadoramente al de Moriarty, como la maldad haciéndose con el alma de una persona antes inocente.
-Entonces cuál...
-Ya lo sabrás. Paciencia. Necesito que Sherlock aparezca por aquí.
La fulminé con la mirada. Me paré de la silla del bus de un sopetón.
-¿Dónde vas? No puede volver a pie. Ni siquiera andas con una botella de agua. Llevas días aquí, John Watson y aún eres incapaz de llevar una bajo la manga. El calor es traicionero, John.
-No me llames así -le dije, deteniéndome al inicio del bus, dándole la espalda al conductor.
El bolso con su laptop seguía colgado de mi hombro. Haneen estaba disimulando muy bien su preocupación por él, y tras recordar el asunto acerca del dispositivo de Magnussen, no me cabía duda de que debía haber información sobre él allí. Aún no creía la teoría de Sherlock sobre su buena memoria. Allí había gato encerrado.
-Sherlock sospecha de ti, Haneen. No vendrá si es así.
-Oh, ¿Estás seguro? -preguntó, caminando hacia mí- Sherlock está muy lejos de no involucrarse. Él siempre se arriesgarse. Lo he visto en cada uno de sus casos desde Carl Powers, John. Siempre he estado allí, mirando, y siempre, siempre se involucra, aunque sea peligroso.
-No. Sherlock no es tan desinteresado. Sherlock no es un héroe. Es un detective. Hace deducciones por el bien de su cordura, no por el bien de la gente.
-Los salvó a ti, a Deloris Hudson y Greg Lestrade de ser baleados en la cabeza. Estarías hecho polvo ahora mismo si no fuera por él. ¡No me digas que no es un héroe porque sí lo es!
Me quedé callado. Haneen me fulminaba con la mirada, con un odio en los ojos que me asustaba. ¿Cómo una mujer tan pequeña podía ser dulce en un momento y atemorizante en otro?
-Sherlock está del lado de los ángeles. Él mismo me lo dijo. Lo reconoció a ver de lo estúpido que es. ¿Por qué alguien querría estar del lado de los ángeles? ¡Este mundo ya está lleno de corruptos! -gritó, cogiendo el extinguidor al lado del conductor. Yo me alejé, pasmado- , ¿Por qué ser el amable, el comprensivo, el bueno, cuando van a hacerte caer por eso? ¡¿Por qué querría estar del lado de los ángeles?!
Entonces lanzó el extinguidor por una de las ventanas. Me protegí en el lado del conductor, pasmado, y vi a Haneen respirando agitada en el pasillo del bus. Aquella mujer estaba loca... o muy enojada.
Salí del bus a trompicones.
-¡Por qué querría hacer cosas buenas como el señor William Sherlock Scott Holmes cuando no sirve de nada contra tanta corrupción! -Bajó del bus tras de mí- Yo también... también tengo derecho a jugar un poco.
-Sherlock no vendrá. Te lo repito.
-Vendrá. Sí. Va a venir a su damisela en peligro. Siempre lo hace. Quiso salvar a Carl Powers. Quiso salvar a Victor Trevor. No lo logró con ninguno de los dos. Con el primero no había nada qué hacer al respecto, y el segundo... -Haneen sonrió por un lado de la boca- nunca le quiso. Dejó a Sherlock de reserva. Quién dejaría a Sherlock Holmes de reserva.
Haneen se sentó sobre la arena de piernas cruzadas. Adnaan seguía en el bus, y podía oírlo llorar... Vi la expresión de Haneen suavizarse. El ruído del vidrio al romperse lo había asustado.
-¡Henry! -gritó Haneen.
El conductor se asomó a la puerta del bus.
-Dale leche.
-Sí, señora.
Henry fue donde Adnaan.
-¿Cómo sabes sobre Carl Powers? -pregunté.
Haneen puso los ojos en blanco.
-Cariño, eres un encanto, pero vaya qué eres inútil para deducir. ¿Por qué Sherlock te ha conservado? Oh, porque eres buena mascota.
La miré con atención. Mascota. Por supuesto. Haneen sonrió, como si estuviera leyendo mi pensamiento. Sentí mi garganta ceder por un momento.
-El celular estaba encriptado -dije.
-Claro. Sólo está conectado con el de Richard. El mensaje que enviaste nunca llegó, cielo. Ya ves que sólo se necesitan unos pocos actores para armar un escenario.
Sentí mi respiración empezar a agitarse.
-Tú eres Moriarty.
La sonrisa de Haneen se acentuó.
-Por supuesto que yo soy Moriarty. Sería peligroso usarme a mí misma en los momentos más peligrosos. Ya ves lo que le pasó a Richard Brook en ese techo de hospital. Tuvo que suicidarse para vencer a Sherlock. Yo no me suicidaría por nada ni nadie.
-Pero... ¿Cómo? -dije, aproximándome a ella. Haneen se levantó de la arena.
-Tengo altos y bajos, tenía que usar varias identidades -explicó, sorprendentemente serena- , pero todos son básicamente yo por mandato. Ya sabes -Sus ojos se abrieron como platos, con ese brillo de locura que soliamos ver yo y Sherlock en Moriarty las veces que nos lo topamos. O Richard... ¿Richard Brook? No, no debió ser su nombre. Sólo debió ser un seudónimo para atraer a Sherlock, como él mismo dijo, puesto que en alemán este nombre se traducía a Reichen Bach. Pero claro, allí había estado la primera pista del engaño, pues el miedo, el pánico de “Richard”, una de las identidades de este asesino, al vernos a los dos en ese departamento fue totalmente real. Dijo haber sido contratado por Sherlock, eso por supuesto había sido una invención, pero podía apostar a que su miedo había sido real.
Pero había un error allí. Sherlock había dicho haberse encontrado con Moriarty en Londres antes de venir aquí, para luego verlo de nuevo durante su secuestro. La última vez que Sherlock había visto su cara había sido finalmente en el desierto.
¿Entonces cómo?
-Estás mintiendo -le dije- . Sherlock dijo que Moriarty era el mismo de siempre. No se suicidó en ese techo.
-Bien, bien, estás dándote cuenta de los detalles -dijo Haneen aplaudiendo. Se paseó alrededor mío- . Sí murió en ese techo, John. Lo que vio de Richard tiempo después no fue producto más que de una mera hipnosis. Es algo bastante fácil de hacer. Pero ese Moriarty fue otro todo el tiempo. Otro más de mis contenedores, como les llamo yo. Un mero medio para acercarme a Sherlock, un medio que después de un tiempo fue real. Casi podía sentir el contacto de Sherlock a través de ellos.
-¿Tiene alguna relación sanguínea contigo, ese Moriarty? ¿El que conocimos por tanto tiempo como el real?
-Sí. Es uno de mis hermanos. Saben de mi invalidez mental, como ellos dicen. Mi cerebro está patológicamente comprometido. Síndrome de bipolaridad, personalidad múltiple, un poco de esquizofrenia también. Las tengo todas, pero tranquilo, cachorro -me dijo, mirándome con ese interés que había visto la primera vez que nos habíamos visto, ese interés que seguía siendo real pero que ahora me parecía totalmente perturbador- , no voy a perder el control otra vez. Especialmente porque tengo que hacer que mantengas la mentira ante Sherlock. No le dirás que su querida Haneen es una mentira, ¿o sí?
-Él sospecha de ti.
-Sólo sospecha. Y Sherlock ya ha pasado por mucho. Por dios, me resolvió el puzzle del dispositivo de Magnussen sin que tuviera que presionarlo mucho. No puede haber mayor síntoma que ese de que está emocionalmente comprometido. Nunca estuvo tan al yugo de sus emociones, y por eso me resolvió el misterio. Puedes agradecerte a ti mismo, cachorro. Tú fuiste quien lo hizo débil.
-Yo no hice nada sobre Sherlock. Nunca he sido capaz de influenciarlo.
-¿De nuevo con eso? -dijo ella, llevándose las manos al pelo corto y tironeándoselo- . Debo confesar que yo pensaba igual antes de conocerte en persona. Leía el blog, incluso posteaba algunas cosas, por medio de “Theimprobableone”, ¿lo recuerdas? Y “Anonymous”, sinceramente repetitivo la verdad, y tus posts me parecían sinceramente tan... superficiales. Estaba todo tan romanticizado que aburría. Pero eres un romántico. Sherlock te elogió con ello en la boda, y quise pararme y dios, aplaudirlo por decirlo de modo tan de elogio. Ese lamebotas... pero no podía, tenía que permanecer en personaje.
-Tú no estuviste allí...
-Sí estuve allí -dijo. El sonido tenue de un nuevo bus se escuchó tras de mí. No me volteé a mirar- . Estuve presente a través de uno de mis contenedores. Estuve cerca de los novios por mucho tiempo. Y por fin pude demostrar mi amor por Sherlock de alguna forma. Siempre en la forma de alguien más, lo cual era frustrante. Pero... aunque le odiaba por haberse vuelto tan manejable, le amaba también. Se preocupaba tanto por alguien tan insignificante como tú. Alguien tan... poco observador, tan poco perceptivo acerca de todo, incluso acerca del amor de Sherlock por ti -Me removí, incómodo. El bus se había detenido unos metros más allá. Veinte, según el sonido que podía calcular- . Me acerqué mucho a él durante ese período de separación entre ustedes dos. Se había vuelto tan solo, Sherlock, tan... vulnerable -dijo esto tanto con lamentación como con asco, como si el volverse débil por causa de alguien fuese despreciable- . Pero nunca... nunca me dio la pasada como dije. Dios, hice tantos avances. Y esa perra de mi prima tenía herramientas y todo, y nunca pudo seducirlo, nunca pudo convencerlo de ir a la cama. Fue frustrante, y me di cuenta de que tenía que conocerte -Me miró de nuevo, con fijeza, casi con fascinación. Los pasos de siete hombres se escucharon aproximándose a nosotros. Eran servidores de Haneen, sin duda- . ¿Quién es este John Watson, el bloguer más imbécil del mundo, menos detallista, más común y corriente del mundo, que le ha robado el corazón a uno de los hombres más inteligentes del mundo? Hombres, sí, déjame apuntar eso. Porque yo sigo siendo la más brillante por aquí -Caminó hacia mí, y yo, rígido como estaba por el miedo hacia esa criatura, dejé que pasara los brazos por mis hombros- . Conozcamos a John Watson, y veamos si como Sherlock, caemos también. Y... -rió irregularmente- caímos. Caímos, caímos, caímos... Nos paseamos en camisa delant de ti, te sacamos celos con Sherlock, pero... mi prima no era tu tipo. Era obvio. Y menos si te estábamos haciendo enojar merodeando a Sherlock.
Janine. Por supuesto. ¿Y Mary?
-Oh -Se tapó la boca sorpresivamente- estamos hablando en plural. Mala señal.
Tragué, y ella se alejó de mí.

-Ahora, te advierto: no le digas nada a Sherlock. Si le dices algo, yo te diré a ti que había en ese pendrive que le cediste a Mary en Baker Street, donde estaban todos sus secretos, todo lo que había hecho, y que según ella haría que dejases de quererla.
-No me importa. Estoy enojado con ella y está muerta ya.
Haneen se encogió de hombros.
-Sí, pero lo que hizo no deja de ser verdad, y te aseguro que querrás terminar con tu vida si sabes todo. Mary Morstan no era ninguna santa. Sí, te amó de verdad como todos quienes se topan contigo, John, pero era una rata asquerosa.
Se quedó callada por un momento.
-No le digas nada a Sherlock. Deja que siga creyendo que soy un pan de dios, y no lo harás sufrir. ¿Entendido?
No quise responder. No obstante, ella no insistió en conseguir una respuesta. Se me quedó mirando, recorriendo las líneas de mi rostro. Detrás mío, los siete pasos se habían ubicados en fila. Me sentí tan expuesto.
-Ni siquiera eres increíblemente guapo. No me malentiendas, eres atractivo. Pero... me gusta algo en ti que no puedo... encajar. Quizá me gustas porque te atrae el peligro, porque amas a Sherlock, una criatura tan malentendida como él, alguien que normalmente todos detestarían. O quizá me gustas porque eres como él, como Magnussen, como todos nosotros.
-Era Janine, ¿verdad? -pregunté.
-Oh, ¿hasta ahora estabas especulando? Sí, eso es lo que te arruina: eres leento.
-No...
-Pero vales la pena. Mira nada más, Moriarty y Moran enamoradas de ti, el cachorro del perro sabueso Sherlock Holmes.
Fruncí el ceño.
-¿Moran? ¿Quién es?
-OK, te lo diré. Qué más da. Moran es...
-¡NO! -gritó una voz detrás mío.
Sherlock. Era uno de los siete hombres. Al siguiente segundo me había tapado los oídos con las manos. No obstante, Haneen siguió hablando delante de mí, aunque sólo alcancé a verla modular.
-Sherlock... -le dije, aunque sólo pude oír mi voz, en lo profundo de mi garganta. Intenté voltearme hacia él, pero me lo impidió: sus manos presionaban muy fuerte mis orejas.
-¡No la escuches! ¡No la escuches, John! -gritaba Sherlock. Sólo podía oír su voz amortiguada detrás de mi cabeza, y su aliento caliente contra mi nuca- ¡No la mires! ¡Tampoco la mires!
Pero no pude evitarlo. Miraba la modulación de la boca de Haneen sin realmente querer saber lo que decía. Había querido preguntarle qué relación sanguínea tenía Haneen con Mary, pero no me había hecho falta preguntarle. Me lo dijo sin llegar nunca a oír su voz.

Soy Asexual?


Resulta que hace unos días, habrá sido el jueves pasado o algo, me di cuenta de algo muy decidor.

Toda mi vida he sido muy tolerante de las orientaciones sexuales de otros, siempre ha sido para mí una cuestión de lógica aceptarlas. Y si no las entiendo, investigo, cosa lógica de hacer cuando uno no sabe algo a ciencia cierta, aunque claro, algunas personitas se quedan en la ignorancia porque se sienten bien odiando algo que se diferencia de ellos. Como que se sintieran más inteligentes.


La mayor parte de mi vida di por hecho que me gustaban los hombres, aunque nunca me sentí interesada por alguno de ellos sexualmente, nunca me dieron ganas de besarlos, de abrazarlos, nada, y cuando tuve mi "primer amor", que era un niño de catequesis a los 10 años (cómo pude perder el tiempo todos los sábados por la mañana yendo a esa mierda!!!), nunca tuve en consideración acercarme y tener algo con él. Nunca lo tuve en consideración, simplemente lo llamé mi primer amor y en mi agenda "Artilugia" llené todos los datos que sabía de él en la sección para "Tu chico" que había después de la página del propietario de la agenda, ya saben esa típica donde pones tu nombre, teléfono, signo zodiacal y weás. Puse el nombre del niño de Catequesis, su edad, su color de pelo, de ojos, pero no sabía nada más, y nunca me propuse tratar de averiguarlo. Y así
Camila Gutierrez, escritora, guionista y periodista
me pasé los dos años que duró la catequesis, convencida de que estaba enamorada de él, pero la verdad es que no recuerdo sentir ningún sentimiento especialmente fuerte alrededor de él, tal vez nerviosismo, pero en ese tiempo tenía una fobia social tremenda, así que la causa no creo que sea a haber "caído en el amor" como dice Camila Gutierrez.

Luego empezó a gustarme Johnny Depp porque lo vi en "Edward Scissorhands". Llegué a esa película por la música. La usaban en reality shows, y siempre que la escuchaba me causaba un placer tremendo. Y así fue como supe que la película a la que pertenecía la música era "Eduardo Manos de Tijeras". Me creí enamorada de él por AÑOS, pero mirándolo ahora, creo que siempre ha sido pura fascinación y admiración, y algo de ternura por como aparece en "Edward Scissorhands". Siempre me han atraído hombres por su ternura más que por otra cosa. Y en cuanto a Johnny Depp, siempre me han atraído las historias medio retorcidas, terroríficas y gores, medio tiradas al espectro gótico del estilo, y Johnny Depp tiene muchas películas de esas con Tim Burton como director y creativo. Recuerdo haber arrendado "La leyenda del jinete sin cabeza" y haberla visto muchísimas veces. Lo mismo con "Edward Scissorhands", aunque esa la vi menos porque verla me daba una tremenda tristeza. El final, para una niña de unos doce, era demasiado triste y deprimente, además entintado de esa belleza y característica etérea que rodea a Edward al final de la película, cuando se queda vivo, inmortal y solo, haciendo esculturas de hielo en el castillo que fuera de su creador, fue catastrófico para mi pequeño ser poco acostumbrado a las emociones demasiado fuertes y tristes.
Edward y Kim. Nunca me imaginé como Kim. EVER.

Luego, claro, lo vi en "Piratas del Caribe" y allí mi admiración como que llegó a su tope. El tipo era camaleónico, y creo que después de eso empecé a ver muchas muchas películas, especialmente de época. Recuerdo haberme sentido enamorada del Sr. Darcy en "Orgullo y Prejuicio" del 2005 (vi esa película como 40 veces, y hace unos días volví a verla de nuevo después de leer el libro por segunda vez. Qué libro más perfecto, weon, obra maestra), pero creo, en perspectiva, haberme sentido enamorada más de la historia de él con Elizabeth que de él mismo. Nunca me imaginé a mí misma en la situación de Elizabeth, teniendo a Darcy enamorándose de mí, como hacen algunas escritoras de Wattpad cuando escriben historias con los cantantes de One Direction llamadas "Zayn y tú", "Louis y tú", "Harry y tu", "Blah blah y tú", historias generalmente escritas en primera persona en que los personajes principales son tú -la/el que narra, o en este caso la/el que lee la historia- , y algunos de los One Direction.

Link de la historia, para que la lean: (x)
Nunca me he puesto en esa situación romántica, siempre me he enamorado de las historias, de las parejas, siempre he sentido escalofríos y excitación ante la visión de otros haciendo lo que las parejas hacen. Cuando besé por primera vez no pude sentir más que incomodidad, y seguí sintiendo incomodidad cada vez que me besaron, aunque mi primera relación fuera linda y me sintiera muy muy bien con él -él, claro, no me creyó, y terminó odiándome porque nunca tuve sexo con él- . Aún estoy en la esperanza de encontrar a alguien a quien bese y con quien me olvide del mundo mientras lo/la beso, pero con esto que me he dado cuenta, empiezo a resignarme. Cuando llegué a la edad de la pubertad, no recuerdo haberme sentido interesada en hombres -los ñiños, como decían mis compañeras- realmente. En la sala de clases, cuando pasaban niños en la calle tras la sala, en la vereda de en frente, recuerdo que todas se amontonaban a ver y chillaban y saludaban, y yo no podía estar menos interesada. En otras ocasiones he FINGIDO sentirme interesada, y con los años he desarrollado una costumbre de hablar de sexo sin tapujos. Aunque la verdad es que nunca he tenido esa parte del sentido común que te hace no hablar de ello. Siempre he hablado y leído sobre sexo como si fuera algo externo a mí, ahora me doy cuenta. Hablo de sexo y leo sobre sexo como si estuviera investigando algo de otro mundo, que otras especies hacen, y creo que por eso nunca he sufrido de homofobia. Nunca. Literalmente. Da Vinci era mi ídolo de chica, recuerdo, y nunca puse ningún reparo ante el hecho de que fuera gay. Mismo pasa con Freddie Mercury. La primera vez que escuché a Queen fue a los 7 y poquitos años después mi papá comentó que era gay y yo "Mish. Da". No me importó en lo más mínimo.

Pasó lo mismo con t.A.T.u. a los 12 años, ya saben ese duo de rusas que se supone eran lesbianas. Puse el CD un día en la sala de clases en un descanso, así como si nada y desde entonces pensaron que yo era lesbiana. Me tenía sin cuidado que las minas fueran lesbianas, aunque supongo que el hecho de que fueran diferentes de lo usual, que rompieran con la heteronormatividad, traía una característica de fascinación a mi ser hambriento de cosas diferentes -siempre gusté de lo diferente, de chica estaba pegada con la cultura china sólo porque escribían con un método y letras diferentes, y siempre me ha fascinado la vestimenta de las musulmanas aunque sea feminista, sólo porque se visten diferente- . Pero la cosa era que las canciones eran buenas, sonaban diferentes y sus voces eran inusualmente agudas y controladas, y eso me gustó. Y sus canciones sonaban dramáticas aunque no supiera qué chucha estaban diciendo.


Este dibujo me gustaba especialmente, y creo que había un elemento de morbo de por medio en mi gusto por esto, aunque el ver lesbianas no me provoque en lo absoluto. Estéticamente, sin embargo, la idea de dos mujeres juntas es muy atractivo, al igual que dos hombres juntos, especialmente si son estéticamente asexuados. Eso es lo otro, la gente que está como en el medio entre mujer y hombre, la gente genderqueer siempre me ha atraído mucho, pero de nuevo, no sexualmente.

Erika Linder, modelo (mujer). A la derecha, como mujer, a la izquierda, como hombre.

Creo que esta falta de homofobia -porque estoy casi convencida de que todo ser humano pasa por un período de homofobia, a menos que ese período se extienda a toda la vida- se corresponde con el hecho de ser asexual, de rechazar esta sensación de no pertenecer que siempre he tenido, si bien nunca me ha importado especialmente. Y es que en un mundo tan lleno de referencias e imágenes sexuales, cualquier asexual se siente fuera de lugar. Pero nunca me ha importado no haber tenido más de un pololo y nunca he andado especialmente desesperada por hacer lo que todos hacen, así que el no tener ningún interés por alguna persona, interés sexual y romántico, nunca fue una fuente de inquietud para mí. Me acostumbré tanto a la idea o más bien al hecho de que soy diferente -cuando sufrí de discriminación de adolescente por parte de mi hermana, por ser otaku, y que todavía sufro, aunque por muchas otras razones más- , que empecé a gustar de la idea de ser diferente y empecé a hacerme adicta al rechazo. Sí, lo que escuchan, me hice adicta al rechazo, o no adicta, sino que me siento bien siendo discriminada, me siento bien al ver que otros me desaprueban, mientras no me llamen fracasada o inepta. Eso sí me duele. Pero que me llamen "rara", que me griten "lesbiana" en la calle por usar pelo corto -sí, la gente es así de estereotipadora y descerebrada- , que me critiquen por mi ropa, que me critiquen por no llevar maquillaje, me llena de un sentimiento de satisfacción que en la
mayoría de las personas no sería tal, más bien sería un sentimiento de fracaso, de no pertenencia, que termina a todos por convencer de cambiar para encajar con la masa. Desde cosas como usar tacones para no verse baja hasta ser ultra-homofóbico para que no sepan que eres homosexual, la gente siempre se ha cambiado a sí misma para encajar.

¿Y por qué? Unos dirían por cobardía, pero hay que decir que ser diferente no es una cosa que sólo afecte tu autoestima: afecta tus relaciones personales, tus oportunidades de trabajo, etc. Abarca un ámbito económico que de adolescentes muchos no llegan a entender. Yo misma me estoy dejando crecer el pelo porque sé que aumentará mis oportunidades de contratación. En el colegio donde hice práctica me preguntaron casi directamente si tenía novia -usaba pelo corto- , y aunque no eran discriminadores acerca de ello, sino curiosos, no puedo estar cien por ciento segura de que la actitud sea tan respetuosa en otros colegios donde trabaje. Estos eran niños más cultos, de clase alta, así que la posibilidad de homofobia era menor. Quizá el estereotipo esté equivocado, ya que en este país -Chile- los sectores conservadores son los más homofóbicos y racistas, y los conservadores tienden a ser de clase alta, pero mi percepción personal a nivel de alumnado en el caso de este colegio, fue esa.

Durante toda mi vida, siguiendo con el tema, pienso que en el fondo, bien en el fondo, creí ser heterosexual, creí ser bisexual, demisexual, pansexual e incluso lesbiana porque estaba dándome vueltas alrededor del hecho de no haber sentido nunca ninguna atracción sexual por una persona de carne y hueso. Pensaba "Ya va a llegar, ya va a llegar", y también pensaba "OK, he encontrado atractivas a mujeres y hombres, tal vez sea bisexual", "OK, encontré sexy a Lee Pace travestido en la película 'Soldier's Girl', debo ser pansexual (pansexualidad incluye atracción por transexuales)", "OK, no he sentido atracción sexual por nadie, soy demisexual. Cuando me enamore de alguien, cuando tenga una conexión emocional con alguien, querré tener sexo con ese alguien" y así  así sacando conclusiones que no venían al caso, sólo porque la idea de la asexualidd todavía no estaba en mi cerebro, sólo porque no la consideraba como algo que encajara conmigo. Y creo que cualquiera se confundiría con el nivel de fetiches y situaciones sexuales que me han excitado durante mi vida.

YAOIII
Primero, el yaoi me excita, luego el porno gay me excita, hasta que me aburre y dejo de mirarlo -de verdad, termina aburriéndome, y cada vez es más largo el tiempo que paso sin ver al menos un videito. Mi favorito es cuando hacen el sandwich de tres- , luego, el más importante de todos: escribir escenas de sexo me excita, y a veces ni siquiera escenas de sexo, sino escenas donde los personajes se acarician y se besan. Basta eso y empiezo a sentir algo ahí abajo (ejemplo de una escena de sexo escrita por mí (página 5): (x)

Creo que la mayoría de las personas considerarían esto un problema. Todo el tema del yaoi, de la fijación por las parejas gay (masculinas)... todos pensarían "Ah, esta tipa está enferma", pero luego recuerdo que a los hombres hétero les excitan las lesbianas y se considera normal. Un fetiche, pero normal.

Hablo tanto de sexo y sin tapujos, además, que todos asumen que tengo un montóoon de sexo. Pero lo cierto es que ni siquiera la gente que es sexualmente activa es tan abierta acerca de hablar de sexo. Es decir, cuando estaba en el colegio recuerdo que mis compañeras hubo un tiempo que hablaban de ello cada vez que el profe dejaba la sala, pero una vez les nombré la palabra "masturbación" -femenina- y me miraron como si hubiera cometido un sacrilegio. Hablan sobre querer darles sexo oral a sus pololos pero no hablan de masturbación propia porque lo consideran perverso.


Lo cierto es que la apertura de mente que tengo para hablar de sexo, ahora que lo veo con altura de miras, es a causa de que veo el sexo como una materia de estudio, como un tema de investigación, y no algo que debiera hacer o que QUIERA hacer. El investigar y hablar sobre sexo siempre ha sido a causa de que tengo hacia el tema una sensación ajena que los demás no tienen. Para la mayoría el sexo es parte de sus vidas privadas, y al tener esa visión yo pienso que surgen problemas como la homofobia, en que al enterarte de las costumbres o preferencias de otra persona en la cama te
sientes amenazado porque se supone que es algo que tú no deberías saber o algo que tú no harías. De lo que sí habla la gente libremente y como cosa diaria y normal es sobre "quien se está
acostando con quien". Ese tipo de chismes son los que le importan a la gente, chismes que a mí nunca me han interesado, porque no veo el sexo como una conexión entre dos personas estrictamente, sino como una actividad. Una actividad tan normal como comer, como dormir -creo que por eso no le doy tanta importancia, porque hay gente que no se siente asidua a hacer cosas que muchos hacen, como comer chocolate, o ir a la playa, o viajar, o comer. Hay gente que come porque hay que comer, como Sherlock de la BBC, que pasa sin comer días enteros, ya que ve el cuerpo como un medio de transporte. Vemos en muchas escenas que mientras John come, Sherlock no lo hace porque su digestión interfiriría con su proceso de deducción (lo cual tiene lógica dado que la digestión te pone soñoliento).

John tiene un plato en frente suyo, Sherlock no.

Veo el sexo como algo normalísimo, como el deseo innato de muchos de bailar o cantar cuando escuchan una canción que les gusta, aunque a mí no me atraiga tanto el sexo como bailar y cantar o por ejemplo, escribir. Es decir, entre escribir y tener sexo prefiero escribir, aunque eso no significa que quiera deshacerme de mis partes sexuales. No, no tiene que ver con eso, al menos no en mi caso. Hay asexuales más radicales a los que no les interesan las sensaciones, el placer sexual, y eso está bien, así se sienten ellos, pero en mi caso, el placer sexual, aunque no exactamente la masturbación, sino lo que producen en el cuerpo las fantasías sexuales -sin autotoqueteo de por medio- es algo que encuentro tremendamente importante. Sin embargo, lo encuentro importante porque sin esas sensaciones no podría escribir. Cuando escribes una escena en que intervienen ciertas emociones, a mí siempre me ha resultado mejor el sentir esas emociones yo misma mientras escribo, y por eso mismo utilizo tanta música cuando escribo, porque la música te ayuda a ponerte en el humor. En el caso de las escenas de sexo, estar excitada una misma, estado físico al que llego a través de la visualización mental repetitiva de la escena que estoy a punto de escribir, es muy importante para que al escribirla salga lo suficientemente realista y pues, bien escrita, para que el lector y yo misma nos excitemos al leerlas. No encuentro que sea realmente coherente que un escritor escriba una escena emocional sin que el lector se emocione él mismo. Es decir, según lo que me han comentado, transmito bien las emociones que están tomando lugar en la escena:




Ahora viendo todo eso en pespectiva, me he dado cuenta de que siempre me he puesto fuera de las historias, nunca dentro. Hasta Stephenie Meyer que escribió "Crepúsculo" se imaginó a ella misma como Bella, ya que la historia se basó en un sueño que tuvo en que ella estaba con un chico guapo recostados en un prado. Todos se imaginan a ellos mismos en las situaciones, en situaciones sexuales, pero yo nunca lo hice, y cuando me imagino, siento que no encaja. Por eso siempre he dicho que "estoy enamorada del amor". No he escuchado a nadie más decir eso. La gente siempre tiene algún crush, alguien que le gusta, pero yo no. Nunca me he enamorado de una persona real. Quizá Benedict Cumberbatch que ha sido lo más fuerte últimamente, y con quien como que me he forzado un poco a imaginarme teniendo algo... o en el acto mismo. Pero siempre se ve forzado y estúpido, como que no encajáramos. Me gusta Benedict mucho más porque lo encuentro tierno, como cuando ves un gatito extremadamente tierno, tanto que te dan escalofríos.


Quizá todo esto sea baja autoestima, pero muchas veces me he encontrado en mi vida siendo muy feliz de ser yo misma, y ni entonces me dan ganas de tener pololo. No es algo que esté buscando.

Esto último me recuerda a cómo en las películas cuando alguien dice que no está buscando a nadie con quien estar, la otra persona te dice que eres gay por ello.



Fuente imágenes: x, x, x, x, xxx

¿Qué es la Unanimidad?

Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.

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