¿Qué es la Unanimidad?

Es esa tendencia del ser humano a desear que todos los que le rodean entren en una cajita con una etiqueta que ellos aprueben. Si uno no entra en ese cajita, uno es rechazado socialmente.
Tenemos que destruir esa cajita, porque el ser humano es complejo por naturaleza. Todos somos diferentes y aceptables, a menos que uno sea un sacoehuéa abusivo con tendencias dictatoriales.

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Entrada apasionada

Cómo la Heteronormatividad arruinó a BBC Sherlock

( x ) Acabo de desperdiciar una hora de mi vida viendo un nuevo tvshow llamado "Apple Tree Yard" acerca de gente heterosexual...

viernes, 25 de septiembre de 2015

LOVE IS BLINDNESS - Capítulo 13

Capítulo 13:
"Creía que estaba soñando y estaba despierto"

Sherlock

Todos estaban conectados. Incluso Irene tenía relación con todos ellos, como si de un grupo se tratasen. Y no podían estar más lejos de serlo.
Le tapé los oídos lo más fuerte que pude, mientras yo oía cada palabra de Haneen. Estaba alterado, podía distinguir variaciones de emoción más violentas últimamente, y temía llegar a sufrir de un arrebato sicótico. Aquel caso se había vuelto mucho más perturbador de lo que había imaginado.
-¿Pudiste descifrarme, John Watson? -dijo Haneen.
Volteé a John hacia mí, al darme cuenta de mi error. John le había leído los labios. No obstante, John se soltó violentamente de mí.
-¡Basta de ocultamientos! -me gritó antes de dirigirse a Haneen. A Moriarty- ¿Qué más?
-Janine también está metida. Esa perra era mi espía. Traté de averiguar el funcionamiento del dispositivo de Charles por medio de ella. Ella no quería estar involucrada, pero... ya saben, todos tienen su punto débil, aunque algunos tienen muchos más que otros -Me miró a mí con esa sonrisa socarrona- . Algunos tienen una lista muuuy larga, que los hace sumamente vulnerables. Y luego está John, quien no tiene ni siquiera a su mejor amigo en ella. Su Mejor Hombre, el hombre que Mary Morstan amenazó con matar. Se equivocó medio a medio en ello, le dije perfectamente que no te tocara -Me dijo a mí- . Pero no se puede confiar en una mujer. Demasiadas emociones, enamoramiento... -Miró a John.
-No me vengas con eso. Mary era una mentirosa, no es posible que me amara si me ocultaba tantas cosas.
-Era un amor posesivo y enfermo el que sentía por ti, pero era amor igual. Aunque no es nada comparable al amor de Sherlock Holmes. Los sentimientos te hacen tan débil y tú, John Watson, estás arruinando la mente de uno de los detectives más agudos del mundo.
-Te equivocas...
-Oh, estoy bastante segu...
-Sí tengo a Sherlock en la lista.
-No. No lo tienes. No estaba en los archivos de Magnussen.
-Las cosas cambian.
-John, calla -le dije, acercándome a él.
-¡Mantente lejos de mí! -me gritó, volteándose a mirarme- Sé lo que vas a hacer y, Sherlock, no quiero que me protejas más. Vas a matarme en el proceso, ¿OK?
Tragué, sintiéndome en una isla de pronto. Si no protegía a John cual era el sentido de todo.
-¿Qué tan familia son tú y Mary, por ejemplo? -preguntó.
-Eres agudo con los rasgos raciales, ¿eh? Un digno hijo de la milicia. Pueden distinguir a israelíes y musulmanes a kilómetros de distancia.
-Respóndeme.
-Somos familia. Sólo eso te puedo decir.
-¡Dímelo! -masculló John, sacando una pistola de su bolsillo.
Me quedé paralizado. No había notado la pistola. ¿En verdad mi mente se estaba arruinando.
-John -le llamé.
-Aunque me mates, la red es muy grande, John -dijo Haneen- . Demasiado grande para hacerme perder mis lealtades. Me debe favores mucha gente, y van a cumplirlos incluso después de mi muerte.
-Mentiras -intervine, tratando de apartar a John del centro de la disusión- . Tú misma dijiste por medio de “Richard Brook” que las redes criminales no existían, que el código no existía.
-Tendí a agrandar la mentira, debo decir. Sí tengo lealtades, pero las he conseguido a cambio de favores. No puedes confiar ciegamente en nadie, Sherlock. ¿Creíste en verdad que yo tendría aliados? Me traicionarían a la primera oportunidad.
-Tal vez no tienes el suficiente carisma.
-Podrías educarme en ello. Pareces provocar un curioso efecto en la gente, que hace que confíen en ti ciegamente.
Miré a John se reojo. Eso no era del todo cierto. No obstante, John dijo:
-Eso es porque Sherlock siempre pone el bien por encima de todo. A veces actúa frío, ¿pero no dicen que la frialdad es necesaria para llegar a una solución?
-Y tú lo sabes mejor que nadie siendo un doctor. El problema es que nunca pudiste cumplirlo a cabalidad. Demasiadas emociones -dijo Moriarty, mirándolo casi con amor.
-¿Cómo fue que involucraste a tu propia hermana en el espionaje de Magnussen? -prosiguió John.
-John, no es la prioridad ahora... -le dije.
-¡No! ¡Quiero saberlo, Sherlock!
Di un suspiro. Debíamos encontrar una forma de escapar. Pero claro, de nuevo, ese era mi trabajo, y John confiaba en que lo resolviera, tal como ocurrió en Appledore. El problema era que en ese entonces resolví la situación de la peor manera posible, o quizá sólo de la única forma en que podía resolverse. Mary habría quedado en manos de Magnussen sino.
Y la había salvado gracias a que lo había asesinado. La había salvado, para luego verla rehuír de la vida en pareja meses después para acabar con el trabajo que había empezado. Qué desperdicio.
Miré a John de vuelta, sintiendo su dolor aún palpable por la pérdida de Mary, el dolor por verse engañado por las personas que más ha amado en su vida.
-Mi hermana quería el bien al igual que yo, sólo que era un poco más suave que yo. Para mí siempre ha sido el sacrificar cientos de inocentes con tal de aniquilar a los grandes. Y cumplir favores personales de antemano. Era la prioridad. Si esos favores personales tenían que ver con derrocar a las monarquías y... similares a esos -Me miró de reojo- entonces estaba bien. Pero Mary se desvió del camino y quiso matar a Magnussen. No me convenía. Aún necesitaba sonsacarle muchas cosas, y si una bala daba con su cabeza, nunca sabría sus secretos. No obstante, Mary estuvo lo suficientemente cerca de C.A.M. Para enterarse de cómo funcionaba su gran habilidad aparentemente memorística, y la encerré para sonsacarle esa información.
John la fulminaba con la mirada. Tragué, nervioso por miedo a que hiciera algo precipitado.
-Irene Adler fue una de tus aliadas -susurré a Haneen, para cambiar de tema.
John me miró de reojo.
-Me mantuvo al tanto de las fotos que consiguió, pero nunca se puede confiar en el corazón de una mujer. Yo claro tengo la ventaja de no ir mucho más allá de la atracción primaria. Hay alguna hormona que me está faltando, supongo -dijo, con sarcasmo- . Gracias a dios es así.
-¿Cuál es su estado con respecto a ti actualmente?
-¿Por qué? ¿Te interesa, Sherlock? Sinceramente predescible, es casi vomitivo... Pensé que no tenías interés por esa mujer. Es una criminal de la peor clase.
-¿Te has mirado al espejo?
-Yo tengo clase. Ella no discrimina. Yo lo hago, soy selectiva. Ella es una trabajadora de la noche y no elige a sus víctimas en el proceso. Si la llaman, va. Y si resulta ser este un cliente prometedor, le sonsaca secretos. Y a veces permite que sólo le paguen con ellos. ¿Qué se puede esperar de una mujer así? Así que quítala de tus puntos de presión, Sherlock. No vale la pena.
-Es un buen recurso, nada más -aclaré. Era verdad. No tenía otro interés por ella. Y más ahora, era un recurso valioso.
-¿Para qué quieres usarla, Sherlock? Te advierto que yo tengo más información sobre ella que tú. Más información de cualquiera, incluso de ti. ¿Quieres saber dónde está tu hermanito perdido?
John se volteó a mirarme, sin entender. Yo me quedé simplemente rígido. ¿De qué estaba hablando Moriarty?
-Apuesto a que ni te imaginas donde está.
-¿Qué tengo que hacer para que te calles? ¡Scott está perdido para siempre!
Moriarty sonrió con placer. John se acercó a mí, pero yo alcé mi mano para que no lo hiciera.
-Doctor Watson, ya sabe que puede retirarse. Le dije que no le haría daño -dijo Moriarty, sin apartar la vista de mí.
-¿Qué tan cierto es eso? -dijo John- Me secuestraste y me trajiste hasta aquí...
-A voluntad. Sólo por ser educado. Los hombres siempre son educados con las mujeres hermosas.
Cerré los ojos.
-Siempre creen que son ángeles.
-Sospechábamos de ti -dije con firmeza.
-Pero no estaban seguros. Veo cuán decepcionado estás, Sherlock. Querías que estuviera del lado de los ángeles como tú. Pero nada de eso se puede conseguir en la vida. Eres una persona pública, siempre... siempre querrán hacerte daño, llegar a ti. Desarmarte, deshacerte de ti, así que tira tus armas.
Los siete hombres que habían llegado antes se acercaron a nosotros. Me tensé entero, viéndolos pasar junto a Haneen marchando con la perfección de soldados pisando cemento. La arena era blanda, estaba suelta en ese sector, y tardaron un poco más en llegar a nosotros, por lo que hice lo que tenía que hacer.
Caminé hacia John y me puse delante suyo.
-Vete -le dije.
Los siete hombres llegaron donde nosotros. Saqué la pistola de mi bolsillo de inmediato y me volteé a apuntar a John. Él se quedó inmovil de espasmo.
-¿Qué...?
-Vete.
Los siete hombres me apuntaron en la cabeza. John los miró extraño, entonces miró hacia Haneen. Probablemente la mujer estaba suspirando de pesar por haber sido tan fácilmente descifrada.
-Sherlock, no...
-¡VETE! -dije, pasando la bala al compartimento. John se quedó quieto, con su expresión contrayéndose lentamente hacia el espasmo- ¡Te digo que te vayas!
-No lo haré.
Apunté hacia la arena. La ventaja de ese terreno era que la bala no rebotaría. John dio un salto.
-Sherlock, no de nuevo -dijo, con los ojos como platos. Su respiración comenzó a acelerarse, con el seco aire del desierto haciéndole daño en los pulmones. Quise que se detuviera, pues en unas horas tendría la garganta hecha trizas.
-Vete, te lo pido. Coge el autobús. El conductor te llevará de vuelta.
-No lo hará, Haneen lo ha comprado...
-Lo ha hecho, pero ya la oíste, no te hará daño.
John miró a los siete hombres. Vi la llama de la comprensión en sus ojos. No obstante, esta fue reemplazada rápidamente por el miedo.
-No te dejaré aquí -dijo, con un hilo de voz. Me rompió en mil pedazos.
-Piensa en Hamish -susurré- . Por favor, piensa en él. No le dejes solo.
-No me manipules con...
-¡HAZLO, MALDITA SEA!
La respiración de John estaba tremendamente agitada. Lucía como si estuviera a punto de empezar a hiperventilar... en parte porque me encontraba apuntándole con una pistola. Yo, no cualquiera. Además parecía estar intentando comprender el porqué de que Haneen no quisiera matarlo. Había algo más profundo que el hecho de que a Haneen le agradaba John, por supuesto. Siempre había algo más, y yo sabía perfectamente qué era.
Entonces pasó lo impensable. Me quitó la pistola y en un rápido y medido movimiento me cogió el brazo y me hizo un rápido esguince que me sacó un mudo gemido de los labios, para luego rodearme el cuello con su brazo. Llevó la pistola a su cabeza, le dio la espalda a los siete hombres y Haneen, sin poder verlos, y su respiración comenzó a calmarse un poco. Pero entonces pude ver que nuestros reflejos, aunque débiles, se alcanzaban a ver en los vidrios de la puerta del bus. Haneen estaba pasmada y John tenía el rostro desencajado por la tensión.
-Nos vamos los dos -le dijo a Moriarty- . Si no nos dejas, apretaré el gatillo.
-¿No prefieres quedarte y saber por qué no te mataré? Si se van, voy a seguir enviándoles espías.
-Desentraña cómo hacer el dispositivo tú misma -le dijo John- . ¡Sherlock no te ayudará en eso!
Puse los ojos en blanco. No era el dispositivo, era mi mente. Moriarty tenía que probar con un conejillo primero, si es que arruinaba el primer intento. Habían sido aliados, Moriarty y Magnussen, y aunque Magnussen nunca había conocido su verdadera identidad, habían sabido el uno del otro; pero Moriarty nunca se había enterado del secreto de Magnussen para controlar a todo el mundo conocido. Eran criminales, pero no se tenían confianza entre ellos.
-John, mide lo que dices. Tengo que quedarme o seguirán persiguiéndonos a los dos.
-¡Que así sea!
John disparó a tientas. Me volteé como pude, pasmado, pero no vi a ningún hombre caído. ¿Nunca había matado a un hombre con un arma, ¿no? El bichito sel orgullo se me encendió, y tomé la mano de John con la mía.
-John, déjame aquí...
-No discutiremos eso.
Subimos al bus. John me empujó hacia el piso para que quedase fuera del alcance de las balas y apuntó al conductor en la cabeza.
-¡ARRANQUE!
-John... -lo llamé en un gemido. Mi brazo dolía.
Iba a decirle que no era necesario. Había visto al conductor. Era un hombre cualquiera, amenazado por Haneen en medido de Madaba.
-¡HE DICHO QUE ARRANQUE!
El conductor pisó el acelerador y el bus comenzó a andar. Los balazos empezaron a oírse en los costados del bus.
-¡Rápido!
El conductor era separado, judío, con cuatro hijos y famoso por tener varias mujeres después de su divorcio. Probablemente adicto a la pornografía por no hallar satisfacción en la cama con ninguna de ellas. No era un hombre de tener sexo sin amor, y después de su mujer, quien le exigió el divorvio, no encontraba a nadie igual. Sentí cierta conexión con él, sólo que yo no veía pornografía, excepto la que había encontrado en la laptop de John. Pornografía para hombres heterosexuales. Sin BDSM, común y corriente.
Me arrinconé contra unas sillas, oyendo los balazos. El conductor se inclinaba hacia adelante, salvándose de los balazos por pura suerte.
¿Por qué lo hacían si no deseaban matarnos a ninguno de los dos? No matarían a John porque si lo hacían yo no cooperaría en el descubrimiento del funcionamiento del dispositivo de Magnussen y, naturalmente si me mataban a mí, no habría tal descubrimiento. Pero lo que no lograban asimilar era que no había tal dispositivo.
Magnussen era como yo. Lo recordaba todo, todo aquello que le fuera util. Y no estudiaba nada que no fuera util para él. Ambos fuimos un fiasco en el colegio por eso. Un verdadero fracaso, y gracias a ello me gané la fama, al menos para Mycroft, de ser un flojo retrasado sin capacidad para deducir. Pero lo que no siempre intentaba negarme a mí mismo era que Mycroft había sido quien me había enseñado a deducir, y en su aparente preocupación por mí olvidó a Scott. Él podría haber descubierto donde había ido a parar. Por mi parte yo, cuando sucedió su pérdida, no estaba en condiciones de descubrirlo. El suceso ocurrió mucho antes de Carl Powers. Mucho antes. Y en ese entonces era un incapaz, Inteligente y rápido, pero incapaz de deducir nada de lo que veía. Luego de la desaparición de Scott me obsesioné con ello, y odié a Mycroft por no encontrarlo. Y él me odió por ello.
-Sherlock -me llamó John.
Se acercó a mí gateando por el pasillo del bus y cuando estuvo lo bastante cerca levantó su puño en el aire. Cerré los ojos y contraí la nariz.
Su puño chocó contra mi pecho. Mi respiración se cortó un poco.
-Lo siento -dijo- . No debí hacerlo. Aún estás combaleciente.
-Estoy bien -dije, manteniendo los ojos cerrados. Mi brazo dolía. Di gracias a eso, pues era lo que estaba manteniéndome bajo control, al contrario de John.
Sentí su respiración encima, con olor a wasabi. ¿Otra vez estaba comiendo wasabi? Era como los tomadores de whisky, consumiendo un licor que resulta una tortura de consumir.
Abrí los ojos, pero la mantuve baja. John había matado la última oportunidad de cortar la conexión con Moriarty definitivamente. Si hubiera logrado hacer entender a Haneen que no había truco tecnológico de por medio, yo y John habríamos quedado libres. O quizá la furia de Moriarty me habría matado de una vez por todas. Nunca podría saberlo.
¿Por qué seguía poniendo a John en la línea? ¿Por qué seguía involucrándose?
-Pudiste dejarme allí -dije, con la mano en el brazo.
-No sería correcto -dijo, sentándose junto a mí y tocándome el brazo. Dolió terriblemente, pero me guardé las quejas.
Su contacto fue reconfortante y lentamente dejé de ser tan conciente del dolor. Y lo siguiente que me preguntó, que ya me lo esperaba, lo preguntó con una voz amable y cautelosa, la misma que ponía cuando quería pedirme favores:
-¿Scott era el nombre de tu otro hermano?
Sentía el motor del bus bajo las piernas. Sentí mi corazón acelerarse por el dolor que desde hace años aún no se iba.
-Scott Holmes.
-Scott no es tu tercer nombre, entonces -dijo con un dejo de broma.
Reí por lo bajo.
-No.
Me tensé de nuevo. Miré hacia el conductor, al notar que miraba hacia nosotros. ¿Nos dejaría ir libremente en verdad?
-Debemos hacer algo respecto a él -dije, bajando la mirada a la pistola que John aún sostenía apuntada hacia él.
-Nos llevará hasta Madaba -dijo John, manteniendo la vista fija en él- . En eso no hay discusión.
-No me refiero a eso.
-Sherlock, no nos queda más opción que amenazarlo...
-Pero sufrirá las consecuencias. Tiene cuatro hijos y una ex esposa que aún ama. ¿A quién crees que dañará Moriarty para vengarse de él?
La expresión de John se afectó.
-¿Cómo dedu...?
-Luego te digo.
-OK. ¿Qué hacemos?
-No estamos muy lejos de Madaba. Saquémoslo del bus y golpeémosle un poco...
-Dijiste que...
-Sólo así Moriarty creerá...
-¿De verdad piensas que se creerá el espectáculo? Él sabe que no harías algo como eso...
-Hay que intentarlo.
John dio un suspiro. Se paró en el bus sosteniéndose de las sillas.
-John, necesito algo de ayuda -le dije.
Retrocedió, sin quitar la mirada del conductor, y me cogió del brazo sano para levantarme.
-Detén el bus -le ordené al conductor.
Este nos miró por el retrovisor confundido.

John

Me encargué de golpear al pobre hombre, tras varias advertencias de Sherlock de que fuera cuidadoso. Yo estaba demasiado alterado y tendí a exagerar cuando comencé. Tenía los nervios un poco de punta, pero el shock me estaba manteniendo a raya. Sentía que en cualquier momento explotaría.
Sherlock se sentó en una silla del bus en cuanto tomé el mando del volante. Madaba se veía a la distancia y no tardamos mucho en llegar. Una vez allí llevé a Sherlock a una farmacia para comprar vendas
-Creí que me llevarías a un hospital -dijo con sarcasmo.
-No hace falta -dije, vendándole el sector del brazo donde el esquince había sido hecho. Pasé el pulgar por la articulación de su brazo, pero el dolor siguió eclipsando la sensación de cosquillas y apreté la yema contra ese sector, notando la dureza a partir de allí, y luego hacia arriba, en el biceps. Sherlock había estado entrenando. Cuando estuvimos en el mar lo noté, pero me encontraba en un estado de ensoñación en ese momento.
-Es... irresponsable de tu parte entrenar estando combaleciente.
-Ya no lo estoy -dijo, cerrando los ojos con fastidio- . A propósito, en cuanto lleguemos al hotel nos vamos de aquí.
-No te permiten entrar a Londres.
-Siempre se puede entrar camuflado. Pediré algo de ayuda del exterior.
Negué con la cabeza, exasperado.
-No puedes. Iremos a otra parte, a otro país, y quizá podamos resolver el caso desde allá. Exculparte.
-No tengo más tiempo. Necesito volver a Londres. La ayuda que necesito será suficiente. Confía en mí -dijo, llevando su mano a mi mano.
Tragué, y sin dudarlo, quité mi mano del vendaje listo. Me alejé de él hacia una de las estanterías de la farmacia. Estábamos detrás de los mostradores, tras suplicar en inglés a los farmacéuticos que nos dejasen ocupar su espacio. Iba a llevarme unas cuantas medicinas de repuestO. Sherlock había estado sintiendo dolor al dormir, por la herida de la bala, y había estado quejándose en sueños. Un poco de morfina lo ayudaría, aunque... temía que se hiciera adicto.
Y temía que mi rechazo agravara la situación. Pero simplemente no podía... no podía dejar eso pasar. Aún tenía el corazón acelerado a causa de verle apuntándome con una pistola. Había sentido tanto miedo al verlo de esa manera, alterado y controlado a la vez, apuntándome. Sabía que no me heriría, tenía la certeza, pero aún así...
-Llevaré algunas medicinas -dije, un tanto incómodo.
-John... -dijo.
-Para el dolor. Debes poder sobrevivir el viaje si quieres llegar hasta Londres.
Pensé que volvería a interrumpirme, pero en vez de eso un gran silencio se cernió sobre nosotros. Pude oír las voces de los farmacéuticos, y perdiéndome un poco en eso y en el pensamiento de lo que lejos que estábamos, no oí los pasos de Sherlock detrás mío. Me tomó de la muñeca y me hizo voltearme para besarme.
Me tomó por sorpresa. Cuando le rechazaba, lo que había hecho en repetidas ocasiones desde que había llegado allí, excepto por aquel atardecer idílico en un mar salado, usualmente Sherlock no insistía. Y a pesar de haberle visto dar el primer paso esa vez, aún no me acostumbraba a ese Sherlock besador cuya pasión se desbordaba como la de todos los demás al besar a alguien que... les gustaba.
Sentí sus labios cerrarse lentamente sobre los míos, tras mantenerlos entreabiertos sobre los míos, que se abrieron solos como un títere al comando de un titiritero. El roce siguió y siguió, suave hasta que fue totalmente superficial, aunque igualmente cálido. La tensión que estuviera sintiendo desde el momento en que vi el cañón de esa pistola apuntando a mi frente se fue del todo, y mi respiración se deshizo en un suspiro.
Separó los labios de los míos en un sonido húmedo, y yo me obligé a permanecer controlado, mientras me acariciaba la mejilla con la mano de su brazo sano. Pensé que volvería a hacerlo, por lo que mantuve los ojos cerrados, aunque sin dar ninguna otra señal de desear otro beso. Sherlock dejó resbalar sus dedos por mi mejilla hasta mi mentón, y en eso se cortó el contacto. Ya no hubo más, y yo abrí los ojos herido.
-Supongo que va a ser el último antes de mucho tiempo -dijo con la voz débil.
No me atreví a alzar la vista hacia él. La mantuve fija en su cuello, y me arrepentí de ello. Pues tras un momento tragó. La tenía anudada, y eso me dolió en el pecho.
-Pero gracias -dije, alzando la vista- . Estaba un poco nervioso.
Él asintió una vez.
-De nada.
Le vi morderse el labio inferior con estos cerrados. Se veía tan vulnerable de pronto. Pestañeó rápidamente y se tapó el brazo con la manga de la camisa de lino. Se alejó de allí hacia la entrada de la farmacia. Yo apoyé la cabeza en el estante, con un nudo horrible en la garganta. ¿Por qué no podía deshacerme de mi orgullo y simplemente estar con él? Pero no podía. Sherlock había insistido en dejarme fuera una y otra vez y... esta vez había pasado la línea. ¿Por qué no entendía que yo también me preocupaba por él, que necesitaba estar a su lado, que no me importaba ponerme en peligro si él también lo estaba?
Fuimos al hotel a recoger sus cosas. Sherlock estuvo calladísimo y más serio que nunca, pero le vi tragar repetidas veces. Le había hecho totalmente conciente de mi resentimiento. Quizá estaba exagerando, debía considerarlo, pero no podía evitar sentirme así. No podía solo estar con él libremente sin... pensar en cómo había intentado ahuyentarme. Cómo podía saber si iba a intentarlo de nuevo, dejarme en medio de la nada y huir para... mantenerme a salvo. O incluso volver donde Haneen, Moriarty, y ayudarle en sus planes.
No podía sólo hacer la vista gorda. Para Sherlock... según él, según su punto de vista tan limitado y a la vez tan extenso, para él si le ocurría algo, si salía herido en alguno de sus casos, en la vida... sólo él saldría perjudicado. Se olvidaba, siempre se olvidaba de que había gente que le quería y le necesitaba. Se olvidaba de que él no estaba solo en el mundo, de que incluso Mycroft estaba pendiente día y noche de él.
Recordé lo del hermano perdido, en esa breve conversación que él y Haneen tuvieron. Sherlock se había visto tan asustado, como si el que este hermano siguiera existiendo no hubiera estado dentro de sus posibilidades. Me preocupaba, y mientras hacíamos el equipaje en el hotel, en medio de un silencio incómodo, me atreví a preguntarle.
-Cuando Scott se perdió, lo dieron por muerto, ¿no?
Sherlock asintió, dándome la espalda.
-¿lo diste por muerto? -dije, incrédulo.
-Sí.
-Y Moriarty... ha estado pendiente desde entonces, no sólo desde lo que sucedió con Carl Powers.
Sherlock se enderezó. Al parecer no había considerado ese hecho. Estaba menos agudo de lo normal.
-Supongo que es así cómo son las cosas.
-¿Tienes alguna teoría de cómo pudo haberse enterado?
-No sé. Tal vez ella y Mycroft han estado relacionados desde hace mucho más tiempo -dijo con cierta amargura- . No puedes confiar en nadie, ni siquiera en tus hermanos...
Le vi pasarse la mano por la cara. El tema le tenía visiblemente molesto. Sin embargo, le oí sorberse un poco.
¿Estaba... llorando?
-Sherlock...
-Obviamente no es por Mycroft, debe haber alguna otra conexión -explotó de pronto, hablando rápido- . Pero entonces pienso “Siempre quieres que todo sea inteligente, Sherlock”. Es lo que ese desgraciado... esa desgraciada dijo. La respuesta debe ser más simple de lo que debiera creer, y no puedo econtrarla. No puedo pensar en simple, es... aburrido y me... resiente...
Se volteó a mirarme a mí. Sus ojos estaban un poco rojos.
-Sé que dije que dejaría la morfina para el viaje, pero...
-No -dije, levantando el pulgar.
-Pero, John... John, no puedo pensar, el dolor no me deja pensar y me va a volver loco.
-No te duele tanto.
-¡Me hiciste un esguince en el brazo derecho, maldito seas! Y el balazo estuvo orientado hacia el lado...
-No me vengas con eso, es para el viaje -dije, yendo hacia mi maleta para protegerla.
-John, por favor, necesito saber cómo... No es posible que me haya conocido desde esa edad, Haneen no existía en ese entonces. Alguien debió decírselo después.
-Tal vez mintió sobre su edad.
-Por dios, mírala, no mintió sobre su edad. Tiene la piel más tersa que un adolescente que no ha probado la bebida.
-Es una mujer...
-Jordania te curte la piel...
-Sherlock, no te daré morfina -dije con firmeza...
-John, haré lo que quieras. Me quedaré callado sobre lo de... nosotros. No insistiré, lo olvidaré si quieres, pero déjame encontrar a mi hermano.
Eso me dejó en silencio. ¿Por qué intentaba convencerme con eso? Era todo lo contrario a la manipulación, ¡Me disuadía de hacerle caso!
Quise decírselo, quise decirle que por mí insistiera, pues necesitaría un empujón, pues mi orgullo era demasiado fuerte para darle otra oportunidad. Pero me quedé callado, pues sus ojos rojos me romperían un poco más por dentro si era posible. Fueron la señal de que la morfina debía permanecer en mi maleta hasta que subiésemos al avión.
-No te la daré. Es por tu bien. Tanta droga te dañará el cerebro y en un futuro ya no podrás resolver casos.
-No me interesa resolver casos a futuro. Quiero resolver este. Ya que tú no me permitiste quedarme a preguntarle yo mismo...
-¡No me lo recrimines a mí! ¡Si no quieres que nadie se preocupe por ti entonces no hagas amigos, Sherlock! ¡Y mucho menos me beses!
-No lo haré más.
Le fulminé con la mirada. Ya ni me importaba que de pronto luciera tan débil, como un niño pequeño que ha perdido su perro.
-Eres un egoísta, ¿sabes?
-¿Qué...? -dijo, sin entender... por supuesto.
Di un suspiro. Fue entonces que pareció entender.
-¡Tú eres el egoísta! Nunca me dejas... mantenerte fuera del peligro. Te salvé la vida una vez, y salvé a Mary...
-No tenías que hacerlo...
-¿Preferirías haber recibido una bala en tu cabeza?
-Después de que supe porque lo hiciste, sí. No fueron dos años paradisíacos exactamente, y si estoy evitando que me dejes fuera es porque no quiero pasar por eso de nuevo. Te quiero donde mis ojos te vean, Sherlock. Sino quizá cuantos edificios más saltarás.
Me fulminó con la mirada.
-¿Y si terminamos con nuestra amistad? -preguntó.
Eso dolió.
-No podrás deshacerte de mí tan fácil -dije con firmeza.
Sherlock fue a sentarse a su cama, frustrado.
-OK, tampoco creo que lo último tenga posibilidad.
-Ya lo creía.
Sherlock dio un breve suspiro. Juntó las manos frente a sus labios, tratando de calmarse, y luego se pasó las manos por el pelo sobre la frente, masajeándose el cuero cabelludo. Le había visto hacer eso otras veces desde que llegase aquí. Sherlock no había tenido un minuto de paz después de llegar a Madaba, sin duda, a pesar de la presencia relajante de Haneen, la antigua y falsa Haneen.
Caminé hacia él dubitativo, y vi su expresión por un momento ceder al sufrimiento. Fue entonces que llevé mi mano al sitio sobre su frente, pasando por dedos entre su cabello ahora corto. Sentí su mano del brazo bueno en mi cadera, en mi camisa de lino, presionando hasta encontrar un apoyó sobre el borde del pantalón. Tragué, y seguí masajeando su cabeza, hasta que Sherlock apoyó la frente en mi abdomen. Dejé que lo hiciera, pasando las manos por su nuca, y poco a poco le sentí empezar a agitarse levemente, en un... llanto mudo.
Sentí mi propia garganta anudarse, y respiré profundo varias veces para mantenerme firme. Y lo logré, e incluso cuando le oí sollozar ahogadamente, me mantuve firme.
Sherlock había estado quemándose de dolor por años, y oírle llorar fue quizá el momento más perturbador de los últimos años con él. Sentirle coger mi camisa con el puño apretado fue perturbador y quebrantador, y tuve que reunir mucha de mi voluntad para no agacharme y levantar su rostro hacia mí. Le di privacidad, y dejé que me agitara un poco, pues sus lágrimas eran tales que el modo en que cada sollozo y gemido silencioso le hacían moverse, hicieron que yo también me moviese. Y fue conmovedor, y me sentí privilegiado. Sherlock tenía que liberarse y por fin lo estaba haciendo.

Apenas pude contener los deseos de consolarle a través de más intensas formas.




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